Escríbele a tus hijos la carta que siempre soñaste recibir

Escríbele a tu hija o hijo esa carta que siempre soñaste con recibir de tus padres y nunca llegó, o, si por el contrario, sí la recibiste ¡Aún mejor! Ya sabes qué escribir. A lo mejor todavía la guardas en algún sitio y la lees de vez en cuando.

Estaba revisando mis papeles, cuando encontré varias tarjetas y cartas sencillas que me dieron mis hijos hace varios años, en que decían que me amaban y que era muy buena mamá, incluso la mejor mamá del mundo. Esas palabras, a veces casi garabatos, son para mí un gran tesoro. Sin embargo, de repente me di cuenta de que nunca les contesté por escrito, y me sorprendí ¿Cómo era posible? Eso había que remediarlo. Así que le escribí una carta a R en su cumpleaños número dieciséis (que fue hace unas semanas), y ayer otra a S, quien tiene diez años.

Si no tienes idea de qué escribirles, ponte en sus zapatos. Imagina que tienes 5, 10, 15 o 20 años, la edad de tu hijo (adapta el lenguaje a su edad, por supuesto). Imagina que llevas todo este año viviendo en un mundo al que no te prepararon, un mundo de pandemia, con cuarentena, a veces incluso con toques de queda; que has dejado de ver a tus amigos y familiares, o que hace meses que no vas al colegio. Las festividades de fin de año no serán como siempre han sido ¿Qué quisieras que te dijeran?

Puedes decirle que estás orgulloso de ella o él por haber enfrentado tantas dificultades, y decirle por qué piensas que es una buena persona. Lo que no debes hacer es hablar sobre sus errores o debilidades, ni sobre las cosas en las que no están de acuerdo, ni mucho menos traer a colación desavenencias pasadas. El objetivo de esta carta es que tu hijo se sienta amado y aceptado, que sepa que es importante para ti, nada más.

La epidemia de COVID ha subido un poco ese porcentaje de probabilidad de que la vida de uno termine más rápido. ¿Y si te contagias y hasta ahí llegaste? Yo sí lo he pensado, y no me da miedo hacerlo, porque en realidad, siempre he estado consciente de que el cuerpo que estoy usando es prestado, y que Dios puede pedírmelo de vuelta en cualquier momento. Que no te dé miedo pensarlo a ti tampoco, más bien, aprovecha la oportunidad para decirles por escrito a tus hijos que los amas.

Escribe lo que vayas a escribir a mano, y si tus hijos no viven contigo, tómale una foto y mándaselas. O si prefieres hacer o comprar una tarjeta, también sirve, o si quieres usar el correo tradicional, también. Pero que no sea un mensaje de Whatsapp más, o un email más. Hazlo a mano para darle la importancia que merece.

La resiliencia en tiempos difíciles depende mucho de la gente que nos rodea, que nos apoya, pero con el distanciamiento social, se hace difícil acompañar como uno quisiera. Una carta escrita desde el corazón puede ser tan sanadora como un abrazo apretado. No te lamentes de lo que no puedes hacer y aprovecha los recursos que tienes para lo que sí puedes hacer. Imagina a tu hija o hijo leyendo la carta, mientras sonríe… ¡A que acabas de sonreír tu también! Ya sabes qué hacer: toma un bolígrafo y ponte a escribir.

ESCRIBIR UN DIARIO PARA SANAR

Según la Prof. Dale Darley en su curso Writing to Heal: Using Journaling to Transform your Life, en el contexto de escribir para sanar, es importante tener:

Honestidad: aceptar lo que tu mente inconsciente quiere que sepas. Enfrentar la realidad y actuar.

Integridad: mantener quién eres respecto a tu personalidad, el mundo y tu manera de actuar.

Permiso: está bien ser tú, puedes escribir de la manera que te plazca. No debe existir nada entre tú y tu verdad.

Ella propone dos ejercicios:

-Responder la pregunta: Qué significa ser tú?
-Hacer una lista de tus debilidades y fortalezas.

Al realizar la primera actividad, me di cuenta que ser yo hoy, en noviembre de 2020, significa algo muy diferente a lo que significaba ser yo en noviembre de 2019:
aunque siempre he hecho un esfuerzo en mantener un balance en mi vida, hoy día me cuesta mucho más que antes.

Reflexionar sobre eso me recuerda que las circunstancias siempre pasan. Así como jamás hubiera podido imaginarme en 2019 cómo sería el 2020, tampoco lo sé respecto al 2021, por lo tanto, esperar que seas magnífico es tan válido como cualquier otro escenario. Cada quien escoge.

Con el ejercicio de las debilidades y fortalezas, me di cuenta de que por cada debilidad, tengo una fortaleza que la contrarresta.

Es como si me hubieran equipado tanto con la enfermedad, como con la vacuna.

Sospecho que no soy la única, y que es probable que te hayan equipado así también. No lo quieres averiguar?

La fenomenal charla de Isabel Allende sobre el feminismo

sddefault Aquí transcribo una parte de Historias de pasión, la charla de la escritora Isabel Allende en Ted.com:

La gente buena, con sentido común no son personajes interesantes. Solo son buenos exesposos(as).

