El diablito

Pues sí, llegó el día que me había prometido que jamás iba a pasar. Me convertí …

… en mi mamá (!!!!).

Jaja, no, mentira. Pero casi.

El otro día, ayudando a Alberto en el jardín, me dice, feliz: “Mírate! Toda una jardinera!”, y yo le pongo una cara de horror. Me doy cuenta de que tengo que explicar mi cara, y le digo, “es que la jardinera es mi mamá! Ves? Nada de que soy jardinera”.

Así que hoy, en mis funciones de casi-jardinera, me puse a recoger piedras en un rincón que se usa para quemar hojas y ramas (ya que el camión de la basura no se los lleva). Mientras lo hacía, me encontré un objeto satánico: un mini diablo de cerámica, que había sido echado a las llamas.

Al verlo me imaginé a unas personas haciendo ritos tenebrosos, dando vueltas alrededor de una fogata enorme… y… y a lo mejor hasta repartían diablitos de recuerdo, junto con unas tarjeticas que dijeran “recuerdo de mi primera endiablada, en la fecha tal, y mis padrinos fueron fulanos de tales”.

No manches, Michelle, que estás en México. Lo más seguro es que el diablito éste haya sido parte de un nacimiento, y ya.

Sigo buscando entre las cenizas, y veo otra figurita, más chiquita, que no se había quemado. Era un mini monaguillo de cerámica, de color blanco, sonriendo. Ajá! Seguro también era parte del nacimiento.

Y por qué iba a estar un diablo en un nacimiento? Te preguntarás (si no estás familiarizado con las tradiciones mexicanas). Qué loquera es esa?! (A lo mejor no lo piensas, pero yo sí lo hice cuando me enteré por primera vez).

Pues resulta que aquí se estila poner una figurita del diablo en los nacimientos. Pero… aún no contesto la pregunta, verdad? Por qué hacen eso?

Es costumbre en diciembre hacer unas obras de teatro que se llaman pastorelas, en donde los pastores que van a visitar al Niño Jesús, son tentados por el diablo. Entonces, los nacimientos que tienen diablitos, siguen la tradición de la pastorela.

Más tarde le pregunté a Alberto, y verificó mi teoría. En efecto, el diablito había sido parte de un nacimiento. Me dijo que lo más probable era que Tina, la perra, lo hubiera agarrado y llevado al jardín.

Pues yo opino igual que Tina. Eso de poner a Satán en un pesebre, como que no. Mejor que arda en llamas, como debe ser.

El misterio de los cubos de hielo

Nos mudamos hace poco a casa de mi novio y su familia, y me he dado cuenta de que a veces los cubos de hielo solo están llenos hasta la mitad.

‘Qué raro’, pienso, ‘serán costumbres diferentes’, y lo dejo así. Pero en otra ocasión veo que los cubos de hielo que yo había llenado hacía pocas horas, también están por la mitad. ‘Qué raro; a lo mejor estoy confundida y son otros cubos de hielo los que llené’. La misteriosa situación se repitió varias veces.

Hoy le digo a mi hija mayor, que tiene 15 años:

-Mira R, hay que estar llenando los cubos de hielo, que está haciendo mucho calor. Estamos gastando demasiados y fíjate, ahora no hay ninguna bandejita de hielo totalmente congelada, y hay que tomarse el agua a temperatura ambiente.

-Ah! – y sonríe de oreja a oreja, con cara de orgullosa por lo que me iba a decir.- Esto es lo que tienes que hacer- entonces abre el congelador, saca una de las hieleras que están a medio congelarse, y se sirve en un vaso el agua fría que está en ellas… y la devuelve a la nevera !!! 🙈

Lazy Mother’s Day

I dreamed that I was teaching my ten-year-old-son how to drive. He was driving, and I was in the copilot seat, stressed out to the maximum, nerves tensed at every move.

After what seemed hours, I asked him to park in front of the Writer’s School that I used to go a while ago. “I can’t do this anymore”, I told him. “We’ll leave the car here, and I’ll call someone to give us a ride”. So, I called my parents.

Then, I woke up.

After a year of homeschooling my ten-year-old , I’ve had enough! What? No? It hasn’t been a year? Well, it seems so.

Today, in Mother’s Day, I want my dream to come true. I just want to step out of this insane vehicle, in which I have to teach my kid in circumstances that neither of us is prepared for.

Happy Lazy Mother’s Day!!!

Transición a un mundo nuevo

Hace un mes salimos por última vez (hasta quién sabe cuándo) a un restaurante. Fui con mi pareja, junto con su familia y la mía, a celebrar mi cumpleaños.

