Terapia Narrativa para descubrir tesoros del alma

Destacado

La Terapia Narrativa consiste en una hora semanal en la que trabajaremos sobre tus inquietudes, valores personales e historias, resaltando aspectos de tu vida a los que no se les había prestado atención.

Puedes comparar este tipo de terapia a la terapia de arte, pues es parte de las terapias expresivas. Su creadores fueron los terapeutas familiares Michael White y David Epston.

Contar mis historias de vida, a través de mi blog y mis libros, ha sido la manera en la que he podido afrontar tantos cambios, y ha sido la base para mi práctica profesional. Me ha funcionado a mí y puede funcionarte a ti también ¡Anímate a intentarlo!

😊Las  sesiones son un lugar seguro, en donde el trato siempre es respetuoso, sin juicios, y en donde la información compartida por los clientes es 100% confidencial.

Solo necesitas algo con qué escribir y una hora disponible a la semana.

Las personas que comiencen en octubre del 2021 tendrán 3 sesiones gratis de una hora cada una, sin ningún compromiso a continuar.

Para más información, o para agendar tu cita, contáctame vía texto o mensaje de voz, por Whatsapp al +52 4428133977 .

Las sesiones son online o presenciales, tanto en inglés como en español.

Haz click en el siguiente enlace para ver el video en mi canal de YouTube, ASPIE AND PROUD:

Mi experiencia usando la narrativa y la escritura para descubrir mis tesoros escondidos

No soy quien pensaba que era

Ya llevo poco más de un mes ejerciendo como Terapeuta Narrativa y he aprendido que no soy quien pensaba que era.

Pensaba que era resiliente; pero no tenía ni idea. He conocido personas cuyo superpoder realmente es la resiliencia. Tú mándales el apocalipsis y se paran de las cenizas. Son mujeres y hombres mutantes, otra especie.

Pensaba que yo tenía fe; pero no tenía ni idea. He conocido personas que tienen una fe descomunal, gigantesca, universal. Gente que en realidad son ángeles pasando por la Tierra.

Pensaba que era artista; pero no tenía idea. He conocido gente que ve la belleza en los sitios más oxidados y olvidados. Gente que ve cosas que no veo y que me ayudan a ver.

Pensaba que había sufrido; pero no tenía ni idea. He conocido gente que casi ha muerto y ha vuelto a la vida. Después de conocerlas, me parece obvio el tema de la resurrección.

Pensaba que era empática; pero no tenía ni idea. He conocido personas cuya conexión con los demás, y con la naturaleza, es mágica.

Pensaba que había avanzado a nivel espiritual; pero no tenía ni idea. He conocido personas que perciben el universo sobrenatural desde muy temprana edad, y cuya consciencia de su conexión con el universo, o con Dios, es parte cotidiana de su vida.

Pensaba que era intelectual; pero no tenía ni idea. He conocido gente con la mitad de la edad que tengo, que ha leído autores más complicados de los que yo jamás haya leído.

Pensaba que tenía talento; pero no tenía ni idea. He conocido personas que saben ESCRIBIR, solo porque saben, y ya. Casi casi, así nacieron.

Pensaba que obsesionarme por ciertos temas era solo por satisfacción personal; pero no tenía ni idea. El vasto conocimiento que tengo en ciertas áreas, ahora está ayudando a otras personas. Eso me hace muy feliz.

No todos tenemos los mismos superpoderes. No todos tenemos el mismo potencial; por lo menos no en esta vida humana, en el Planeta Tierra.

Lo que a veces no tenemos ni idea es que TODOS, sin excepción, tenemos un superpoder. Yo tengo 47 años y no soy, quién pensaba qué era… yo tengo un superpoder, y quién sabe, quizás tengo otros, de los cuales, por supuesto,

no tengo ni idea.

