El sueño es ahora (The dream is now)

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Si usted creció sin documentos en Estados Unidos, usted no tiene derechos, es considerado “ilegal”.

Los jóvenes que no tienen documentos tampoco tienen libertad de trabajar en sus carreras (con lo que ni siquiera pueden pagar lo que les costó la universidad), y tienen que trabajar como “ilegales” haciendo cualquier cosa.  ¿Por qué no aprueban el Dream Act, por qué los castigan? ¿Qué se supone que tenían que haber hecho? ¿Decirle a los cinco años a sus padres “yo no quiero emigrar, déjenme aquí que yo no quiero ir a Estados Unidos ilegalmente”? ¿O agarrar un avión a los 10 años para devolverse solos a los países de sus padres?

Su patria es Estados Unidos, es donde crecieron, pero no tienen ningún documento que lo certifique. No tienen seguro social, no pueden ni sacarse una licencia de manejar. Muchos ni hablan español (o el idioma de sus padres) y sus lazos sociales se encuentran en Estados Unidos.

Esos son mis pensamientos después de haber visto el documental The Dream is Now (video al final del post) promovido por Laurene Powell Jobs, la viuda de Steve Jobs, para hacer campaña en pro de la aprobación del Dream Act   (NYTimes Steve Job’s widow debuts in philanthropic stage).

¿Qué es el Dream Act? Según Wikipedia:

La Ley Dream1 del inglés: Development, Relief and Education for Alien Minors Act (Ley de fomento para el progreso, alivio y educación para menores extranjeros), también llamado El Dream Act (S.1545) o Acta del Sueño es un proyecto legislativo bipartidista, que se debate en el congreso estadounidense, junto a la Reforma migratoria, que daría un camino hacia la ciudadanía estadounidense a estudiantes indocumentados que hubiesen llegado a Estados Unidos siendo menores de edad.

El caso de la Sra. Powell Jobs me recordó un comentario que he oído unas cuantas veces, en medio de conversaciones que tienen que ver con personas de mucho dinero, que se dedican a organizaciones filantrópicas: “así es muy fácil, así cualquiera”. No, no creo que sea cualquiera, ni que sea fácil. Esa persona podría estar llevando su vida muy feliz sin mirar a los lados, sin mover un dedo; pero decidió actuar y eso es algo digno de reconocimiento, no de minimización. Segundo, ¿No estamos nosotros todo el día diciendo que no tenemos tiempo para nada? Pienso que una persona como la Sra. Powell Jobs no debe tener la agenda vacía, ni que le sobre el tiempo. Así que no creo que sea “fácil” dedicarse a organizaciones filantrópicas, o comprometerse con causas como la del Dream Act. Como dirían en Venezuela, me parece excelente que use sus poderes para el bien.

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Estoy despierta … ahora a decidir si uso mis poderes para el bien o para el mal.

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Michelle’s Secret

Una mamá, que vino a comprarme un estante desarmable de colores, me dice, a modo de confesión: tengo un balcón un poco más grande que el tuyo y lo remodelé como cuarto de juego para las niñitas, para que incluso lo puedan usar en invierno. Pero me quedé sin plata y todavía tengo que organizarles los juguetes, así que por eso me puse a buscar en Mercado Libre”.

Ayer vi una charla en Ted.com sobre una página web, http://www.postsecret.com , “un proyecto artístico y  comunidad dinámica en la que la gente envía por correo sus secretos de manera anónima, en un lado de una postal echa en casa” (traducción mía). Han acumulado más de 500 mil postales a través de los años, y todos los domingos ponen las que les han llegado recientemente. Imagínense, hay secretos de cualquier tipo, conmovedores, divertidos, de horror… la gente que quiera contarle su secreto a alguien solo tiene que escribirlo y enviarlo a la dirección que indican.

