Mini catrinas y videojuegos

Un calorón aquí en Querétaro y el aire acondicionado de mi carro de repente deja de funcionar. Voy al mecánico y me dicen que es un problema del termostato. El aire acondicionado se había apagado porque se estaba recalentando el carro. Uuff, menos mal que lo llevé.

Al día siguiente tenía que hacer una diligencia en el centro histórico y me llevé a S conmigo (mi hijo menor). Nos subimos a un autobús, caminamos, tomamos fotos (ya están empezando a decorar para el Día de los Muertos), pedimos un deseo en una fuente y llegamos a una feria artesanal de muñequitas Lele (típicas del Pueblo Mágico de Amealco, en Querétaro). Las que estaban maquilladas y vestidas de Catrinas estaban geniales.

Como cada quien ve el mundo según los lentes que tenga puestos, S agarra la más chiquitica de las muñecas (como de unos tres centímetros de alto) y me dice “ves esta muñequita? Así es nuestro planeta. Ves esa grandota?” y señala una muñeca de unos 50 cms de alto. “Así es nuestra galaxia”.

La diligencia era entregar un videojuego, el cual mis hijos están vendiendo para comprarse otros videojuegos. Esta mamá consentidora les alcahueta el vicio, jaja, pero por lo menos lo pagan ellos, y así tengo la excusa de tener un sábado un diferente. A ver a donde nos lleva la entrega del próximo videojuego.

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Ni una menos

Estoy escribiendo a las 4:40 am, llevo despierta desde las 3:15 am. A los pocos segundos de despertarme, oigo gritos que vienen de una casa vecina. Oigo la voz de dos mujeres, luego la de un hombre. Recuerdo que había anotado el número de denuncia anónima que nos dio el municipio de Corregidora en una charla en el colegio de mis hijos (089). Oigo un bebé llorando, pero no mucho. Se calla.

Llamo? No llamo? Aquí las matan Michelle. Los feminicidios no son solo en México, pero es aquí que me he dado cuenta de la gravedad de la situación, debido a las diversas campañas que hay contra la violencia de la mujer, así como del resurgimiento del movimiento feminista.

Llamo al 089 y me dicen que debo llamar al 911. Lo hago y a los pocos minutos llega una patrulla de policía. Me asomo a la ventana y veo que se estacionan a unas cinco casas más allá de la mía. Oigo la voz de una muchacha joven que llora y llora. Más o menos capto algunas frases de lo que dice: “yo solo pido… al papá de mi hijo a veces se le va de las manos… mi bebé, mi bebé… solo pido que… me dejó afuera, me dejó afuera”. La muchacha está emocionalmente devastada. Aparentemente el individuo ya se había ido cuando llegó la policía. De repente se hace silencio, y aprovecho a ir al baño. Cuando vuelvo a asomarme por la ventana me doy cuenta de que no era una patrulla, sino tres, y que están saliendo del condominio. Van dos primero, las sigue un carro normal (donde me imagino está la muchacha) y detrás está la tercera patrulla.

Cuando llamé al 911 solo me preguntaron mi nombre (no mi apellido) y mi teléfono, más nada. Estoy con lágrimas en los ojos, pero sé que hice lo correcto.

¡Habemus portada para OTRA MALETA!

¡OTRA MALETA ya tiene portada! Lo que quiere decir que muy pronto va a estar disponible en Kindle (octubre 2019).

En el libro menciono que donde vivo en las afueras de Querétaro, México, hay una pirámide pre hispánica, caballos pastando por doquier y muy cerca, un pueblito que se llama El Pueblito. Así es mi vecindario.

Metas cumplidas y miedos desechados

Escalando en Sector V, Querétaro

Llevo dos años separada, después de 18 años de relación con el papá de mis hijos, y el camino ha sido bien largo para recuperar mi autoestima, (la cual no se dañó solo con el divorcio, sino que estuvo en proceso de deterioro por mucho tiempo antes de eso).

Durante estos dos años me he dado cuenta de que el deterioro de la confianza en mi misma tenía varias causas, y que algunas de ellas estaban fuera de mi control, pues estaban a nivel inconsciente, escondidas.

Este proceso de edición de mi vida (que comenzó como algo material, haciéndome minimalista hace ya varios años) se ha transformado en una edición de mi vida emocional también.

Ahora que ya sé qué maletas son las que han estado llenas de miedos y falsas ideas de mí misma, las he estado tirando por la ventana.

Llegando a la cima de la Peña de Bernal, Querétaro

Por ejemplo, hace apenas unos cuatro años, yo escribía que me encantaba seguir las aventuras de los escaladores, pero que nunca me hubiera atrevido a escalar. Sin embargo, el año pasado escalé la Peña de Bernal, en Querétaro.

