Escríbele a tus hijos la carta que siempre soñaste recibir

Escríbele a tu hija o hijo esa carta que siempre soñaste con recibir de tus padres y nunca llegó, o, si por el contrario, sí la recibiste ¡Aún mejor! Ya sabes qué escribir. A lo mejor todavía la guardas en algún sitio y la lees de vez en cuando.

Estaba revisando mis papeles, cuando encontré varias tarjetas y cartas sencillas que me dieron mis hijos hace varios años, en que decían que me amaban y que era muy buena mamá, incluso la mejor mamá del mundo. Esas palabras, a veces casi garabatos, son para mí un gran tesoro. Sin embargo, de repente me di cuenta de que nunca les contesté por escrito, y me sorprendí ¿Cómo era posible? Eso había que remediarlo. Así que le escribí una carta a R en su cumpleaños número dieciséis (que fue hace unas semanas), y ayer otra a S, quien tiene diez años.

Si no tienes idea de qué escribirles, ponte en sus zapatos. Imagina que tienes 5, 10, 15 o 20 años, la edad de tu hijo (adapta el lenguaje a su edad, por supuesto). Imagina que llevas todo este año viviendo en un mundo al que no te prepararon, un mundo de pandemia, con cuarentena, a veces incluso con toques de queda; que has dejado de ver a tus amigos y familiares, o que hace meses que no vas al colegio. Las festividades de fin de año no serán como siempre han sido ¿Qué quisieras que te dijeran?

Puedes decirle que estás orgulloso de ella o él por haber enfrentado tantas dificultades, y decirle por qué piensas que es una buena persona. Lo que no debes hacer es hablar sobre sus errores o debilidades, ni sobre las cosas en las que no están de acuerdo, ni mucho menos traer a colación desavenencias pasadas. El objetivo de esta carta es que tu hijo se sienta amado y aceptado, que sepa que es importante para ti, nada más.

La epidemia de COVID ha subido un poco ese porcentaje de probabilidad de que la vida de uno termine más rápido. ¿Y si te contagias y hasta ahí llegaste? Yo sí lo he pensado, y no me da miedo hacerlo, porque en realidad, siempre he estado consciente de que el cuerpo que estoy usando es prestado, y que Dios puede pedírmelo de vuelta en cualquier momento. Que no te dé miedo pensarlo a ti tampoco, más bien, aprovecha la oportunidad para decirles por escrito a tus hijos que los amas.

Escribe lo que vayas a escribir a mano, y si tus hijos no viven contigo, tómale una foto y mándaselas. O si prefieres hacer o comprar una tarjeta, también sirve, o si quieres usar el correo tradicional, también. Pero que no sea un mensaje de Whatsapp más, o un email más. Hazlo a mano para darle la importancia que merece.

La resiliencia en tiempos difíciles depende mucho de la gente que nos rodea, que nos apoya, pero con el distanciamiento social, se hace difícil acompañar como uno quisiera. Una carta escrita desde el corazón puede ser tan sanadora como un abrazo apretado. No te lamentes de lo que no puedes hacer y aprovecha los recursos que tienes para lo que sí puedes hacer. Imagina a tu hija o hijo leyendo la carta, mientras sonríe… ¡A que acabas de sonreír tu también! Ya sabes qué hacer: toma un bolígrafo y ponte a escribir.

¿De qué metal estás hecha?

Poco antes de realizar el ayuno de tres días que hice hace algunos meses, tuve un sueño en el que a una persona se le abría el hombro, como si fuera una tapa, y que comenzaba a llenarse de metal líquido por dentro. Su cuerpo parecía transparente, vacío, y se iba llenando como si fuera una estatua.

A partir de allí comencé a meditar todos los días, imaginándome que me iba llenando de metal líquido, el cual se solidificaba instantáneamente. Comencé a sentirme cada vez más fuerte, preparándome así, mental y espiritualmente, para realizar el ayuno prolongado que mencioné.

Han pasado ya varios meses de meditación diaria, y la misma ha evolucionado. Todos los días me relleno de cuatro metales líquidos que luego se solidifican dentro mí, cada uno con un significado diferente, los cuales simbolizan mi fortaleza.

