Si la vida te quita caballos, por ahí vienen las ovejas

En la zona en donde vivía antes, en la periferia de la ciudad de Querétaro, a cada rato veía caballos, con o sin jinetes, con o sin carretas atrás. A veces paseaban por las calles, como si no se hubieran enterado de que estamos en el siglo XXI, o a veces los veía pastando en un campo que tiene un lienzo charro al lado (por lo que asumo que para eso eran).

Mientras me preparaba para la mudanza, cada vez que veía un caballo, pensaba que me iban a hacer falta. Pero poco después de mudarme (dentro del mismo municipio), mientras manejaba cerca de mi nuevo hogar, me encontré con un rebaño de ovejas y cabras! No lo podía creer, me paré, tomé unas fotos, y me entró un ataque de risa.

Primero, por la aparición casi mágica del rebaño, el cual me sonaba a metáfora: “si la vida te quita caballos, te pone ovejas”, jaja.

Segundo: Porque me recordaba que mi ciudad, no era tan 100% ciudad, y que saber eso era como compartir un secreto que la mayoría de los turistas no saben.

Tercero: porque, por cuestiones del destino, esto de estar “in the middle of nowhere” (como dice mi hija, exagerando un poco), nos cae como anillo al dedo en estos días de epidemia.

Keep calm and stay at home! (A menos que estés como yo, y que puedas salir a caminar sin temor a encontrar gente).

Hasta el próximo post…

Safi la soberana

Te cuento que mi gata Safi ha estado conquistando sus nuevos territorios.

Sin embargo, la toma de posesión de su nuevo virreino no ha estado libre de obstáculos. El problema está en que la población de perros de su nueva colonia no ha colaborado tanto como esperado. Los canes no terminan de entender que son sus súbditos de ahora en adelante, especialmente Tina. A Pingo, el otro perro que comparte territorio, esas luchas de poder le tienen sin cuidado, como si dijera “ustedes peléense, que a mi me vale madres”.

Pero Safi es una soberana responsable, no crean que todo es exigir que le sirvan su comida, le den agua de la llave y le limpien el resultado de sus necesidades fisiológicas. Ella vigila toda la casa, dispuesta a defenderla ante cualquier ratón u otro intruso similar. También se mantiene en forma, mental y físicamente, con yoga y meditación (si vas a reinar, tienes que dar el ejemplo).

No creo que Tina se deje destronar así tan fácil. Pero por lo menos, ya se toleran de lejitos.

Era de esperar que habría resistencia al cambio; pero Safi la soberana, sabe que nunca ha sido fácil extender un imperio.

Tomar jugo en taza de café

“Llega un momento en la vida… en que hay que tomar jugo en taza de café! Jaja!” pensé, y me reí yo sola de mi chiste.

Nos vamos a mudar en unos días, y ya la mayoría de nuestras cosas, o están embaladas, o ya las llevé a la casa a donde nos vamos a mudar.

Nuestra gata Safi tuvo un primer encuentro con Pingo y Tina, los perros que viven en nuestro nuevo hogar. No los dejamos sueltos a los tres, pero ya se olieron y se vieron a través de puertas y ventanas. Los perros no le hicieron mucho caso a la gata, pero Safi sí se puso ansiosa cada vez que los sentía cerca.

Es curioso cómo un mismo acto, el comienzo de una nueva vida en pareja viviendo juntos, puede ser completamente diferente, dependiendo del momento en la vida en que uno esté.

Cuando me casé a mis casi 28 años, me acompañó un gentío, no solo en la boda, sino desde antes, con las no sé cuantas despedidas de soltera que tuve. En esa etapa de mi vida, el tiempo se detuvo por completo.

En el presente, el tiempo no se ha detenido, y aunque no me estoy casando, sí me estoy mudando a vivir con mi pareja. Es decir, en la práctica, si no le añadimos un documento legal a lo que sucede, estamos haciendo lo mismo: mudándonos a vivir juntos.

Hoy, a mis casi 46 años, el tiempo no se ha detenido, y no hay ninguna celebración. Pero los nervios son parecidos, porque comenzaremos una nueva vida bajo un mismo techo. Y ahora no solo hay que sincronizar a dos humanos, sino también a sus respectivas familias y mascotas.

En nuestro nuevo hogar, el café no va a ser servido en una taza con plato comprada exclusivamente para eso, como cuando me casé. Más bien va a ser servido en tazas tipo mugs, porque en esta etapa de vida, nos hemos hecho prácticos.

