La salida al drive thru

Mis hijos solo han salido de casa, en carro, tres veces desde el 14 de marzo (hoy es 27 de mayo). La primera fue para buscar libros en el colegio, la segunda fue porque vinieron a fumigar. Ayer fue la tercera vez, y nos trajimos a V, la hija mayor de Alberto.

Fuimos al Drive Thru de Starbucks, en donde pedimos unos bagels para ellos y un café- latte -alto -con -leche -de -soya para mí. Unos metros más adelante nos paramos en el estacionamiento a comer.

No sé quién estaba más feliz, si V, o yo. Yo por el café (gracias Starbucks!) y ella porque por fin salimos a pasear en mi carro (nunca lo había hecho). Durante todo el paseo en carro, V se reía de la emoción.

En las semanas anteriores yo había sacado a mis hijos a caminar varias veces, y en cada ocasión ella quería venir. Yo le inventaba una excusa cada vez, pero la verdad es que vivimos en una colina muy empinada, y a V se le dificulta caminar, incluso en plano. Fíjate cómo son las cosas: yo casi empujando a mis hijos para que salieran a caminar, y ella, que sí quería, no podía.

En el camino a Starbucks, R (mi hija de 15 años), me comenta, mientras observa por la ventana a unos obreros que van caminando por la calle, sin cubrebocas: “pobres los trabajadores esenciales”. S (mi hijo de 10 años) le pregunta que por qué, y ella le explica que porque tienen que seguir trabajando. Yo añado que también porque se exponen más al virus, y a veces no están bien protegidos.

Seguimos el “paseo”, en el que ellos se quedan en el carro y yo entro a una farmacia (con cubrebocas y careta de plástico). Cuando vamos de regreso rumbo a casa, me piden que demos otra vuelta, así que subo de nuevo a la autopista.

S me dice, serio, que teme que la vida no vuelva a ser como antes. Respiro profundo. No tiene sentido mentirle, él está informado. Sin embargo, tengo que darle seguridad, pues S ha estado un poco ansioso últimamente.

“S, es verdad que muchas cosas no van a ser como antes”, le digo, cuidando mucho lo que digo. Sé que cualquier cosa que diga, para él va a ser una verdad escrita en piedra. “Algunas cosas no nos van a gustar, pero muchas otras sí, cosas que aún no sabemos cuáles van a ser”.

A lo mejor me he debido haber callado en ese momento, pero seguí:

– Por lo menos podemos gastar la gasolina que queramos, no como en Venezuela, que andan con escasez de gasolina, y tienen que pensarlo dos veces antes de salir -. Íbamos rodando por una autopista vacía, y la que se estaba tomando muy en serio sus propias palabras era yo: qué felicidad se siente al manejar por una autopista sin tráfico.

– Mami, toda la gente en todos los países da las gracias de no estar en Venezuela- , me responde S, fastidiado.

– Bueno, pero toda esa gente no tiene papás ni abuelos viviendo allá. Además que esos podíamos haber sido nosotros, si no nos hubiéramos ido.

– Exacto, si hubiéramos perdido aquél vuelo para venir para acá, estaríamos allá-, dice R.

– Tampoco es para tanto R, hubiéramos venido en otro vuelo (cuando salimos de Venezuela, casi perdemos el vuelo, luego de haber esperado por una semana a que nos cambiaran a otra aerolínea, porque Aeroméxico había dejado de operar en Venezuela unos días antes de nuestro viaje).

Con las imágenes del día en que llegamos a México aún en mente, me doy cuenta de que la “nueva normalidad” va a ser como aterrizar en un país nuevo, con costumbres y normas nuevas. ‘Aquí vamos otra vez, a cambiar de mundo’, pensé, en pleno aha moment. ‘No suitcases needed this time, though. Igual que el blog’.

Aproximadamente media hora después de llegar a casa, entré al cuarto de S, y me sorprendí al ver que estaba con el cubrebocas negro puesto, mientras jugaba en la computadora. “S, ya te lo puedes quitar”, le digo, extrañada. “Es que se siente chido (cool)” me dice. Subo los hombros, y le digo, “ok, como quieras” y le cierro la puerta.

‘Se ve muy cómico S con ese cubrebocas puesto, se parece a uno de los personajes de Fortnite’. Sonrío, mientras respiro hondo, aún con la mano en el picaporte de la puerta de su cuarto. Como siempre, son los niños los que primero que se adaptan a los cambios.

Aquí vamos… otra vez.