El temor a la Nada

En el libro La historia sin fin  de Michael Ende, la Nada iba destruyendo y atemorizando a todas las criaturas. De hecho, lo consigue, lo destruye todo. Pero como estaba en un mundo de fantasía, lo que Bastián tenía que hacer era de nuevo  imaginarlo todo, para que todo reviviera.

Vaciarse. Quedarnos en nada. También en esta vida le tenemos miedo a la Nada y, al igual que Atreyo, nos lanzamos en la aventura de la vida para huir de ella. Nos llenamos de cosas, de pensamientos. Queremos tener, ser y hacer más. Pero a la Nada no le importa lo que hagamos. Está allí, independiente de nosotros.

En Avatar, la shamana de la tribu indígena le dice al marine recién llegado, que ellos han tratado de educar a los extraterretres (es decir, a  los humanos) pero que es muy difícil meter algo en una copa que ya está llena. Si alguna vez has intentado hacer yoga o meditación, ya sabes que es difícil para los principiantes liberarse de todo pensamiento extra y concentrarse. Es difícil vaciar la copa, pero para que entren nuevas energías a nuestra vida hay que vaciarla un poco. O toda.

Por Michelle Lorena Hardy – Chicadelpanda.com

 

Avatar y Venezuela

El fin de semana pasado vi la película Avatar y me encantó. Fue un viaje de fantasía y ciencia ficción del que salí sonriente. Vale la pena verla. Sin embargo, la historia no es original:  es sobre el mundo desarrollado que quiere destruir la naturaleza y los héroes que la salvan. Lo original está en mezclar naturaleza con ciencia ficción y que por tanto sea hablada en un lenguaje adulto, quiero decir, científico. Los aborígenes tienen una relación con la deidad-naturaleza que está respaldada por la biología del futuro. La idea del avatar me gustó también, aunque, como ya la conocía por los trailers, no me sorprendió tanto. Sí lo hizo, sin embargo, el abanico sin fin de criaturas, así como de  paisajes,  del planeta de los aborígenes azules.

Al principio de la película, nombran a Venezuela. El marine que ya lleva tiempo en aquel planeta le dice al que está llegando, que su experiencia en la selva de Venezuela no era nada comparada con lo que iba a tener allí.  Me divirtió y me llenó de orgullo el comentario. Pues sí, para que la naturaleza sea más increíble que la del Parque Nacional Canaima …  pues… sí que debe ser de otro mundo.

Por: Michelle Lorena Hardy – Chicadelpanda.com