Ese día tuve el presentimiento de que iba a ser la última vez en mucho tiempo que íbamos a salir de casa, pues ya la pandemia se estaba poniendo muy seria en Italia. Sin embargo, yo todavía pensaba que sería cuestión de un mes sin colegio y ya.

Hoy mi hijo de diez años reanuda clases, después de vacaciones de Semana Santa, pero esta vez serán virtuales. Yo estoy casi tan ansiosa como si fuera un día normal: Será que va a funcionar el Zoom bien? Le hará caso a la maestra? Estaremos puntuales frente a la computadora? Jeje.

Estos días no dejo de recordar el libro de ciencia ficción Ready Player One, en el que la gente, sobretodo los más jóvenes, tiene una vida virtual, tan verdadera como la “real”, y en la que es totalmente normal que los niños vayan a colegios virtuales. Estaremos yendo en esa dirección?

Hace unos días mi hijo me comentó sobre un juego nuevo que se llama Animal Crossing (de Nintendo Switch), en el que los jugadores simulan que viven en la vida “real” (mis hijos no lo tienen). Me pareció simpático, aunque no muy innovador.

Ah! Pero todo depende del contexto. Acabo de ver en BCC News, que China acaba de prohibir la venta del juego Animal Crossing, porque la gente de su ciudad virtual estaba protestando en contra del gobierno, específicamente, contra la gobernadora de Hong Kong. WOW! Como que la transición hacia el nuevo mundo va más rápido de lo que me esperaba.

Animal Crossing removed from sale in China amid Hong Kong protests https://www.bbc.co.uk/news/technology-52269671

Mi shock rural

Abro la gaveta de los cubiertos, y … “Aaaahhh!!!!!! Un ratón!!!!”

Salgo despavorida, y me quedo en el pasillo. Ahora qué? Pasa por delante de mí uno de los hijos de mi novio y dice: “Es que ellos tienen unos tunelcitos por los que entran y salen”. En vez de calmarme, me espanto más. Entra a la cocina, agarra algo, y sale. Yo sigo paralizada en el pasillo.

Nooo, yo no puedo cocinar con un ratón en la cocina. Llamo a mis hijos para que me ayuden a sacar lo que necesitaba para preparar la comida al comedor, y me llevo una estufa portátil.

Llega mi novio y pregunta extrañado que qué pasa. Le cuento, pero no reacciona. Está más preocupado porque yo pueda pueda quemar el mueble donde puse la estufa portátil.

Parece que no entiende qué me sucede, así que le explico: “Ya está pues. Hasta aquí llegó mi valentía. Puedo con arañas, avispas, moscas, mosquitos, cucarachas, hormigas gigantes… pero ratones no.” Se me queda viendo, y me dice, divertido: “Pero si es Speedy González”.

Comemos, pero luego me quedo en shock mirando al infinito por un buen rato, mientras aún estoy sentada en la mesa. La imagen del ratoncito caminando sobre los cubiertos, me tenía en trance. Recordé una vez que vi a alguien en shock, después de un accidente de tránsito. Estaba sentada en la acera, mirando al infinito… un infinito de gérmenes en las patitas del ratoncito, que iba depositándolos, cual rastro de Hansel y Gretel, encima de los cubiertos que nos íbamos a llevar a la boca.

Mis hijos se ríen y me echan broma. Yo sonrío, pero sigo en el más allá. No puedo más. Ya, se me salió lo sifrina, y necesito un día en un hotel en aire acondicionado. Con una bañera con burbujas. No hay más nada que esconder. Uuufff, como que hasta me hizo bien sincerarme. Yo sé quienes me pueden entender.

Entonces me meto en el chat de mis ex compañeras de clase del colegio Cristo Rey. Cuento lo sucedido, y algunas empatizan. Una pone un sticker de la rana René (Kermit) escogiendo con qué soga se ahorcaba, jaja. Luego una cuenta que cuando vivía en Caracas le entró un murciélago que hizo sus necesidades, de un color rojo intenso, por todo su cuarto. Varias cuentan de ratones y hasta ratas. Las que viven en islas del Caribe, cuentas de las monstruosas iguanas que aparecen en sus jardines.

Pero la que más me impactó fue una que vive en República Dominicana, que no solo se enfrenta a iguanas, culebras, ratones, ratas y cucarachas, sino que además le entran a su casa escorpiones como del tamaño de la palma de una mano, así como espeluznantes arañas monas negras.

Ok, está bien, mi shock rural con el ratoncito, ya hasta me parece cuchi y todo. Si ellas pueden, yo también! Claro que, de todas formas me contenté cuando regresé de mi caminata, y mi novio me notificó que ya habían matado al roedor. Me salieron corazoncitos por los ojos, jaja. My hero.

