Una simple taza de café

“De verdad, algunas cosas son difíciles de hacer sin plástico;  hacer una taza de café no lo es”.

Annie Leonard

Soy de las que se sale de su camino para pedir café en una taza de verdad, pero no siempre fue así. La primera vez que vi a alguien que tuviera esa costumbre fue en Caracas, en la pastelería Danubio. Me encontraba con una amiga, y ella tenía el empeño de que el café se sirviera en una taza. A mí me pareció muy interesante; tomar café debería ser como tomar té en Inglaterra, o en Japón, un momento importante en que detenemos el mundo para disfrutar (tomar el café en un vasito, con una tapa que no te deja ni olerlo, va en contra de ese propósito).

Ahora, si lo que quieres es llevarte el café para otro lado, puedes llevar tu propio vaso de acero inoxidable con tapa (lo cual tampoco es complicado); y si eres fan de Starbucks, y se te olvidó llevar tu vaso reusable, puedes pedir que te lo sirvan en un mug o taza grande (yo lo hice muchas veces y nunca tuve problemas).  Aquí en Panamá, mi sitio favorito para tomar café es Athanasiou: siempre me lo sirven rico, y por supuesto, en tazas de verdad.

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Crecer es transformarse

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¡Hay cosas que parecen tan fáciles! Como dejar de consumir azúcar, por ejemplo. En la práctica, no es tan fácil. Lo mismo pasa con dejar de usar bolsas plásticas.

A veces me imagino que para llegar a tener algún día un planeta vivible, sin contaminación, o con una contaminación que no nos enferme, que nos brinde un nivel de vida en el que todos seamos felices (sí, pues seamos utópicos, hay que inspirarse) hay que dar un montón de pasos como humanidad, para llegar de la A a la Z, atravesando todo el abecedario.

En ese abedecedario de pasos, dejar de usar bolsas plásticas sería la letra B, porque A sería no botar la basura a la calle desde la ventana del auto.  Una campaña de la ciudad de Buenos Aires lo expresa de manera muy tierna: se trata de crecer, así como abandonamos el uso del biberón, abandonamos la casa de nuestros papás, etc, pues llega el día en que abandonamos el uso de bolsas plásticas.

Hoy quisiera compartir con ustedes dos tips que encontré en 365 days of trash. Primero, dejar siempre colgadas  varias bolsas reutilizables en la puerta de la entrada de tu casa (para que no se te olviden antes de salir). Segundo, si no quieres gastar en comprar bolsas reutilizables, haz las tuyas (por ejemplo, con una t-shirt vieja). También les dejo el video para que vean todos los tips.

Crecer es transformarse, no estar cumpliendo años (eso va para mi amiga).

¡Te esperamos en  la comunidad Chao bolsas plásticas en GoogleFacebook !

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Una serie de eventos afortunados

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“¡Vamos! ¡Positiva! ¡Que vas a salir bien!” me dijo una persona desconocida esta mañana. Así se cerraba un ciclo de eventos muy afortunados que me ha ocurrido estos días.

Anteayer fui a la Feria Internacional del Libro de Panamá, y me ocurrieron un par de cosas curiosas: conseguí el último ejemplar que quedaba de un libro que está muy popular por aquí (Yo Maté a Sherezade de Joumana Haddad). Luego, en el stand de Eco Creando,  compré una cartera hermosa que necesitaba desde hace rato y que no había comprado aún, por no haber conseguido nada realizado con conciencia ecológica. La cartera es hermosa, y además,  hecha de materiales reciclados. Perfect.

Otro evento muy afortunado fue haber asistido a la charla de la chef Verónica Vélez- Burgess, llamada Vida extraordinaria: realiza tu sueño. Con mucho carisma y entusiasmo nos habló sobre su experiencia viviendo en diversos países (como por ejemplo, cuando trabajó como antropóloga en África), y de cómo un día cualquiera viendo televisión, cuando vivía con su esposo e hijo en Trinidad y Tobago, propuso la idea de irse a París a estudiar en la famosa escuela Le Cordon Bleu en Paris. Algo que parecía imposible, se hizo realidad con una mezcla de gran motivación personal y  el  apoyo de sus seres queridos. También habló de diversos temas muy interesantes, pero el  mensaje que se me grabó fue: “Life as a couple is adventure, and if you follow each other’s dreams, you’ll have lots” (la vida en pareja es  aventura, y si siguen los sueños de cada uno, tendrán muchas).

