¡Habemus portada para OTRA MALETA!

¡OTRA MALETA ya tiene portada! Lo que quiere decir que muy pronto va a estar disponible en Kindle (octubre 2019).

En el libro menciono que donde vivo en las afueras de Querétaro, México, hay una pirámide pre hispánica, caballos pastando por doquier y muy cerca, un pueblito que se llama El Pueblito. Así es mi vecindario.

Reajustando metas

Cerros Cedro,  Camino del Mono Tití, Parque Metropolitano, Ciudad de Panamá

Cerro Cedro, Camino del Mono Tití, Parque Metropolitano, Ciudad de Panamá

“Cuando era adolescente, me imaginaba a mí misma, en el futuro, subiendo montañas”, le dije una vez a una amiga que acababa de regresar de una expedición en el norte de México. “Pero aun puedes”, me respondió y yo le sonreí. “Quién sabe, a lo mejor sí, a lo mejor no”.

Desde los ocho hasta los dieciocho años fui Guía Scout, y luego formé parte de un club excursionista por un tiempo cuando estaba en la universidad. Entre muchas excursiones, las más demandantes fueron a La Silla, al Hotel Humboldt y al Pico Naiguatá en el entonces Parque Nacional el Ávila (Caracas), así como haber subido el Pico Humboldt (Mérida, Venezuela) dos veces (solo hasta Laguna Verde). La primera vez que subí el Humboldt, nuestros guías eran dos aventureros profesionales, para quienes hacer dicha excursión era como subir a Sabas Nieves (un sitio popular en el Ávila, que se sube después de unos exigentes treinta minutos, si estás en buena forma). Uno de ellos era oficialmente fotógrafo, mientras que el otro era aventurero/ guía/ escritor. Este último una vez nos contó que se había ido a trabajar en un buque  salmonero en Alaska.

Me acordé de él, pues hace poco terminé de leer el libro Into the Wild basado en una historia de la vida real (se podría traducir como Hacia la Naturaleza Salvaje), en la que un joven de 23 años,  Chris Mc Candles, muere en pleno corazón de la naturaleza en Alaska, a mediados de los noventa, después de haber vivido allí, completamente solo, por varios meses. El muchacho venía de una familia muy acomodada, y luego de haberse graduado de una de las universidades más prestigiosas de su país, decidió donar el dinero que tenía y desaparecer por dos años mientras viajaba como vagabundo por Estados Unidos y México. Su historia es muy interesante, y mientras yo leía el libro, pude revisitar imágenes de la película del mismo nombre, así como disfrutar de nuevo, en mis pensamientos, el soundtrack del vocalista de Pearl Jam, Eddie Vedder.

Sin embargo, hay una gran diferencia entre la película y el libro. En la película se hace énfasis en la rebeldía del muchacho en contra de sus padres, quienes se preocupan por mantener una imagen de perfección que no coincidía con la realidad. En el libro, sin embargo, el autor (el periodista y escritor John Krakauer) hace énfasis en el carácter aventurero del muchacho, quien seguía una pasión interna, una necesidad de hacer lo que tenía que hacer, sin importar las consecuencias. El autor explica que para él fue también un imperativo contar la historia de Mc Candles en un libro (ya había realizado un exitoso reportaje) pues él se sentía identificado con el joven. En su libro cuenta, no solo la historia de Mc Candles, sino también la historia de otros aventureros que tuvieron con destinos trágicos similares. También relata su propia gran aventura en Alaska (siendo él mucho más joven) cuando se fue solo a escalar, por semanas, a una montaña solitaria, llena de cascadas congeladas y glaciares con precipicios. Toda la expedición fue espeluznante, pero jamás olvidaré las astas de cortina que anudó en cruz,  para luego amarrarlas a él mismo, arrastrándolas por la nieve, como precaución si pisaba un glaciar débil que pudiera tener un precipicio abajo (el quedaría colgado de ellas). El hecho de que Mc Candles hubiera muerto y él no, dice Krakauer, era pura suerte (él también, como mi guía aventurero, había viajado en un buque salmonero en Alaska, en donde trabajó para pagar el viaje).

¿Por qué hay que gente arriesga su vida? ¿Por qué sienten que tienen que llegar a la cima de una montaña? ¿Es irresponsabilidad, es pasión, o las dos cosas? ¿Es una cuestión de la juventud?