Por cierto, venezolanos, siéntense para escuchar esto, porque a lo mejor se caen pa’trás: mi pareja no tiene cafetera, porque no toma café, jaja. Eso es solo una muestra de que vamos a juntar dos mundos diferentes, con costumbres diferentes, y circunstancias diferentes, por lo que vamos a tener que improvisar mucho.

A ver qué otra cosa inesperada terminamos haciendo, aparte de tomar jugo, en un mug de café.

La falacia de la palabra “mi“

Anoche soñé con mi bicicleta. Estaba caminando por un pueblito y me la encontré estacionada a un lado de la calle. Sin más, me subí a ella y me puse a rodar, como tantas veces he hecho.

De repente me acordé de algo: ‘pero si yo la vendí; esta bicicleta ya no es mía!’ La devolví, y seguí mi camino.

Me desperté sonriendo. Extraño mucho mi bicicleta.

Un momento. Eso está mal dicho. Esa bicicleta ya no es mía. Lo que extraño es rodar con ella.

La vendí porque a donde me voy a mudar no hay manera de usarla, ya que nuestro nuevo hogar estará en una colina, y mi bicicleta es de paseo.

Estoy dejando atrás mi depa, que me encanta, mi bici… stop. Ni es mi bici, ni será mi depa en menos de una semana. A veces a uno le queda corto el lenguaje, o a lo mejor es que el español está hecho para que uno se apegue a las cosas: “mi cosa, mi persona X …”

Ese mi X, que creo mío, es solo un préstamo, porque tarde o temprano, al igual que mi propia vida, en algún momento, dejará de serlo.

El domingo antepasado, mientras iba en mi carro, vi a la señora que había comprado la bicicleta. Estaba rodando junto a un niño pequeño, quien iba en su propia bicicleta, un metro más atrás.

Me emocionó mucho verlos. Fue como si la bicicleta hubiera tenido un bebé, y lo estuviera sacando a pasear. Casi me sentí orgullosa de ella. Sonriendo, seguí en mi carro y no la vi más.

Aquí seguimos

«Si estuviera viviendo en Milán, me hubiera ido a tomar un cafecito a cualquier sitio», pensé, justo después de dejar a mis hijos en el colegio. Tengo cita en una hora con el dentista, e ir a casa hubiera sido una pérdida de tiempo y gasolina.

De repente me acordé que sí hay un cafecito cerca, así que vine, y aquí estoy escribiendo.

En realidad, en este 28 de febrero de 2020, si estuviera viviendo en Milán, lo más probable es que estuviera metida en mi casa con mis hijos, debido a la emergencia de coronavirus que se está viviendo allá. Así que a disfrutar de este cafecito, porque el fulano virus va a llegar aquí también, y sospecho que volveremos a tener suspensión de clases, cierre temporal de restaurantes y cines, etc.

Digo volveremos porque cuando vivíamos en Guadalajara en 2009, estuvimos con la emergencia de virus H1N1, y eso fue lo que pasó. Ya se lo conté a mis hijos, para que puedan tener un contrapeso a las noticias que leen en internet (y así no se preocupen de más). Ya pasamos por algo parecido…

y aquí seguimos.

Anoche también les recordé a mis hijos que ayer, hace exactamente diez años, pasamos por el terremoto de 2010 en Chile. “Y cómo sobrevivimos?”, me preguntó S, mi hijo menor, quien, como el terremoto, ya tiene diez años también. “Porque los chilenos construyen muy bien los edificios. Los hacen de manera que tengan que soportar terremotos de intensidad 9”. Yo sigo dando gracias a todos los ingenieros, arquitectos, etc, que han construido Santiago. Es por ellos que estamos vivos.

Es por ellos que aquí seguimos.

El coronavirus alarma, pero nada como estar en Venezuela en el 2016, en plena emergencia de zika, chikunguya y dengue, sabiendo que había escasez de medicinas en los hospitales.

Pero aquí seguimos.

Estas epidemias son terribles. Sin embargo, nos recuerdan que la vida es solo un tiempo que tenemos prestado para estar un rato en este planeta.

Nos recuerdan que cualquier día nos va a tocar devolverla.

Pero por lo pronto…

aquí seguimos.

Ser ecoamigable fomenta la creatividad

Muchas cosas cambian al mudarse de un sitio a otro, pero si se tiene la intención de ser ecoamigable, siempre se puede hacer algo al respecto.

Ahora solo llevamos los materiales para ser reciclados una vez al mes, que es cuando se  hacen las ferias de recolección. Esta situación nos motiva a ser aún más cuidadosos con nuestros gastos y ya casi no compramos periódicos, por ejemplo (ya que no tenemos espacio para guardarlos por tanto tiempo).

