¿De qué metal estás hecha?

Poco antes de realizar el ayuno de tres días que hice hace algunos meses, tuve un sueño en el que a una persona se le abría el hombro, como si fuera una tapa, y que comenzaba a llenarse de metal líquido por dentro. Su cuerpo parecía transparente, vacío, y se iba llenando como si fuera una estatua.

A partir de allí comencé a meditar todos los días, imaginándome que me iba llenando de metal líquido, el cual se solidificaba instantáneamente. Comencé a sentirme cada vez más fuerte, preparándome así, mental y espiritualmente, para realizar el ayuno prolongado que mencioné.

Han pasado ya varios meses de meditación diaria, y la misma ha evolucionado. Todos los días me relleno de cuatro metales líquidos que luego se solidifican dentro mí, cada uno con un significado diferente, los cuales simbolizan mi fortaleza.

  • Primero recibo el acero inoxidable, que significa mis bases fuertes. Es toda la historia que me precedió, mis antepasados, mi familia de origen, mis paisanos, mis amigos de infancia y adolescencia, el país donde nací, mi ciudad natal, la geografía de dónde vengo.
  • Luego recibo el oro de 18 kilates, que es todo el valor espiritual que tengo, mi humanidad, mi amor por mis hijos y por mí, mi empatía hacia los demás, honestidad, amabilidad, capacidad de escuchar al otro, o de ser testigo de su vida. Mi resiliencia y perseverancia, pero también mi capacidad de crecer y evolucionar, de ampliar mis límites. Es todo lo que me hace bella por dentro y que me une con los demás.
  • Sigue la plata, elegante, pero sencilla, que simboliza el mundo físico, así como la energía que se intercambia para que yo pueda vivir en este mundo, para que mi espíritu pueda realizar este viaje que llamamos vida. Son los recursos materiales, así como mi capacidad para producirlos, mantenerlos, expandirlos y sacarles provecho.
  • Por último, recibo el titanio, que me hace un alma inmortal. Es toda la alegría de saberme unida al Universo, de saberme protegida por Dios o la Diosa. Es prosperidad, amplitud y expectativa por un futuro desconocido que me sonríe.

Te invito a que diseñes tu propia meditación de fortaleza. Piensa en ese metal, o metales, que te atraen, e imagina que eres una estatua que durará por cientos de años. Es el año 2700 y alguien te ha encontrado. ¿De qué metal estás hecha?

Zona de meditación y escritura

Vamos a hacer un ejercicio de escritura terapéutica muy liberador y entretenido. Después de meditar el tiempo que consideres necesario, vas a escribirte una carta para los días en que todo se vea negativo y te falten energías. En la carta que redacté yo, imaginé que me la escribía mi ángel de la guarda, pero puede ser quién tú quieras, incluso tú misma. Puedes encontrar más detalles en el post Oír a la intuición y tomar nota. https://mlhardy.wordpress.com/2020/11/13/oir-a-la-intuicion-y-tomar-nota/?preview=true

Querida Michelle,

Me he fijado que últimamente estás cabizbaja, sin energías, sin ganas de vivir. Sé que todo parece oscuro, como si una gran tormenta se acercara y no acabara de llegar. Sé que piensas que tus esfuerzos son en vano, y que alguien como tú, un simple ser humano, pequeño, no puede contra situaciones tan grandes.

Quiero recordarte que no eres solo un ser humano, eres Dios, o Diosa, porque es a través de ti que Dios ama, siente, sueña o llora. Es imposible que seas pequeña. Eso tan grande que ves allá afuera, esa oscuridad, también es parte de ti. A veces hay que dejar que la oscuridad te envuelva, te atraviese, porque luchar contra ella para siempre, es inútil.

Eres Diosa y también oscuridad. No estás separada del Universo, eres parte de él. Si el Universo es infinito, también lo eres tú. Si Dios puede contra la oscuridad, también lo puedes tú.

Los tiempos malos vienen, pero también se van. No te desesperes buscando soluciones. Búscalas con calma, confía en ti, y cree firmemente que el amor de Dios por ti es incondicional.

Vas muy bien, ten fe en ti y en la Diosa: ¡Dale que tú puedes con esto y mucho más! Eres maravillosa, confío en ti y estoy muy orgullosa de ti.

Tu Ángel de la Guarda.

Ahora es tu turno. ¿Qué quisieras que te dijeran en tus días malos? ¿Cómo sería ese apoyo moral que siempre has deseado oír? Escríbelo y conviértete en tu propia roca de apoyo para los momentos en que más lo necesitas.

ESCRIBIR UN DIARIO PARA SANAR

Según la Prof. Dale Darley en su curso Writing to Heal: Using Journaling to Transform your Life, en el contexto de escribir para sanar, es importante tener:

Honestidad: aceptar lo que tu mente inconsciente quiere que sepas. Enfrentar la realidad y actuar.