  • Primero recibo el acero inoxidable, que significa mis bases fuertes. Es toda la historia que me precedió, mis antepasados, mi familia de origen, mis paisanos, mis amigos de infancia y adolescencia, el país donde nací, mi ciudad natal, la geografía de dónde vengo.
  • Luego recibo el oro de 18 kilates, que es todo el valor espiritual que tengo, mi humanidad, mi amor por mis hijos y por mí, mi empatía hacia los demás, honestidad, amabilidad, capacidad de escuchar al otro, o de ser testigo de su vida. Mi resiliencia y perseverancia, pero también mi capacidad de crecer y evolucionar, de ampliar mis límites. Es todo lo que me hace bella por dentro y que me une con los demás.
  • Sigue la plata, elegante, pero sencilla, que simboliza el mundo físico, así como la energía que se intercambia para que yo pueda vivir en este mundo, para que mi espíritu pueda realizar este viaje que llamamos vida. Son los recursos materiales, así como mi capacidad para producirlos, mantenerlos, expandirlos y sacarles provecho.
  • Por último, recibo el titanio, que me hace un alma inmortal. Es toda la alegría de saberme unida al Universo, de saberme protegida por Dios o la Diosa. Es prosperidad, amplitud y expectativa por un futuro desconocido que me sonríe.

Te invito a que diseñes tu propia meditación de fortaleza. Piensa en ese metal, o metales, que te atraen, e imagina que eres una estatua que durará por cientos de años. Es el año 2700 y alguien te ha encontrado. ¿De qué metal estás hecha?

Zona de meditación y escritura

Vamos a hacer un ejercicio de escritura terapéutica muy liberador y entretenido. Después de meditar el tiempo que consideres necesario, vas a escribirte una carta para los días en que todo se vea negativo y te falten energías. En la carta que redacté yo, imaginé que me la escribía mi ángel de la guarda, pero puede ser quién tú quieras, incluso tú misma. Puedes encontrar más detalles en el post Oír a la intuición y tomar nota. https://mlhardy.wordpress.com/2020/11/13/oir-a-la-intuicion-y-tomar-nota/?preview=true

Querida Michelle,

Me he fijado que últimamente estás cabizbaja, sin energías, sin ganas de vivir. Sé que todo parece oscuro, como si una gran tormenta se acercara y no acabara de llegar. Sé que piensas que tus esfuerzos son en vano, y que alguien como tú, un simple ser humano, pequeño, no puede contra situaciones tan grandes.

Quiero recordarte que no eres solo un ser humano, eres Dios, o Diosa, porque es a través de ti que Dios ama, siente, sueña o llora. Es imposible que seas pequeña. Eso tan grande que ves allá afuera, esa oscuridad, también es parte de ti. A veces hay que dejar que la oscuridad te envuelva, te atraviese, porque luchar contra ella para siempre, es inútil.

Eres Diosa y también oscuridad. No estás separada del Universo, eres parte de él. Si el Universo es infinito, también lo eres tú. Si Dios puede contra la oscuridad, también lo puedes tú.

Los tiempos malos vienen, pero también se van. No te desesperes buscando soluciones. Búscalas con calma, confía en ti, y cree firmemente que el amor de Dios por ti es incondicional.

Vas muy bien, ten fe en ti y en la Diosa: ¡Dale que tú puedes con esto y mucho más! Eres maravillosa, confío en ti y estoy muy orgullosa de ti.

Tu Ángel de la Guarda.

Ahora es tu turno. ¿Qué quisieras que te dijeran en tus días malos? ¿Cómo sería ese apoyo moral que siempre has deseado oír? Escríbelo y conviértete en tu propia roca de apoyo para los momentos en que más lo necesitas.

ESCRIBIR UN DIARIO PARA SANAR

Según la Prof. Dale Darley en su curso Writing to Heal: Using Journaling to Transform your Life, en el contexto de escribir para sanar, es importante tener:

Honestidad: aceptar lo que tu mente inconsciente quiere que sepas. Enfrentar la realidad y actuar.

Integridad: mantener quién eres respecto a tu personalidad, el mundo y tu manera de actuar.

Permiso: está bien ser tú, puedes escribir de la manera que te plazca. No debe existir nada entre tú y tu verdad.

Ella propone dos ejercicios:

-Responder la pregunta: Qué significa ser tú?
-Hacer una lista de tus debilidades y fortalezas.

