El que se muere pierde

“Me morí!” Oigo a mis hijos gritar a cada rato, cada vez que pierden en sus videojuegos. No pasa nada. Usualmente tienen varias vidas, así que siguen, y ya.

Sin embargo, escuchar el verbo “morir” así, tan a la ligera, me fastidia. Mi mente es literal y además, forma imágenes involuntariamente de muchas palabras, así que cada vez que los oigo con la fulana frase, tengo que hacer un esfuerzo en borrar lo que mi mente dibujó.

Es como si estuviera viendo un canal de Youtube (que sería mi vida real), y de repente, al oír la frase “me morí”, se cambiara el canal sin permiso. A veces “el canal” que apareció involuntariamente se atora, y me tardo un poco en quitarlo.

Digamos que esta vez los canales de Youtube siguen brincando involuntariamente de aquí para allá y termino pensando que en la vida real, también, el que se muere pierde. Interesante, no? Estaríamos jugando un juego en el que, no importa lo que hagamos, siempre vamos a perder.

Pero… en contraste, si estamos vivos, no importa lo que hagamos, siempre vamos a ganar.

También están los otros significados de las palabras “perder” y “ganar”. Si el que se muere pierde… entonces, qué pierde? Su cuerpo? Su familia? Sus amigos? Sus posesiones materiales? Su experiencia? Su mente? Su tiempo? Su vida?

Pierde todo, o casi todo, del mismo modo en que una oruga pierde su identidad de oruga, porque va a obtener su identidad de mariposa.

Por otro lado, qué ganamos los que estamos vivos? Nuestro cuerpo? Nuestra familia? Nuestros amigos? Nuestras posesiones materiales? Nuestra experiencia? Nuestra mente? Nuestro tiempo? Nuestra vida?

A lo mejor el juego de ganar y perder vidas se prolonga hasta el infinito, y la mariposa pierde su vida de mariposa, para convertirse en hada, y el ciclo vuelve a repetirse, o nos devolvemos para ser orugas otra vez. Sería genial saberlo. Por eso tenemos tantas creencias y religiones.

Hace poco una persona muy cercana a mi pareja perdió el juego de esta vida humana y comenzó a ganar el juego de su siguiente vida. Curiosamente, la última vez que nos vimos, hace pocas semanas, pasamos bastante tiempo hablando de la vida después de esta vida, y cómo él creía en la reencarnación. Recuerdo puntualmente que le dijo a mi pareja: “pero recuerda que en realidad, somos almas”.

Así es. En realidad somos almas, y estamos perdiendo o ganando por cuestiones circunstanciales, nada más.

La pérdida que sufren los que se quedan en esta vida, después de que alguien muy querido muere, puede ser tan fuerte, que se siente como si a esa persona le hubieran quitado un brazo, una pierna, la cabeza o el corazón, y por un tiempo pueden sentirse como muertos también. Cómo sentirse vivo, si sientes que te falta algo que era parte de ti? Cómo se puede ir por la vida, sin un brazo, sin una pierna… descorazonados, descabezados?

Algunas personas pasan el duelo y aprenden a vivir de nuevo. Otras no. Creo que ello depende en gran parte, tanto del apoyo y el amor que esas personas reciban durante el duelo, como de las creencias y la fe que tengan respecto a la vida y la muerte.

El que muere pierde, pero también gana. El que está vivo gana, pero también pierde.

Lo que importa, como bien dijo Javier, es que en realidad somos almas, ya sea que estemos de este lado, o del lado del más allá. Perder o ganar es una cuestión de circunstancias.