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¡Ya está disponible “Siete Maletas” en Kindle Amazon!

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para que lo bajen y compartan con sus amigos

(mientras más downloads tenga el libro, mayor será su ranking).

¡Que tengan un día espectacular!

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¡Pronto llega a Kindle el libro Siete Maletas!

Aquí les dejo una muestra de las 220 anécdotas del libro “SIETE MALETAS,” que entre risas y lágrimas describe nuestras experiencias en el exterior.

¡SIETE MALETAS estará pronto disponible en Amazon Kindle!
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NIÑAS GLOBALIZADAS

Estoy con R en un parque, cuando una niñita de más o menos la misma edad se le acerca y le dice:
-Me llamo Matilda ¿Quieres jugar conmigo?
-Sí claro.
-¿Quieres jugar a los países?
– Mmmm… Qué tal si mejor jugamos a…
Entonces yo intervengo y le digo, “pregúntale cómo se juega, a lo mejor te gusta”. Así que mi hija le dice:
– Bueno, ok.
Se van un poco más lejos, pero yo todavía las oigo. Matilda dice:
– Tú vas a ser un país y yo otro, escoge un país.
– ¡Caracas!
– ¿Qué es eso? ¿Estás segura que es un país?
– Mmm… No, como que es una ciudad.
-Tiene que ser un país.
– ¡África!
-¿Estás segura que es un país?
-Nooo…
-Tiene que ser un país.
-¡México!
-¿Estás segura que es un país?
-Sí, yo viví ahí.
-Le voy a preguntar a mi nana.
La niñita le pregunta a la nana, “¿México es un país?” quien verifica, “Sí, México es un país”, así que Matilda le dice a mi hija:
-Muy bien, México sí es un país. Tú eres México. Yo soy París.

 

Secar ropa sin secadora

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No me van a creer, pero hace unos años yo no sabía secar la ropa sin secadora. Cuando llegamos a vivir a nuestro miniapartamento en Milán, hace ya unas vidas atrás, de lo primero que me di cuenta era que no había secadora. Esto fue mucho antes de que empezara a preocuparme por el estado del planeta, y que empezara a cambiar mis hábitos diarios por unos más conscientes, así que para mí fue un shock cultural total. ¿Secadora? ¿En Italia? Esa palabra era prácticamente una grosería, un aparato extraño que la gente conocía del mismo modo en que yo conocía la nieve. Es decir, algo bien exótico, que habían visto solo unas cuantas veces en sus vidas y probablemente solo por televisión.

Pero a mí no se me ocurrió preguntarle a nadie cómo secar ropa sin secadora, ni buscarlo en internet. Así que procedí a hacer como había visto en televisión (exceptuando ropa delicada, nunca había colgado ropa hasta ese momento; en la casa de mis padres eran totalmente prosecadora) y me puse a colgar todo con ganchitos, como si estuviera colgando la ropa de una cuerda, cuando en realidad tenía una parrilla o un tendedero  de esos que se ponen en el piso y se abren, por lo que, aparte de la ropa íntima, no hacía falta usarlos.

Fue ya cuando nos mudamos a Chile, cuando vi cómo lo hacía la señora que me ayudaba en la casa, que me di cuenta de la estupidez que había hecho en todos esos meses en Milán. Hubiera podido invertir la mitad del tiempo colgando la ropa, si no hubiera usado los ganchitos para la ropa grande (es decir, todo lo que no fuera ropa interior).

Ahora en Panamá tengo un tendedero (del tipo que se abre en el suelo) y uso poco la secadora. Aparte de las razones ecológicas (por aquello de Reducir el consumo), es conveniente este método pues, como dicen en la página de Ehow, “los secarropas pueden encoger la ropa, provocar el desgaste de las telas y crear arrugas persistentes, si la ropa no se quita de inmediato de su interior. También consumen energía que aumenta tu factura de servicios públicos. Colgar la ropa en la línea no cuesta un centavo y deja la ropa limpia y sin arrugas”.  