El otro evento afortunado fue que durante la charla tuve una de esas magníficas oportunidades de compartir con personas con su propio motor interno; ese tipo de personas energéticas que van hacia donde les provoca ir en la vida, sin importar lo que digan las señales de tránsito del camino. Mmm … qué peculiar me salió esta metáfora. Es que esta mañana me saqué (¡por fin!)  mi licencia de manejar panameña. Allí fue donde me dijo el señor que alquilaba carros para hacer el examen práctico (sin ningún motivo particular más allá que el de enviar buena vibra, ya que yo tenía mi propio auto) la frase con la que empecé este post … y con la que voy a terminarlo también:

“¡Vamos! ¡Positiva! ¡Que vas a salir bien!”

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Los contrastes en Panamá

Ciudad de Panamá se ve como una  ciudad de un país desarrollado desde lejos, pero de cerca, la imagen cambia.

La vista desde donde estoy ahora permite apreciar del lado derecho el conjunto de rascacielos de Punta Pacífica (entre los cuales se encuentra la Trump Tower, que tiene la forma de vela de un barco) y en el centro se ve un barrio pequeño que, según me han dicho, a veces se inunda cuando sube demasiado la marea.

Así que aquí tienen una postal de Panamá, y ahora les voy a describir otra, que se encuentra a media hora de la ciudad, en el camino hacia el bosque tropical Gamboa. Es una cascada espectacular, a la que se llega por una carretera hermosa, llena de vegetación por todos lados. Sin embargo, como mucha gente se detiene a hacer lo mismo que nosotros, también se veían los rastros de otras personas, quienes  habían abandonado allí cualquier tipo de basura.

La situación de la basura molesta, pero es bueno que la veamos al lado de algo precioso, para que recordemos que toda la basura que ponemos “responsablemente” en sus potes  va a terminar contaminando la naturaleza. Es muy fácil ponerse a criticar a los demás, pero lo que cuenta son los pasos  que tomo yo para disminuir la basura que genero.

Aquí en Panamá no hay bajantes en los edificios. Lo que se hace es que en la escalera se pone un pote grande con tapa, para que los habitantes del piso en cuestión depositen sus desperdicios. Este sistema me ha hecho más consciente de la cantidad de basura que sale de mi casa, pues si es mucha, los otros apartamentos se quedan sin tener donde echarla.

Cada quien tiene una realidad diferente y lo que me aplica a mí, a lo mejor no aplica a otro. Pero cuando nos convencemos de que somos responsables de la basura que generamos, empezamos, no solo a generar soluciones que se adapten a nosotros, sino que empezamos a ver el mundo con otros ojos.

Por: Michelle Lorena Hardy – Chicadelpanda.com

Caminar en Santiago, Chile vs. caminar en Ciudad de Panamá

Esta mañana me costó encender el motor. Un café, rurururunn… plop, nada.

Desayuno… rurrurnnn… plop,  nada. Cerebro no enciende.

Necesito lo infalible: Ted.com !

Así y todo, fue como a la tercera charla que se empezaron a prender las lucecitas… It’s wooorking !! (mi cerebro, quiero decir)

Cuando nos mudamos a Panamá, teníamos la idea de vivir cerca de la playa, cerca de la naturaleza, presumiblemente en una casa, presumiblemente cultivando algunos tomates y lechugas y haciendo compost. Sin embargo, resultó muy diferente el asunto: en la “playa” no se veía el mar, y otras variables igualmente importantes, resultaron ser totalmente diferentes a como lo esperábamos. Así que ahora vivimos en el piso veintitantos de un edificio que tiene vista al océano, y vista a una zona muy bonita de Panamá, con edificios tan modernos como en cualquier ciudad de algún país desarrollado.

