Escribir cuando se te cae el mundo

Voy a hacerte algunas de las preguntas propuestas por la profesora Dale Darley, en su curso sobre Journaling. Al responder, escribe de manera rápida, automática, sin censurarte y sin fijarte en lo estético. Muchas veces hablamos del presente de manera literal, pero en estas preguntas las palabras presente, o ahora, se refieren a tu situación actual. La idea es evaluar en dónde estás parado en relación con el resto de tu vida.

¿Cuándo comenzó tu presente?

¿Qué ha estado pasando en tu ahora?

¿Cuáles son las características de tu presente?

¿Qué imágenes, sonidos y sentimientos te vienen a la mente?

¿En que proyectos estás trabajando ahora?

¿Cómo cuadran estos proyectos en tu vida?

¿Qué frustraciones o tensiones tienes?

Una vez que hayas contestado por escrito estas preguntas, haz una línea de tiempo de tu vida, en la que anotarás cómo han sido tu educación, carrera, salud, relaciones personales y finanzas, a lo largo de tu vida. Para hacerlo más fácil, puedes dividir tu vida en décadas.  Luego puntualiza en tu línea de tiempo los años en que sucedieron eventos o sucesos especiales que marcaron tu vida. Analiza tu cuadro, busca causas y consecuencias, así como patrones que revelen tendencias.

Ahora responde esta pregunta:

¿Cuáles son tus experiencias de vida que hacen que seas quien eres?

Y la última. No le tengas miedo a esta pregunta, recuerda que estás escribiendo de manera automática, y sin censura. Atrévete a responder:

¿Quién soy yo?

Esto fue lo que yo escribí:

¿Quién soy yo?

Soy un ser humano al que hace rato se le olvidó lo que significa pertenecer a un sitio, que lleva su hogar en su cabeza y a sus hijos en su corazón. Soy una apasionada de la escritura, pues ella ha sido mi amante eterna, la que no me pone condiciones, la que lo da todo, la que solo se interesa en mi bienestar, la que confía en mí, la que me sana, la que me inspira.

Soy una amante de las palabras, y a veces me sorprendo al darme cuenta de que no se pueden comer, porque ellas son las que alimentan mi alma

Soy la que ha vivido en constante cambio, desapareciendo de una tierra para aparecer en otra. Soy a la que le dijeron que era la persona más resiliente que habían conocido, en una época en que los cambios y retos en su vida no hacían sino apenas empezar, cuando su mundo aún no había empezado a acelerar su rotación.

No importa cuántos amigos haya dejado atrás en las ocho ciudades que he vivido, cuántas casas, cuántos edificios, calles, montañas, cielos, montañas u océanos hayan desaparecido de mi vida, mi escritura siempre me ha acompañado, construyendo un mundo paralelo, mío, que jamás iba a tener que abandonar.

Soy la que ama la escritura, porque la escritura me ha dado un hogar, una comunidad y un país, cuando no tenía más ningún otro.

Sé que no soy la única que vive sin pertenecer a ningún lugar geográfico. Sé que no soy la única que ha sentido terriblemente la soledad en un sitio desconocido, ni la que se ha sentido devastada y sola después de un divorcio, o de una ruptura sentimental. Sé que, en esos momentos, poder expresar lo que uno siente se convierte en un asunto de vida o muerte, y por eso sé, que orientar a las personas que pasan por momentos de crisis y cambios, a utilizar la escritura como terapia, puede salvar vidas.

Soy esa persona que quiere ponerte un bolígrafo en la mano y decirte: “Escribe. Tú misma vas a superar esto, tu misma te vas a curar, tú misma te vas a inspirar. Porque todo eso tan difícil que has vivido, o que estás viviendo, ha hecho que seas una persona sabia, completa, y desde todo punto de vista, más interesante. El poder lo tienes tú, y comienza cuando empiezas a escribir en este pedazo de papel”.

