Una hora solo para mí este fin de semana

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No es que sea el colmo de la insensibilidad y hayan puesto un cartel alertando a los conductores que hay  policías muertos, no. No hay cuerpos ni cadáveres. A lo que en Panamá se le llaman “policias muertos” es a lo que en Venezuela se llama “policías acostados” o “burros acostados”  (“topes” en México, o speeding bumps en Estados Unidos).

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Hoy es viernes y tengo todo el propósito de imitar a nuestra gata Trufa: buscar un sitio que me guste y relax … por lo menos por una hora seguida completita, pues qué creen, el fin de semana completo es misión imposible, soy mamá después de todo. Lo que sucede  es que me he dado cuenta que como los fines de semana no tengo ni un minuto sola, me entra el bichito de la hiperactividad: sigo y sigo haciendo cosas non-stop todo el fin de semana. ¡Qué locura! ¿No? ¿No se supone que el fin de semana debería ser para relajarse? Es que en mi caso la situación es al revés, porque es de lunes a viernes que tengo medio día kid-free. En otras palabras, mi default mode, lo que me sale por inercia, es más trabajo los fines de semana, y no menos.

Así que este fin de semana voy a hacer stop a esa costumbre. Me voy a tomar una hora completica para mí sin interrupciones  para hacer reset (léase “sin niños”).  No me había dado cuenta que los fines de semana también necesito tiempo para mí misma. ¿O más bien será que sobre todo los fines de semana necesito tiempo para mí misma?

 

 Chicadelpanda.com

@chicadelpanda

En estos días urge aplicar las tres Rs para reducir el volumen de basura en Panamá

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La basura no se va y desparece. Hoy en Panamá, por ejemplo, estamos respirando nuestra basura.

La basura de Panamá no se clasifica. Eso quiere decir que se están quemando pilas, artefactos eléctricos, plásticos, metales, etc, etc en el incendio del vertedero del Cerro Patacón. Se están emanando sustancias tóxicas que “no matan nadie si las respira” como dijo un funcionario. Asumo que ese funcionario considera que un recién nacido con insuficiencia respiratoria, por ejemplo, no es gente. Asumo también que las muertes que pudieran ser ocasionadas dentro de unos años por las sustancias cancerígenas que estamos respirando tampoco cuentan. Pero basta de ver el lado negativo, veamos el positivo.

Primero, apoyemos la petición de declaración de emergencia ambiental en http://www.peticiones24.com/emergencia_ambiental_por_incendio_cerro_patacon Sólo toma unos minutos.

Segundo:  Tomemos medidas de precaución, sobre todo en el caso de niños y adultos mayores (ver post anterior a éste; acotación, ya encendimos el aire acondicionado).

Tercero: ¿Qué podemos hacer para reducir el volumen de basura? En este momento es más urgente que nunca hacerlo, no solo por el futuro lejano, sino por el cercano: ya han repetido las autoridades que la recolección de basura va a ser insuficiente en los próximos días y que la población debe clasificar la basura, es decir, solo botar los desechos orgánicos. Todo lo demás, plásticos, cartones, -según dicen las autoridades- hay que guardarlos en la casa hasta que la situación se “normalice”.

Pero eso no es así de sencillo. Hay que tomar en cuenta las tres Rs pues de otra manera vamos a terminar con un basurero dentro de la casa, en vez de afuera en la calle. Por otro lado, no es sólo “cartones y plástico” lo que contiene la basura que no es orgánica.

Las  tres Rs son:

Reducir: reducir las compras todo lo que se pueda, especialmente, las que  tienen muchos empaques, y las que generan volúmenes de basura, como los envases de plástico, por ejemplo.

Reusar: si urge comprar algo, pensemos comprar artículos usados, ya que usualmente vienen sin empaques. Se pueden comprar por internet y en algunos establecimientos en la ciudad. También pensemos en la opción de alquilar, pedir prestado u ofrecer prestar algo a alguien que lo necesite. También se pueden devolver artículos para que sean reusados, como por ejemplo los ganchos de tintorería. En la casa se pueden reusar las servilletas de tela y los trapos de limpiar para no tener que comprar ni desechar papel.