¿Y qué pasó con lo de vivir más en contacto con la naturaleza, de tener una vida más simple?  Eso sí lo estamos haciendo. Estamos llevando y buscando a los niñitos al colegio ¡A pie!  Siempre quise hacer eso, es maravilloso. No solo porque no tengo que buscar puesto en una calle llena de otros autos, ni porque no tengo que soportar el tráfico. No solo porque ahora tengo tiempo que puedo usar en otra cosa.  En las mañanas, no solo no estamos apurados, sino que hasta tenemos tiempo de hacer otras cosas. Aunque pongo la alarma por costumbre,  nos despertamos antes de que suene.

A mí me gusta caminar como medio transporte, no solo por hacer ejercicio o por pasear. Aquí en Panamá, ya llevo dos meses sin manejar (en Chile, aunque caminaba o iba en bicicleta a casi todas partes, usaba el carro todos los días, como mínimo, para buscar a mi hija al colegio). Al principio me costó acostumbrarme. Pasar de Santiago, con sus aceras en magnífico estado, semáforos de autos, rampas, pasos de peatones con semáforos de peatones y de bicicletas, en donde la única basura que se veía era alguna bolsa plástica por ahí, a caminar en Ciudad de Panamá, en donde hay muchos sectores sin aceras, en donde hay basura en cualquier parte, encomendándome a Dios para que nadie te choque, o para que por favor haya aunque sea un espacito semiseco de cinco centímetros en donde apoyarte para poder pasar los charcos, ha sido bien drástico.

Sin embargo, he aprendido por dónde pasar,  que tengo que estar alerta todo el tiempo y que hay algunas partes, en donde sí hay aceras, por las que puedo caminar con mis hijos. Entonces no es una caminata, sino una excursión. Hemos visto hormigueros gigantescos, con las respectivas hormigas; vimos una ardilla, un colibrí, una libélula, hemos visto muchas abejas. Hemos tenido que pasar por encima de raíces enormes que revientan el suelo. Hay que estar muy pendientes, eso sí, porque de la nada aparece un hueco en la acera que quién sabe a dónde te lleve. Ya mi hijo de dos años, cada vez que ve uno, le grita a su hermana mayor, de manera protectora: “Cuiao! Careful! ” mientras pasa despacito alrededor de éste. Todavía gritan cuando ven bichos, pero ya no les da miedo, como cuando acabábamos de llegar a Panamá (y que prácticamente tuvimos que irnos de un café porque los dos estaban pegando gritos por una mosca).

Para terminar, quisiera compartir con ustedes la charla que hizo que se me encendieran los motores para escribir este post de hoy  (es cortita, solo 3 minutos y medio).

Try something new for 30 days ( Intenta algo nuevo por 30 días, con subtítulos en español) Espero que les guste.

Por: Michelle Lorena Hardy – Chicadelpanda.com

Cuando voy más lento puedo decidir

Una servilleta de tela de cuadritos azules para mi hijo, otra de cuadritos rojos para mi hija, dos cintas de esas que se usan para hacer lazos o moños a las niñitas, y de repente la merienda de mis hijos tenía un toque mágico, artístico, como aquellos capuchinos con figuritas que a los baristas inspirados les encanta hacer. Adentro, unas galletas. No es tan romántico como suena, las galletas no eran hechas a mano y no eran cestas, sino loncheras, pero igual me gustó como quedó.  Lo mejor  fue que no me propuse a hacer algo bonito, sino que así salió, con lo que tenía en la casa y, sobretodo, por evitar usar  lo más rápido que es el plástico.

Es que eso es lo que nos pasa a diario: sacrificamos placer y  gusto por escoger  lo más conveniente o rápido. La cuestión  no es que existan soluciones convenientes o rápidas, todos los usamos, o por lo menos la mayoría de los que vivimos en ciudades y en sitios en que hay que estar puntuales en ciertos sitios. La cuestión es que eso sea el default mode, que esa sea la escogencia automática. Mejor sería que la escogencia automática fuera la ruta  larga, con el paisaje bonito, hablando con alguien, absorbiendo todo lo que vemos y sentimos.  Si no se puede esa ruta, porque estamos cortos de tiempo (¿o pobres de tiempo?) , pues nos subimos a la moto (metafóricamente hablando), – y arrancamos por el atajo feo y lleno de basura.

