La llamada

Hace unos días, mientras caminaba al mediodía, me puse a pensar que cada vez que llamaba a mis hijos, hablábamos de lo mismo (se están quedando con su papá y no los veo desde hace tiempo). Lamentablemente esta pandemia no les da mucho de qué hablar, ya que están metidos en la casa todo el día.

Usualmente los llamo alrededor de las 6 pm, y no se nos ocurre mucho de qué hablar. Ya estaba sintiendo que los estaba fastidiando.

‘Como que mejor espero unos días para llamar. A lo mejor muestran más entusiasmo y duramos unos minutos más hablando. Además, ya llevan tres meses allá, y ni una vez me han llamado. Será que no me extrañan?’ Así iba pensando mientras caminaba, como a la 1:00 pm.

Cuando estaba a unos pasos de llegar a la casa, mi celular suena. ‘Qué raro. Nadie me llama a esta hora’.

Cuando veo quién es en la pantalla, no me lo podía creer. Era mi hijo de 10 años, S. Hablamos igual que siempre, no mucho qué contar, lo mismo de siempre. No le pregunté ni por qué llamó, no quería arruinar el momento.

Apenas colgué, salió la cascada de lágrimas de emoción y de alegría. Sonreí, me sequé la cara con la palma de la mano, y entré a la casa.

“Qué pasó”? me pregunta Alberto, mi pareja. “Es que S me llamó”, le dije sonriendo. “Todo va a estar bien”

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