En Sierra Nevada, California

También hace unos cinco años, escribía que yo era demasiado preocupada por la seguridad, como para montarme en una cuatrimoto. Sin embargo, el año pasado, manejé y monté una por la Sierra Nevada, en California.

En el viñedo La Redonda, Querétaro
Foto tomada desde mi globo en Tequisquiapan, Querétaro

Nunca había manejado en carretera sola hasta que me separé, y ahora lo he hecho tantas veces, que perdí la cuenta. Una vez incluso me subí a un globo. También descubrí que me encanta manejar para salir de la ciudad.

Jajaja, jamás había pensado que iba a dejarme el pelo largo, y ahora lo tengo más largo que nunca.

También he tenido tres casos fuertes de colonitis, y tres episodios de alergias bien fuertes, que me han manchado la cara. Como la colonitis no se me pasaba, en una ocasión hice tres días de ayuno (algo que nunca hubiera creído que iba a ser capaz de hacer). Se me curó y posteriormente, cuando me ha vuelto a dar, disminuyo mi ingesta de carbohidratos por varios días y ya. Incluso ya casi no como gluten (pan y pastas), algo que jamás pensé que iba a ser capaz de hacer. También dejé los lácteos porque descubrí que soy intolerante a la lactosa. Como tampoco como carne roja desde hace muchos años, se me hace difícil conseguir qué comer en los restaurantes, pero no pasa de ahí, y no me importa, porque mi salud lo vale. El punto es que en este aspecto, también he hecho cosas que jamás pensé que iba a poder hacer.

Hacer cosas difíciles que son importantes para mí, solo por el placer de llegar a una meta, ha sido la manera más eficiente de mejorar la confianza en mi misma. Lo bueno es que uno le agarra el gusto y entonces uno quiere hacer más y más.

Mi divorcio fue una experiencia muy fuerte, y he tenido unos niveles de depresión y ansiedad que no se los deseo a nadie (incluso me han dado ataques de pánico).

Por cierto, a ver quién sale a decir, como le dijeron a Greta Thunberg, que no tengo derecho a tener sentimientos negativos, porque mira cómo he paseado, hasta en globo, porque los bloqueo, jaja. Si no me quieren creer, pasen a otro blog y ya, no tengo por qué estar convenciendo a nadie.

Como decía, mi divorcio ha sido la peor experiencia de mi vida, pero he decidido transformarla en algo bonito. Sé que aún me falta muchísimo camino por recorrer, y eso me encanta… para allá voy.

Aquí tienes tu casa

Querétaro, 2019

“Necesito que me ayuden a tomarme una foto para el libro,” les digo a mis hijos. Nos fuimos al “bosque” del condominio (así le dicen los vecinitos al jardín con árboles que hay al fondo del estacionamiento) pues quería aprovechar la luz natural. Intentamos en varios sitios y finalmente salió una buena foto.

Ya han pasado dos años desde que me separé, tres años desde que llegamos a Querétaro, y un año desde que nos mudamos al condominio Orquídea (anillo al dedo el nombre, no? La Orquídea es la flor nacional de Venezuela). Ya ha pasado un año desde que adoptamos a la gatita Safi y un par de meses desde que obtuve la ciudadanía mexicana.

Ya me falta poco para publicar mi segundo libro, OTRA MALETA, Empezando de Nuevo, en el que los temas centrales son nuestro regreso temporal a Caracas, después de haber vivido doce años en el exterior, y mi separación en Querétaro, después de quince años de matrimonio.

Debido a eso, he estado actualizando mi información en las redes sociales, así como la imagen de mi blog. La que ven ahora es un cuadro que compré en la glorieta de Chapalita en Guadalajara, cuando viví allí hace más de diez años. El artista estaba vendiendo sus obras, y quedé fascinada con Manos en Acción.

Manos en Acción de Adrián Rosas Torres

En casa tengo otra obra de él, Habitantes de la Gran Ciudad. Ambos cuadros representan mi hogar, porque me considero oficialmente en casa en el sitio en donde los pueda colgar. Me he mudado ya varias veces solo con maletas, pero siempre he transportado de una manera u otra, mis dos cuadros.

Habitantes de la Gran Ciudad de Adrián Rosas Torres

He mantenido conmigo estas obras de arte también por otra razón. En las fotos que tengo de cuando vivíamos en Guadalajara, por ejemplo, R estaba muy pequeña y S ni había nacido; en Chile y Panamá, S estaba bebé. Es decir, a menos que vieran algo familiar, no sabrían identificar su casa en una foto de aquellos años. La idea es que cada vez que vean esos cuadros en una foto, sepan que ésa fue alguna vez su casa.