No sé si algún día suba montañas como lo hice hace años (por cierto, hablo de “subir” caminando, o hiking, nunca llegué a escalar, no soy tan valiente) pero no me siento frustrada (aunque cuando hice el comentario con el que empecé, hace ya unos siete años, sí lo estaba), pues ya he aceptado que no se puede hacer todo en la vida. He cambiado el sueño de grandes montañas por  excursiones cortas a las que he podido ir con mi familia, como la Quebrada Quintero en el Ávila en Caracas, el Cerro San Cristóbal en Chile, o el Cerro Cedro (Parque Metropolitano) en Ciudad de Panamá. En ellos he compartido con mi familia, no solo la alegría de caminar por un sendero natural, sino la vista que se aprecia desde lo alto y la satisfacción de haber llegado a una meta.

Sin embargo, me emociona mucho cuando veo en Facebook que alguien de mis conocidos o amigos ha coronado una montaña, o ha logrado hacer una gran excursión con la que soñaba. Me gustaría que supieran que me transportan dentro de sus fotos hasta los maravillosos paisajes en donde estuvieron y que desde detrás de esta pantalla les estoy aplaudiendo ¡Bravo!

@chicadelpanda

El color de las nubes

FullSizeRenderEstá S, mi hijo de cuatro años, pintando y yo lo interrumpo, “¡No! Las nubes no son negras!”, a lo que él no me responde, sino que sencillamente se me queda mirando con cara, de ¿Qué le pasa a mi mamá? De repente entiendo. “Ok, está bien, tienes razón, sí son negras… pero a veces son blancas”.

Lo que sucede es que vivimos en Ciudad Panamá, uno de los sitios con mayor precipitación en el mundo. Aquí llueve frecuentemente (varias veces a  la semana, con tormentas, rayos y demás) durante unos 8 o 9 meses al año. Sin embargo, la época seca es bastante predecible, comienza a finales de diciembre y termina a finales de marzo. A esta época la llaman “verano”, y coincide con las vacaciones escolares. En el grupo de extranjeras viviendo en Panamá al que pertenezco en Facebook, ya he leído varias veces comentarios angustiados preguntando, durante uno de esos aguaceros en que hasta las luces automáticas se encienden a las tres de la tarde, si es que eso es normal. “Así es”, se apresuran a responder las demás, “es normal”.

FullSizeRender(2)Sin embargo, la lluvia no hace que la temperatura baje (baja un grado o dos, ¿pero cuál es la diferencia entre 32C y 30C?). En la época en que nos encontramos ahora, verano, baja también un poco la temperatura (llegó a 25C en la noche el otro día) y en general el clima se hace más agradable, no por el descenso del calor, sino porque se hace más seco.

Hace unos meses (cuando todavía llovía mucho), la humedad era tan intensa, que me vino un pensamiento mientras caminaba en el estacionamiento de mi edificio: esto es lo que se siente estar dentro de una sopa. Ahora ya no es así, e incluso durante el día sopla bastante viento. Por cierto, si vas a caminar por la calle en esta época de verano, no te pongas vestido ni falda que pueda dejarte cual Marilyn Monroe en la foto famosa, porque eso mismo es lo que te va a pasar… a “una amiga” ya le pasó una vez.

@chicadelpanda

¡Ya está disponible “Siete Maletas” en Kindle! Gratis por 5 días

Con mucha felicidad les anuncio que

¡Ya está disponible “Siete Maletas” en Kindle Amazon!

Estará gratis del 22 al 26 de noviembre

para que lo bajen y compartan con sus amigos

(mientras más downloads tenga el libro, mayor será su ranking).

¡Que tengan un día espectacular!

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Para bajar el libro haz click en la imagen. ¡Gracias infinitas por tu apoyo!

 

¡Pronto llega a Kindle el libro Siete Maletas!

Aquí les dejo una muestra de las 220 anécdotas del libro “SIETE MALETAS,” que entre risas y lágrimas describe nuestras experiencias en el exterior.