Terapia Narrativa para ti

La Terapia Narrativa consiste en una hora semanal en la que trabajaremos sobre tus inquietudes, valores personales e historias, resaltando aspectos de tu vida a los que no se les había prestado atención.

Puedes comparar este tipo de terapia a la terapia de arte, pues es parte de las terapias expresivas. Sus creadores fueron los terapeutas familiares Michael White y David Epston.

Contar mis historias de vida, a través de mi blog y mis libros, ha sido la manera en la que he podido afrontar tantos cambios, y ha sido la base para mi práctica profesional. Me ha funcionado a mí y puede funcionarte a ti también ¡Anímate a intentarlo!

😊Las sesiones son un lugar seguro, en donde el trato siempre es respetuoso, sin juicios, y en donde la información compartida por los clientes es 100% confidencial.

Solo necesitas algo con qué escribir y una hora disponible a la semana.

Haz tu cita por Whatsapp hoy mismo al +52 4428133977 , y comienza a cuidar de tu salud mental mediante la Terapia Narrativa.

Las sesiones de terapia son online o presenciales, tanto en inglés como en español.

🙂Por favor, reenvía esta información, si crees que puede serle útil a alguien más.

Soy Asperger

Cuando era niña, de repente me daba “la cosa”. Creo que la única que sabía de la existencia de “la cosa” era mi hermana Mariana, pues con nadie más me atrevía a expresarlo o actuarlo. “La cosa” era una descarga de energia que me hacía poner morisquetas (muecas o gestos extraños), hinchando la nariz, pelar los ojos como huevos fritos y poner una risa extremadamente forzada, pero lo que más recuerdo de “la cosa” era que hacía que cerrara los puños fuertemente y quisiera golpear a alguien, pero, para no hacerlo, empezaba a batir los brazos rápidamente, como si fuera a aplaudir con los puños cerrados (pero sin llegar a golpearme). Al mismo tiempo, empezaba a decir entre dientes, “me está dando la cooooooosaaaaa!!!!” y ella sabía que mejor se mantenía a distancia. Ella me miraba divertida, y ya.

No recuerdo que la “cosa” me diera por nada en específico, pero viendo una foto de cuando tenía unos nueve años y Mariana ocho, en la que estábamos muy arregladitas, sospecho de qué podía tratarse (esa foto es engañosa, pues jamás nos veíamos así; empezando porque yo nunca combinaba los colores de mi ropa, y cuando salía a jugar al jardín de nuestro edificio, me veía más como parte de los amigos del Chavo del 8). Por ejemplo, estoy con un suéter, mientras Mariana estaba con una franela, es decir, probablemente estaba pasando calor; ni qué decir de las medias blancas pulcras y estiradas, o el adorno del pelo, o el mechón del mismo pelo, el cual me estaba cayendo frente a la cara, y que nada más de verlos, ya me quiero rascar (tanto la cara como las piernas). Estoy segura de que estaba a pocos segundos de que me diera “la cosa”, pero que yo me estaba portando muy bien, haciendo un gran esfuerzo, para que nos pudieran tomar las fotos. A simple vista todo se ve normal en la foto, pero mi risa forzada, mi torso encorvado y las manos en una posición totalmente antinatural, revelan que no lo estaba.

Ahora sé que “la cosa” era ansiedad, muy probablemente debido a sobreestimulación sensorial, táctil, auditiva, o de cualquier otro tipo, y que los movimientos de ·la cosa” eran estereotipias (o stimming en inglés), muy comunes en personas dentro del espectro autista. Claro que yo sabía que “la cosa” no era normal, por lo que la escondía, o la controlaba en público, (creo que ni siquiera mis papás sabían de su existencia).