Una de las cosas que extraño de Santiago es que llevábamos como un año sin comprar pan en bolsas plásticas, ya que se conseguía muy buen pan de-verdad-verdad en todos los supermercados, y éstos venían en bolsas de papel, o incluso se podían meter dentro de una bolsa de tela reusable (algunos supermercados tenían las suyas propias, inclusive). Ahora en Panamá, para reducir el consumo de plástico, llegamos a la lógica solución de que había que hacer más arepas.

La semana pasada, tratando de que los niños comieran vegetales -sin que se dieran cuenta, pues de otro modo no se las comen- hicimos arepas de colores. Primero fueron unas verdes con albahaca, lo cual resultó tan magnífico para nosotros los papás, que hasta le pusimos queso y tomate (arepa a la capresa, yummi) pero que no resultó con los niños; y el otro día hicimos unas rojas con remolacha, lo cual sí resultó, por lo menos con mi hija mayor.

Mantener una vida más amigable con la naturaleza, nos ha despertado la creatividad. Si quieren más tips, les recomiendo la guía  Plastic Free Guide  del blog My plastic-free life, y para saber cómo hacer las arepas de colores, les recomiendo el blog  Labrando un hogar – Arepas de colores .

Por: Michelle Lorena Hardy – Chicadelpanda.com

Los malos de las películas infantiles actuales

Qué chévere que  en nuestros últimos días en Chile, a mi hija le hayan mandado a leer un cuento sobre los mapuches, y que le hayan pedido  hacer unos títeres de sus personajes. Saqué una foto perfecta (o fefect, como diría mi otro hijo) para recordar estos días.

Aunque debo admitir que lo primero que me vino a la mente, cuando vi la tarea de los títeres, fue ¡Oh no, otra tarea para los papás ! Pero después de revisar mentalmente lo que todavía teníamos en la casa  (nos mudaremos en unas semanas a Panamá solo con las maletas, y hemos estado vendiendo o donando casi todo) me dí cuenta que lo único que quedaba para hacer títeres eran unos rollos de papel higiénico, que siempre guardamos para llevar al reciclaje. Mmmm… tengo unos palitos por ahí y una cinta pegante amarilla (scotch o tirro), así que .. ¡No la tengo que hacer yo!  Excelente, y por su puesto, más excelente para mi hija, quien disfrutó mucho haciendo su tarea.

Por cierto, el cuento se refería a que la naturaleza había dejado de hablarle al pueblo Mapuche, y había que averiguar por qué. Así que mandaron al niño más valiente del pueblo a hablar con la Madre Tierra, quien estaba muy triste. Ella le dice la razón, y le pide al muchacho que se lo cuente a todo el mundo, sobretodo a los otros niños.  En una de las ilustraciones, hay un paisaje devastado y un hombre gordo, calvo, que fuma y que tiene en su bolsillo unos dólares. Eso me recordó un comentario que me había hecho mi hija hacía unos días, y que me había dejado  perpleja:

– Mami, los malos siempre son los que quieren hacer mucha plata.

Hace unos años, cuando vivía en Guadalajara, hice un curso de Literatura Infantil; yo misma he leído y visto miles de películas y libros infantiles y juveniles, hasta he escrito unos cuantos cuentos…  y nunca me había puesto a pensar en eso.  Así que traté de recordar  las películas que podrían haberle dado esa idea:

The Lorax, el malo O’ Hare que es el que vende el aire embotellado y no quiere sembrar árboles, porque estos producen aire gratis;  y el Onceler, que es el que taló todos los árboles produciendo el Thneed ;

Cars 2,  Mr. Axelrod, que quería engañar a la gente, haciéndoles creer que los combustibles alternativos eran peligrosos, para que él pudiera seguir vendiendo petróleo;

Río, los traficantes de animales exóticos, que querían vender a Blue y a Jewel;

Avatar, los que destruyeron el gran árbol sagrado de la gente del pueblo azul, porque abajo había recursos minerales, y que hubieran destruído el planeta entero, sino hubiera sido por el héroe humano que se pasó al lado azul;

The Muppets, el tipo que quería destruir el teatro porque abajo había petróleo.

Así que ante la evidencia, no pude sino estar de acuerdo con ella.

Qué bueno que esta generación sí está entendiendo que hacer plata porque sí, sin importar qué daño eso cause al resto del planeta, es de malos.

Por: Michelle Lorena Hardy – Chicadelpanda.com

* Elicura y el Valle Encantado, por Taibe Palacios Peliowski