Poner Manos en Acción a recibirte cada vez que abras este blog, es para darte la bienvenida a tu casa, como dicen los mexicanos. Esta es tu casa y estás bienvenido! Espero verte mucho por aquí, y que me des tus opiniones y comentarios, para así enriquecernos mutuamente en palabras.

Bienvenido!

Rellené el pote de jabón para lavar platos!

Hace tiempo leí sobre las tiendas en donde se podían rellenar líquidos para limpieza, como champú, jabón, detergente para lavar ropa, detergente para lavar platos, etc, que hay en Alemania, Canadá, o algún otro país desarrollado. Se ven hermosas, modernas y a uno le entran ganas de ir para allá de solo verlas.

Ah, pero vivo en México, eso no existe, ni modo. Eso creía yo, hasta que el otro día, caminando por el pueblito que tengo cerca (que se llama El Pueblito, por cierto) veo que en una tiendita que dice “jarciería”, hay varias botellas de agua, pero rellenadas con líquidos de colores. Me da curiosidad y le pregunto a la señora que qué es eso. Me explica que las rellenan con jabón, detergente, etc…

“De verdad?! Y si le traigo un pote me lo llena?” “Sí, señora” me dice.

Luego, ya en mi casa, busco un pote gigante que había comprado en Costco el año pasado, al que ya casi se le estaba acabando el jabón líquido de la lavar platos. Busco el precio en internet, para saber cuánto me costaría comprarlo de nuevo.

‘269 pesotes, por 3.99 lt de jabón, y este envase es tan extremadamente fuerte, que al botarlo va a quedar para siempre contaminando en la naturaleza (el reciclaje de plástico es menos malo para el ambiente, pero aun contamina). Qué absurdo.

Voy a averiguar en la tiendita de limpieza de Jardines de la Hacienda (similar a la que había visto, pero más cerca). Me llevo este pote por si acaso’.

El local era bien feíto, para decir verdad, pero con la grandísima maravilla de tener unos envases enormes para rellenar contenedores de detergente líquido, detergente para lavar pisos y demás.

Entro y le pregunto al señor:

-Buen día, tiene líquido para lavar trastes?

-Sí.

-Y en cuánto?

-15 pesos el litro. – Casi me atraganto, pero reacciono y le pregunto,

-Y me puede llenar este pote? Aquí dice que es 3.99 litros, casi 4.

-Sí.

Mientras me lo llena le tomo una foto. Luego me cobra … 57$ pesitos!

También tiene detergente para lavar ropa normal y delicada, jabón de lavarse las manos, suavizante, y otros productos de limpieza en general.

La conciencia ambiental será algo nuevo, pero la conciencia económica es bien antigua, y lo bueno de vivir en México, es que es de lo más normal arreglárselas para ahorrarse unos pesos. No será bonita la tienda, pero seguramente es mucho más barata que las hermosas que hay en otros países.

La tiendita en cuestión está en la calle Paseo Hacienda el Jacal, en Jardines de la Hacienda, Querétaro, pero hay negocios similares en muchos sitios. Definitivamente voy a volver, me ahorro dinero, y además disminuyo la basura plástica que generamos en casa.

Un mundo hecho de color

“Mami, ven para que veas este video”, me dice mi hijo de nueve años. Le damos play, y vemos a un muchacho hablando sobre el valor de nuestro cuerpo.

“Si te ofrecieran un millón de dólares, a cambio de tu vista, lo harías?

Y si te ofrecieran diez millones, a cambio de que no pudieras usar tus brazos y piernas?

Y si te ofrecieran más y más? Aceptarías? Tu cuerpo vale mil millones de dólares. Trátalo como se merece”.

Al día siguiente, me pregunta: “Mami, qué crees que es lo más importante en el mundo”, y no le respondo, sino que le pregunto qué es lo que él cree.

Me dice, echado en el sofá, mirando el techo: “El color. Sin color, no habría nada”. Pienso en su respuesta un rato, y le digo que nunca se me había ocurrido eso. Tenía razón, el color es muy importante.

Disfruté mucho más los colores de mi día. Le tomé una foto a mi bicicleta, aprovechando que el clima estaba perfecto, y le tomé otra a una niñita que vendía flores.

Estoy muy agradecida de vivir aquí, en esta esquina del mundo llamada Querétaro, México. Todos los días me regala verdes, rojos, morados, marrones, negros, amarillos, azules, anaranjados y muchos colores más. Así como mi cuerpo vale mil millones de dólares, todos los colores de Querétaro también lo valen. Todos los colores del mundo también lo valen. Estamos tratando este hermoso mundo de colores, como lo que vale?

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