Ya de adulta, debido a la Terapia Narrativa, he aprendido más vocabulario para nombrar lo que hacía: estaba externalizando el problema. Yo sabía que era algo que llegaba y luego se iba, algo externo a mí, y le puse nombre. Ahora también sé que, al negarle a “la cosa” que se exprese, en vez de irse, se queda dentro de mí, y genera más ansiedad. Por eso es que para mí es esencial hacer ejercicio a diario, así como no estar sin moverme mucho tiempo, pues así le doy salida. También hago mucho esfuerzo en evitar la sobreestimulación sensorial de todo tipo, pues así, “la cosa” no llega.

Hace poco, por fin me diagnosticaron como Asperger (es decir, dentro del espectro autismo, o autismo de alto funcionamiento, o tipo 1). Digo “por fin”, porque ya lo sabía desde hace tiempo. Se siente como un alivio, como si ahora tuviera permiso de ser yo.

Intentando sentir a través del corazón de una persona con pensamientos suicidas

Después de haber leído sobre los sentimientos y puntos de vista de varias personas que han tenido pensamientos suicidas, o que han intentado suicidarse, veo como común denominador dos situaciones. La primera es que sienten que muchas de sus personas cercanas no sienten empatía hacia ellas, y la segunda, es que se sienten atadas de manos, sin esperanza, y con un sentimiento profundo de fracaso personal. La falta de empatía de sus seres queridos, o incluso de parte de profesionales de salud mental, se refleja en comentarios como “eres un egoísta por pensar así” o “no piensas en tu familia”, y en vez de ayudar, refuerzan el sentimiento de fracaso de la persona.

Una de ellas mencionó que no se llega a tener pensamientos suicidas de un día para otro, sino que es el resultado de un proceso, el cual usualmente es bastante largo. La persona que sufre esta situación ha luchado mucho y por mucho tiempo, usualmente dando los siguientes pasos:

Intentar ignorar el problema.

Enfrentar el problema.

Deshacerse del problema.

Intentar “no intentar”, o dejar que el tiempo pase.

Decirle a la persona con pensamientos suicidas que se ponga en los zapatos de las demás no funciona, porque ella siente que eso es lo que ha estado haciendo desde que entró el problema en su vida, y que precisamente, para no ser una carga para los demás, desea morir. En otras ocasiones (diferentes a las de las personas que tuve la oportunidad de leer) los pensamientos suicidas entran para aliviar el sufrimiento personal mental o físico, pero en el caso de estas personas en particular, no ser una carga para los demás era la principal razón que percibían como la causa de sus pensamientos suicidas.

Por otro lado, una de ellas nombraba que, cuando quería ahuyentar los pensamientos suicidas, el no sentirse sola era lo más importante. Mi reflexión personal es que, al no sentirse sola, ella siente que su vida es importante para alguien. Para no sentirse sola, ella debe sentir que alguien más está luchando esa batalla junto a ella, y no solo la compañía de alguien más. Al ver que otra persona también está luchando junto a ella, combatiendo el problema, ella interpreta que su vida tiene valor, y que ella aporta a la vida de esa persona que la está ayudando. Nótese que uso la frase “luchar junto a ella” y no “luchar por ella, o “en vez de ella”, lo cual podría reforzar el sentimiento de no ser suficientemente bueno, o de ser una carga para los demás.

No sentirse sola en su lucha contra el problema, hace que los sentimientos de fracaso personal disminuyan, y que los pensamientos intrusivos suicidas se alejen un poco, pues al considerarse valorada, ella puede dar paso a la esperanza de mejorar su vida, al sentir que tiene mayores probabilidades de derrotar el problema que la acosa.

La persona con pensamientos suicidas necesita sentirse valorada, no solo mediante frases como “te quiero, eres importante para mí”, (lo cual es imprescindible, pero no lo único que se debe hacer), sino que se sienta valorada con acciones de parte de sus seres queridos o de las profesionales que la asisten. La persona con pensamientos suicidas debe saber y sentir que no está luchando sola, y que su existencia trae consecuencias positivas en las vidas de los demás.

