¿Cómo guardas tus bolsas reutilizables?

Con el objetivo de simplificar mi vida, me ha tocado tener un poco más de orden en la casa. Para hacerlo de la mejor manera, busco inspiración en otras personas que son fanáticas de la organización,  y me las copio. Así conseguí el siguiente blog, en donde dan unos tips magníficos para guardar las bolsas reusables ( Modern Parents Messy Kids ):

great tips for neatly storing all my re-usable bags

Por cierto, hay que lavar las bolsas reutilizables para evitar que se llenen de gérmenes. Yo las meto en la lavadora con el resto de la ropa, a menos que hayan sido utilizadas para transportar productos secos (por ejemplo, tengo unas bolsas solo para comprar ropa). En este link puedes encontrar unas buenas recomendaciones para usar las bolsas reutilizables de manera segura, encontrados en el blog Naturalmente mamá .

Para saber más, o para inspirarte, puedes seguir mi board Pinterest, o unirte al grupo  Chao Bolsas Plásticas en  Facebook o Google +.

@chicadelpanda

¿Cuántos libros tendría tu biblioteca?

Walker Library, Minneapolis, Minnesota, Usa

Hace unos años abrí una cuenta en Goodreads y luego la cerré. Pero a finales de 2014, debido a la publicación de Siete Maletas, decidí abrirla de nuevo. Esta vez añadí las reseñas de libros que he realizado a través  de los años, y tuve  un resultado sorpresa: por ahora, soy la #1 Top Reviewer en Panamá. Es como si por fin hubiera encontrado el jueguito on line en el que soy buena.

Para mí, que me he despedido de casi todos mis libros, ya sea por minimalismo o por mudanza, tener todas sus portadas en una biblioteca virtual es como tener un álbum de fotos: cada uno de ellos me trae recuerdos. Por otro lado, hay muchos libros que he sacado de bibliotecas públicas, o que han llegado a mí en formato digital, y que nunca hubieran estado en una biblioteca física de mi propiedad, así que tenerlos todos en un solo sitio, me encanta. Además… yo siempre he querido, o trabajar en una biblioteca, o tener una librería, así que es genial estar en Goodreads, porque es como vivir el sueño de manera virtual.

En Goodreads cada quien tiene una biblioteca general  (My books), la cual tiene tres “estantes” (shelves) básicos: Read (leídos) , Reading (leyendo) y Want to read (quiero leer), pero además puedes añadir los estantes que quieras, es decir, tú puedes crear tus propias categorías. Yo añadí, (en el estante de libros leídos), uno que se llama Picture Books (libros con ilustraciones) en donde incluyo desde comics hasta libros álbum. Este estante es muy especial para mí, porque me trae recuerdos de risas y sonrisas, no solo de cuando era niña o adolescente, sino también de los momentos compartidos con mis hijos leyéndoles libros para dormir.

Se pueden hacer muchas cosas en Goodreads: seguir a autores favoritos, ponerles estrellas  a los libros, recibir recomendaciones (basadas en esas estrellas), enterarse de eventos y promociones, etc. Pero lo mejor es compartir con amigos, leer sus opiniones, las citas que les gustan, los libros que les interesan. Hace tiempo, la gente decía que con ver los libros de la biblioteca de la casa de alguien, te podías hacer una idea de quién vivía allí. Ahora, con la llegada de los libros electrónicos, esa suposición no aplica, y en mi caso,  con tantos amigos que tengo desperdigados por el mundo, lo más probable es que no llegue a conocer sus casas, y aún si lo hiciera, es muy probable que muchos de ellos hayan dejado atrás sus bibliotecas, al igual que yo.

Si eres amante de los libros, aquí te dejo un tutorial corto y facilito, para que tengas tu propia biblioteca virtual. ¿Cuántos libros tendría tu biblioteca? ¿No te gustaría saber?

Cómo usar servilletas de tela a diario sin complicarse la vida

servilletas

“Ya no se consiguen servilletas,” me dice mi mamá, quien vive en Caracas, “así que le dije a tu papá: haremos como Michelle, usaremos servilletas de tela”. El asunto es que hace unos cuatro años me cambié de usar servilletas de papel (las compraba en Costco al por mayor y necesitaba media alacena para guardarlas) a usar servilletas de tela, las cuales ocupan menos de media gaveta (o cajón) de la cocina. Ya no gastamos dinero en eso, y además, puedo imaginarme a la cantidad de paquetes de servillletas de papel que hubiera usado mi familia de cuatro personas en cuatro años, y me siento bien, no solo por la disminución de basura generada, sino porque también me imagino a todos los árboles que viven felices sin tener que ser cortados para convertirse en servilletas.

