Transición a un mundo nuevo

Hace un mes salimos por última vez (hasta quién sabe cuándo) a un restaurante. Fui con mi pareja, junto con su familia y la mía, a celebrar mi cumpleaños.

Ese día tuve el presentimiento de que iba a ser la última vez en mucho tiempo que íbamos a salir de casa, pues ya la pandemia se estaba poniendo muy seria en Italia. Sin embargo, yo todavía pensaba que sería cuestión de un mes sin colegio y ya.

Hoy mi hijo de diez años reanuda clases, después de vacaciones de Semana Santa, pero esta vez serán virtuales. Yo estoy casi tan ansiosa como si fuera un día normal: Será que va a funcionar el Zoom bien? Le hará caso a la maestra? Estaremos puntuales frente a la computadora? Jeje.

Estos días no dejo de recordar el libro de ciencia ficción Ready Player One, en el que la gente, sobretodo los más jóvenes, tiene una vida virtual, tan verdadera como la “real”, y en la que es totalmente normal que los niños vayan a colegios virtuales. Estaremos yendo en esa dirección?

Hace unos días mi hijo me comentó sobre un juego nuevo que se llama Animal Crossing (de Nintendo Switch), en el que los jugadores simulan que viven en la vida “real” (mis hijos no lo tienen). Me pareció simpático, aunque no muy innovador.

Ah! Pero todo depende del contexto. Acabo de ver en BCC News, que China acaba de prohibir la venta del juego Animal Crossing, porque la gente de su ciudad virtual estaba protestando en contra del gobierno, específicamente, contra la gobernadora de Hong Kong. WOW! Como que la transición hacia el nuevo mundo va más rápido de lo que me esperaba.

Animal Crossing removed from sale in China amid Hong Kong protests https://www.bbc.co.uk/news/technology-52269671

Sin el cambio, el tiempo no existiría

Time is nothing but the measure of change.

Without change, time would not exist.

El tiempo no es sino la medida del cambio.

Sin el cambio, el tiempo no existiría.

Jean Paul A. Zogby, The Power of Time Perception

Debe haber un pequeñísimo porcentaje de la población mundial que estaba al tanto de que una pandemia mundial podría ocurrir, pero a la gran mayoría de nosotros nos ha tomado por sorpresa. Hasta a mí, que me encanta estar imaginándome escenarios futuros de distopias o guerras mundiales, me tomó por sorpresa. Eso sonó feo. No es que quiera que el mundo entre guerra, es solo que me parece interesante extrapolar la historia universal, hacia el futuro.

Sí había leído en varias ocasiones que en el futuro cercano la libertad de movimiento se iba a reducir, y que viajar entre países iba a ser más difícil; pero pensaba que iba a ser por guerras, o por fricciones entre países. No se me ocurrió que sería por una pandemia.

Así que en marzo de 2019 casi nadie se imaginaba que el marzo de 2020 iba a ser lo que estamos viviendo. Casi todos pensábamos que nuestras vidas, o por lo menos el tejido de la comunidad mundial, iba a seguir más o menos igual, sin cambios.

El tiempo no es sino la medida del cambio, dice Jean Paul A. Zogby en su libro El Poder de la Percepción del Tiempo. Sin el cambio, el tiempo no existiría.

Sin embargo, no nos gustan los cambios, sobre todo cuando hemos encontrado un cierto balance en nuestras vidas. Nos amarramos a las situaciones pasadas que nos hicieron felices y le ponemos obstáculos al cambio, para así detener el tiempo. Caemos en esa trampa, porque el tiempo pasa y todo cambia, por más que nos empeñemos en que no sea así.

No creo que haya nadie que tenga una resiliencia perfecta, que pueda sortear los cambios impecablemente y que salga sin moretones, sin cicatrices, sin efectos negativos. Pero hay personas que destacan en resiliencia, personas a las que la vida les ha lanzado un reto más otro, una calamidad más otra, y ahí siguen, adaptándose a lo que el universo les lance. De alguna forma logran que al final de cada batalla, las pérdidas no opaquen las ganancias. Terminan por aceptar los cambios y no le ponen trabas al tiempo. Deciden que es inútil ponerles etiquetas a los cambios, y dejan de decir que el cambio es malo o es bueno. Es simplemente un cambio, sin adjetivos calificativos. Así quiero ser yo también.

Nuestra vida es el tiempo que tenemos para estar en este planeta.

El tiempo no es sino la medida del cambio.

Sin el cambio, el tiempo no existiría…

ni nuestra vida tampoco.

Pregúntale a tu yo-de-ocho-años

“Yo aprendí a escribir a máquina en una máquina así”, pensé, al ver la reliquia que encontré en mi nuevo hogar. “También así eran las máquinas de mi colegio, en donde siempre salí mal en mecanografía”. Me dio gracia. Qué habilidad tan inútil.

En aquellos años ochentas, pasé muchas tardes en mi casa, sin tener nada en particular qué hacer. No recuerdo haberme aburrido, la verdad. Con la máquina de escribir, era reportera, escritora, o redactaba las reglas de mi nuevo club imaginario. O pasaba la tarde en el jardín del edificio, inventando historias con mis vecinas. O veía televisión. Hacía cualquier cosa, en realidad.

Estoy segura que la gente de mi edad, y también mayor, pasaron muchas tardes de su infancia así: sin tener nada en particular que hacer, pero siempre haciendo algo, si no divertido, por lo menos interesante.

Esta cuarentena que estamos viviendo nos presiona a muchos por cuestiones económicas o de salud. Pero el aburrimiento, por lo que veo en las redes sociales, no nos está presionando a los que tenemos cuarenta plus. Ya hemos pasado por ahí.

Sin embargo, no es el caso de las personas que están al cuidado de bebés, niños pequeños, o de personas que no pueden valerse por sí mismas. Hace años, cuando mis hijos estaban recién nacidos, una salida a tomar un café con una amiga hacía la diferencia entre sucumbir a la desesperación, o no. Mis respetos a las mamás de niños pequeños o a los cuidadores en general. Ojalá puedan “salir” aunque sea a tomarse una buena ducha en su casa por una larga hora.

Darse el lujo del tiempo libre tampoco es el caso del que trabaja en el sistema de salud, ni tampoco es el caso del que, si no trabaja, no come. Ni tampoco, por supuesto, es el caso de los contagiados por el coronavirus y sus familias.

Si estás aburrido, siéntete afortunado y quédate en casa. Tu yo-de-ocho-años sabrá qué hacer para que el tiempo no pase tan lentamente. Imagina que eres niño, que quieres salir, pero que no hay ningún adulto que te lleve. Cuando eras pequeño te pasó infinidad de veces, no? Así que lo puedes hacer otra vez, y otra. Quédate en casa. Es así de fácil.