Un detalle importante que no nombran en la página de Ehow es que la ropa debe secarse en un sitio ventilado, pues de otra manera se corre el riesgo de que aumente la humedad dentro de la casa, con los subsiguientes problemas de salud ( fuente BBC) , como asma y alergias. Por ello, en la época de invierno, o si tienes aire acondicionado en tu casa, hay que tomarlo en consideración.

Yo tengo el tendedero junto a la lavadora, la cual está al lado de unas ventanas que siempre están abiertas al fondo del área de la cocina (la cual está separada del resto de la casa por una puerta). Por supuesto, si es posible, es mejor secar la ropa afuera de la casa.

Espero que les hayan servido los datos, y aquí les dejo la página de Ehow Cómo secar ropa sin secarropas para más tips.

Por Michelle Lorena Hardy  –  Chicadelpanda.com

Cumpleaños con piñata y palo

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Ayer fue la fiesta de cumple tres años de mi hijo en su kinder, con piñata y palo. En Chile, donde vivíamos antes, hay piñatas, pero son pequeñitas, y parecen más una caja de envolver regalos que una piñata (como las que se conocen en Venezuela o México); y no tienen palo, pues no se cuelgan de una cuerda. Lo que se hace es que algún adulto la sostiene en el aire, y jala, con unas cintas, las solapas de una abertura que se encuentra en la parte de abajo de la piñata. Los niños recogen los dulces, pero no participan en romperla.

Así que ya el hecho de haber podido celebrar su cumpleaños con piñata y palo, fue algo especial. Pero también lo fue porque asistió mi hermana. Eso es algo común y corriente para la mayor parte de las personas en el mundo, pero no lo es para nosotros, que vivimos desde hace nueve años y medio fuera de nuestro país natal.

Para mí es importante que mis hijos tengan experiencias, si no iguales, aunque sea parecidas a las que yo viví de pequeña. No soy la única que piensa así, y me atrevo a decir que soy de las venezolanas emigradas que menos se preocupa de esas cosas. Las que de verdad se lo toman en serio, comienzan negocios de catering,  hacen tortas para vender, o hacen ellas mismas las piñatas o las decoraciones. Algunas  encargan las piñatas a sus familiares, con una logística y una planificación, que parece que en vez de transportar una piñata, van a transportar un misil.  Claro que en Venezuela la cuestión de las fiestas se toma muy en serio también. Lo que pasa es que es cuando estás en el exterior, que te das cuenta que la pasión que le ponen las venezolanas, es única.

Ayer mi hijo le dio palo a la piñata, compartió con los amiguitos del colegio, se emocionó muchísimo cuando le cantaron cumpleaños; y cuando vea las fotos de su fiesta cuando sea grande, verá a alguien que reconocerá, aparte de sus papás y su hermana: a su tía. Qué chévere, siento que puedo ponerle un check mark  a una de las cosas que quería hacer, ahora que estamos viviendo en Panamá: tener un cumpleaños con familia, piñata y palo.

Por Michelle Lorena Hardy –  Chicadelpanda.com

Ser ecoamigable fomenta la creatividad

Muchas cosas cambian al mudarse de un sitio a otro, pero si se tiene la intención de ser ecoamigable, siempre se puede hacer algo al respecto.

Ahora solo llevamos los materiales para ser reciclados una vez al mes, que es cuando se  hacen las ferias de recolección. Esta situación nos motiva a ser aún más cuidadosos con nuestros gastos y ya casi no compramos periódicos, por ejemplo (ya que no tenemos espacio para guardarlos por tanto tiempo).

Una de las cosas que extraño de Santiago es que llevábamos como un año sin comprar pan en bolsas plásticas, ya que se conseguía muy buen pan de-verdad-verdad en todos los supermercados, y éstos venían en bolsas de papel, o incluso se podían meter dentro de una bolsa de tela reusable (algunos supermercados tenían las suyas propias, inclusive). Ahora en Panamá, para reducir el consumo de plástico, llegamos a la lógica solución de que había que hacer más arepas.