¡SIETE MALETAS estará pronto disponible en Amazon Kindle!
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NIÑAS GLOBALIZADAS

Estoy con R en un parque, cuando una niñita de más o menos la misma edad se le acerca y le dice:
-Me llamo Matilda ¿Quieres jugar conmigo?
-Sí claro.
-¿Quieres jugar a los países?
– Mmmm… Qué tal si mejor jugamos a…
Entonces yo intervengo y le digo, “pregúntale cómo se juega, a lo mejor te gusta”. Así que mi hija le dice:
– Bueno, ok.
Se van un poco más lejos, pero yo todavía las oigo. Matilda dice:
– Tú vas a ser un país y yo otro, escoge un país.
– ¡Caracas!
– ¿Qué es eso? ¿Estás segura que es un país?
– Mmm… No, como que es una ciudad.
-Tiene que ser un país.
– ¡África!
-¿Estás segura que es un país?
-Nooo…
-Tiene que ser un país.
-¡México!
-¿Estás segura que es un país?
-Sí, yo viví ahí.
-Le voy a preguntar a mi nana.
La niñita le pregunta a la nana, “¿México es un país?” quien verifica, “Sí, México es un país”, así que Matilda le dice a mi hija:
-Muy bien, México sí es un país. Tú eres México. Yo soy París.

 

¿Es importante que un niño pequeño sepa que no puede volar?

 

No. Aunque se le explique a un niño pequeño que él no puede volar, o que no puede respirar bajo el agua, siempre hay que asumir que el niño cree que sí puede. Su mente no es racional  y no está en capacidad de entender esas situaciones, incluso cuando él diga que sí sabe que no puede volar o que no puede respirar bajo el agua.

Le pregunté  a mi hijo de cuatro años que si sabía que él no podía volar y me respondió, como en un murmullo: “solo con una colita”, y yo “¿Qué dijiste que no entendí?” y él, “que con un avión sí se puede”.  También está el episodio de cuando mi hija mayor tenía unos cuatro o cinco años, y acabábamos de ver Dumbo, en que me respondió, al yo aclararle que los elefantes no podían volar: “quién sabe”. Yo crecí oyendo el cuento de un niñito que había perdido la vida “porque pensaba que podía volar”. Sin embargo,  hoy sé que eso no sucedió por “su creencia” sino porque hubo un descuido de seguridad de parte de los adultos que estaban a su cargo. Jamás se puede hacer a un niño responsable de su propia seguridad, suponiendo que porque “se le explicó algo”, entonces él va a entender y va a actuar como un adulto. Lo importante no es que el niño sepa que no puede volar  ni respirar bajo el agua, lo importante es que el adulto que esté a cargo vele por la seguridad del niño.

 

@chicadelpanda

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¿Qué te gusta de Panamá?

Calzada de Amador en Panama

Entrar en facebook, entrar en Panama Kontacts… ajá, ésta si la puedo responder… tecleo, tecleo, listo.

Es que ahora soy gurú -como nos llamamos en la comunidad Panamá Kontacts- pues siempre alguna sabe algo que otra no, y que le puede ayudar. Somos un grupo de extranjeras que nos ayudamos mutuamente pidiendo recomendaciones y que se ha hecho parte de nuestra rutina diaria. Ya no hay que pasarse tres meses probando tintorerías  hasta descubrir la que me sirve, la que no destroza la ropa, la que no cobra de más, sino que pregunto ¿quién me recomienda una tintorería en x sitio? y responden  varias gurús, una de ellas aclarando que por estos lados no se dice “tintorería” sino “lavandería”.  Realmente estoy muy orgullosa de todas las mujeres que formamos parte de este grupo, y por supuesto, agradezco infinitamente a su fundadora (quien  es venezolana, por cierto).

Hoy  alguien hizo una pregunta muy simpática. Me gustaría compartirla con ustedes, así como algunas de sus respuestas. Esto es para ti, Panamá; por éstas, y muchas cosas más, te queremos y nos sentimos muy agradecidas de vivir aquí.

Hola! Esta es una pregunta poco común… A 5 años de haber llegado a esta cálida tierra me he dado cuenta que hay todavía muchos secretos y rincones locales maravillosos que no conozco y quisiera encontrar respuestas entre este grupo de “huéspedes de Panamá”…Mi pregunta es: Qué es algo que te hace sentir “home” en Panamá? Que te hace olvidar la nostalgia de tu tierra y con un fuerte suspiro decir “así estoy bien…”? Para mí, en México son los abrazos de mi mamá, los tacos al pastor, mis amigas de la vida, la amabilidad de cualquier extraño… en Caracas era ese cielo azul, el clima perfecto, nuestro grupo de amigos extranjeros, las arepitas fritas del Tamanaco y los domingos en la tarde en la 4D… en Chile la cordillera nevada, andar en bici en el otoño, los comentarios semanales del jardinero viejito que amaba ver nacer las flores y la torta de hojarasca…Aca en Panamá, hay tantas joyitas ocultas que nos dan felicidad en la vida cotidiana…..cual es la tuya?