Reciclar: guardar los potes de plástico, cartones, papel, metal y vidrio para la próxima feria   Yo reciclo o usar la creatividad para reciclarlos en casa. Hay sitios, como en el Super 99 de Punta Pacífica y el Riba Smith de Bella Vista que recolectan papel en general, papel periódico y tetrapak para ser reciclados. Las pilas, guardarlas en un recipiente de plástico con tapa. Los electrónicos, guardarlos hasta que haya una jornada de recolección. Si no se puede dejar de comprar vidrio, usemos nuestra creatividad para reusarlos en casa.

Hay otra R importante: Rechazar. Quiere decir rechazar las cosas que te dan gratis o regaladas que no necesitas y que van a hacer que generes más basura.

En estos días urge reducir la cantidad de basura generada en Ciudad de Panamá, pero podemos aprovechar y prolongar estos hábitos más allá de esta contingencia. Al fin y al cabo, la basura, no se va; o vuelve a nosotros, o se va a contaminar a alguien más.

Por Michelle Lorena Hardy –   Chicadelpanda.com

Secar ropa sin secadora

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No me van a creer, pero hace unos años yo no sabía secar la ropa sin secadora. Cuando llegamos a vivir a nuestro miniapartamento en Milán, hace ya unas vidas atrás, de lo primero que me di cuenta era que no había secadora. Esto fue mucho antes de que empezara a preocuparme por el estado del planeta, y que empezara a cambiar mis hábitos diarios por unos más conscientes, así que para mí fue un shock cultural total. ¿Secadora? ¿En Italia? Esa palabra era prácticamente una grosería, un aparato extraño que la gente conocía del mismo modo en que yo conocía la nieve. Es decir, algo bien exótico, que habían visto solo unas cuantas veces en sus vidas y probablemente solo por televisión.

Pero a mí no se me ocurrió preguntarle a nadie cómo secar ropa sin secadora, ni buscarlo en internet. Así que procedí a hacer como había visto en televisión (exceptuando ropa delicada, nunca había colgado ropa hasta ese momento; en la casa de mis padres eran totalmente prosecadora) y me puse a colgar todo con ganchitos, como si estuviera colgando la ropa de una cuerda, cuando en realidad tenía una parrilla o un tendedero  de esos que se ponen en el piso y se abren, por lo que, aparte de la ropa íntima, no hacía falta usarlos.

Fue ya cuando nos mudamos a Chile, cuando vi cómo lo hacía la señora que me ayudaba en la casa, que me di cuenta de la estupidez que había hecho en todos esos meses en Milán. Hubiera podido invertir la mitad del tiempo colgando la ropa, si no hubiera usado los ganchitos para la ropa grande (es decir, todo lo que no fuera ropa interior).

Ahora en Panamá tengo un tendedero (del tipo que se abre en el suelo) y uso poco la secadora. Aparte de las razones ecológicas (por aquello de Reducir el consumo), es conveniente este método pues, como dicen en la página de Ehow, “los secarropas pueden encoger la ropa, provocar el desgaste de las telas y crear arrugas persistentes, si la ropa no se quita de inmediato de su interior. También consumen energía que aumenta tu factura de servicios públicos. Colgar la ropa en la línea no cuesta un centavo y deja la ropa limpia y sin arrugas”.  

Un detalle importante que no nombran en la página de Ehow es que la ropa debe secarse en un sitio ventilado, pues de otra manera se corre el riesgo de que aumente la humedad dentro de la casa, con los subsiguientes problemas de salud ( fuente BBC) , como asma y alergias. Por ello, en la época de invierno, o si tienes aire acondicionado en tu casa, hay que tomarlo en consideración.

Yo tengo el tendedero junto a la lavadora, la cual está al lado de unas ventanas que siempre están abiertas al fondo del área de la cocina (la cual está separada del resto de la casa por una puerta). Por supuesto, si es posible, es mejor secar la ropa afuera de la casa.

Espero que les hayan servido los datos, y aquí les dejo la página de Ehow Cómo secar ropa sin secarropas para más tips.

Por Michelle Lorena Hardy  –  Chicadelpanda.com

Cumpleaños con piñata y palo

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Ayer fue la fiesta de cumple tres años de mi hijo en su kinder, con piñata y palo. En Chile, donde vivíamos antes, hay piñatas, pero son pequeñitas, y parecen más una caja de envolver regalos que una piñata (como las que se conocen en Venezuela o México); y no tienen palo, pues no se cuelgan de una cuerda. Lo que se hace es que algún adulto la sostiene en el aire, y jala, con unas cintas, las solapas de una abertura que se encuentra en la parte de abajo de la piñata. Los niños recogen los dulces, pero no participan en romperla.