La iniciativa me parece estupenda. Es como hacer un decluttering mental, sacar algo de tu cabeza que necesita ser sacado, pero que estás consciente que no puede ser echado en cualquier parte. Sin embargo, yo decidí que quiero compartir un secreto mío con ustedes. Aquí, en este blog.

Acerquen el oído, ¿Nadie por ahí? Ok:

Si no se toman en cuenta zapatos, calcetines, ropa íntima y de dormir, el 80 o 90% de mi ropa es… usada.

Todo comenzó en Miami, cuando descubrí las tiendas Goodwill y descubrí que podía conseguir el mismo bluejean que vendían en 48 dólares en las tiendas, a 8 US$ en la tienda de ropa de usada. Luego, cada vez que me he mudado de país, le he seguido la pista a la “ropa americana” como le dicen aquí en Chile. La gente de Goodwill – así como otras empresas similares en USA – tiene tanta ropa, que hasta le venden al tercer mundo. Así que, para mí es aún mejor comprar usado por estos lares, pues si un blue jean costaba 48 US$ en USA, ni se quieren imaginar en México, en donde usualmente es 50% más que en USA , o en Chile, que usualmente es como 100% más.

Una vez estaba yo manejando en el auto – todavía cuando vivía en Miami – dirigiéndome hacia el Baby Shower de una gran amiga, cuando el bichito de la inconformidad empezó a picarme. No me gusta la pinta que llevo. Esto no me queda nada bien. ¿Qué tal si… me bajo un momentico en la tienda de Goodwill que queda en el camino, y veo si encuentro algo? Así que eso mismo hice, me probé varios vestidos y conseguí uno que me encantó. Le dije a la cajera que el vestido que tenía puesto era el que estaba comprando, pagué y me fui. Of course, nunca dije nada en la fiesta. Aquí me pueden ver con todas las demás mujeres invitadas, ¿No me veía estupenda ? Jajajaja (yo soy la que está en el vestido verde, al lado de la embarazada).

Años después, fue que caí en cuenta  que comprar cualquier cosa usada es una costumbre muy ecológica, pues demandamos menos recursos de la Tierra y generamos menos basura. Pero todo empezó por querer ahorrar plata y por complacer un poco a mi propia vanidad.

Por: Michelle Lorena Hardy – Chicadelpanda.com

Link de la charla: Frank Warren – Half a million secrets

Anécdota del libro The Legacy of Luna

Legacy of Luna: The Story of a Tree, a Woman and the Struggle to Save the Redwoods

Me compré el libro The Legacy of Luna de Julia Butterfly Hill y comencé a leerlo. Todavía me cuesta creer que alguien, que nació unos días antes que yo, hubiera vivido por dos años, sin bajarse, en una plataforma en lo alto de un sequoia de más de mil años, a una altura de más de veinte pisos.

La estadía de Julia en el Redwood no fue idílica. En las primeras semanas los leñadores de la Pacific Lumber Company trataron de bajarlos (en ese época había otro muchacho con ella), incluso tumbando otros árboles alrededor que cayeron en las ramas del sequoia en que estaban ellos. Cortaban y cortaban árboles gigantescos – que habían estado allí mucho antes que la época de la colonia – con el objetivo de amedrentarlos. Ellos  habían tratado de razonar con los leñadores, y nada. El odio y la rabia comenzó a dar paso.

Pero Julia se dio cuenta que si dejaba que esos sentimientos la invadieran, ella iba a perder. Comenzó a rezar (su papá había sido un predicador evangelista) pidiéndole al Espíritu Universal – así lo llama en el libro – que le hiciera cambiar. Así pasó y comenzó a conectarse en un nivel más emocional con lo que la rodeaba. “No puedo llegar a los leñadores por medio de la ciencia o la razón, me tengo que acercar desde el punto de vista humano”, pensaba. Así comenzó a hacer avances en la relación con los leñadores, y un día se le ocurrió hacer algo diferente.