Los pequeños detalles que dan gran felicidad a mis días en Panamá, son: el poder compartir con mis hijos en sus actividades, almorzar juntos, caminar a los colegios, caminar al trabajo, sin necesidad de usar el auto, la merengada de coco con helado de vainilla de la casa de la fruta, las empanaditas de Deli Gourmet, las delicias de Cuquita Cookita, caminar al atardecer por el casco antiguo mientras disfrutamos de un rico helado, las hermosas playas de San Blas, la variedad de ricos Restaurantes, salir a correr en Costa del Este, las carreras de cada domingo, y pues que mejor recuerdo que acabo de tener a mi segunda princesa Panameña! Muy feliz de cada día vivido en este país junto a mi familia! Llegamos 3 hace 3 años y “Ahora somos 5” Gracias Diosito por tantas bendiciones.

Yo amo la naturaleza de Clayton, ver por mi casa ñeques, tucanes, perezosos, un sinfín de loros y pájaros. Amo la variedad de mariscos disponibles. Poder caminar tranquila con mis niñas en el parque y que puedan disfrutar y correr en la naturaleza. La buena educación que están recibiendo. Y la calidez y naturalidad del panameño. Admiro como celebran la vida con pasión, desde un cumpleaños hasta un partido de base ball.

Los paseos por el casco, los días en la playa, café con las amigas, los Tequeños, los pepitos y sobretodo poder ir caminando a donde yo quiera con tranquilidad.

– Disfrutar del silencio en la Biblioteca Nacional, caminar en el Parque Omar, ver el Pacífico desde mi apartamento y desde el techo de mi edificio en donde está la piscina, Athanasius, Orgánica, el Casco Antiguo de noche, y por supuesto, la tranquilidad de que mis hijos estén en un buen colegio y que puedan tener las actividades vespertinas que les gustan (y todo cerca). ¡Ah sí! Poder pedir una buena pizza para que la traigan a mi casa y tener una variedad de pizzerías muy buenas cerca (San Francisco).

Los contrastes del Casco Antiguo, ver todos los dias la rayita del horizonte del Pacífico, lo increible que es el canal, el rainforest de gamboa, la mezcla de culturas, la salsa de ruben blades, se respira progreso, sentir que hemos sido bienvenidos, y sobre todo Panama Kontacts. La Iglesia San Francisco de la Caleta y el padre Manuel. Se siente paz como estar home.

A mi algunas de las cosas ( muy del día a día) que me hacen sentirme “home” son la amabilidad de los conserjes de mi edificio, las galletas de chocochip de Mirandas Bakery, las baguettes de Felipe Motta, el conocerme el super de memoria y poder hacer la lista en el orden de los pasillos, el tener el telefono del de los pepitos y llegar por mi pedido sin hacer cola, el hecho que mi hijita se vaya feliz en patineta todas las mañanas a Little Steps con su amiguita, saber que va a haber Massimo Dutti y PF Chang´s, y por supuesto un almuerzo entre semana con mis amigas.

Si yo ya he llegado al punto que cuando voy a México a los 15 días ya extraño estar aquí porque sé que es mi hogar y ya lo siento así.
Lo mejor de todo es cuando en un país ajeno llega tu primer bebé!! Con esto no extrañas nada más, ahora estoy en casa!

Que buena reflexión o planteamiento. En mi tu consulta ha calado muy hondo, como creo ver que ha sido en la mayoría. Que buen disparador de tantas respuestas geniales, interesantes, profundas. Creo que lograste que cada una de nosotras como extranjeras en Panamá se conectara con muchos aspectos íntimos y no tanto, del día a día, de lo cotidiano. Genial!!!! En lo personal, luego de casi 6 años en Panamá lo primero que me permitió echar cable a tierra fue tener a mi hija aquí, ya ese hecho me hizo conectar con Panamá de una forma especial…y será eterno el amor y agradecimiento por brindarme lo más sagrado que tengo. Lo que siempre hablo con mi esposo es que no importa si la ciudad por momento está colapsada, a minutos uno tiene paisajes increíbles, bastante vegetación tropical, ese verde abrumador o ir al causeway y ver el mar color esmeralda. Esos contrastes que te permiten reequilibrar rápidamente. Y que no decir de San Blas……..es mi rincón en el mundo, Boquete, Pedasí, Bocas del toro (playa de las estrellas) o ir a cualquier playa por el día, ese mar cálido con playas naturales que parecen algunas casi vírgenes. Como dicen aquí todos somos “jóvenes”, y como también alguien dice formar círculos de amigos en relaciones que nos hagan sentir bien, nos complementemos, sigamos creciendo y cultivándonos.