Al realizar la primera actividad, me di cuenta que ser yo hoy, en noviembre de 2020, significa algo muy diferente a lo que significaba ser yo en noviembre de 2019:
aunque siempre he hecho un esfuerzo en mantener un balance en mi vida, hoy día me cuesta mucho más que antes.

Reflexionar sobre eso me recuerda que las circunstancias siempre pasan. Así como jamás hubiera podido imaginarme en 2019 cómo sería el 2020, tampoco lo sé respecto al 2021, por lo tanto, esperar que seas magnífico es tan válido como cualquier otro escenario. Cada quien escoge.

Con el ejercicio de las debilidades y fortalezas, me di cuenta de que por cada debilidad, tengo una fortaleza que la contrarresta.

Es como si me hubieran equipado tanto con la enfermedad, como con la vacuna.

Sospecho que no soy la única, y que es probable que te hayan equipado así también. No lo quieres averiguar?

¡Vas a recibir una carta de tu yo del futuro!

Puesto que todos los relatos tienen un comienzo (histórico o pasado), un medio (presente) y un fin (o futuro), la interpretación de los eventos actuales está tan determinada por el pasado, como moldeada por el futuro.

Michael White, en Prácticas Narrativas Para Fines Terapéuticos

Imagina que tienes diez años más, y que has superado muchas dificultades. Eres tu yo del futuro y decides escribirte una carta a tu yo de ahora, en donde le cuentas cómo hiciste para seguir adelante, qué personas te ayudaron y qué recursos supiste aprovechar. Éste es uno de los geniales ejercicios de escritura terapéutica de la Prof. Helena Echeverría, en su curso virtual sobre el tema.

Algunos de los objetivos de esta actividad son:

-Generar expectativas de éxitos.

-Activar nuestra sabiduría interior.

-Conectar con nuestros recursos personales.

-Visualizar un futuro con esperanza y posibilidades.

Mi yo del futuro se esforzó en hacer una carta bien larga, y me contó muchas cosas interesantes. Quisiera compartirte algo que me dijo, y que puede alegrarte mucho:

Ese año 2020 fue el más jodido de tu vida, así que no te preocupes, que ya lo peor pasó. El 2021 va a ser tan espectacularmente maravilloso, que no te lo vas a creer.

¿Será que tu yo del futuro te dirá lo mismo? ¿Por qué no le preguntas?

¿Crisis, o rito de pasaje?

Desde que comenzó la pandemia, he visto en internet que muchas personas han asumido la actitud de que todo pasa por algo, y que algo positivo va a salir de todo esto, haciendo que evolucionemos en colectivo hacia un mundo mejor.

 Más o menos lo mismo que nos venimos diciendo los venezolanos desde hace unos veinte años. Está muy bien, necesitamos esperanza, sin esperanza no somos nada. Sin embargo, hay que tener cautela a quién se le dice eso, para no empeorar la situación emocional de alguien, quien puede sentirse no escuchada, o invisible ante las demás personas, que no reconocen la gravedad de su situación en particular.

 El que sufre necesita sentirse oído y amado. Ya luego tendrá oportunidad de verle el lado positivo a lo que le está pasando, pero si en el momento de su dolor, no recibe empatía, es lo mismo a que se sintiera solo, y la soledad, según Boris Cyrulnik, es uno de los peores enemigos de la resiliencia (video al final del post). Así que, si queremos ser resilientes, o si queremos que alguien más sea resiliente, hay que acompañarse, hay que oírse y hay que empatizar con el otro.

No sé si lo que voy a escribir ahora sea apto para ti. Si estás pasando una crisis muy fuerte, y estás en el período de mayor dolor, es posible que el resto de este texto no sea para ti. Si es así, deja de leer, y pasa a otro post de este blog, que sea más adecuado para tu etapa de vida. Pero si te sientes con la energía de verle el lado positivo a una crisis, porque sientes que ya lo peor ha pasado, o porque te sientes con fuerzas para hacerlo, sigue leyendo.