Lo que sucede es que usualmente lo más conveniente y rápido, es lo que genera más basura. Piensa en lo que se desecha, por ejemplo, en un restaurante de comida rápida, versus un restaurante de comida lenta, o en casa. ¿No vale la pena ir más lento?

Por: Michelle Lorena Hardy – Chicadelpanda.com

Decidir mejor

Esta imagen de Cat in the Hat es lo que muchas veces pensamos que somos. Si cambiamos una sola cosita, nos caemos. Además, después de tanto esfuerzo por balancearnos, ni de casualidad cambiamos nada.

Esta comparación se me ocurrió mientras oía y veía los testimonios de muchas personas en Portland, Oregon, que han decidido cambiar algunas de las cosas que están malabareando todos los días. Empezaron a tomar decisiones diferentes para que éstas fueran más sanas, más responsables con la naturaleza, más cercanas a la comunidad. Pero temían que, aunque esos cambios parecieran una buena idea en el papel, no fueran una buena idea en su vida real.

Como la señora que quería compartir su carro con alguien para ir al trabajo, ya que éste estaba a media hora. ¿Y si la persona se ponía a hablar todo el trayecto ? ¿Y si tenía que hacer alguna diligencia en el camino? Parecen cosas tontas, pero no lo son, son cuestiones que a veces pensamos y no nos atrevemos a confesar, que nos frenan, y evitan que sigamos evolucionando. A pesar de sus miedos, se atrevió, y se dio cuenta que ninguno de sus temores se realizaron.

O como la muchacha que quería empezar a andar en bicicleta, pero que le daba miedo  hacer el ridículo por estar fuera de forma, o que le faltara el aire. Igual se atrevió, y está feliz por el cambio.

Es que no somos el Cat in the Hat. No se nos van a caer el pescadito y el pastel de manera tan fácil. Se pueden hacer pequeños cambios en nuestro estilo de vida sin que se nos caigan las demás cosas que estamos balanceando. Se pueden tomar decisiones diferentes, como dicen los del Oregon Museum of Science and Industry, OMSI. Muchas gracias a mi amiga Veronika, quien trabaja allí, por tomar la decisión de mandarme el link de la página. Aquí la comparto con ustedes: Decisiones OMSI

Por Michelle Lorena Hardy – Chicadelpanda.com

Manzana a mordiscos

Hace unos meses, alguien me puso un afiche en mi facebook, que dice “mi vida es muchísimo más interesante en mi cabeza”. Yo, primero, gratamente sorprendida de que me identificaran con esa imagen, pero segundo, me sentí un poco como si me hubieran desnudado en público… ¿Y cómo saben? Yo sé que escribo este blog a diario, pero hay infinidad de cosas que no comparto aquí.

Así pues, como no es secreto de nadie que yo ando por ahí imaginándome cosas, les cuento que esta mañana, mientras me comía mi manzana orgánica con todo el placer que da comérsela a mordiscos…

(permítanme insistir en lo de orgánica; si fuera de las super manzanotas producidas en masa, nunca hubiera podido comérmela  a mordiscos, pues necesitaría una boca tres veces del tamaño de la que tengo yo … y tampoco podría comérmela con concha, por la cantidad de pesticidas que tendría, y que permanece aunque la laves)

… me acordé de Draco Malfoy. 

Cuando vi las imágenes que tienen a la derecha en una de las películas de Harry Potter, hace unos cuantos años, se me ocurrió pensar que ya nadie comía manzanas de esa manera. Qué lástima. Y por supuesto, se me metió en la cabeza que me tenía que comer una manzana así, de nuevo, algún día.

Esta mañana, entonces, mientras me comía mi manzana roja a mordiscos, me acordé también de un insidente desagradable que tuve ayer respecto a mi departamento aquí en Chile, y pensé: así mismo me sentí ayer, igualito, como el Draco que ven en la foto. Sépanlo, señores, uno no siempre se identifica con Hermione Granger.