¡Te queremos Panamá!

@chicadelpanda

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Tres momentos, tres apartamentos

Es sábado 14 de septiembre de 2013 en la mañana, y la escritora se encuentra en algún apartamento de las grandes torres que bordean la Bahía de Panamá. Su hijo menor ya la ha interrumpido varias veces para que lo ayude a arreglar una pista de carritos. Pero a la hora en que ella escribe, ya él  se ha dado cuenta que su mamá no es la más indicada para ello.

La Avenida Israel tiene casi tantos alumnos como apartamentos tienen los edificios que la rodean. Ya la escritora se ha acostumbrado a las prácticas de tambores de las bandas marciales para las fiestas patrias. Incluso el otro día se dio cuenta que ya no le molestaban. ¡Hice crossover, como dirían los gringos!, pensó. Ya soy local.

Hoy, aparte de los tambores, hay mucha bulla y cornetas de esas que suenan en los estadios. Mientras preparaba el desayuno, decidió averiguar cuál era la fuente del zaperoco, y fue a la habitación de los niños para ver por la ventana: dos partidos de futbol, más un evento familiar de unas doscientas personas. Toma los binoculares que desde hace unos meses cuelgan de la ventana para ver los buques que atraviesan el canal, y los usa para  entrometerse en las actividades de ambos colegios. Los estoy vigilando, piensa, the big brother is watching you. Tiene esa sensación de estar haciendo algo malo, de estar espiando… pero sabe que fueron ellos los que se entrometieron en su casa primero, con  el ruido que ahora invade cada rincón.  Sin embargo, ellos no saben que se están entrometiendo, mientras ella sí. Se siente un poco más la villana de la película, y se le vienen imágenes de militares en el techo de un edificio. No son de una película, ni son recuerdos de su experiencia propia tampoco. Son dos relatos, uno de su marido, y otro de su mamá, cada uno de fechas y lugares muy diferentes.

El de su esposo  es del 27 de febrero de 1989, cuando el  Caracazo. Carlos Andrés Pérez, presidente de Venezuela, como parte de su paquete económico (que disque iba a salvar las finanzas venezolanas), subió el precio de la gasolina, y consecuentemente se desataron todas las furias que habían estado contenidas hasta ese momento. Aumentaron los pasajes, la gente protestó, bajaron los cerros (ya que la mayoría de la gente humilde en Caracas vive en las laderas de la ciudad),  disturbios, quemas, saqueos, muchos saqueos, militares en la calle, toque de queda de muchos días, desabastecimento de los insumos más básicos por muchas semanas. Su esposo, quien entonces tenía once años, vivía en una avenida central de la capital. Su recuerdo más vivo es de los militares que entraron en su edificio, armados con fusiles, para instalarse en el techo y vigilar la calle desde ahí. ¿Dispararon alguna vez? No  se lo he preguntado. Él no está cerca para preguntarle, pero la escritora sí puede preguntarle a su mamá más detalles sobre la otra imagen que se le vino a la cabeza de militares en el techo.

La escritora se conecta a Skype y llama a su mamá en Caracas. No está, pero su papá sí. Él comenta que alguien le acaba de llamar para informarle que había llegado la leche al supermercado tal. Le dice a su hija: así están las cosas en Caracas. Chacao ha estado prácticamente sin leche durante la última semana. Su nieto se  da cuenta que su abuelo está en la computadora, así que trae su recién diseñada pista para mostrársela. La escritora – que ante todo es mamá-  le cede encantada la pantalla a su hijo. Cuando ellos terminan, ella retoma.