La semana pasada, tratando de que los niños comieran vegetales -sin que se dieran cuenta, pues de otro modo no se las comen- hicimos arepas de colores. Primero fueron unas verdes con albahaca, lo cual resultó tan magnífico para nosotros los papás, que hasta le pusimos queso y tomate (arepa a la capresa, yummi) pero que no resultó con los niños; y el otro día hicimos unas rojas con remolacha, lo cual sí resultó, por lo menos con mi hija mayor.

Mantener una vida más amigable con la naturaleza, nos ha despertado la creatividad. Si quieren más tips, les recomiendo la guía  Plastic Free Guide  del blog My plastic-free life, y para saber cómo hacer las arepas de colores, les recomiendo el blog  Labrando un hogar – Arepas de colores .

Por: Michelle Lorena Hardy – Chicadelpanda.com

Caminar en Santiago, Chile vs. caminar en Ciudad de Panamá

Esta mañana me costó encender el motor. Un café, rurururunn… plop, nada.

Desayuno… rurrurnnn… plop,  nada. Cerebro no enciende.

Necesito lo infalible: Ted.com !

Así y todo, fue como a la tercera charla que se empezaron a prender las lucecitas… It’s wooorking !! (mi cerebro, quiero decir)

Cuando nos mudamos a Panamá, teníamos la idea de vivir cerca de la playa, cerca de la naturaleza, presumiblemente en una casa, presumiblemente cultivando algunos tomates y lechugas y haciendo compost. Sin embargo, resultó muy diferente el asunto: en la “playa” no se veía el mar, y otras variables igualmente importantes, resultaron ser totalmente diferentes a como lo esperábamos. Así que ahora vivimos en el piso veintitantos de un edificio que tiene vista al océano, y vista a una zona muy bonita de Panamá, con edificios tan modernos como en cualquier ciudad de algún país desarrollado.

¿Y qué pasó con lo de vivir más en contacto con la naturaleza, de tener una vida más simple?  Eso sí lo estamos haciendo. Estamos llevando y buscando a los niñitos al colegio ¡A pie!  Siempre quise hacer eso, es maravilloso. No solo porque no tengo que buscar puesto en una calle llena de otros autos, ni porque no tengo que soportar el tráfico. No solo porque ahora tengo tiempo que puedo usar en otra cosa.  En las mañanas, no solo no estamos apurados, sino que hasta tenemos tiempo de hacer otras cosas. Aunque pongo la alarma por costumbre,  nos despertamos antes de que suene.

A mí me gusta caminar como medio transporte, no solo por hacer ejercicio o por pasear. Aquí en Panamá, ya llevo dos meses sin manejar (en Chile, aunque caminaba o iba en bicicleta a casi todas partes, usaba el carro todos los días, como mínimo, para buscar a mi hija al colegio). Al principio me costó acostumbrarme. Pasar de Santiago, con sus aceras en magnífico estado, semáforos de autos, rampas, pasos de peatones con semáforos de peatones y de bicicletas, en donde la única basura que se veía era alguna bolsa plástica por ahí, a caminar en Ciudad de Panamá, en donde hay muchos sectores sin aceras, en donde hay basura en cualquier parte, encomendándome a Dios para que nadie te choque, o para que por favor haya aunque sea un espacito semiseco de cinco centímetros en donde apoyarte para poder pasar los charcos, ha sido bien drástico.

Sin embargo, he aprendido por dónde pasar,  que tengo que estar alerta todo el tiempo y que hay algunas partes, en donde sí hay aceras, por las que puedo caminar con mis hijos. Entonces no es una caminata, sino una excursión. Hemos visto hormigueros gigantescos, con las respectivas hormigas; vimos una ardilla, un colibrí, una libélula, hemos visto muchas abejas. Hemos tenido que pasar por encima de raíces enormes que revientan el suelo. Hay que estar muy pendientes, eso sí, porque de la nada aparece un hueco en la acera que quién sabe a dónde te lleve. Ya mi hijo de dos años, cada vez que ve uno, le grita a su hermana mayor, de manera protectora: “Cuiao! Careful! ” mientras pasa despacito alrededor de éste. Todavía gritan cuando ven bichos, pero ya no les da miedo, como cuando acabábamos de llegar a Panamá (y que prácticamente tuvimos que irnos de un café porque los dos estaban pegando gritos por una mosca).