Entonces, ¿Cómo hacer tremendo cambio en la rutina de la casa?

1- Busca tus servilletas de tela, esas que te regaló alguien alguna vez y nunca usaste. Si no tienes, compra una docena, por lo menos (saca la cuenta de cuántas usarías según la cantidad de personas vivan contigo y cuántas veces a la semana lavas ropa). Las mejores que yo haya usado son las de la tienda Ama de Casa de los Palos Grandes en Caracas, pues casi ni se arrugan ni si deterioran con el tiempo. No encontré información sobre esas servilletas en internet, así que tomé una foto a algunas de las mías (ver arriba). Las prefiero unicolores porque así son más fácil de combinar con manteles o con los individuales.

2-Dóblalas y guárdalas en su nueva gaveta en la cocina, para tenerlas a mano.

3-Cuando vayas a servir la mesa (dado que estamos hablando de usarlas a diario), te recomiendo ponerlas en el medio  (en un servilletero, o como más te guste), para que así la persona que necesite usar una, la tome. De esa manera no hace lavarlas todas, como sería en el caso de colocar una en cada puesto.

4-Toma las servilletas usadas y lánzalas olímpicamente a la lavadora. Luego, cuando vayas a lavar la ropa, ya ellas estarán allí, y se lavarán sin que te enteres. Al sacar la ropa de la lavadora, sacarás las servilletas también, y seguirán el mismo destino de la ropa, ya sea colgarlas para que sequen, o meterlas en la secadora, para después doblarlas y colocarlas en su respectiva gaveta. (Aunque creo que no hacen falta los siguientes tips, los doy por si acaso: no mezclar la lavada de servilletas con ropa íntima, y si hay alguien enfermo en la casa, lavar las servilletas aparte).

Respecto a planchar las servilletas de tela: yo casi no plancho (lo cual tiene más que ver con que no me gusta hacerlo, que con ninguna consideración ecológica), así que para mí las servilletas que les mencioné antes han sido salvadoras porque no hace falta plancharlas, y salen sin arrugas de la secadora (aunque he disminuido el uso de la secadora a casi la mitad, aun la utilizo). Pero eso depende de los gustos de cada quien.

Espero que este artículo te sea de utilidad. Ojalá te cambies a las servilletas de tela, yo lo hice y jamás me he arrepentido. ¡Que tengas un gran día!

@chicadelpanda

Detrás de cámaras (de un libro)

“Es muy fácil de leer” es el comentario que más se ha repetido sobre  mi primer libro Siete Maletas, Nuestras Anécdotas en el Exterior. ¡Misión cumplida! Aunque es un libro que cuenta anécdotas de la vida real, hay mucho esfuerzo detrás de cámaras, en donde el adjetivo “fácil” es el último que me viene a la mente.

Decidí escribir sobre el behind the scenes del libro, porque una lectora me pidió consejos sobre cómo escribir y qué temas. Como hay millones de escritores, y ella decidió preguntarme a mí, me siento honrada. Al mismo tiempo, sospecho que en realidad ella quería decir: ¿Cómo alguien que habla como yo, que viene de donde yo vengo, que vive en este mismo tiempo histórico tan impredecible, puede escribir un libro? Respecto a la sugerencia de temas: a mí me encantaría saber sobre la vida de la gente en la Venezuela de hoy 2014. Me gustaría leer un libro que haga que me sienta allí. Pienso que esa es una de las razones por las que la novela de Eduardo Sánchez Rugeles, Liubliana, me llegó tan hondo en el corazón. Porque me hizo estar allí, en Caracas, en este siglo XXI, o en España, e imaginarme la vida de un venezolano en ese país.

R, mi hija de 10 años, es aún fan de My Little Pony. Pero ahora es diferente a cuando tenía cuatro años: busca información en Wikipedia sobre el cómo y quién lo produce, quiénes hacen las voces, etc. Más o menos algo así es lo que quiero hacer ahora, y aprovechando el recuento de cómo se hizo el libro, también voy a escribir algunos tips de lo que he ido aprendiendo.

1- Aprovecha las lágrimas y la frustración, pues son motores de creatividad.