Integridad: mantener quién eres respecto a tu personalidad, el mundo y tu manera de actuar.

Permiso: está bien ser tú, puedes escribir de la manera que te plazca. No debe existir nada entre tú y tu verdad.

Ella propone dos ejercicios:

-Responder la pregunta: Qué significa ser tú?
-Hacer una lista de tus debilidades y fortalezas.

Al realizar la primera actividad, me di cuenta que ser yo hoy, en noviembre de 2020, significa algo muy diferente a lo que significaba ser yo en noviembre de 2019:
aunque siempre he hecho un esfuerzo en mantener un balance en mi vida, hoy día me cuesta mucho más que antes.

Reflexionar sobre eso me recuerda que las circunstancias siempre pasan. Así como jamás hubiera podido imaginarme en 2019 cómo sería el 2020, tampoco lo sé respecto al 2021, por lo tanto, esperar que seas magnífico es tan válido como cualquier otro escenario. Cada quien escoge.

Con el ejercicio de las debilidades y fortalezas, me di cuenta de que por cada debilidad, tengo una fortaleza que la contrarresta.

Es como si me hubieran equipado tanto con la enfermedad, como con la vacuna.

Sospecho que no soy la única, y que es probable que te hayan equipado así también. No lo quieres averiguar?

La Terapia Narrativa y tu historia de lucha

Para entender nuestras vidas y entendernosa nosotros mismos, la experiencia debe relatarse,y es precisamente el hecho de relatar, lo que determina el significado que se atribuirá a la experiencia.

Michael White, en su libro escrito junto David Epson Medios Narrativos Para Fines Terapéuticos

Contar y escribir mis historias de vida me ha sanado, y continúa sanándome, todos los días. Me ha funcionado a mí, y es posible que te funcione a ti también. ¿Quieres intentarlo? A continuación, te hablo un poco sobre la terapia narrativa, la cual es parte de las terapias expresivas.

La Terapia Narrativa tiene como premisas, las siguientes (las citas en italic han sido tomadas del Diplomado de Terapia Narrativa del Grupo Terapia Narrativa Coyoacán en Ciudad de México).

  • La importancia e influencia del lenguaje en nuestras vidas: mediante conversaciones de externalización, la terapeuta busca que la persona deje de identificarse con el problema y lo vea como un ente externo. Por ejemplo, no es que la persona sea distraída, sino que la persona sufre de distracción.
  • El problema es el problema, la persona no es el problema: siguiendo con el ejemplo anterior,no hay una persona distraída, sino una persona con un problema, que es la distracción.
  • Las personas nos construimos por medio de las historias: la sociedad ya ha elegido quién soy y cómo debo ser, por lo tanto, todos los eventos que se seleccionan (para contar mi historia) están relacionados con dicha identidad. Para narrar nuevas historias, hay que hablar de eventos positivos importantes en mi vida, que no se hayan tomado en cuenta antes.

“Cuando los miembros de una familia, los amigos, los vecinos, los compañeros de trabajo, o los profesionales, piensan que una persona tiene una cierta característica, están ejerciendo un poder sobre él, al representar este conocimiento respecto a esa persona. Por lo tanto, en el terreno de lo social, el conocimiento y poder están inextricablemente unidos. Michael White (quien es uno de los creadores de la Terapia Narrativa, junto con David Epson) pone al descubierto de qué manera las técnicas de conocimiento restan inadvertidamente poder a las personas. Cuando pueden identificarse estas técnicas encubiertas (como imponer descripciones problemáticas a las personas), se hace mucho más fácil externalizar los problemas y ayudar a las personas a escapar de ellos.

El relato que prevalezca a la hora de asignar significado a los sucesos de nuestra vida determinará, en gran medida, la naturaleza de nuestras vivencias y de nuestras acciones” (Karl Tomm, Prefacio a MNPFT)

  • No tenemos una sola historia, sino multihistorias.

“He llamado a aquellos aspectos de la experiencia vivida que caen fuera del relato dominante, acontecimientos extraordinarios. Estos son aquellos ignorados a favor de aquellos cambios en el tiempo que son básicos y comunes para los miembros de una categoría social. Una vez identificados los acontecimientos extraordinarios, se puede invitar a las personas a atribuirles significados.

La interpretación de todo acontecimiento está determinada por la forma en que ésta encaja dentro de pautas conocidas. Aquellos conocimientos que no pueden pautarse, no son seleccionados, por lo que, para nosotros, tales acontecimientos no existen.

Para descubrir las historias positivas, es posible localizar acontecimientos extraordinarios y se puede invitar a la persona a generar significados alrededor de los mismos.

Con este propósito se pueden formular preguntas respecto al modo en que la negativa de la persona a proceder según las exigencias del problema, le ayudó a combatirlo, y así se pueden identificar y vincular entre sí otros ejemplos de desafío, con el fin de presentar un relato histórico de resistencia.