Así que ya el hecho de haber podido celebrar su cumpleaños con piñata y palo, fue algo especial. Pero también lo fue porque asistió mi hermana. Eso es algo común y corriente para la mayor parte de las personas en el mundo, pero no lo es para nosotros, que vivimos desde hace nueve años y medio fuera de nuestro país natal.

Para mí es importante que mis hijos tengan experiencias, si no iguales, aunque sea parecidas a las que yo viví de pequeña. No soy la única que piensa así, y me atrevo a decir que soy de las venezolanas emigradas que menos se preocupa de esas cosas. Las que de verdad se lo toman en serio, comienzan negocios de catering,  hacen tortas para vender, o hacen ellas mismas las piñatas o las decoraciones. Algunas  encargan las piñatas a sus familiares, con una logística y una planificación, que parece que en vez de transportar una piñata, van a transportar un misil.  Claro que en Venezuela la cuestión de las fiestas se toma muy en serio también. Lo que pasa es que es cuando estás en el exterior, que te das cuenta que la pasión que le ponen las venezolanas, es única.

Ayer mi hijo le dio palo a la piñata, compartió con los amiguitos del colegio, se emocionó muchísimo cuando le cantaron cumpleaños; y cuando vea las fotos de su fiesta cuando sea grande, verá a alguien que reconocerá, aparte de sus papás y su hermana: a su tía. Qué chévere, siento que puedo ponerle un check mark  a una de las cosas que quería hacer, ahora que estamos viviendo en Panamá: tener un cumpleaños con familia, piñata y palo.

Por Michelle Lorena Hardy –  Chicadelpanda.com

El toque francés de mi vida

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Hace un millón de años, en la época de los dinosaurios más o menos, yo estaba en la universidad, cursando la carrera de Estudios Internacionales, cuando me piden que escoja aprender uno de estos dos idiomas: francés o inglés. Inglés, no, ya incluso lo había estudiado en Estados Unidos por un tiempo. ¿Francés? Ya había terminado el curso completo de italiano en el Istituto Italiano di Cultura por motivos completamente sentimentales (a lo Elizabeth Gilbert). Mi abuela había muerto hacía poco, y a mí se me ocurrió que a ella le encantaría que estudiara italiano, ya que ella lo hablaba, había vivido allá y volvía todos los años. Pero ¿francés? No se me había ocurrido nunca. Pero no me quedaba otra alternativa, así que comencé a estudiarlo en la universidad. Cuando ya llevaba algunos niveles aprobados, me inscribí también en la Alliance Française de Caracas, y allí también terminé todos los niveles.

Poco antes de graduarme de la universidad, un amigo que estudiaba conmigo me enseñó las fotos del año en que había estado estudiando en Alemania de intercambio. Eso es lo que quiero hacer, viajar, pensé. Así que gasté los poquitos ahorros que tenía comprando un pasaje a Europa, y le pedí plata prestada a mi papá para ir a estudiar por un mes francés en Francia y por un mes italiano en Italia. Cuando estaba evaluando a dónde ir, le comentó a mi papá que en tal sitio en Francia, era mucho más barato que estudiar en París, así que pensaba ir para allá. Él me dijo que por qué no me iba a  París; igual me iba a endeudar, ¿Qué más daba un poco más?

Así que esa Michelle, que hoy me parece tan lejana, se fue a París y luego a Italia. Luego pasó un poco más de un año usando todo su salario en pagar la deuda… y muchas cosas más que tienen que ver con el comienzo del noviazgo del que es ahora su esposo, y por tanto, con la siguiente etapa de su vida.

Lo que quería era que vieran a dónde me ha llevado aquella escogencia de estudiar francés, un idioma que nunca me había atraído y que nunca había estado en ninguna lista de objetivos, ni nada por el estilo. Ni siquiera fue por placer (como sí fue el italiano), sino porque no tenía más remedio, había que escoger un idioma. Obviamente, después me encantó el francés, de otra manera me hubiera quedado solo con lo que me enseñaban en la universidad. Pero al principio, estudiarlo fue solo una reacción ante una circunstancia no planeada.