Una vez, cuando mi hija Paula era veinteañera,  me dijo que el feminismo era anticuado y que yo debería dejarlo. Ese día tuvimos una pelea memorable. ¿El feminismo es anticuado?  Sí, para las mujeres privilegiadas como mi hija, y todas nosotras presentes hoy, pero no para la mayoría de nuestras hermanas en el resto del mundo, quienes todavía son forzadas a casarse prematuramente, a prostituirse, a hacer trabajo forzado. Ellas tienen niños que no quieren o no pueden alimentar. No tienen control sobre sus cuerpos ni sobre sus vidas. No tienen educación ni libertad. Son violadas, golpeadas e incluso asesinadas con impunidad. Para la mayoría de las jóvenes occidentales de hoy, ser llamada feminista es un insulto. El feminismo nunca ha sido sexy, pero les puedo asegurar que nunca me ha detenido para coquetear, y rara vez he sufrido una falta de hombres. El feminismo no ha muerto, ha evolucionado. Si no te gusta el término: ¡Cámbialo!

Publicado por

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“Las historias conectan a toda la humanidad” Elif Shafak

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“Si quieres destruir algo en esta vida, ya sea acné, una mancha, o el alma humana, todo lo que tienes que hacer es rodearlo de muros gruesos. Se secará dentro. Todos vivimos en una especie de círculo social y cultural. Nacemos en una cierta familia, nación, clase. Pero si no tenemos ninguna conexión con los mundos que están más allá de los que damos por sentado, entonces nosotros también corremos el riesgo de secarnos dentro. Nuestra imaginación puede encogerse, nuestros corazones reducirse y nuestra humanidad marchitarse. Si nos quedamos por mucho dentro de nuestros capullos culturales (nuestros amigos, colegas, familia), si toda la gente en nuestro círculo cercano se parece a nosotros, significa que estamos rodeados por nuestro reflejo en el espejo.

Deberíamos enseñar a los jóvenes -y a nosotros mismos- a expandir nuestros corazones, y escribir sobre lo que podemos sentir. Debemos salir de nuestro ghetto cultural e ir a visitar  al siguiente y luego al siguiente.

Las historias conectan a toda la humanidad, sin importar la identidad política, y ésa es la buena noticia.

Extracto de la charla de Elif Shafak,  The politics of fiction(Ted.com).

Traducido por: Michelle Lorena Hardy –  Chicadelpanda.com

Las manos que nos ayudaron en la escalera

¿Qué diferencia hay entre un cartel que diga “solo lisiados” y otro que diga “solo personas con movilidad reducida”?  A mí el primero me crea una imagen del jorobado de Notredame, y el segundo me crea una imagen  elegante de alguien que se mueve despacio. Estoy exagerando un poco, pero es sólo para decir  que la escogencia de las palabras puede hacer una gran diferencia.

Aquí en Chile he conseguido esos dos estilos de señalizaciones, pero coloqué este cartel  español porque me gustó incluso más que el de “movilidad reducida” de aquí. La razón: en este cartel estoy representada yo en la persona  que empuja el coche. Los que andamos con un bebé y un coche somos personas con movilidad reducida, probablemente, las más numerosas de todas. Y no tienes que ser mamá, con que te encarguen al bebé de alguien por un rato y tengas que salir, brincaste a esa categoría.

  Imagínate con el coche delante de una escalera larguísima, sin ascensor ni rampas, o  pasando la calle entre dos carros que dejaron 10 cm entre uno y otro, o  en un mall en donde los ascensores quedan a 10 minutos de caminata de donde estás, (mientras que la escalera la tienes enfrente); imagínate tratando de usar el metro y resulta que para llegar a tu tren tienes que bajar tres niveles de eternas escaleras.

En un evento del colegio de mi hija me encontré en una de esas situaciones, y la persona que se dio cuenta inmediatamente (de entre los cientos de personas que había, saludables, y muy jóvenes) fue una señora de unos 60 años que estaba con una niñita con Síndrome de Down, como de 12 años. Me ofreció ayuda y yo le dije que sí. La niñita quiso cargar a mi hija de 6, pues también quería ayudar, y yo le dije, no te preocupes, ella puede sola, pero le puedes dar la mano. Así que empezamos a subir la eterna escalera, la señora y yo cargando a mi bebé en el coche, la niñita tomada de la mano de mi hija, y como a la mitad del trayecto, un muchacho de como 17 años nos ofreció ayuda, que por supuesto, aceptamos, y llegamos arriba. ¡Qué lindo cuando la gente da la mano porque sí!  ¡Gracias, gracias!

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¡Por fin atravesé las paredes!

Este asunto de despertarse a cada rato por el bebé tiene consecuencias diferentes a las obvias de las ojeras y el cansancio permanente. Ahora estoy teniendo más sueños lúcidos de los que había tenido hasta ahora, lo cual compensa un poco el usual agotamiento (ya que uno se levanta radiante de energía). Antenoche, por ejemplo ¡Por fin! Pude traspasar paredes, algo que no había podido realizar hasta ahora.

Para los que todavía no tienen idea de qué estoy hablando, los sueños lúcidos son aquellos en que uno se da cuenta que está soñando. Lo cool del asunto es que cuando eso pasa, uno puede hacer lo que se le ocurra, como volar, por ejemplo. Es como cuando Neo se da cuenta que está en la Matrix y puede llegar a hacer lo que quiera, si  de verdad cree que puede hacerlo, por un lado, y por el otro, si logra tener la concentración necesaria para que no se le olvide que todo lo que le rodea es irreal. En internet hay unos cuantos sitios en que te dicen cómo hacerlo, e incluso se han hecho películas y escrito libros sobre el asunto. Entre ellos está Las enseñanzas de Don Juan de Carlos Castaneda (es ficción, aunque está tan bien escrito que a uno le queda la duda) y la película Waking life, ésta última la recomiendo muchísimo, pero para quien tenga la paciencia y el tiempo de verla, pues es muy intensa.

Por: Michelle Lorena hardy – Chicadelpanda.com