Las manos que nos ayudaron en la escalera

¿Qué diferencia hay entre un cartel que diga “solo lisiados” y otro que diga “solo personas con movilidad reducida”?  A mí el primero me crea una imagen del jorobado de Notredame, y el segundo me crea una imagen  elegante de alguien que se mueve despacio. Estoy exagerando un poco, pero es sólo para decir  que la escogencia de las palabras puede hacer una gran diferencia.

Aquí en Chile he conseguido esos dos estilos de señalizaciones, pero coloqué este cartel  español porque me gustó incluso más que el de “movilidad reducida” de aquí. La razón: en este cartel estoy representada yo en la persona  que empuja el coche. Los que andamos con un bebé y un coche somos personas con movilidad reducida, probablemente, las más numerosas de todas. Y no tienes que ser mamá, con que te encarguen al bebé de alguien por un rato y tengas que salir, brincaste a esa categoría.

  Imagínate con el coche delante de una escalera larguísima, sin ascensor ni rampas, o  pasando la calle entre dos carros que dejaron 10 cm entre uno y otro, o  en un mall en donde los ascensores quedan a 10 minutos de caminata de donde estás, (mientras que la escalera la tienes enfrente); imagínate tratando de usar el metro y resulta que para llegar a tu tren tienes que bajar tres niveles de eternas escaleras.

En un evento del colegio de mi hija me encontré en una de esas situaciones, y la persona que se dio cuenta inmediatamente (de entre los cientos de personas que había, saludables, y muy jóvenes) fue una señora de unos 60 años que estaba con una niñita con Síndrome de Down, como de 12 años. Me ofreció ayuda y yo le dije que sí. La niñita quiso cargar a mi hija de 6, pues también quería ayudar, y yo le dije, no te preocupes, ella puede sola, pero le puedes dar la mano. Así que empezamos a subir la eterna escalera, la señora y yo cargando a mi bebé en el coche, la niñita tomada de la mano de mi hija, y como a la mitad del trayecto, un muchacho de como 17 años nos ofreció ayuda, que por supuesto, aceptamos, y llegamos arriba. ¡Qué lindo cuando la gente da la mano porque sí!  ¡Gracias, gracias!

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@chicadelpanda

Santiago y el casino del poder

Esta mañana estuve caminando por la Avenida Américo Vespucio de Santiago una avenida con un gigantesco bulevar en el medio, lleno de árboles, caminadores y ciclistas. Hermoso, con la grama bien cuidada, con esculturas y fuentes. Y lo más impresionante: 2 horas de caminata y me encontré 3 envoltorios de Super 8 (una galleta tipo wafer forrada de chocolate). Me pregunto si los chilenos se darán cuenta de que prácticamente no hay basura regada en su ciudad. Creo que no. Tampoco creo que se den mucha cuenta de la nieve en las montañas y de lo increíble que es el otoño. O a lo mejor sí. Pero para ellos no es la primera vez, y aunque tengan todo el espíritu joven que quieran, no pueden ver el cambio de hojas de su ciudad como lo veo yo. Como la primera vez.

Cuando veo en las noticias a Hillary Clinton y a Barack Obama de aquí para allá, habla aquí, habla allá, me entra esa certeza de que nacieron con poder, de que no se lo ganaron. O más bien, que un día se dieron cuenta de todo el potencial que tenían, de todo lo que podían hacer y se pusieron a jugar con eso, a ver hasta dónde llegaban. Y me parece que soy parte de un grandísimo juego y que ellos nos mueven como fichas, o como montones de fichas como las del casino, solo que en vez de ser de 100 $, 200$, etc, son fichas de 10 millones de personas, 20 millones de personas, etc.

De vuelta al planeta Tierra pues, que tengo un bebé muy sonriente que me está esperando.

Por Michelle Lorena Hardy – Chicadelpanda.com