Hace poco soñé que estaba hablando en francés y que la persona con la que estaba hablando pensaba que yo era francesa, no solo porque lo estaba hablando con fluidez  y sin acento, sino por mi nombre ¿Qué más francés que Michelle Hardy? Jeje. A la mañana siguiente, me pregunté de dónde había salido eso. Desde hacía años no practicaba yo francés, excepto por alguna que otra lectura de algún libro, o alguna noticia en internet.

Hace no mucho tiempo dije que quería disminuir mi contaminación mental, con el objetivo de tener pensamientos originales, míos y no simples copias parafraseadas de los pensamientos de otros. Para ello quería bloquear -todo lo humanamente posible- cualquier tipo de publicidad y, aunque iba a seguir viendo noticias, iba  a buscar fuentes más variadas. Así lo hice, pero a partir de mi recientemente sueño, decidí que también iba a empezar a ver el mundo a través del lente francés.

A ver qué pasa.

Y cambié el canal.

Por Michelle Lorena Hardy   –  Chicadelpanda.com

Pisar tierra en Ciudad de Panamá

Para alguien como yo, que tiene tendencia a volar con su mente, que se va por allá, cual papagayo a ver su casa, el planeta y todo el universo, es muy bueno pisar tierra. Literalmente. Aquí en Panamá, como no tengo carro y voy caminando a todas partes, piso tierra a cada rato.

Boca La Caja 2Esta foto la tomé la semana pasada. Estaba haciendo unas diligencias en las Torres de las Américas,  y me desocupé antes de lo que pensaba. Tenía a la izquierda el Mall Multi Plaza, y a mi derecha un pueblito de pescadores que sobrevive como la casa del viejito de la película de Up, entre los rascacielos que casi se le vienen encima. Me decidí por la derecha.

Boca La Caja 1Seguí caminando y le tomé una foto más de cerca a la fonda que tenía en frente. Más adelante vi una cooperativa y una oficina gubernamental con anuncios para concientizar a la gente sobre la prevención del dengue. A mi derecha, Boca la Caja (así se llama el pueblo) y un par de minisupers o abastos. A mi izquierda, los colegios de la Av. Israel. Más adelante, un simulacro de plaza, y luego un par de chinchorros con sus respectivos ocupantes. Es tan contrastante todo esto -sobre todo los dos tipos en sus chinchorros- con los anuncios publicitarios de personas vestidas con equipo de ski en la nieve de Tommy Hilfiger, que están  unas pocas cuadras más atrás, así como el Multiplaza y sus tiendas de Carolina Herrera y Salvatore Ferragamo, que me dan ganas de reír. No les tomé una foto a los ocupantes de las hamacas, pero sí a este árbol de caucho (creo). Como si dijera aquí estoy, y aquí sigo. Lo que hagan ustedes, pequeños humanos, me tiene sin cuidado.

Por Michelle Lorena Hardy –   Chicadelpanda.com

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Mis ecotips de Ciudad de Panamá

– Divertirse al aire libre en el Parque Omar o en el Parque Metropolitano, así como visitar el Centro Smithsonian  que está en el Amador Causeway.

– Comprar y usar bolsas reutilizables en el supermercado y en cualquier otra tienda.  Aquí las venden en las cadenas de supermercados, en Orgánica y en el Hombre de la Mancha (librería en el Mutiplaza).

– Reciclar papel, cartón, tetrapak, vidrio, latas de aluminio, plásticos 1 y 2, así como disponer adecuadamente pilas y electrónicos, en las Ferias Yo Reciclo que se llevan  cabo una vez al mes o en FAS Panamá en la Ciudad del Saber.

– Comprar ropa de segunda mano de marca, a buen precio.  San Francisco, 74E, entre calle 50 y Av. Porras, Promises. También se pueden alquilar vestidos de fiesta:  Lina’s Couture, San Francisco 72E, en frente del Instituto Enrico Fermi.

– Donar cualquier artículo a Goodwill Panamá para que sea revendido. Lugar: en un kiosquito en la entrada de Parque Omar. Si el personal no está allí, tienen un buzón 24 horas en donde se pueden dejar las cosas. Lo donado se vende en una tienda que tienen en San Miguelito.

– Comprar orgánico. Cadena de supermercados Riba Smith, cadena de tiendas Orgánica, y el Mercadito Biológico (este último en San Francisco).

-Participar en actividades creativas, Fundación ecocreando.

Por Michelle Lorena Hardy –   Chicadelpanda.com