Otro aspecto importante que la persona con pensamientos suicidas necesita, según pude entender de los testimonios que tuve oportunidad de leer, es poder separar dichos pensamientos suicidas de su identidad personal. En terapia narrativa a eso se le llama externalizar el problema.  “Es más fácil hacer estrategias contra algo que se ha nombrado, contra algo que tiene nombre”, decía una de las entrevistadas. De esa manera, ella puede darse cuenta cuando los pensamientos suicidas llagan, en vez de pensar que ella misma es una persona suicida. Otra de las entrevistadas decía que “a los pensamientos suicidas les gusta decirme que soy mala y que no encajo en la sociedad,” lo cual abre el camino para luchar contra algo externo, a diferencia de la desesperanza que constituiría pensar “soy mala y no encajo en la sociedad”.

Con estas reflexiones no pretendo dar una solución al suicidio, pues dicho problema es altamente complejo. Solo evoco lo que ha resonado conmigo de lo que han manifestado estas personas, para que se entienda un poco mejor este grave asunto, y que sus seres queridos puedan, no solo entenderlas mejor y ser más empáticos con ellas, sino que también destierren ideas mal concebidas tipo “lo hace o dice para llamar la atención”, o “es una persona floja o perezosa, no se esfuerza la suficiente”. La idea de esta reflexión es precisamente hacer que la lectora reflexione primero, antes de estar haciendo juicios apresurados hacia un ser querido con pensamientos suicidas, y que pueda hacer juicios valorativos, así como tomar acciones consecuentes, con mayor información.

Esta reflexión fue hecha intencionalmente usando adjetivos y pronombres femeninos, pero aplica igualmente al género masculino, o a personas no binarias. Así mismo, foma parte del temario del Diplomado de Terapia Narrativa del Grupo de Terapia Narrativa Coyoacán en Ciudad de México.

Sobre la palabra “padrísimo” y otros micromachismos

Si bien es cierto que el tema del machismo (que usaré como sinónimo de masculinidad hegemónica en esta reflexión) es un problema que existe en todas partes, en mi experiencia personal lo he sentido de manera mucho más fuerte en este país. En mi opinión, el machismo es el peor mal de México (así como, también en mi opinión, para Estados Unidos es el materialismo, para Venezuela la corrupción, para Chile el racismo, para Italia la xenofobia y para Panamá la contaminación ambiental- esos son los países en los que me ha tocado vivir).

¿En qué se diferencia México de otros países en este aspecto? En que el machismo es mucho más abierto y obvio. Solo aquí me han dicho cosas como que “los únicos escritores buenos son hombres” o que “las mujeres deben cuidar niños porque están preparadas biológicamente para eso”. Aquí me lo han dicho con la cara seria y directamente, sin matices, viéndome a los ojos. Si en cualquier otro país me hubieran dicho lo mismo, hubiera sido “bromeando” que, aunque es otra manera de abuso psicológico (o micromachismo) el impacto es menos fuerte porque deja la duda.

Aquí el machismo es abierto y no sutil, como en otros sitios. Es como si en otros países la gente estuviera consciente de que hombres y mujeres deben tener trato igualitario, y por lo menos, se tiene consciencia de que segregar a las mujeres está mal, y que, si lo hacen, es incorrecto (por eso se hace de manera cubierta o disfrazada). Aquí no. Aquí tratar a las mujeres como inferiores a los hombres, o como personas con derechos y deberes diferentes que las ponen en desventaja, está bien, está legitimado. No lo hace todo el mundo, claro está, pero en general, el machismo es aceptado.