Al establecer estos relatos históricos de conocimiento subyugados, las personas pueden apreciar su singular historia de lucha, y asumir más explícitamente estos conocimientos en la constitución de sus propias vidas y relaciones.” (M. White, MNPFT).

Siguiendo el ejemplo de la persona con el problema de distracción: ella recordará todas las ocasiones en que sí prestó atención, en que sí se organizó muy bien, en que a pesar de que se le aparecía el problema de la distracción a diario, les prestó muchísima atención a sus dos hijos siempre. Toda esa atención que les ha prestado a sus hijos ha sido el gran acontecimiento extraordinario que ha definido su historia de lucha y resistencia contra la distracción (ups, ya sabes que estoy hablando de mí). En general, la persona ubicará todos los acontecimientos en que luchó contra el problema, para así narrar sus propias historias.

  • La identidad se construye, no es fija: “La externalización del problema ayuda a identificar conocimientos unitarios y los discursos supuestamente verdaderos, que están sometiendo al individuo, para así liberarse de ellos” (M. White, MNPFT). Al cambiar la percepción que la persona tiene de sí misma, su identidad cambia, y se aprecia de una manera más positiva. Por ejemplo, en mi caso, me percibo una persona responsable, que ha luchado durante toda su vida contra ese problema.
  • Cada persona es experta en su propia vida: “las personas dan sentido a sus vidas y relaciones, relatando su experiencia y, al interactuar con otros en la representación de estos relatos, modelan sus propias vidas y relaciones”. (M. White, MNPFT)

La persona, al darse cuenta que solo ella ha ejercido el cargo de ser ella misma, sabe que es experta en su propia vida. El rol de la terapia narrativa, ya sea con énfasis oral o escrito, es guiarla para descubrir esas historias que habían pasado desapercibidas y así tener un conocimiento más integral y positivo de sí misma.

Te invito a que identifiques y escribas alguna característica problemática que otras personas estén usando para tener poder sobre ti, o que tú misma hiciste parte de tu identidad sin darte cuenta, pero que te resta poder. ¿Cómo has combatido ese problema que reaparece en tu vida?   ¡Empieza a escribir tu historia de lucha, y descubre la gran sabiduría que has adquirido por haber sido la protagonista de tu propia vida!

Cuándo ser auténtico

Uno de los ejercicios de la Prof. Helena Echeverría en su curso de Escritura Terapéutica, es escribir cincuenta palabras que te encanten, para incluirlas en nuestro vocabulario diario, y así mejorar nuestra respuesta emocional con el lenguaje adecuado. De esta lista hay que escoger cinco palabras, y luego escribir durante por lo menos diez minutos sobre cada una de ellas.

Quisiera compartir lo que escribí sobre la palabra autenticidad.

Me gustan las personas con pocas máscaras, que, aunque se las pongan, no se olvidan de quiénes son. Que saben que, aunque no puedan ser auténticas todo el tiempo (por una cuestión de sobrevivencia) están bien claras de quiénes son cuando pueden bajar la guardia en presencia de personas que las estiman, o cuando se sienten en un ambiente seguro.

Me gustan las personas que se aceptan completamente a ellas mismas, incluyendo sus debilidades, pues son las únicas que pueden aceptar completamente a otra.

Me gustan las personas que son reales, que no se engañan a sí mismas, por lo que le pierden el interés a engañar a otros.

Me gusta la autenticidad porque me hace sentir segura, sé que lo que veo es real, y no malgasto energía en tratar de descifrar códigos complicados, ni disfraces a la medida. Son las personas auténticas las que aprovechan cien por ciento la vida, pues no pierden el tiempo en vivir la vida de otra.

A veces no hay espacio para la autenticidad en ciertos momentos o etapas de la vida, cuando la persona se ve obligada a ejercer un papel que no le corresponde. Sin embargo, en esos casos, la persona auténtica se esfuerza en no perder de vista quién es, pues tiene esperanza de serlo algún día.

Tampoco hay espacio para la autenticidad cuando la persona se menosprecia, o piensa que no tiene valor, mucho menos cuando no hay ninguna intención de mejorar o cambiar. Es más fácil quedarse como se es, y engañar a los demás a que piensen que es otra.

La falta de autenticidad es, en muchos casos, un acto de flojera, o una falta de valentía que impide salir de la zona de confort.

La persona auténtica acepta sus debilidades, pero también las trabaja, para así convivir con ellas de una manera emocionalmente sana, tanto para ella como para los demás. No hay manera de ser perfecto, así que no hay que perder el tiempo intentándolo. Sin embargo, sí es deseable que los aspectos problemáticamente egoístas de una persona pudieran suavizarse. Pero, ¿Qué sucede cuando la persona es esencialmente así, y quiere seguir siéndolo? No pasa nada, ya que la persona sigue actuando igual que siempre. Es por ello que la gente que está a su alrededor hace bien en abandonar la autenticidad en su presencia.