El primer año que pasé fuera de Venezuela (casada, sin hijos, la primera mitad en Morristown New Jersey, y la segunda mitad en Miami) fue un cuento de hadas para mí. En New Jersey no llegué a tener trabajo pues no me había llegado el permiso, pero caminé mucho casi todos los días hacia una laguna rodeada de pinos que teníamos cerca. Medité, leí, hice que nuestro apartamento fuera nuestro castillo encantado. Primer mundo, orden, prosperidad, limpieza, frío ¡Hasta nieve!

Luego nos mudamos a Miami, y yo, ya con el permiso correspondiente, me propuse trabajar de Ipso Facto. A las pocas semanas estaba detrás de la recepción de un gran hotel de la ciudad, y yo feliz, me sentía productiva, y además estaba conociendo personas de muchas nacionalidades. Me embaracé, y cuando se empezó a notar la barriga, las cosas cambiaron en la atmósfera laboral y me despidieron (me pusieron entre la espada y la pared, por lo que tuve que firmar una renuncia). Aquí es donde viene la parte de las lágrimas y la frustración: ¿Quién me iba a dar trabajo embarazada? La impotencia ante la injusticia, etc. A partir de ese evento, comencé a escribir constantemente, y decidí que eso era lo que quería hacer en mi vida. Pasara lo que pasara, iba a escribir (entre ese día y el día de la publicación de Siete Maletas han pasado 10 años).

2- Asume la escritura como parte de tu vida.

Mis escapadas del oficio de mamá de una bebé cuando vivía en Miami, consistían en irme con mi laptop a un café Starbucks a escribir (mi esposo la cuidaba por un par de horas cuando podía). Luego, cuando nos mudamos a Milán y pude dejar a R (quien tenía año y medio) en la guardería, también caminé y escribí mucho. Más adelante, cuando nos mudamos a Guadalajara, tenía un objetivo en mente: conseguir algún curso para aprender a redactar mejor. Durante nuestra primera mañana en esa ciudad, saliendo en coche con mi bebé a explorar las afueras del hotel,  en un instante mágico que aún recuerdo, dirigí la mirada hacia la izquierda de la calle en la que me encontraba (del otro lado de la acera) y leí un cartel en una casa grande, que decía: “Escuela de Escritores, SOGEM”. Alguien que me pellizque por favor, no lo puedo creer. En ese mismo instante crucé la acera y entré a pedir información de los cursos.

3- Edúcate.

Una cosa lleva a la otra. Si te gusta algo, si piensas que es importante, quieres saber más. Yo entré como estudiante en la Sociedad General de Escritores de México, solo con la intención de tomar algún curso de redacción, pero me enganché tanto, que tomé todos los cursos y talleres para el Diplomado en Creación Literaria (me tardé dos años y medio). Allí también me enteré de otro curso que daba una de mis maestras en el Fondo de Cultura Económica sobre Literatura Infantil, y lo tomé también. Escribí mucho durante esos años; me corrigieron mucho, también.

4- Haz que otros te lean.

Cuando comenzaron a leerme mis maestros y compañeros de clase, comencé a tener más confianza en lo que escribía. Luego con mis blogs, mientras vivíamos en Chile, también recibí muchos comentarios. Cada uno de ellos era una tarjetita que decía “lo que escribes, me importa”. Es una sensación maravillosa.

5- Escribe aunque no tengas nada de qué escribir.

Desde que comencé este blog hasta que publiqué Siete Maletas, pasaron cinco años. Tuve a nuestro segundo hijo, y escribir un párrafo coherente era para mí un reto, sobre todo, durante el primer año en que estaba lactando y cuando el bebé se levantaba muchas veces durante la noche. De todas formas, escribía. Eso hizo que mi mente estuviera activa, pero lo más importante fue que “mantuvo el sueño vivo”. Yo quería ser escritora, una escritora escribe, punto. Por otro lado: en la cantidad se llega a la calidad, en la escritura, o en lo que sea.

6- Edita, pero solo después de haber escrito mucho.

