Mi shock rural

Abro la gaveta de los cubiertos, y … “Aaaahhh!!!!!! Un ratón!!!!”

Salgo despavorida, y me quedo en el pasillo. Ahora qué? Pasa por delante de mí uno de los hijos de mi novio y dice: “Es que ellos tienen unos tunelcitos por los que entran y salen”. En vez de calmarme, me espanto más. Entra a la cocina, agarra algo, y sale. Yo sigo paralizada en el pasillo.

Nooo, yo no puedo cocinar con un ratón en la cocina. Llamo a mis hijos para que me ayuden a sacar lo que necesitaba para preparar la comida al comedor, y me llevo una estufa portátil.

Llega mi novio y pregunta extrañado que qué pasa. Le cuento, pero no reacciona. Está más preocupado porque yo pueda pueda quemar el mueble donde puse la estufa portátil.

Parece que no entiende qué me sucede, así que le explico: “Ya está pues. Hasta aquí llegó mi valentía. Puedo con arañas, avispas, moscas, mosquitos, cucarachas, hormigas gigantes… pero ratones no.” Se me queda viendo, y me dice, divertido: “Pero si es Speedy González”.

Comemos, pero luego me quedo en shock mirando al infinito por un buen rato, mientras aún estoy sentada en la mesa. La imagen del ratoncito caminando sobre los cubiertos, me tenía en trance. Recordé una vez que vi a alguien en shock, después de un accidente de tránsito. Estaba sentada en la acera, mirando al infinito… un infinito de gérmenes en las patitas del ratoncito, que iba depositándolos, cual rastro de Hansel y Gretel, encima de los cubiertos que nos íbamos a llevar a la boca.

Mis hijos se ríen y me echan broma. Yo sonrío, pero sigo en el más allá. No puedo más. Ya, se me salió lo sifrina, y necesito un día en un hotel en aire acondicionado. Con una bañera con burbujas. No hay más nada que esconder. Uuufff, como que hasta me hizo bien sincerarme. Yo sé quienes me pueden entender.

Entonces me meto en el chat de mis ex compañeras de clase del colegio Cristo Rey. Cuento lo sucedido, y algunas empatizan. Una pone un sticker de la rana René (Kermit) escogiendo con qué soga se ahorcaba, jaja. Luego una cuenta que cuando vivía en Caracas le entró un murciélago que hizo sus necesidades, de un color rojo intenso, por todo su cuarto. Varias cuentan de ratones y hasta ratas. Las que viven en islas del Caribe, cuentas de las monstruosas iguanas que aparecen en sus jardines.

Pero la que más me impactó fue una que vive en República Dominicana, que no solo se enfrenta a iguanas, culebras, ratones, ratas y cucarachas, sino que además le entran a su casa escorpiones como del tamaño de la palma de una mano, así como espeluznantes arañas monas negras.

Ok, está bien, mi shock rural con el ratoncito, ya hasta me parece cuchi y todo. Si ellas pueden, yo también! Claro que, de todas formas me contenté cuando regresé de mi caminata, y mi novio me notificó que ya habían matado al roedor. Me salieron corazoncitos por los ojos, jaja. My hero.

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