Ése ha sido un aprendizaje que me ha costado toda la vida aprender: Sé auténtico, sí, pero ten la prudencia de saber si la persona con la que quieres ser auténtico, merece tu autenticidad. Si no es así, ponte tu disfraz por un rato, y sigue con tu vida. Seguramente la oportunidad de ser verdaderamente auténtico llegará, y si acaso no llega, sal a buscarla. Pero no cometas el error de mostrar todos tus colores, incluyendo todas tus vulnerabilidades, a alguien que puede usar esa información en tu contra.

Descubre cuáles son tus valores

La profesora Dale Darley en su curso Writing to Heal: Using Journaling to Transform your Life, habla sobre cómo nos hacemos una percepción de nuestra realidad. Mientras crecemos, reconocemos patrones en la manera de actuar de los adultos, y categorizamos el mundo a través de nuestros sentidos. Los patrones aprendidos se convierten en hábitos, y vamos elaborando nuestras propias creencias sobre la vida. Es a través de estas creencias que percibimos el mundo.

Para cambiar la percepción que tenemos de nuestra realidad, es buena idea mantener un récord, o un diario, de las cosas que agradecemos. Antes de comenzar, es útil preguntarse: ¿Qué te viene a la mente cuando oyes la palabra “gratitud”? ¿Qué significa la gratitud para ti? ¿Qué pasa en la manera que vez tu realidad, cuando expresas gratitud por lo que tienes?

La profesora Darley recomienda escribir de tres a nueve agradecimientos al día, para que la percepción de nuestra realidad cambie. Yo he estado escribiendo tres cada día, desde hace aproximadamente un mes. No solo ha cambiado mi percepción de la realidad del mundo externo a mí, sino que también ha cambiado la percepción de mi propio mundo interior, sobre todo, de mis valores.

Me he percatado de que hay varios agradecimientos que repito constantemente, lo cual me dice cuáles son las cosas, personas o situaciones, más importantes para mí en este momento, las que más valoro. Si te has preguntado alguna vez sobre tus valores personales y no sabes bien qué responder, te puedes dar cuenta fácilmente si realizas este ejercicio de escritura, al categorizar y contar los agradecimientos que haces con frecuencia.

Las categorías más importantes de mis agradecimientos, comenzando por las que más repetí (es decir, las que más valoro) y luego en orden hasta las que repetí menos, son:

-Familia y pareja. Ésta no me sorprendió.

-Posesiones materiales. Ésta sí me tomó por sorpresa, ya que me considero minimalista.

– Libertad. Ésta sí me sorprendió. Sabía que valoraba mi libertad mucho, pero no imaginaba que era un valor tan alto para mí.

 – Escritura e inspiración. También me sorprendió. Sabía que era importante para mí, pero tampoco imaginé que lo valoraba tanto.

Seguidamente estaban los agradecimientos relacionados con:

-Mi actitud ante la vida. Pensaba que iba a tener más puntos, pero está bien así.

– Amistad. Sobre todo, ciertas amistades especiales.

– Salud física y mental. No me sorprendió, valoro mucho mi salud.

– Belleza. Es “bonito” (pun intended, hehe) saber que la belleza es un valor para mí. Para todos los artistas es, y yo me considero artista de palabras.

– Comida (sabores). Esto sí me sorprendió verlo en la lista, no me había dado cuenta de que lo valoraba tanto. La comida que me gusta la agradezco, la disfruto y me hace feliz.

También hice agradecimientos (aunque con menos frecuencia) relacionados con Dios/Diosa, el mundo y la sociedad en general, el conocimiento adquirido, las actividades que realizo, mi mascota y el clima.

Uno valora y ama más lo que uno conoce. Por eso, si te gusta algo, quieres conocer más de eso. ¿Cómo amarse a uno mismo? Conociéndose.

Agarra ese bolígrafo o smartphone, y empieza a agradecer diariamente. Probablemente te sorprendas, al igual que yo, de aquello que valoras, y de lo que verdaderamente es importante para ti. Te conocerás mucho más y, por tanto, te amarás mucho más también.

Confío en mí porque…

Hace un poco más de mes, hice el experimento de escribir por lo menos por veinte minutos, por cuatro días seguidos, sobre experiencias traumáticas. Justo después de esos días, me sentí muy mal emocionalmente, incluso peor que antes, pero hoy, ya casi un mes después, mi estado de ánimo ha mejorado muchísimo, sintiéndome optimista y entusiasmada.