Comencé el blog a principios del 2010, pero fue a  finales del 2012, cuando edité formalmente por primera vez. Todo mi esfuerzo anterior a ese momento se enfocaba a escribir, pues sabía que me podía distraer muy fácilmente y abandonarlo. Luego de que ya el hábito de escribir lo tenía bien formado, fue que me atreví a editar (en aquella ocasión estuve editando por un par de meses, pasando a Word los artículos corregidos). La segunda ronda de edición comenzó a principios de este año 2014 y se extendió casi por un año entero, hasta que se publicó el libro el pasado noviembre.  A principios de 2014 tenía más de 620 posts publicados en el blog; luego de borrar los que estaban mal escritos, quedaron unos 500. Para seleccionar los que iban para libro, decidí incluir solo los que tuvieran una gran mayoría de contenido original mío (prescindiendo de aquellos en que la idea central fuera comentar un libro, una película, una noticia, o una charla, por ejemplo).  Los artículos seleccionados también tenían que tener cierta coherencia y continuidad. Así que de esa manera seleccioné 219 (los del libro ya no están en el blog).

7- Sigue escribiendo durante el período de edición.

Cuando edité por primera vez  a finales del 2012, dejé de escribir durante esos meses, y creo que fue un error. Durante este año 2014 no he escrito tanto como antes, pero he continuado haciéndolo, pues lo que no se practica, se olvida. Lo bueno de escribir durante y después de haber editado mucho, es que uno ya conoce cuáles son los errores más frecuentes, y deja de cometerlos.

8- Pide ayuda.

Yo estaba ciega de editar tanto, ya no veía mis errores. Así que solicité lectoras voluntarias en dos grupos de Facebook a los que pertenezco, que quisieran leer el manuscrito para darme sus opiniones. Fue tremenda experiencia, por un lado porque por primera vez personas desconocidas leían el libro entero y me daban su opinión, y por otra, porque consiguieron muchos errores que pude corregir. Les agradezco inmensamente, pues de otra manera el libro hubiera salido con unas metidas de pata horribles.

9- Averigua cómo publicar y hazlo.

Hay un portal de cursos en internet que se llama Udemy.com (ese es el que conozco, pero hay muchos más). Yo tomé uno que se llama How To Be a Best Selling Author in Amazon Kindle, que me gustó mucho. Allí me enteré de la existencia del programa KDP Select (Kindle Direct Publishing Select) en donde puedes publicar tu libro de manera gratuita, simplemente subiendo tu archivo Word en su sistema. Si ya tienes tu escrito listo (digamos, tu tesis de grado, o tu libro) es importante que tengas también: una portada (yo la mandé a hacer, pero también puedes hacerlo tú mismo con una herramienta que ellos tienen), siete key words (palabras clave con las que te encuentren en internet, que pueden ser frases cortas también) , dos categorías de Amazon Kindle (en mi caso, Memorias y Viajes), una descripción larga de tu texto (mientras más palabras uses, mayor posibilidades tienes de que los motores de búsqueda encuentren tu libro), un breve texto sobre el autor, que el índice de tu documento o libro tenga links a los capítulos (que al hacer click en el título del capítulo en el índice, vayas al capítulo en sí), así como una lista de links al final del libro para que tus lectores sigan en contacto contigo (blog, Facebook, Twitter, email, etc). También debes tener una cuenta de banco en alguno de los países indicados (atención con esto, pues son pocos) y que cuando veas tu libro en la vista previa de formato Kindle, lo más probable es que vayas a tener que hacer más ajustes (por ejemplo, los títulos de las anécdotas eran más largos en el documento original, y los reduje para que cupieran en una línea en el formato de Kindle, pues se veía mal tener títulos de dos líneas).

10- Promociona.

El programa de KDP Select te permite escoger dos tipos de promoción y yo opté por el que recomendaban en el curso, que era ofrecer el libro por cinco días gratis. También recomendaban hacer un esfuerzo en las redes sociales para que se hiciera la mayor cantidad de descargas durante esos días, para que así el libro comenzara a ser recomendado y pudiera estar en los top 100 gratis, preferiblemente en los top 20 gratis de tu categoría (pues esos son los libros que salen en la primera página de la búsqueda). La lógica detrás de esto es que, por un lado, así tu libro entra en los rankings, lo cual le da status y visibilidad; y por otro, así corre la voz sobre el libro, lo cual es importante porque usualmente las personas compran libros porque se los recomiendan.

11- Vende.

Aún está por verse cómo resulta Siete Maletas en ventas pagadas. Yo estoy muy optimista, y planeo concentrar el esfuerzo de promoción en Facebook (para ello es imprescindible tener un página especial, en mi caso es Chica del Panda). También iré aprendiendo en el camino y seguramente encontraré otras maneras para promocionarlo.