El lenguaje mexicano también permite mucho más esta situación. Si algo es excelente, es “padrísimo”, si es un desastre, es un “desmadre”. Si te pegaron muy fuerte, te dieron “en la madre”, si “te madrearon”, es que te golpearon durísimo. Es decir, se relaciona lo positivo con lo masculino y lo negativo con lo femenino. Hay otros matices del lenguaje que son más universales, pero que también colaboran a preservar la noción de que la madre, o lo femenino, es negativo o culpable, como cuando, para insultar a alguien (no importa que sea hombre o mujer), se culpa a la madre: “eres un@ hij@ de puta”. Yo no uso ninguna de estas palabras ni modismos, porque me parecen un insulto y una injusticia hacia las mujeres en general, especialmente a las que somos madres. En contraste, nunca he oído decir “eres un@ hij@ de mujeriego” para despreciar a alguien, aunque la acción sea la misma, que es ser promiscuo.  La misma acción se califica como negativa si la hace la madre y como positiva o neutra si la hace el padre. Cada vez que decimos la frase en cuestión, nos programamos inconscientemente para privilegiar al hombre y despreciar a la mujer.

En particular, cada vez que oigo que algo “es padrísimo” algo me hace cortocircuito en el cerebro, porque se me viene la imagen de un hombre y padre a la cabeza, y me programo para pensar que lo masculino es bueno y lo femenino malo, a sabiendas de que es una concepción errada (en lo personal, esa programación me dice que el padre mis hijos es mejor que yo, o que mi propio padre es mejor que mi madre). Así que me repito mentalmente, “no es padrísimo, sino magnífico”. Se sobreentiende que, si algo es “padrísimo” o maravilloso, quiere decir que, si algo fuera “madrísimo” sería lo opuesto, es decir, totalmente deficiente o pésimo, lo cual sería denigrarme a mí misma y a todas las mujeres.

Los hombres salen desbeneficiados con la masculinidad hegemónica al sentir que tienen unas reglas demasiado estrictas en sus vidas (muchas de las cuales no satisfacen, ni sus necesidades, ni sus metas), que no pueden expresar su sensibilidad, o que deben tener un status socioeconómico y de poder determinado para ser considerados “verdaderos hombres”. Pero no son ellos las víctimas de esta situación, sino todos los demás que no somos hombres, es decir, no solo las mujeres, sino también los niños, las personas no heterosexuales, y los hombres que no quieren definirse en términos de dominación y poder.

Ojalá se enseñara a nivel de bachillerato sobre masculinidad hegemónica, sobre feminismo y sobre el concepto de género. Yo aprendí sobre todo eso en la vida real, pero hubiera sido muy útil haberlo aprendido en el colegio, hace 30 años (claro que es un decir, pues en aquella época hubiera sido imposible, ya que estábamos muy atrasados en esos ámbitos). Tengo la esperanza de que las nuevas generaciones sean mucho más abiertas respecto a tratarnos a todos de manera igualitaria, no solo en México, sino en todo el mundo.

¿Qué pasa cuando alguien pasa por un trauma?

Según Michael White (autor del libro Mapas de la Práctica Narrativa):

  • Se pierde la conexión con la identidad que se tenía. El territorio de dicha identidad sufre una reducción de tamaño, y se pierde el sentido de sí mismo.
  • Las cosas a las que se le daba valor se empequeñecen, porque el trauma es corrosivo para aquello que la persona valora y para sus propósitos de vida.
  • La persona siempre da una respuesta al trauma para prevenirlo, modificarlo, o modificar sus efectos. Esta respuesta se hace para protegerse y preservar aquello a lo que se le da valor, y tiene que ver con el esfuerzo de no desmoronarse y preservar lo que es importante. Esta respuesta está configurada por ciertos conocimientos de la vida y por habilidades que se necesitan para vivirlas.
  • Generalmente los pasos que la persona da como respuesta al trauma, no son tomadas en cuenta y son ridiculizadas. El resultado es un sentimiento de desolación y una fuerte culpabilidad.