Leyendo mi diario de la semana posterior al experimento, me di cuenta de que mis emociones subían y bajaban, aunque subían más que bajaban. Sin embargo, lo que sí me costó un poco más de tiempo, fue que mi inconsciente mejorara. Aunque la mayor parte de lo que escribía en el diario era positivo, seguía teniendo pesadillas frecuentes y me costaba dormir la noche completa (tanto las pesadillas como el mal sueño venían desde antes del experimento).

Me di cuenta de que mi ánimo mejoraba porque escribía frases que empezaban así:

Estoy fascinada porque …

Confío en mí porque…

Comprendo que…

Sé que…

Estoy orgullosa de mí porque…

Así mismo, se notaba que aún mis emociones tenían grandes oscilaciones porque escribí :

Me permito sentir, tanto felicidad sin sentido, como tristeza sin límites.

Espero no hacer nada, estoy agotada emocionalmente. Quiero desaparecer por un rato. Tengo que llegar hasta navidad en una sola pieza.

Al finalizar la semana siguiente al experimento, ya las emociones comenzaban a ser menos extremas. Por otro lado, escuché a mi cuerpo y le hice caso: descansé y me distraje. Fue muy conveniente el hecho de que estuviera visitando a mi hermana en Ciudad de México, porque fue también una vacación combinada con retiro espiritual.

Caminar por las calles de Polanco se me hizo costumbre durante las dos semanas que estuve allí, y pude disfrutar de una de mis colonias favoritas de México. Ver la arquitectura de los edificios, los restaurantes y cafés con gente, los perros cosmopolitas, al ocasional extranjero, los árboles cincuentones, las plazas misteriosas y las caminerías llenas de florerías, me tocó el alma. En especial recuerdo un domingo en que caminaba cerca de Plaza Uruguay, cuando oí a una soprano y a un tenor cantando ópera. No recuerdo qué cantaban, solo que no me lo podía creer, y que me senté cerca, a escuchar. Me sentí metida en una película, con soundtrack de fondo, maravillada. No pude dejar de pensar que, sin pandemia, estarían cantando en el Auditorio Nacional, y que cuando uno tiene arte en el corazón, se expresa donde sea y como sea.

Después de las caminatas, de descansar y de ver Netflix bastante, me dio por escribir sobre mi etapa de madurez.

Tomando el Don de la Madurez

Yo solo sabía dar,

ahora ya sé recibir,

y hasta tomar.

Hay tantas cosas que no he tomado aún.

Ahora extiendo ambas manos, buscando el Universo,

y tomo de él todo lo que está disponible para mí.

Tomo el don de la madurez,

el cual ,por cierto, no me fue regalado.

Lo estoy tomando… ¡No!

Más bien se lo arranco al Universo.

Es mío, y no lo voy a regalar.

Con el don de la madurez,

ahora doy, aunque no siempre.

Hoy recibo y tomo todo lo que la vida ofrece.

¿Podrías completar las frases con puntos suspensivos que escribí arriba? ¿Cómo te sientes después de hacerlo? ¿Qué quieres recibir de la vida? ¿Qué quieres tomar de la vida?

Escribe tus respuestas, y te invito a compartirlas en los comentarios. Llevar un record de lo que escribes en un diario electrónico o físico, te puede mostrar patrones que te ayudan a decodificar tu inconsciente, para que así puedas tener mayor control de tus acciones, tus pensamientos y tus emociones. Así mismo, recuerda incluir un agradecimiento y una afirmación junto con lo que hayas escrito.


Escríbele a tu cuerpo

La terapia de artes expresivas, o terapia expresiva, “incluye muchas modalidades de arte como la danza/movimiento, la producción de imágenes/pinturas/esculturas, música, drama, poesía, escritura y narrativa” (@TAEPeru).

“A diferencia de las expresiones tradicionales de arte, se hace énfasis en el proceso de creación, y no en el producto. Las terapias expresivas se basan en la suposición de que la gente puede sanar a través de las diferentes formas de expresión creativa. Los terapistas expresivos comparten la creencia de que, a través de la expresión creativa, y tanteando la imaginación, la gente puede examinar su cuerpo, sentimientos, emociones y procesos de pensamiento” (Wikipedia, en inglés).

La escritura terapéutica, o terapia de escritura, es entonces, un tipo de terapia expresiva.

La profesora Helena Echeverría, en su curso de escritura terapéutica, dio un ejemplo sobre cómo la escritura podía ponernos en contacto con nuestro cuerpo y ayudarnos a sanar. Era el caso de una persona que tenía problemas dermatológicos en sus manos. El terapeuta de escritura le pidió que les escribiera una carta a sus manos, como si sus manos fueran un ente separado de ella, con sentimientos y emociones. Al hacerlo, se dio cuenta de que había estado emocionalmente desconectada de ellas, y al prestarles atención, se percató de que sus manos se irritaban cuando usaba detergente y cuando hacía frío. Entonces tomó las medidas necesarias, comenzó a tener consciencia de su cuerpo, a cuidar mejor de sí misma, y su problema dermatológico remitió.