Esta mañana S, mi hijo menor de cuatro años, me informó que había pasado la página del calendario (primera vez que lo hace, pues acaba de aprender qué es un mes, y hoy es 1 de diciembre). Siete Maletas es una realidad ¡Un sueño cumplido! Pero ahora me toca pasar la página en el calendario a mí también. Diciembre es un nuevo mes, una nueva navidad, un nuevo motivo para ser feliz.  Me siento muy feliz por tener una meta alcanzada. Ahora a buscar otras más.

Michelle L. Hardy

@chicadelpanda

Gracias por su apoyo

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Especialmente

 a los seguidores de Chica del panda,

a las mujeres Panama Kontacts y

a las Amigas venezolanas que andan por el mundo

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El otro día coloqué unos cuantos posts explicando que había terminado de escribir un libro de memorias, y que necesitaba algunas voluntarias para que lo leyeran y me dieran su opinión, antes de publicarlo.

Esa idea no fue mía, sino que la tomé de un curso que estoy haciendo sobre cómo publicar en Kindle. En el mismo, uno de los autores entrevistados decía, que al principio había cometido el error de pensar que todo el mundo estaría interesado en su libro ¿Cómo no le iba  a gustar a todo el mundo? Resultó que hasta que no ubicó su nicho, no le fue bien en las ventas. Una vez que lo hizo, le empezó a ir maravillosamente. Me reí de mí misma, porque yo pensaba igual respecto al libro que acabo de terminar.

En otra parte del curso, otro autor decía que cuando él era adolescente, había sido el segundo mejor jugador a nivel mundial de unos videojuegos, y  que si él comentaba eso en una reunión cualquiera, nadie le daba importancia. Pero que si hablaba con gente que sí jugaba el mismo juego, la situación cambiaba. Así que pensé ¿Quién está jugando lo mismo que yo? (o parecido, al menos) Así que escribí mi solicitud de ayuda en dos grupos de mujeres expatriadas, y la recepción inmediata fue increíble. No sabía que tantas personas estuvieran dispuestas a prestarme sus cerebros.

Al escribirles de vuelta, me di cuenta que a veces decía “mi libro”. Eso me hizo reflexionar, porque sí, es mi libro, lo escribí yo. Pero al mismo tiempo quiero liberarlo para que no sea solo mío.

Hace ya más de diez años, cuando me despidieron por embarazada (disculpa la falta de eufemismos, pero fue así) , comencé a escribir regularmente. Eso me llevó a realizar un Diplomado en Creación Literaria, y más tarde, a bloguear. Creyendo en aquello de que en la cantidad se produce calidad (en otras palabras, uno llega a tener calidad, después de haber practicado en cantidad) me propuse a escribir todo lo que podía. El período más difícil en cuanto a escritura se refiere, fue durante el año siguiente al nacimiento de mi segundo hijo, pues paralelamente estuve dando pecho y levantándome mucho durante las noches. También fue a lo largo de ese año que bajé (con mucho esfuerzo, con caminatas que llegaron a ser de tres y cuatro horas diarias, los 20 kilos que tenía de sobrepeso). Escribí mucho ese año, pero casi nada clasificó para el libro, porque no estaba bien escrito.  Me costaba enlazar dos pensamientos seguidos, era demasiado el agotamiento.

Cuento esta anécdota porque sé que muchas mamás se sentirán identificadas. Yo no podré contar su vida; pero puedo contar algo de la mía, y esperar que algo de lo que escriba sea considerado como suyo. En otras palabras, lo que espero es que alguien considere que ese libro “sea suyo”, o por lo menos algún artículo, o alguna frase.

En el curso que estoy haciendo tocaron el tema de los precios. Se recomienda que al principio, por no ser una autora conocida, sea de 2.99 US $. Me gustó, pues así cada vez que me tome un café, pensaré que me lo está brindando un lector (o lectora). Pero eso me hizo pensar, ¿Alguien sabe realmente lo que cuesta un libro? Yo bajé de Kindle  hace poco, uno de esos LIBROS con mayúsculas, uno que es “mío” desde que lo leí hace más de 20 años: Notre-Dame de Paris, de Victor Hugo. ¿Cuánto costó? Cero. Ponerle precio a ese libro es como ponerle precio a la Capilla Sixtina. Es imposible.  Ahora más acá, del lado de los mortales: para mí, el libro que terminé de escribir costaría como 500,000 US $ . Hay casas que cuestan eso, y este libro es como mi casa; y al igual que las casas, puedes quedar encantado cuando te invitan a entrar, ser indiferente, o incluso sentirte desilusionado. No sé cuál sea tu caso, y aunque me tenga que tragar el orgullo para aceptar las opiniones negativas,  por lo menos sí puedo estar segura de una cosa: que he escrito de manera sincera.