En la terapia narrativa se busca que estas respuestas sean reconocidas y se les de mérito. Es por eso que, al escuchar sobre el trauma, se debe estar atento a detectar lo que la persona valora, para así restaurar su sentido de identidad, o de “sí misma”.  Se debe tomar en cuenta que usualmente las personas mantienen en secreto aquello que valoran, para mantenerlo a salvo. Sin embargo, si tienen la oportunidad de contar su historia, usando la voz de la defensa de sus propios valores, ante testigos externos, o personas sensibles a la situación que sean movidas por el relato (que no retraumaticen al presionar a la persona a revelar situaciones que no desea, ni mucho menos la revictimicen al minimizar sus ideas) el territorio de su identidad puede ampliarse de nuevo, ya que su relato causará consecuencias positivas en las vidas de esas otras personas.

Esto es importante porque quien ha pasado por un trauma tiene la sensación de que su vida es irrelevante y no cree en la posibilidad de hacer algo que pueda influenciar a su mundo alrededor. Esto crea una sensación de parálisis, en la que sienten que su vida se ha congelado. Es por eso que es importante tener la vivencia de un mundo que de alguna manera responde a su existencia.

Cuando el año pasado tuve que ceder la custodia de mis hijos a su papá, no sabía que la situación se iba a convertir en un trauma para mí. Pensé que, al hacerlo, la consecuencia natural sería que la situación de la pensión alimenticia se iba a solucionar en algunos meses, y que él me los devolvería. Jamás se me ocurrió que el papá iba a realmente a querer la custodia de manera permanente, ni mucho menos que pondría trabas para que yo los viera.  

Mi reacción al trauma fue exactamente como lo describe Michael White. Para no desmoronarme traté de salvaguardar lo que era importante para mí, inscribiéndome en cursos de Escritura Terapéutica y en el Diplomado de Terapia Narrativa, así como escribiendo el libro que publiqué hace un mes. Muchas personas me han apoyado, pero otras han ridiculizado mis ideas, y eso ha hecho que haya sentido que el territorio de mi identidad, ya reducido por el hecho de no tener a mis hijos viviendo conmigo, se redujera aún más.

Sin embargo, aquí estoy relatando mi historia de nuevo, para recuperar ese sentido de “mí misma”, en el que mis valores principales son mis hijos, mi escritura y mi independencia. Mis valores le dan sentido a mi vida y me motivan para salir adelante, sin importar lo que opinen los demás.

El trauma de no poder vivir con mis hijos ha sido tan fuerte porque, como dice Michael White, “es una violación a mis propósitos de vida”. Al escribir el libro Maletas de Colores y así poder expresarme sobre mis hijos y sobre la importancia de la escritura en mi vida, restauré el propósito de vida de ser mamá y escritora, y comencé a sentar las bases de mi identidad como terapeuta. Sin embargo, transitar hacia esta nueva identidad de mamá no presente ha sido muy doloroso: “el dolor es una muestra de lo valorado”, como recién estudié en el diplomado.

Saber que mi historia ha sido importante para alguien restaura mi sentido de mí misma, como siempre lo ha hecho. Es por ello que espero poder ayudar a otros a hacer lo mismo por medio de la terapia narrativa, y así sus historias puedan ser piedras lanzadas en lagos, que causen ondas en los corazones de los demás.

El libro Maletas de Colores, estará disponible en pocos días!

La noche se vestía de llovizna, en medio del desierto entre Aguascalientes y Guadalajara. El carro avanzaba y los limpiaparabrisas hacían su trabajo. Mientras estaba mirando por la ventana, vi algo que hizo que dudara de mis sentidos. “¡¿Vieron eso?!” pregunté confundida. “¡Yo sí!” Grita R, mi hija mayor, quien entonces tenía cuatro años. “¿Qué viste?” le pregunté, ansiosa. Le estaba entrando un ataque de risa.

Así comienza Maletas de Colores, ¡Escribe para Inspirarte! , el tercer libro de la serie Maletas. ¡Estoy muy feliz por haber completado esta meta, la cual me ha llenado de mucha satisfacción! Espero que te entusiasmes a bajarlo a tu Kindle y que disfrutes leyéndolo, de la misma manera en que yo disfruté escribiéndolo.