Al ir rápido por la vida, nos desconectamos de nuestro cuerpo sin querer. Una meditación consciente, larga o corta, según se necesite, hace que nos conectemos de nuevo. Al hacerlo, podemos prestarles atención a las partes que menos nos gustan, o a las que nos duelen, para así entablar un diálogo con ellas, o escribirles una carta. Al hacerlo, nos vemos a nosotros mismos desde otro punto de vista y descubrimos situaciones de las que no nos habíamos percatado.

Yo escogí entablar un diálogo con mis rodillas:

-Hola rodillas, ¿Cómo están? Sé que las he usado mucho últimamente, y pienso que las he estado cuidando bien. Sin embargo, me he dado cuenta de que a veces duelen durante la noche, como si se estuvieran quejando por algo que hice mal. ¿Es cierto? ¿Están molestas conmigo por algo?

-Hola Michelle, pues sí, la verdad es que no estamos muy contentas. No nos has cuidado tan bien como crees, o como te quieres hacer creer. Tú caminas muchísimo, a veces hasta cuatro horas seguidas, y a nosotras también nos encanta, lo sabes bien. De hecho, podemos eso y mucho más, ¡Siempre y cuando hagas los ejercicios de fortalecimiento de rodillas que te enseñaron en la fisioterapia! Está bien que los domingos no los hagas, pero tú sabes que debes hacerlos, por lo menos cinco días a la semana, y no los estás haciendo.

– ¡Mil disculpas! Sí, tienen toda la razón. No crean que no las quiero por eso, es que se me ha pasado por estarle prestando atención a otras cosas.

– Está bien, quedas perdonada, pero promete que vas a hacer los ejercicios.

-Prometido.

– Por cierto, no por chismear, sabes que no nos gusta el chisme, pero aquí va. Los brazos y el abdomen están diciendo por ahí que tampoco les haces caso, que cómo es posible, después de todo lo que han hecho por ti, y tú no les estás dedicando tiempo. Esto te lo contamos en confidencia, porque luego si se enteran que te contamos, nos dejan de hablar, sabes que son bien delicados.

– Ok, no hay problema. La verdad es que también quiero mucho a mis brazos y abdomen, y no quiero herir sus sentimientos. Gracias por contarme, las quiero mucho. Ya van a ver que se van a sentir mejor.

¿Te sientes conectado con tu cuerpo? ¿Sí? ¿De verdad? ¿Por qué no le preguntas cómo está? Haz la prueba, y escríbele a alguna parte de tu cuerpo que no te encante. Escucha a ver qué te dice, y si así lo deseas, comparte tu experiencia de escritura aquí, en los comentarios. Ten por seguro de que te leeré. También puedes escribirlo en un diario, físico o electrónico. Al hacerlo, recuerda incluir un agradecimiento y una afirmación.

Agradezco la oportunidad de escribir y publicar mi blog.

Hoy recibo y tomo todo lo que el mundo ofrece.

Escribir es de valientes

La escritura terapéutica es un recurso que te permite

identificar patrones inconscientes para así

manejar emociones, pensamientos y sentimientos.

Al tener esta claridad, tu vida mejora.

Es una herramienta de transformación

 que te pone en contacto con tu parte profunda.

Helena Echeverría, curso Escritura Terapéutica: Escribir como Terapia

El psicólogo James W. Pennebaker, pionero de la escritura terapéutica, profesor de la Universidad de Texas y autor de numerosos artículos de investigación, así como de varios libros académicos, realizó un estudio para probar que poner por escrito una situación traumática difícil mejoraba la salud física y emocional. Quería corroborar su propia experiencia con la depresión, la cual remitió luego de escribir a diario por un tiempo. Se dispusieron dos grupos, uno experimental y otro control, con instrucciones diferentes.

El grupo experimental debía escribir, veinte minutos al día, por cuatro días seguidos, sobre la experiencia más perturbadora o traumática de su vida, exponiendo sus sentimientos y pensamientos más profundos sobre esa experiencia, idealmente, algo de lo que no hubiera hablado en detalle con nadie. Podrían ser un trauma, o traumas diferentes.

El grupo control debía escribir también veinte minutos al día, por cuatro días seguidos, sobre temas superficiales o neutros.

Los investigadores encontraron que, al principio, inmediatamente después de escribir sobre experiencias dolorosas, los estudiantes del grupo experimental se sentían más tristes y su estado de ánimo empeoraba. Sin embargo, seis semanas después, los mismos estudiantes reportaron estados de ánimo más positivos y menos visitas al centro de salud universitario, que los del grupo control.