Tu primera memoria y la persona que eres

La primera memoria que tengo es de cuando tenía seis años. Mi mamá estaba jugando tenis, mientras mi hermana, quien tenía cinco años, y yo, la estábamos viendo desde el borde de la cancha. Sin embargo, mi hermana se fastidió rápido, por lo que se trepó a la silla alta del árbitro. Poco después se cayó de allí porque se quedó dormida, y mi mamá se fue a llevarla a la clínica, mientras me dejaba a mí, al cuidado de la amiga con la que había estado jugando.

Mi hermana se fracturó el brazo y no pasó nada grave. Sin embargo, aunque me quedé tranquila en la casa de la amiga de mi mamá, sí me dio miedo. Yo no la conocía casi, y nunca había ido a su apartamento. Todo me parecía oscuro y recuerdo mirar a través del vidrio de la ventana que estaba a mi altura, esperando durante lo que parecía una eternidad, a que me fueran a buscar.

De acuerdo al gran psicólogo australiano Alfred Alder, tu primera memoria es una ventana al resto de tu vida y es la piedra sobre la que construyes todas tus memorias personales. De esa manera, revela mucho sobre la persona en que te conviertes.

Jean Paul Zogby, El Poder de la Percepción del Tiempo (The Power of Time Perception)

Apenas leí ese texto, pensé, “pues con razón”.

Con razón me he convertido en la mamá que soy, alguien que siempre pone la seguridad de sus hijos primero, y que cuando ellos eran pequeños, le aterraba la idea de distraerse con algo y que como consecuencia de la falta de vigilancia, tuvieran un accidente grave. La preocupación era lógica, considerando que además, mis papás han repetido mil veces que mi hermana se ha podido morir ese día, porque si no se hubiera caído sobre el bote de basura que estaba al lado, hubiera caído sobre cemento, y hasta ahí hubiera llegado.

Es decir, mi yo de seis años procesó que, si eres mamá y te distraes, tu bebé o niño se puede morir. No es una afirmación ligera para alguien como yo, que tiene fama de distraída.

También explica por qué le tengo rechazo al tenis desde siempre. Mi mamá me metió en clases por un tiempo, y para mí eran una tortura. Incluso hoy día, solo ver canchas de tenis me incomoda, y jamás de los jamases he compartido el interés en el tenis profesional que tiene mi familia. Mi yo de seis años habrá procesado que el tenis era algo malo (mira lo que pasa cuando alguien juega tenis) , y así quedó.

Mi segunda memoria en general, (pero mi primera memoria feliz), fue cuando tenía siete años. Nos acabábamos de mudar a nuestro apartamento en Caracas, y estaba en el jardín del edificio, con mi hermana y unas niñas vecinas. Me parecía que el edificio, y sobre todo el jardín, era lo máximo de lo máximo. Todo era nuevo para mí, cuántas cosas por explorar! Recuerdo que estaba feliz, muy feliz.

En otras palabras, esa segunda memoria, o primera memoria feliz, fue de cuando me acababa de mudar. WOW. Eso explica por qué relaciono las mudanzas con felicidad y con emociones positivas, y por qué me he mudado tantas veces de casa (ya ni sé, incontables), ciudad (ocho veces) y país (seis veces). Eso explica también por qué estoy tan feliz en el jardín de nuestro hogar.

Qué te parece esa teoría? Tu primera o segunda memoria también revela mucho sobre la persona en quién te convertiste?

Acciones versus palabras

Acciones versus palabras, hay algún ganador?

Las acciones pueden ser perfectas, pero las palabras nefastas. Sin embargo…

A cada rato me dicen que más valen las acciones que las palabras.

Es una afirmación difícil de tragar para una escritora. Una escritora respira a través de las palabras. Qué puede ser más esencial que respirar?

Las acciones pueden ser perfectas, pero las palabras, nefastas. Así que hace rato llegué a la conclusión de que lo importante es la coherencia entre palabra y acción.

Si me dices « te amo », demuéstralo.

Si me demuestras que me amas, dímelo.

Ambas, palabra y acción, son importantes.

Pero al hacer un balance de acción y palabra, aunque me cueste admitirlo…

la acción termina siendo la ganadora.

Si la vida te quita caballos, por ahí vienen las ovejas

En la zona en donde vivía antes, en la periferia de la ciudad de Querétaro, a cada rato veía caballos, con o sin jinetes, con o sin carretas atrás. A veces paseaban por las calles, como si no se hubieran enterado de que estamos en el siglo XXI, o a veces los veía pastando en un campo que tiene un lienzo charro al lado (por lo que asumo que para eso eran).