Aquí tienes tu casa

Querétaro, 2019

“Necesito que me ayuden a tomarme una foto para el libro,” les digo a mis hijos. Nos fuimos al “bosque” del condominio (así le dicen los vecinitos al jardín con árboles que hay al fondo del estacionamiento) pues quería aprovechar la luz natural. Intentamos en varios sitios y finalmente salió una buena foto.

Ya han pasado dos años desde que me separé, tres años desde que llegamos a Querétaro, y un año desde que nos mudamos al condominio Orquídea (anillo al dedo el nombre, no? La Orquídea es la flor nacional de Venezuela). Ya ha pasado un año desde que adoptamos a la gatita Safi y un par de meses desde que obtuve la ciudadanía mexicana.

Ya me falta poco para publicar mi segundo libro, OTRA MALETA, Empezando de Nuevo, en el que los temas centrales son nuestro regreso temporal a Caracas, después de haber vivido doce años en el exterior, y mi separación en Querétaro, después de quince años de matrimonio.

Debido a eso, he estado actualizando mi información en las redes sociales, así como la imagen de mi blog. La que ven ahora es un cuadro que compré en la glorieta de Chapalita en Guadalajara, cuando viví allí hace más de diez años. El artista estaba vendiendo sus obras, y quedé fascinada con Manos en Acción.

Manos en Acción de Adrián Rosas Torres

En casa tengo otra obra de él, Habitantes de la Gran Ciudad. Ambos cuadros representan mi hogar, porque me considero oficialmente en casa en el sitio en donde los pueda colgar. Me he mudado ya varias veces solo con maletas, pero siempre he transportado de una manera u otra, mis dos cuadros.

Habitantes de la Gran Ciudad de Adrián Rosas Torres

He mantenido conmigo estas obras de arte también por otra razón. En las fotos que tengo de cuando vivíamos en Guadalajara, por ejemplo, R estaba muy pequeña y S ni había nacido; en Chile y Panamá, S estaba bebé. Es decir, a menos que vieran algo familiar, no sabrían identificar su casa en una foto de aquellos años. La idea es que cada vez que vean esos cuadros en una foto, sepan que ésa fue alguna vez su casa.

Poner Manos en Acción a recibirte cada vez que abras este blog, es para darte la bienvenida a tu casa, como dicen los mexicanos. Esta es tu casa y estás bienvenido! Espero verte mucho por aquí, y que me des tus opiniones y comentarios, para así enriquecernos mutuamente en palabras.

Bienvenido!

Arriesgar o no arriesgar?

Anoche vi un acto vandálico. Estaba camino a casa, en carro, por una vía oscura, cuando me percaté de dos figuras humanas que estaban haciendo algo sospechoso. Tenían linternas y se agachaban…

What the…?!

Cuando entendí qué era lo que hacían, no supe cómo reaccionar. Qué habrías hecho en mi lugar? Porque te advierto, es altamente probable que ese acto haya sido ilegal.

Esa gente… no sé cómo decirlo. A ver… esa gente estaba… estaba…

plantando un árbol!!

Hoy, mientras andaba en bicicleta, me entró un ataque de risa ante lo absurdo de la escena de anoche: personas escondiéndose para hacer un acto de bondad.

Sin embargo, varias imágenes se cruzaron frente a mí en un pestañear. No me gustaron nada, y de repente ya no me pareció la escena tan absurda.

Recordé a la señora que rescató a los náufragos africanos y la mandaron a la cárcel;

y a las monjas que apresaron por protestar contra los campos de concentración de inmigrantes;

y a los jóvenes que hacían protesta pacífica por el calentamiento global, y les echaron spray pimienta;

y al muchacho al que le sacaron los ojos con perdigones, por protestar por la falta de gas natural.

A lo mejor tenían razón de plantar ese arbolito de noche.

O a lo mejor no.

Arriesgar o no arriesgar por lo que crees?

Y qué pasaría si nadie arriesgara nada?