En el curso de la profesora Echeverría me enteré sobre la investigación que les acabo de mencionar, y repetí el experimento. Por cuatro días seguidos, mientras pasaba unos días en la casa de mi hermana en Ciudad de México, escribí sobre experiencias traumáticas, por más de veinte minutos. Tuve pesadillas, y dormí muy mal. Mientras escribía en el cuarto día, me puse a llorar, y me entró un agotamiento infinito.

Esto es parte de lo que escribí ese día:

Perdono a todas las personas que me han herido, con o sin intención.

Me perdono a mí misma.

Extraño a S tanto (mi hijo de diez años no está viviendo conmigo desde hace varios meses). Espero que algún día me perdone por no estar a su lado. Lo siento tanto, mi niño. Siento tanto no poder ser tu mamá estos días.

Hoy es uno de esos días en los que siento que quiero tirar a la basura al mundo entero.

Eso lo escribí hace casi un mes y hoy mi estado de ánimo no tiene nada que ver a como me sentí ese día. Hoy me siento optimista, incluso feliz, porque estoy inspirada escribiendo, porque tengo una visión clara de mí y una dirección hacia la que tengo que ir. Acepto mi situación presente, pero tengo una gran fe en que va a cambiar para bien muy pronto. De hecho, ya ha empezado a cambiar para bien. Últimamente han sucedido muchas coincidencias que han llevado a que poco a poco vaya logrando las cosas que me he estado proponiendo. Estoy segura de que estoy en manos de Dios, o la Diosa, y que nos está cuidando a mí y a mis hijos. Hoy escribo estas líneas con una sonrisa en la cara y con un corazón agrandado de ilusión por un futuro mejor.

Es de valientes escribir sobres nuestras oscuridades, sobre nuestras cuevas, nuestros monstruos, nuestras debilidades, nuestras decepciones, nuestras desilusiones. Escribir así no es para todo el mundo. Pero si crees que tienes la fuerza suficiente para hacerlo, yo te digo, hazlo. Saldrás del túnel tenebroso a otra dimensión emocional llena de luz, que probablemente no conocías. 

¿Te atreves? Busca en el calendario cuándo quieres descender a la cueva de tus traumas, y planea tu viaje de escritura. Posteriormente, cuando lo consideres adecuado, puedes compartir aquí tus experiencias.

El falso paradigma de tener que darlo todo

Hoy recibo y tomo todo lo que la vida ofrece.

Esa frase que acabo de escribir contrasta con mi actitud ante la vida hasta hace poco tiempo, cuando mi prioridad era dar a la vida todo lo que yo tenía. Ahora mi enfoque es recibir y estar alerta a todo lo que la vida ofrece ¿Cómo puedo hacer que el día de hoy sea beneficioso para mí? ¿Cómo puedo sacar provecho de una situación que tengo en frente?

Mi instinto, o programación inicial, es la de servir, dar y ayudar a los demás. Esta actitud está muy bien cuando además va acompañada por el deseo de servir, dar y ayudarme a mí. Si no tenemos esta segunda parte de la ecuación, nos vamos quedando vacíos, porque la vida no retribuye todo lo que uno le ha dado.

Muchas personas crecemos pensamos que, si damos todo de nosotros mismos, la vida nos va a dar todo también. Como nosotros siempre estamos pendientes de devolver a la vida todo lo que nos da, pensamos ingenuamente que la vida nos va a devolver todo lo que le damos también.

Cuando digo “vida”, me refiero a gente: hijos, pareja, padres, hermanos, amigos, jefes, gente conocida o desconocida que necesita ayuda, pero también me refiero al mundo en general, a las causas sociales, políticas o ecológicas, incluso a ese concepto tan elusivo que es la patria, o la comunidad en donde uno vive. Está muy bien dar sin pedir nada a cambio, pero no siempre. Hay que ser selectivo respecto a cómo damos: a quién, a qué, cuándo, cómo, y definitivamente, de primero en la lista de a quién o a qué dar, tiene que estar uno mismo.

Mi instinto de poner a los demás primero es muy fuerte, y tengo que estar muy consciente de mis acciones diarias para que no se me olvide ponerme a mí de primera en la lista. Para hacérmelo más fácil, encontré una manera de hacerlo, con un poco de trampa. Lo que hago es un ejercicio de imaginación: cuando tengo que tomar una decisión, por pequeña que sea, me imagino que soy uno de mis hijos. Es decir, no estoy decidiendo por mí, sino por alguno de ellos dos, y así se me hace más fácil escoger una decisión que me beneficia a mí, sin sentirme falsamente culpable.

Cuando la decisión involucra a mis hijos en la vida real, la cosa se complica, y tengo que pensar a largo plazo. Es más difícil tomar decisiones en esos casos, pero lo hago pensando en que ellos necesitan a una mamá viva y fuerte, que pueda crearles “la burbuja familiar” que necesitan para enfrentar la vida con resiliencia (ese término de “burbuja familiar” lo nombra Boris Cyrulnik en su libro sobre resiliencia Los Patitos Feos”).