Zona de meditación y escritura

Vamos a hacer un ejercicio de escritura terapéutica muy liberador y entretenido. Después de meditar el tiempo que consideres necesario, vas a escribirte una carta para los días en que todo se vea negativo y te falten energías. En la carta que redacté yo, imaginé que me la escribía mi ángel de la guarda, pero puede ser quién tú quieras, incluso tú misma. Puedes encontrar más detalles en el post Oír a la intuición y tomar nota. https://mlhardy.wordpress.com/2020/11/13/oir-a-la-intuicion-y-tomar-nota/?preview=true

Querida Michelle,

Me he fijado que últimamente estás cabizbaja, sin energías, sin ganas de vivir. Sé que todo parece oscuro, como si una gran tormenta se acercara y no acabara de llegar. Sé que piensas que tus esfuerzos son en vano, y que alguien como tú, un simple ser humano, pequeño, no puede contra situaciones tan grandes.

Quiero recordarte que no eres solo un ser humano, eres Dios, o Diosa, porque es a través de ti que Dios ama, siente, sueña o llora. Es imposible que seas pequeña. Eso tan grande que ves allá afuera, esa oscuridad, también es parte de ti. A veces hay que dejar que la oscuridad te envuelva, te atraviese, porque luchar contra ella para siempre, es inútil.

Eres Diosa y también oscuridad. No estás separada del Universo, eres parte de él. Si el Universo es infinito, también lo eres tú. Si Dios puede contra la oscuridad, también lo puedes tú.

Los tiempos malos vienen, pero también se van. No te desesperes buscando soluciones. Búscalas con calma, confía en ti, y cree firmemente que el amor de Dios por ti es incondicional.

Vas muy bien, ten fe en ti y en la Diosa: ¡Dale que tú puedes con esto y mucho más! Eres maravillosa, confío en ti y estoy muy orgullosa de ti.

Tu Ángel de la Guarda.

Ahora es tu turno. ¿Qué quisieras que te dijeran en tus días malos? ¿Cómo sería ese apoyo moral que siempre has deseado oír? Escríbelo y conviértete en tu propia roca de apoyo para los momentos en que más lo necesitas.

ESCRIBIR UN DIARIO PARA SANAR

Según la Prof. Dale Darley en su curso Writing to Heal: Using Journaling to Transform your Life, en el contexto de escribir para sanar, es importante tener:

Honestidad: aceptar lo que tu mente inconsciente quiere que sepas. Enfrentar la realidad y actuar.

Integridad: mantener quién eres respecto a tu personalidad, el mundo y tu manera de actuar.

Permiso: está bien ser tú, puedes escribir de la manera que te plazca. No debe existir nada entre tú y tu verdad.

Ella propone dos ejercicios:

-Responder la pregunta: Qué significa ser tú?
-Hacer una lista de tus debilidades y fortalezas.

Al realizar la primera actividad, me di cuenta que ser yo hoy, en noviembre de 2020, significa algo muy diferente a lo que significaba ser yo en noviembre de 2019:
aunque siempre he hecho un esfuerzo en mantener un balance en mi vida, hoy día me cuesta mucho más que antes.

Reflexionar sobre eso me recuerda que las circunstancias siempre pasan. Así como jamás hubiera podido imaginarme en 2019 cómo sería el 2020, tampoco lo sé respecto al 2021, por lo tanto, esperar que seas magnífico es tan válido como cualquier otro escenario. Cada quien escoge.

Con el ejercicio de las debilidades y fortalezas, me di cuenta de que por cada debilidad, tengo una fortaleza que la contrarresta.

Es como si me hubieran equipado tanto con la enfermedad, como con la vacuna.

Sospecho que no soy la única, y que es probable que te hayan equipado así también. No lo quieres averiguar?