Muchas gracias por leerme.

Michelle L. Hardy

@chicadelpanda

Nuestro lado oscuro, digo, morado

Esta mañana le digo a S, mi hijo de cuatro años: “aquí te dejo el uniforme, para que te lo pongas. Sé que sí sabes, porque cuando papi te lleva al colegio, te vistes solo”, a lo que él responde: “y papi no está aquí”.

El otro día R, mi hija de nueve años, me dice: “Fulanita me dijo que ella se porta mal en el colegio, porque se porta bien en su casa; yo soy al revés”. Por supuesto, al igual que con el caso de S, la línea de razonamiento lo deja a uno rascándose la cabeza, preguntándose pero ¿por qué?   ¿O será que como humanos tenemos que portarnos mal en algún momento, solo que los niños son más descarados y lo admiten, mientras que nosotros los adultos, no?

Cada vez me convenzo más de que todos, toditos, tenemos un minion morado latente. Por más que queramos mostrar al mundo lo contrario, por alguna parte sale. Se puede ocultar por años y años, pero eso no quiere decir que no esté allí. Los adultos, como los niños, tenemos también nuestro lado morado. Cuando criticamos a otros y nos sentimos superiores, es un síntoma de que, o no conocemos nuestros propios minions morados aún, o se nos ha olvidado su existencia.

A veces (ok, muchas veces) se les sale el minion morado a mis hijos. Yo sé que también son el minion amarillo, y por eso no me desbalanceo  (ok, no siempre, pero casi). Sé que el minion amarillo vuelve. Ese sentimiento, esa paciencia, o ese ver más allá de las apariencias, es lo que es el verdadero amor. Es muy fácil amar a un minion amarillo, pero eso no es profundo. El amor esencial es el que sale cuando aparece el minion morado, ya sea, el de mis hijos, el de alguno de mis seres queridos, y sobre todo, cuando aparece el mío mismo.

Michelle L. Hardy

chicadelpanda.com

@chicadelpanda

Un puntito con un rayo láser rojo

Imagínate que somos personajes de ficción  tú y yo, y que nos elevamos  como quien está viendo Google Earth, y que llegamos a estar tan alto que vemos a los carros como hormigas y a la gente como puntitos. “Vistos desde aquí, las personas  no somos más que puntitos”, me dices y te guiño el ojo. Nos elevamos más. Entonces, como si estuviéramos viendo un mapa decidiendo a dónde queremos viajar, nos damos cuenta que nuestra ciudad no es sino otro punto. “Nosotros, entonces, somos un minúsculo puntito que hay que imaginarse  dentro del puntito que sí se puede ver, que es la ciudad”, me dices y yo sonrío. Seguimos subiendo y salimos al espacio. Ahora el punto que se puede ver es la Tierra.

Seguimos subiendo y subiendo, y pasan a ser puntitos, primero el sistema solar, luego incluso la Vía Láctea. Ya a estas alturas hay que usar muchísimo la imaginación para recordar a aquellos puntitos  microscópicos que vimos al principio, es decir, a los humanos: 7 mil millones de puntos que existen dentro de otro punto minúsculo que ni se ve desde donde estamos.

Entonces llegamos al confín del universo y nos encontramos con un montón de escritores enormes, que tienen la capacidad sobrehumana de vernos y oírnos. Uno de nosotros les dice: “¡Los descubrimos! ¡Sabemos que existen! ¡De ahora en adelante hacemos lo que nos dé la gana!” y les sacamos la lengua. Algunos de los escritores, los más viejos, se ven mutuamente y se sonríen entre sí. “Ponles un rayo láser rojo a cada uno de estos dos” le dice un escritor a otro, y los dos minúsculos puntitos imaginados que somos tú y yo adquirimos cada uno un rayo láser rojo.

“¿Para qué les ponen un rayo láser?” pregunta uno de los escritores más jóvenes.  “Para saber por dónde van, qué hacen y que piensan. Como ya se dieron cuenta de lo que son, y que pueden hacer lo que quieran,  tenemos que ir reescribiendo todo alrededor de ellos.  Cada cierto tiempo alguno se da cuenta, y cada vez hacemos lo mismo”.

Y así es como un personaje de ficción toma control de su vida.

The end