Ponte a pensar: ¿Qué tal si esta crisis por la que estás pasando, no es tal, sino más bien un rito de pasaje? Leamos lo que dice Michael White en su libro Prácticas Narrativas Para Fines Terapéuticos:

Una crisis puede ser interpretada como un rito de pasaje. En la práctica narrativa se hacen preguntas que permitan situar a la crisis en relación con:

  1. La fase de separación: separación, quizás, de cierto status, aspectos de la identidad, o rol que ya no se considere viable para la persona en cuestión.
  2. La fase liminal o fronteriza, caracterizada por cierto malestar, confusión y desorganización, y también por mayores expectativas para el futuro.
  3. La fase de reincorporación, caracterizada por el acceso a un nuevo status, que especifica nuevas responsabilidades y privilegios para la persona en cuestión.

Cuando leíste el número 1, ¿Pensaste “¡Esa soy yo”!?  Pensaste algo como:

  • Yo antes tenía un status X, era el gerente tal, y ahora no tengo trabajo.
  • Antes vivía en X sitio, y ya no. Perdí la identidad que tenía como residente de ese país.
  • Antes yo me encargaba de X, pero ya ese rol no es viable para mí.

Cuando leíste el 2, ¿Pensaste, “yo también estoy confundido, no sé muy bien qué tengo que hacer o cómo reaccionar, pero tengo grandes expectativas para el futuro”? Si te sentiste identificado con ambas preguntas, muy probablemente tu crisis sea un rito de pasaje.

Según mi experiencia personal, las etapas 1 y 2 suceden casi inmediatamente. Sin embargo, la etapa 2 siempre me toma mucho tiempo: siempre – siempre. Cuando empecé la universidad, cuando me cambié de carrera, cuando me casé, cuando perdí mis trabajos por la situación de Venezuela, cuando emigré, cuando me despidieron, cada una de las ocho veces que me he mudado de ciudad, cada vez que nacieron mis hijos, cuando me divorcié, cuando me mudé a casa de mi nueva pareja, y ahora como mamá que no vive con sus hijos. Siempre me he tardado en adaptarme a los cambios.

Varias veces he intentado acelerar la etapa 2, que es el proceso de transición, y he fallado estrepitosamente. Si trato de acelerar la etapa 2 (“¡tengo que solucionar esto ya!”) me pongo muy ansiosa y estresada, lo cual incrementa el problema de falta de atención, y mi vida se convierte en el tornado del mago de Oz. Así que ya sé que esa estrategia no me funciona, por lo que me tomo el tiempo, con paciencia, para saber bien “cómo se bate el cobre”, y así pasar a la fase 3.

Una de esas veces en que traté de acelerar el proceso de transición fue cuando llevaba varios meses de separada. Yo quería acelerar mi proceso de transición, ya estaba harta de la tristeza que trae el duelo de los sueños muertos, y yo quería ser feliz. ¿Resultado? La ansiedad llegó a nivel de ataques de pánico. He aprendido a fuerza de ensayo y error, que las etapas de transición llevan su tiempo, y que tomar decisiones apresuradas, que no tomen en cuenta la probabilidad de que el resultado de esas decisiones pueda mantenerse a largo plazo, en el intento de tener una solución “ya”, es un atajo que puede llevarte a empeorar la situación.

La fase 3 es la que nos da esperanza, la que hace que cambiemos la etiqueta de “crisis” de un evento, a la de “rito de pasaje”. En esta etapa de reincorporación a tu nueva realidad, tendrás una identidad nueva (lo cual es positivo, porque la identidad cambia), un nuevo status, así como nuevas responsabilidades y privilegios. ¿Te pone ansiosa no saber exactamente cuál será ese nuevo status o identidad? A mí también. Pero lo bueno es que el hecho de no saberlo también me emociona, porque quiere decir que estoy viva y que sigo escribiendo mi historia.

https://youtu.be/_IugzPwpsyY

Cuándo ser auténtico

Uno de los ejercicios de la Prof. Helena Echeverría en su curso de Escritura Terapéutica, es escribir cincuenta palabras que te encanten, para incluirlas en nuestro vocabulario diario, y así mejorar nuestra respuesta emocional con el lenguaje adecuado. De esta lista hay que escoger cinco palabras, y luego escribir durante por lo menos diez minutos sobre cada una de ellas.

Quisiera compartir lo que escribí sobre la palabra autenticidad.

Me gustan las personas con pocas máscaras, que, aunque se las pongan, no se olvidan de quiénes son. Que saben que, aunque no puedan ser auténticas todo el tiempo (por una cuestión de sobrevivencia) están bien claras de quiénes son cuando pueden bajar la guardia en presencia de personas que las estiman, o cuando se sienten en un ambiente seguro.

