1983

A esta niñita que ven en la foto (que soy yo como a los nueve años), le encantaba estar narrando todo lo que pasaba a su alrededor (solo en su mente, escuchándose a ella misma). Lo hacía de manera simultánea a cómo sucedían las cosas, mientras la demás gente iba por la vida actuando de manera normal. A veces también lo hacía en tiempo pasado o en tiempo futuro, o incluso con personajes ficticios. Era como si estuviera leyendo o escribiendo un libro de manera paralela a su vida real.

Quizás por eso, si le hacían una pregunta inesperada, la sacaban de onda, y tenían que repetírsela (porque obviamente, si estás escribiendo, y un personaje de tu historia de repente te habla, te sorprendes).

Unos treinta y cinco años después, ella sigue con la misma costumbre, con la diferencia de que ahora sí se pone escribir en su smartphone todo su relato, para que otras personas puedan “escuchar” lo que pasa por su cabeza.

Con la edad también ha aprendido a no estarse echando cuentos mientras está socializando con otra gente, sino a hacerlo solo cuando se sienta a escribir el blog (ok, así es en la teoría, en la práctica a veces se me va el rollo y me pongo a narrar mientras estoy con otras personas, lo cual a veces se manifiesta como “falta de atención” pero que en verdad es demasiada atención en otra cosa en la que no se supone que uno debería estar pensando).

Aun recuerdo la alegría, a esa edad, de ver una hoja escrita en una máquina manual (no era eléctrica, aunque ya existían en esa época; en mi casa había una, pero no nos la dejaban usar). Haber pasado de allí, a redactar un blog en el ciberespacio, es como haber pasado de moverme en carro, a teletransportarme a otra galaxia. Pero aunque sea así de maravilloso, cuando veo una máquina de escribir manual, aun se me revuelve el corazoncito…

Mmm, me acabo de dar cuenta quién escogió, desde mi inconsciente, el cuadro de una máquina de escribir que tengo en mi cuarto. De hecho, la máquina de escribir que teníamos era muy parecida a la del cuadro.

Qué curioso cómo mi niña interna sigue aun tomando decisiones sin que me de cuenta.

Gracias por leerme! Hasta el próximo post.

Un pensamiento en “1983

  1. Creo que es Erich Fromm el que dice que los que llamamos “distraídos” en realidad son los que menos distraídos están. Ellos se mantienen absortos en su discurso interior…

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