1960_Francos_Rodríguez¿Cuál era el relato de su mamá? Ella había  emigrado de Venezuela con su familia cuando cayó Pérez Jiménez a finales de los cincuenta (su papá era perezjimenista  y tuvieron que exiliarse). Primero vivieron en Italia y luego en España. Es de este último país, el recuerdo de los militares, cuando ella tenía diez años (1960): vivíamos en un pent house del Paseo de la Castellana, y cada vez que iba a pasar el generalísimo  por nuestra calle, venían primero dos guardias nacionales armados, subían a la terraza de nuestro apartamento,  y desde allí resguardaban al presidente. A mi papá le encantaba eso, tan militarista que era. Esperaban a que Franco y su séquito pasaran, y luego se iban.

Su mamá acaba de llamar por Skype, y  le aclara a su hija que para ella eran tiempos de paz, tiempos maravillosos. Que a ella, con diez años, la dejaban estar afuera en la calle hasta las diez de la noche, y que se iba caminando al colegio por muchas cuadras (su papá le daba dinero para el autobús, pero ella y su hermano preferían ahorrárselo) y que era genial, porque en el camino se le iban uniendo otros niños que también iba a la misma escuela. Recuerda que los sábados la dejaban con una amiga en el Plaza Mayor desde las diez de la mañana hasta las 12 del mediodía, solas, para intercambiar sellos postales. Era un gentío – continúa- como trescientos personas, y gozábamos, intercambiábamos estampillas con la gente grande. Tanta era la seguridad, que una vez los scouts se olvidaron de nosotros y nos dejaron en la estación de tren de un pueblito cerca de Madrid, y mi papá y mi mamá nunca se preocuparon. Nosotros le dijimos a un guardia nacional lo que nos había pasado, y éste consiguió llamar a mi papá, quien nos fue a buscar. Llegamos a casa como a las tres de la mañana. Por cierto, cuando llegabas  a tu edificio después de las diez de la noche, no tenías llave del mismo. Uno tenía que empezar a aplaudir, a dar palmadas, para que viniera uno de los serenos (que eran unos guardias que vigilaban la calle) a abrirte la entrada.

Acaba de llegar el esposo de la escritora, y mientras ella  lava los platos, le pregunta sobre caracazo1am1aquella vez, cuando el Caracazo, en que los militares se subieron al techo de su edificio.

Sí, eso fue un viernes, el primer día de los disturbios. Subieron como 12 militares con fusiles al pent house del edificio, en donde vivían unos españoles retirados. Desde la terraza tenían vista 360 de toda la Avenida Victoria y lo que estaba alrededor. Como  había un muro pequeño de cemento que bordeaba la terraza, era perfecto.

-¿Y llegaron a disparar?

– Claro. El gordito que era el hijo del dueño del abasto (minisuper) de enfrente, se le ocurrió que mejor se quedaba dentro del abasto, así que salió en su pick- up como a las once de las noche (el toque de queda empezaba a las 6 de la tarde). Así que los tipos acribillaron a la pick up.

-¿Y lo mataron?

– No, le pegaron como siete tiros, pero sobrevivió. No vimos cuando dispararon, pero sí lo oímos, y corrimos (eran tres hermanos  y una hermana) a asomarnos a la ventana, agachados detrás de la pared de cemento que está debajo de ésta . Recuerdo a G (su hermano, doce años mayor que él) diciendo “¡Mataron al gordito del abasto!  temblando, pero se dio cuenta que yo era chiquito (once años) y empezó a decir “no, seguro, fue un disparo de advertencia, no lo deben haber matado”, pero igual yo no entendía muy bien (la muerte). 

– ¿Y dispararon más?

– Sí, oímos unos tiros  en la madrugada, pero no nos asomamos, no sabíamos si era de ellos hacia abajo, o de alguien hacia arriba.


La escritora se sienta inmediatamente a escribir, para aprovechar la breve ventana de tiempo que se le abre. Una vez plasmado el relato en la pantalla, sonríe. Este relato no salió como previsto, salió mejor. Me siento afortunada por estar viviendo en tiempos de paz en este país. Aquí se celebra la vida, aunque no sepan que lo estén haciendo. Por ejemplo, una vez cada dos semanas, o a veces más, incluso se ven fuegos artificiales desde mi apartamento. ¿Santos patronos? ¿Fechas patrias? ¿Fútbol? ¿Matrimonios? Son tantos que aquí parece que  llega un año nuevo a cada rato. Se lo comentaba ayer a unos amigos panameños, y les preguntaba si por donde ellos vivían era lo mismo. Se reían. No me respondieron con palabras, sino con risas, reafirmando lo que sospechaba. Aquí no hace falta tener una gran ocasión para celebrar. Pero ¿qué estoy diciendo? ¿No es la vida misma, la mejor ocasión para celebrar?