Me gustan las personas que se aceptan completamente a ellas mismas, incluyendo sus debilidades, pues son las únicas que pueden aceptar completamente a otra.

Me gustan las personas que son reales, que no se engañan a sí mismas, por lo que le pierden el interés a engañar a otros.

Me gusta la autenticidad porque me hace sentir segura, sé que lo que veo es real, y no malgasto energía en tratar de descifrar códigos complicados, ni disfraces a la medida. Son las personas auténticas las que aprovechan cien por ciento la vida, pues no pierden el tiempo en vivir la vida de otra.

A veces no hay espacio para la autenticidad en ciertos momentos o etapas de la vida, cuando la persona se ve obligada a ejercer un papel que no le corresponde. Sin embargo, en esos casos, la persona auténtica se esfuerza en no perder de vista quién es, pues tiene esperanza de serlo algún día.

Tampoco hay espacio para la autenticidad cuando la persona se menosprecia, o piensa que no tiene valor, mucho menos cuando no hay ninguna intención de mejorar o cambiar. Es más fácil quedarse como se es, y engañar a los demás a que piensen que es otra.

La falta de autenticidad es, en muchos casos, un acto de flojera, o una falta de valentía que impide salir de la zona de confort.

La persona auténtica acepta sus debilidades, pero también las trabaja, para así convivir con ellas de una manera emocionalmente sana, tanto para ella como para los demás. No hay manera de ser perfecto, así que no hay que perder el tiempo intentándolo. Sin embargo, sí es deseable que los aspectos problemáticamente egoístas de una persona pudieran suavizarse. Pero, ¿Qué sucede cuando la persona es esencialmente así, y quiere seguir siéndolo? No pasa nada, ya que la persona sigue actuando igual que siempre. Es por ello que la gente que está a su alrededor hace bien en abandonar la autenticidad en su presencia.

Ése ha sido un aprendizaje que me ha costado toda la vida aprender: Sé auténtico, sí, pero ten la prudencia de saber si la persona con la que quieres ser auténtico, merece tu autenticidad. Si no es así, ponte tu disfraz por un rato, y sigue con tu vida. Seguramente la oportunidad de ser verdaderamente auténtico llegará, y si acaso no llega, sal a buscarla. Pero no cometas el error de mostrar todos tus colores, incluyendo todas tus vulnerabilidades, a alguien que puede usar esa información en tu contra.

Oír a la intuición y tomar nota

La intuición es esa capacidad que tienes de entender o conocer algo, sin que para llegar a ese conocimiento haya mediado la razón. La intuición es una de las maneras en que habla tu inconsciente, el cual tiene almacenadas una cantidad de conocimientos y experiencias que conforman tu sabiduría interior. Para escuchar tu intuición es requisito que estés calmado, pues, de lo contrario, lo más probable es que la voz que te va a hablar sea la del instinto.

El instinto se parece a la intuición, porque también te da a entender algo sin que medie la razón, y porque también es una voz del inconsciente. La diferencia es que el instinto es una reacción de supervivencia, una que hemos heredado, o aprendido en la vida.

El instinto es importante porque previene que nos metamos en situaciones peligrosas. Sin embargo, si estamos en un stress constante, mente y cuerpo asumen que están en peligro todo el tiempo, y la voz del instinto probablemente causará una respuesta exagerada, causando ansiedad y otros sentimientos negativos, perjudicando la salud mental. Incluso puede hacer que dejes de hacer cosas por miedo, cuando en realidad, no hay peligro.

Vamos a hacer un ejercicio de escritura terapéutica en el que usaremos la intuición como antídoto a una situación estresante en el futuro, para domar así ese instinto de supervivencia que puede desbocarse y causar mucha ansiedad. Después de hacer una meditación sentado, que puede ser desde diez minutos hasta media hora, vas a escribirte una carta para los días en que parece que todo sale mal, para esos días cuando parece que nada tiene solución.

Al estar totalmente calmada, vas a escuchar qué te dice tu intuición, y lo vas a escribir. Vas a recordarte de todo lo que eres capaz de hacer y lo orgullosa que estás de ti. Vas a escribir sobre tus creencias y sobre aquellas personas o actividades que amas. Vas a recordarte cómo en otras ocasiones has salido de aprietos, y cómo has contado con otras personas o recursos. Si se te hace más fácil, imagínate que la carta la escribe un ser querido, o alguien a quien admiras. ¿Qué te gustaría que te dijera en ese momento?