“Ellos tienen una preconcepción de mí. Me gritan, como un insulto, palabras como activista, ambientalista, hippie, etc. Tienen que darse cuenta que soy un ser humano como ellos”. Entonces buscó una foto que tenía entre sus cosas en la plataforma, la sacó, y la pegó a una bolsita con granola. Descendió todo lo que pudo y les lanzó el paquete.

En la foto ella aparecía en tacones, con un vestido de seda, maquillada. Era una de las mejores fotos que le habían tomado, en una fiesta de una amiga hacía unos meses. La idea era tumbar la preconcepción que tenían de ella los leñadores.

“¿Esa eres tú? No es posible”, se sorprendieron los leñadores. “¿Entonces qué haces allá arriba?” Los leñadores empezaron a bromear, diciendo que ella estaba allá arriba porque todavía no había encontrado un hombre. Que si ellos le conseguían un hombre, se les acababan los problemas. De allí en adelante la relación cambió, y Julia pudo defender el milenario Redwood.

 

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Lo que la chica que no se bajó de un árbol por 2 años tiene que decir

Julia Butterfly Hill (nacida el 18 de febrero 1974 como Julia Lorraine Hill) es una activista y ambientalista  americana. Hill es mejor conocida por haber vivido en un Sequoya de California (California Redwood) de 55 m de alto, de aproximadamente 1500 años (edad basada en el conteo de los anillos de un sequoya un poco más pequeño  que había sido cortado cerca de allí) por 738 días entre el 10 de Diciembre de 1997 y el 18 de  Diciembre de 1999. Hill vivió en el árbol, conocido  afectuosamente como Luna, para evitar que los leñadores de la compañía  Pacific Lumber lo cortaran. Es la autora del libro The Legacy of Luna (El legado de Luna) y es co-autora de One Makes the Difference (Uno hace la diferencia) . Traducido de Wikipedia

Julia Butterfly Hill’s dio una maravillosa charla en  2010, aquí les traduzco algunas de sus frases y pensamientos:

Cada escogencia (o decision) cambia el mundo.

Es imposible no hacer una diferencia.

Cada uno de nosotros somos ancestros del futuro.

La desconexión es una enfermedad. Si estamos desconectados de la Tierra, podemos destruirla y no darnos cuenta que estamos destruyéndonos a nosotros mismos… si estamos desconectados de la gente, podemos lanzarles bombas y llamarlos estadísticas. A menos que seamos concientes de ella, esa enfermedad se manifiesta una y otra vez.

La gente viene y me dice “Julia , gracias por haber vivido en ese árbol por dos años y 8 días. Yo nunca lo hubiera podido hacer. Y siempre les respondo: yo tampoco lo hubiera podido hacer.  Yo no planeé vivir en un árbol por 2 años y 8 días.  Si yo hubiera visto lo que venía, nunca lo hubiera hecho. Me hubiera dado demasiado miedo, porque mi cabeza hubiera dicho: “eso no es posible”.

Estoy comprometida a vivir enamorada, de una manera completa y en el presente.

Cada decisión tiene un hilo que está conectado antes y después. Si tuviéramos que estar presentes a cada cosa que compramos o que botamos, ¿Dónde está ese hilo?  ¿A quién está impactando? Si tuviéramos que caminar el impacto de cada decisión  que hacemos cada día, pienso que nuestras acciones empezarían a cambiar. Porque el amor nos llamaría a hacer una escogencia diferente. ¿Qué escogería el amor en este momento? 

Charla de  Julia Butterfly Hill (en inglés, no la conseguí en español) :

Divine mirrors

 parte 1

The Gift of Breath

Ancestors of the future

Power of Love

Manifesting Heaven on Earth

Reduce, reuse, recycle, rejoice, rethink !

Espero que obtengan toda esa inspiración que obtuve de ella

¡Que tengan un maravilloso día!

Por Michelle Lorena Hardy  –   Chicadelpanda.com