Mientras me preparaba para la mudanza, cada vez que veía un caballo, pensaba que me iban a hacer falta. Pero poco después de mudarme (dentro del mismo municipio), mientras manejaba cerca de mi nuevo hogar, me encontré con un rebaño de ovejas y cabras! No lo podía creer, me paré, tomé unas fotos, y me entró un ataque de risa.

Primero, por la aparición casi mágica del rebaño, el cual me sonaba a metáfora: “si la vida te quita caballos, te pone ovejas”, jaja.

Segundo: Porque me recordaba que mi ciudad, no era tan 100% ciudad, y que saber eso era como compartir un secreto que la mayoría de los turistas no saben.

Tercero: porque, por cuestiones del destino, esto de estar “in the middle of nowhere” (como dice mi hija, exagerando un poco), nos cae como anillo al dedo en estos días de epidemia.

Keep calm and stay at home! (A menos que estés como yo, y que puedas salir a caminar sin temor a encontrar gente).

Hasta el próximo post…

Safi la soberana

Te cuento que mi gata Safi ha estado conquistando sus nuevos territorios.

Sin embargo, la toma de posesión de su nuevo virreino no ha estado libre de obstáculos. El problema está en que la población de perros de su nueva colonia no ha colaborado tanto como esperado. Los canes no terminan de entender que son sus súbditos de ahora en adelante, especialmente Tina. A Pingo, el otro perro que comparte territorio, esas luchas de poder le tienen sin cuidado, como si dijera “ustedes peléense, que a mi me vale madres”.

Pero Safi es una soberana responsable, no crean que todo es exigir que le sirvan su comida, le den agua de la llave y le limpien el resultado de sus necesidades fisiológicas. Ella vigila toda la casa, dispuesta a defenderla ante cualquier ratón u otro intruso similar. También se mantiene en forma, mental y físicamente, con yoga y meditación (si vas a reinar, tienes que dar el ejemplo).

No creo que Tina se deje destronar así tan fácil. Pero por lo menos, ya se toleran de lejitos.

Era de esperar que habría resistencia al cambio; pero Safi la soberana, sabe que nunca ha sido fácil extender un imperio.

Sin el cambio, el tiempo no existiría

Time is nothing but the measure of change.

Without change, time would not exist.

El tiempo no es sino la medida del cambio.

Sin el cambio, el tiempo no existiría.

Jean Paul A. Zogby, The Power of Time Perception

Debe haber un pequeñísimo porcentaje de la población mundial que estaba al tanto de que una pandemia mundial podría ocurrir, pero a la gran mayoría de nosotros nos ha tomado por sorpresa. Hasta a mí, que me encanta estar imaginándome escenarios futuros de distopias o guerras mundiales, me tomó por sorpresa. Eso sonó feo. No es que quiera que el mundo entre guerra, es solo que me parece interesante extrapolar la historia universal, hacia el futuro.

Sí había leído en varias ocasiones que en el futuro cercano la libertad de movimiento se iba a reducir, y que viajar entre países iba a ser más difícil; pero pensaba que iba a ser por guerras, o por fricciones entre países. No se me ocurrió que sería por una pandemia.

Así que en marzo de 2019 casi nadie se imaginaba que el marzo de 2020 iba a ser lo que estamos viviendo. Casi todos pensábamos que nuestras vidas, o por lo menos el tejido de la comunidad mundial, iba a seguir más o menos igual, sin cambios.

El tiempo no es sino la medida del cambio, dice Jean Paul A. Zogby en su libro El Poder de la Percepción del Tiempo. Sin el cambio, el tiempo no existiría.

Sin embargo, no nos gustan los cambios, sobre todo cuando hemos encontrado un cierto balance en nuestras vidas. Nos amarramos a las situaciones pasadas que nos hicieron felices y le ponemos obstáculos al cambio, para así detener el tiempo. Caemos en esa trampa, porque el tiempo pasa y todo cambia, por más que nos empeñemos en que no sea así.

No creo que haya nadie que tenga una resiliencia perfecta, que pueda sortear los cambios impecablemente y que salga sin moretones, sin cicatrices, sin efectos negativos. Pero hay personas que destacan en resiliencia, personas a las que la vida les ha lanzado un reto más otro, una calamidad más otra, y ahí siguen, adaptándose a lo que el universo les lance. De alguna forma logran que al final de cada batalla, las pérdidas no opaquen las ganancias. Terminan por aceptar los cambios y no le ponen trabas al tiempo. Deciden que es inútil ponerles etiquetas a los cambios, y dejan de decir que el cambio es malo o es bueno. Es simplemente un cambio, sin adjetivos calificativos. Así quiero ser yo también.

Nuestra vida es el tiempo que tenemos para estar en este planeta.

El tiempo no es sino la medida del cambio.

Sin el cambio, el tiempo no existiría…

ni nuestra vida tampoco.