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Una serie de eventos afortunados

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“¡Vamos! ¡Positiva! ¡Que vas a salir bien!” me dijo una persona desconocida esta mañana. Así se cerraba un ciclo de eventos muy afortunados que me ha ocurrido estos días.

Anteayer fui a la Feria Internacional del Libro de Panamá, y me ocurrieron un par de cosas curiosas: conseguí el último ejemplar que quedaba de un libro que está muy popular por aquí (Yo Maté a Sherezade de Joumana Haddad). Luego, en el stand de Eco Creando,  compré una cartera hermosa que necesitaba desde hace rato y que no había comprado aún, por no haber conseguido nada realizado con conciencia ecológica. La cartera es hermosa, y además,  hecha de materiales reciclados. Perfect.

Otro evento muy afortunado fue haber asistido a la charla de la chef Verónica Vélez- Burgess, llamada Vida extraordinaria: realiza tu sueño. Con mucho carisma y entusiasmo nos habló sobre su experiencia viviendo en diversos países (como por ejemplo, cuando trabajó como antropóloga en África), y de cómo un día cualquiera viendo televisión, cuando vivía con su esposo e hijo en Trinidad y Tobago, propuso la idea de irse a París a estudiar en la famosa escuela Le Cordon Bleu en Paris. Algo que parecía imposible, se hizo realidad con una mezcla de gran motivación personal y  el  apoyo de sus seres queridos. También habló de diversos temas muy interesantes, pero el  mensaje que se me grabó fue: “Life as a couple is adventure, and if you follow each other’s dreams, you’ll have lots” (la vida en pareja es  aventura, y si siguen los sueños de cada uno, tendrán muchas).

El otro evento afortunado fue que durante la charla tuve una de esas magníficas oportunidades de compartir con personas con su propio motor interno; ese tipo de personas energéticas que van hacia donde les provoca ir en la vida, sin importar lo que digan las señales de tránsito del camino. Mmm … qué peculiar me salió esta metáfora. Es que esta mañana me saqué (¡por fin!)  mi licencia de manejar panameña. Allí fue donde me dijo el señor que alquilaba carros para hacer el examen práctico (sin ningún motivo particular más allá que el de enviar buena vibra, ya que yo tenía mi propio auto) la frase con la que empecé este post … y con la que voy a terminarlo también:

“¡Vamos! ¡Positiva! ¡Que vas a salir bien!”

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“Yo no quiero flintin con ese man” … palabras divertidas en la jerga panameña

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Estoy leyendo en el Wikcionario los significados de algunas palabras de la jerga panameña, cuando me encuentro con esta frase, que aunque no he oído, me pareció muy simpática:

Bravos de Boston = El mejor de una profesión. Dedicado a los Bravos de Boston de 1914.

También está ésta, conocida, que me recordó a Caracas:

Falta de todo= Versión moderna de la famosa frase venezolana popularizada en los 80 “falta de glamour”. Significa falta de respeto, falta de ética, falta de elegancia, falta de clase, falta de consideración, falta de… todo.

La siguiente está divertidísima:

Flintin= Proveniente de el Patois, referente a una pareja peleando, donde la mujer le tira cosas al hombre, en inglés Jamaiquino (patois) “flying things” , usado para describir un problema, conflicto o pelea. “Yo no quiero flintin con ese man”.

O ésta :

Guapin/Juatapin = Saludo que indica qué pasa. Del inglés “What happened?” / “What is happening?”

Ésta sí la oigo a cada rato:

Man= Literalmente se traduce “hombre”, pero se usa para referirse a cualquier persona, incluso mujeres (la man). También se usa de muletilla. (ej. Pero es que, man, no quiero ir)

Lo más sorprendente es que el plural de man es … ¡manes! No, eso no es lo más sorprende, sino más tarde cuando lees la portada de un libro que dice “¡El man está vivo!” y te quedas ” ¿ ?”  Pero te acercas un poco más y ves que es un libro religioso y que el “man” es … ¡ Jesucristo !

Por Michelle Lorena hardy – Chicadelpanda.com