Después de un día “tipo 2020”

Después de un día de esos “tipo 2020”, tuve un sueño muy peculiar.

Delante de mí estaba una persona de pie, y de repente, como si más bien fuera un androide, se abre su hombro, como si fuera una tapa. Desde algún sitio a lo alto, comienza a verterse un líquido metálico brillante dentro del agujero que había dejado el hombro abierto. Entonces veo cómo la persona va cambiando de color desde los pies hasta la cabeza, a medida que el cuerpo se va rellenando con el líquido, el cual se solidifica instantáneamente.

Me desperté y me di cuenta que la persona metálica era yo: debía hacerme tan fuerte como una estatua. Era imperativo… se sentía como una orden.

Desde ese día, cada vez que medito, me imagino que se abre mi hombro y que me voy rellenando de acero líquido, así como también de titanio, plata y oro. En el centro de mi pecho visualizo un diamante enorme que desprende una luz potente, cargada de todo mi amor.

He hecho varias cosas desde que comencé a meditar así, y pienso que han sido consecuencia del cambio de paradigma que se ha dado en mi inconsciente respecto a mi propia fortaleza. He bajado de peso, tengo mejor control de mis emociones, y realicé un ayuno de agua de tres días.

El ayuno lo comencé a hacer retándome a mí misma, pues el año pasado intenté hacerlo, pero tuve que tomar un litro de pedialite porque se me había nublado la vista y casi me desmayaba. Es decir, no hice las 72 horas estrictas.

La motivación en aquel momento se debía a que quería mejorar mi salud, la cual estaba pasando por un mal momento. Había leído en internet que al pasar tres días de ayuno, el sistema inmunológico se regeneraba por completo, lo que traía múltiples beneficios. Aun cuando el ayuno del año pasado no lo hice perfecto, sí contribuyó a que me enfermara mucho menos.

Este año me informé y me preparé mejor, para hacer los tres días de ayuno de agua, en un 100%. La motivación esta vez no tenía que ver con salud, sino con demostrarme que sí podía hacerlo… o por lo menos, eso pensaba yo.

Al terminar el ayuno me di cuenta de que el mismo había sido una consecuencia inesperada (o por lo menos, inconsciente) de mis meditaciones. Me sentía fuerte, y una cosa llevó a la otra. Después de haber pasado tres semanas comiendo mejor y ejercitándome más, el ayuno de tres días me pareció solo un paso más.

Por otro lado, esos 21 días de reto fitness que antecedieron al ayuno, no los hubiera podido hacer, si no hubiera contado con el apoyo del grupo de mis amigas ex compañeras del colegio, que son durísimas, y que cada día se están haciendo más fuertes física y mentalmente, retándose a ser más saludables cada día.

En otras palabras, la meditación, más el ejercicio, más la dieta saludable por tres semanas (incluyendo ayunos casi diarios de 16 horas), más el apoyo del grupo, concluyeron en el ayuno de tres días.

Durante esos tres días sentí muchas náuseas, similares a las que sentía durante los tres primeros meses de mis embarazos. Como el año pasado, cuando lo intenté por primera vez, me deshidraté, esta vez tomé más agua, pero al parecer se me pasó la mano, ya que la vomité. Ese fue el único momento en que casi tiré la toalla, pero continué, porque justo después me sentí mucho mejor.

Rompí el ayuno en una tarde, con sopa de vegetales y unas galletas de arroz. Al día siguiente, con mi primer desayuno completo, sentí que era la mejor comida de mi vida.

La alegría que sentí en ese momento se ha ido expandiendo. Ya ha pasado una semana desde que rompí el ayuno, y sigo en ese mismo estado semi permanente de paz, cada vez más amplio, el cual llega a todos los aspectos de mi presente.

Y pensar que todo esto empezó, después de uno de esos días “tipo 2020”.

3 pensamientos en “Después de un día “tipo 2020”

  1. Wow que hermoso! que belleza tan grande hay en ese proceso que estas transitando. Cuanto me alegro, tanto que me inspiras. Gracias

  2. Que bueno visionario tu sueño, ese
    Ayuno es una renovación Biológica pero además energética. Ese líquido para mi no es más que nuestra esencia, esa conexión con lo que somos y olvidamos. Es volver a la fuente. A Dios. Es bello tener esta perspectiva en nuestros ayunos que más que fortalecernos, dejamos que el alma conquiste al cuerpo y tome nuevamente el mando. Bello y aplausos por tanto tiempo de ayuno

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