Por: Michelle Lorena Hardy – Chicadelpanda.com

Michelle’s Secret

Una mamá, que vino a comprarme un estante desarmable de colores, me dice, a modo de confesión: tengo un balcón un poco más grande que el tuyo y lo remodelé como cuarto de juego para las niñitas, para que incluso lo puedan usar en invierno. Pero me quedé sin plata y todavía tengo que organizarles los juguetes, así que por eso me puse a buscar en Mercado Libre”.

Ayer vi una charla en Ted.com sobre una página web, http://www.postsecret.com , “un proyecto artístico y  comunidad dinámica en la que la gente envía por correo sus secretos de manera anónima, en un lado de una postal echa en casa” (traducción mía). Han acumulado más de 500 mil postales a través de los años, y todos los domingos ponen las que les han llegado recientemente. Imagínense, hay secretos de cualquier tipo, conmovedores, divertidos, de horror… la gente que quiera contarle su secreto a alguien solo tiene que escribirlo y enviarlo a la dirección que indican.

La iniciativa me parece estupenda. Es como hacer un decluttering mental, sacar algo de tu cabeza que necesita ser sacado, pero que estás consciente que no puede ser echado en cualquier parte. Sin embargo, yo decidí que quiero compartir un secreto mío con ustedes. Aquí, en este blog.

Acerquen el oído, ¿Nadie por ahí? Ok:

Si no se toman en cuenta zapatos, calcetines, ropa íntima y de dormir, el 80 o 90% de mi ropa es… usada.

Todo comenzó en Miami, cuando descubrí las tiendas Goodwill y descubrí que podía conseguir el mismo bluejean que vendían en 48 dólares en las tiendas, a 8 US$ en la tienda de ropa de usada. Luego, cada vez que me he mudado de país, le he seguido la pista a la “ropa americana” como le dicen aquí en Chile. La gente de Goodwill – así como otras empresas similares en USA – tiene tanta ropa, que hasta le venden al tercer mundo. Así que, para mí es aún mejor comprar usado por estos lares, pues si un blue jean costaba 48 US$ en USA, ni se quieren imaginar en México, en donde usualmente es 50% más que en USA , o en Chile, que usualmente es como 100% más.

Una vez estaba yo manejando en el auto – todavía cuando vivía en Miami – dirigiéndome hacia el Baby Shower de una gran amiga, cuando el bichito de la inconformidad empezó a picarme. No me gusta la pinta que llevo. Esto no me queda nada bien. ¿Qué tal si… me bajo un momentico en la tienda de Goodwill que queda en el camino, y veo si encuentro algo? Así que eso mismo hice, me probé varios vestidos y conseguí uno que me encantó. Le dije a la cajera que el vestido que tenía puesto era el que estaba comprando, pagué y me fui. Of course, nunca dije nada en la fiesta. Aquí me pueden ver con todas las demás mujeres invitadas, ¿No me veía estupenda ? Jajajaja (yo soy la que está en el vestido verde, al lado de la embarazada).

Años después, fue que caí en cuenta  que comprar cualquier cosa usada es una costumbre muy ecológica, pues demandamos menos recursos de la Tierra y generamos menos basura. Pero todo empezó por querer ahorrar plata y por complacer un poco a mi propia vanidad.

Por: Michelle Lorena Hardy – Chicadelpanda.com

Link de la charla: Frank Warren – Half a million secrets

Entiendan a mi mami

Ya sé que mi mamá se pone fastidiosa con eso de que no usen el auto… pero ella no dice nono nuncanuca. Lo que pasa es que si vamos caminando, podemos pararnos a jugar con las hojas, a recoger palitos, y podemos sentarnos en un banquito para comer algo y  descansar.

Yo creo que a mi mamá no le gustan las botellitas de plástico de agua, porque cuando a mí me da sed, están muy lejos, y me pongo a llorar. En cambio, esta botella siempre la tenemos en el cochecito, así que no me da tiempo de llorar.

Mi mamá también dice que hay que compartir. A mí me gusta que los otros niños compartan sus juguetes conmigo,

pero no me gusta compartir mis juguetes con los otros niños, sobre todo si son niñas… esa parte sí que nononuncanuca míomío… ¿poooqué?

¡ Chao chao, muacks !

El hijo de la Chica del Panda Tattoo

Por: Michelle Lorena Hardy – Chicadelpanda.com