Para terminar, quisiera compartir con ustedes la charla que hizo que se me encendieran los motores para escribir este post de hoy  (es cortita, solo 3 minutos y medio).

Try something new for 30 days ( Intenta algo nuevo por 30 días, con subtítulos en español) Espero que les guste.

Por: Michelle Lorena Hardy – Chicadelpanda.com

Los malos de las películas infantiles actuales

Qué chévere que  en nuestros últimos días en Chile, a mi hija le hayan mandado a leer un cuento sobre los mapuches, y que le hayan pedido  hacer unos títeres de sus personajes. Saqué una foto perfecta (o fefect, como diría mi otro hijo) para recordar estos días.

Aunque debo admitir que lo primero que me vino a la mente, cuando vi la tarea de los títeres, fue ¡Oh no, otra tarea para los papás ! Pero después de revisar mentalmente lo que todavía teníamos en la casa  (nos mudaremos en unas semanas a Panamá solo con las maletas, y hemos estado vendiendo o donando casi todo) me dí cuenta que lo único que quedaba para hacer títeres eran unos rollos de papel higiénico, que siempre guardamos para llevar al reciclaje. Mmmm… tengo unos palitos por ahí y una cinta pegante amarilla (scotch o tirro), así que .. ¡No la tengo que hacer yo!  Excelente, y por su puesto, más excelente para mi hija, quien disfrutó mucho haciendo su tarea.

Por cierto, el cuento se refería a que la naturaleza había dejado de hablarle al pueblo Mapuche, y había que averiguar por qué. Así que mandaron al niño más valiente del pueblo a hablar con la Madre Tierra, quien estaba muy triste. Ella le dice la razón, y le pide al muchacho que se lo cuente a todo el mundo, sobretodo a los otros niños.  En una de las ilustraciones, hay un paisaje devastado y un hombre gordo, calvo, que fuma y que tiene en su bolsillo unos dólares. Eso me recordó un comentario que me había hecho mi hija hacía unos días, y que me había dejado  perpleja:

– Mami, los malos siempre son los que quieren hacer mucha plata.

Hace unos años, cuando vivía en Guadalajara, hice un curso de Literatura Infantil; yo misma he leído y visto miles de películas y libros infantiles y juveniles, hasta he escrito unos cuantos cuentos…  y nunca me había puesto a pensar en eso.  Así que traté de recordar  las películas que podrían haberle dado esa idea:

The Lorax, el malo O’ Hare que es el que vende el aire embotellado y no quiere sembrar árboles, porque estos producen aire gratis;  y el Onceler, que es el que taló todos los árboles produciendo el Thneed ;

Cars 2,  Mr. Axelrod, que quería engañar a la gente, haciéndoles creer que los combustibles alternativos eran peligrosos, para que él pudiera seguir vendiendo petróleo;

Río, los traficantes de animales exóticos, que querían vender a Blue y a Jewel;

Avatar, los que destruyeron el gran árbol sagrado de la gente del pueblo azul, porque abajo había recursos minerales, y que hubieran destruído el planeta entero, sino hubiera sido por el héroe humano que se pasó al lado azul;

The Muppets, el tipo que quería destruir el teatro porque abajo había petróleo.

Así que ante la evidencia, no pude sino estar de acuerdo con ella.

Qué bueno que esta generación sí está entendiendo que hacer plata porque sí, sin importar qué daño eso cause al resto del planeta, es de malos.

Por: Michelle Lorena Hardy – Chicadelpanda.com

* Elicura y el Valle Encantado, por Taibe Palacios Peliowski