Muchas veces se nos hace difícil controlar la ansiedad, porque nuestro instinto de supervivencia se dispara en momentos en que no debería hacerlo. Es como si siguiera ciertas reglas que nos convencen de que mientras más uno se preocupe, más seguro estará uno.

Para evaluar a nuestro instinto de supervivencia, es decir, para saber si se disparó en un momento adecuado o no, debemos escuchar nuestra intuición. ¿Cómo escucharla? Practicando meditación consciente, y posteriormente, para prolongar sus efectos, escribiendo lo que te ha dicho en el oído. Así, si ese día terrible de mucho estrés no consigues meditar, ni calmarte, puedes releer lo que te dijo tu intuición, y confiar en ella.

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¿Te consideras sexy?

Cada vez que escribes desde el corazón, haces que el mundo sea un poco más bello, ya sea el tuyo propio, o el que compartes con el resto de la humanidad. Hoy vamos a escribir sobre belleza interior y exterior, usando como base un ejercicio de la Prof. Dale Darley, el cual luego fue modificado en algunos aspectos por mí.

Vas a verte en el espejo un rato, preferiblemente ante uno que refleje el cuerpo entero. Vas a verte como si te estuviera conociendo alguien por primera vez, y vas a escribir una lista de diez cualidades físicas que tienes. Al terminar, vas a hacer otra lista, esta vez con diez adjetivos que califican tu belleza interior.

Escoge de ambas listas las características que según tú son las más importantes y responde las siguientes preguntas por escrito:

Respecto a tu belleza interior, ¿Por qué es importante esa cualidad que escogiste?

Ahora piensa en esa característica física que aprecias, y escríbete un poema de enamorado, como diría mi abuela. Mientras más cursi, mejor. Alguien se ha enamorado de ti y te ha regalado ese poema. ¿Qué dice?

La idea es cambiar la percepción que tienes de ti, tanto para que te ames más, como para que irradies más seguridad en tu relación con otras personas.

¿Te consideras una persona sexy? Primero que nada, definamos el término (según Wikipedia).

Sexy (o sexi, según sugerencia de la RAE) se refiere a una persona que ejerce o tiene atractivo sexual.

Atracción sexual: atracción sobre la base del deseo sexual. Se refiere al proceso de generación de actitudes positivas hacia una persona, favorecida porque tal persona posee, o muestra, determinadas características físicas y sexuales deseables.

En otras palabras, una persona sexy genera actitudes positivas inconscientes en las personas inclinadas a sentirse atraídas por su género. La mayoría de las veces se refiere a generar actitudes positivas en el sexo opuesto, pero no siempre. El atractivo sexual es una medida subjetiva que depende de la percepción, el interés de la otra persona y su orientación sexual.

Hay un porcentaje pequeño de la población que es asexual, pero la mayoría de las personas estamos interesadas en ser consideradas sexy, por lo menos por una persona en particular. Parece lógico que, si queremos que esa persona nos considere sexy, primero deberíamos considerarnos sexy nosotros mismos. Por otro lado, si nos consideramos sexy (lo cual, como ya vimos, es una medida subjetiva que depende de la percepción) sabremos que estaremos generando actitudes positivas inconscientes en algunas personas, lo cual nos dará mayor confianza al actuar.

En el canal de YouTube Genial, encontré un video en que nombran diez cosas que los hombres consideran atractivas en las mujeres. Siete de ellas se refieren a características físicas particulares (buen cuerpo, simetría de rasgos faciales, etc.), una se refiere al color de la ropa, y dos de ellas se refieren al lenguaje corporal. Estas son, la sonrisa y la postura. Las mujeres que sonríen más son consideradas más sexy, y las que tienen buena postura también. Eso es genial porque tanto la sonrisa, como la buena postura, hacen que nos mejore el ánimo y que nos sintamos más seguros de nosotros mismos. Saber que además hacen que algunas personas nos consideren sexy, es un bono extra.