El amor propio se manifiesta cuando estamos dispuestos a recibir y tomar de la vida todo lo que nos ofrece. El recibimiento es pasivo, y se refiere a aceptar lo que ya está allí: recibir una ayuda ofrecida, o sencillamente recibir con alegría los rayos del sol de las 11:00 am, después de una mañana fría. Es voltear las palmas hacia arriba cuando medito sentada, dispuesta a recibir todo lo bueno del universo.

Tomar de la vida, sin embargo, es diferente, es activo, y es allí cuando la programación inicial (católica, cultural, familiar, social, machista o de cualquier otro tipo) puede obstaculizar al amor propio. Si tengo la opción entre beneficiar a otro, o beneficiarme yo, sin que exista punto medio de ganar/ganar ¿Qué escojo?  

Cuando estaba en la universidad cursando la carrera de Relaciones Internacionales y me tocaba estudiar Historia, no entendía, emocionalmente hablando, por qué existían las guerras, aunque me parecía fascinante analizarlas cerebralmente. En aquel momento yo me sentía incapaz de matar a nadie. Me hubiera dejado matar antes de matar a otro, sin importar quién fuese. Por ende, no entendía a nivel emocional cómo es que existían las guerras. No entendía cómo alguien pudiera ser capaz de matar a alguien, mucho menos, a miles de personas. Para mí el valor de otro ser humano era exactamente igual al mío, sin importar que fuera el presidente de un país, o un loco de la calle. Matar a otro era lo mismo que matarme a mí, porque teníamos el mismo valor.

Eso cambió cuando me convertí en mamá. Es una sensación un poco espeluznante saber que puedes ser capaz de matar a alguien, y eso exactamente fue lo que sentí una vez, poco después del nacimiento de mi hija. Un día me di cuenta de que, para defender a mi hija, yo sería capaz de matar a cualquiera, sin pensarlo dos veces.

Sin embargo, aún no sé si sería capaz de matar a alguien para salvar mi propia vida.

Es por eso que cuando me enfrento a ese tipo de decisiones ganar/perder, me imagino que la que va a ganar o perder es cualquiera de mis dos hijos, no yo, y así se me hace mucho más fácil escoger algo para mi propio beneficio. En la vida real eso es cierto, pues las consecuencias de que yo gane o pierda (dinero, o lo que sea) las van a disfrutar o sufrir ellos.

Muchas mujeres crecemos con el paradigma de que debemos darlo todo, creyendo que, al hacerlo, la vida nos lo va a devolver todo también. Ese paradigma es falso, y lo he sustituido por el paradigma de que debo tomar todo lo que me da la vida, para no esperar que la vida tenga que devolverme nada. No hemos sido educadas para aprovechar oportunidades, sino para darlo todo de nosotras mismas en cada oportunidad. Ya no. Ahora aprovecho cada oportunidad, y solo doy cuando lo juzgo oportuno.

¿Qué oportunidad tienes hoy para tomar o recibir algo que la vida te ofrece? ¿Vas a decir que sí?

Lidia Yuknavitch, autora de The Misfit Manifesto y The Chronology of Water, cuenta en su charla de Ted, que cuando una editorial prestigiosa le pidió que les enviara un texto sobre su vida como competidora de natación, ella no pudo contestar nada.

“Me tomó casi una década poner algo en un sobre y ponerle una estampilla”, recuerda. Incluso una agente literaria se le acercó ofreciéndole representación, a lo que ella solo pudo responder, “no lo sé, tengo que pensarlo”, y más nunca la volvió a ver. “No siempre sabemos cómo tener esperanza, o decir que sí, o escoger la cosa grande, aun teniéndola justo en frente de uno. Es una vergüenza que llevamos, es la vergüenza de querer algo bueno, es la vergüenza de sentir algo bueno. Es la vergüenza de no creer realmente que merecemos estar en la sala con gente que admiramos. Si pudiera, me devolvería en el tiempo y me animaría a mí misma a ser exactamente como esas mujeres de más de cincuenta años que me ayudaron. Me enseñaría a mí misma cómo querer cosas, cómo defenderme, cómo pedir esas cosas. Diría: tú, sí, tú, tú perteneces en la sala también”.

Sin embargo, ella aún escuchaba las voces que le decían: “no escuches a nadie que te diga que te calles. Dale voz a la historia que solo tú sabes cómo contar. A veces, contar tu historia, ES lo que salva tu vida”.

Hoy escojo la cosa grande cuando la tengo en frente, y me siento orgullosa de querer algo bueno para mí. Hoy sé que merezco estar en la sala con la gente que admiro. Hoy recibo y tomo lo que la vida me ofrece. Hoy digo que sí. Hoy me salvo yo, hoy cuento mi historia yo.