¿Sonríes y tienes buena postura? Entonces muy probablemente seas una persona sexy para alguien (digo persona y no mujer, porque para mí un hombre sexy debe sonreír y tener buena postura también). Siéntete más seguro de ti mismo con este conocimiento, y si alguien te dice lo contrario, saca del bolsillo ese poema de enamorado que te escribiste, léelo, y manda a la persona que te diga lo contrario a comer M… ermelada. Eres sexy, eres bella por dentro y por fuera, y ¡tú lo sabes muy bien!

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Escribir cuando se te cae el mundo

Voy a hacerte algunas de las preguntas propuestas por la profesora Dale Darley, en su curso sobre Journaling. Al responder, escribe de manera rápida, automática, sin censurarte y sin fijarte en lo estético. Muchas veces hablamos del presente de manera literal, pero en estas preguntas las palabras presente, o ahora, se refieren a tu situación actual. La idea es evaluar en dónde estás parado en relación con el resto de tu vida.

¿Cuándo comenzó tu presente?

¿Qué ha estado pasando en tu ahora?

¿Cuáles son las características de tu presente?

¿Qué imágenes, sonidos y sentimientos te vienen a la mente?

¿En que proyectos estás trabajando ahora?

¿Cómo cuadran estos proyectos en tu vida?

¿Qué frustraciones o tensiones tienes?

Una vez que hayas contestado por escrito estas preguntas, haz una línea de tiempo de tu vida, en la que anotarás cómo han sido tu educación, carrera, salud, relaciones personales y finanzas, a lo largo de tu vida. Para hacerlo más fácil, puedes dividir tu vida en décadas.  Luego puntualiza en tu línea de tiempo los años en que sucedieron eventos o sucesos especiales que marcaron tu vida. Analiza tu cuadro, busca causas y consecuencias, así como patrones que revelen tendencias.

Ahora responde esta pregunta:

¿Cuáles son tus experiencias de vida que hacen que seas quien eres?

Y la última. No le tengas miedo a esta pregunta, recuerda que estás escribiendo de manera automática, y sin censura. Atrévete a responder:

¿Quién soy yo?

Esto fue lo que yo escribí:

¿Quién soy yo?

Soy un ser humano al que hace rato se le olvidó lo que significa pertenecer a un sitio, que lleva su hogar en su cabeza y a sus hijos en su corazón. Soy una apasionada de la escritura, pues ella ha sido mi amante eterna, la que no me pone condiciones, la que lo da todo, la que solo se interesa en mi bienestar, la que confía en mí, la que me sana, la que me inspira.

Soy una amante de las palabras, y a veces me sorprendo al darme cuenta de que no se pueden comer, porque ellas son las que alimentan mi alma

Soy la que ha vivido en constante cambio, desapareciendo de una tierra para aparecer en otra. Soy a la que le dijeron que era la persona más resiliente que habían conocido, en una época en que los cambios y retos en su vida no hacían sino apenas empezar, cuando su mundo aún no había empezado a acelerar su rotación.

No importa cuántos amigos haya dejado atrás en las ocho ciudades que he vivido, cuántas casas, cuántos edificios, calles, montañas, cielos, montañas u océanos hayan desaparecido de mi vida, mi escritura siempre me ha acompañado, construyendo un mundo paralelo, mío, que jamás iba a tener que abandonar.

Soy la que ama la escritura, porque la escritura me ha dado un hogar, una comunidad y un país, cuando no tenía más ningún otro.

Sé que no soy la única que vive sin pertenecer a ningún lugar geográfico. Sé que no soy la única que ha sentido terriblemente la soledad en un sitio desconocido, ni la que se ha sentido devastada y sola después de un divorcio, o de una ruptura sentimental. Sé que, en esos momentos, poder expresar lo que uno siente se convierte en un asunto de vida o muerte, y por eso sé, que orientar a las personas que pasan por momentos de crisis y cambios, a utilizar la escritura como terapia, puede salvar vidas.

Soy esa persona que quiere ponerte un bolígrafo en la mano y decirte: “Escribe. Tú misma vas a superar esto, tu misma te vas a curar, tú misma te vas a inspirar. Porque todo eso tan difícil que has vivido, o que estás viviendo, ha hecho que seas una persona sabia, completa, y desde todo punto de vista, más interesante. El poder lo tienes tú, y comienza cuando empiezas a escribir en este pedazo de papel”.