El peor enemigo de una mujer

He leído recientemente un par de posts en Facebook, en que atacan la frase “la peor enemiga de una mujer es otra mujer”. Aparentemente, es una frase popular aquí en México.

Yo solo la había oído una vez, el año pasado, de parte de un hombre que parecía educado y profesional. Estábamos conversando algo (aunque bordeando esa línea en que ya casi casi íbamos a ponernos a discutir), cuando me sale con esa frase, como para terminar con cualquier duda que pudiera haber habido sobre el tema.

Yo me quedé con la boca abierta, como si hubiera escuchado a alguien decir que el hombre nunca había llegado a la luna, o que la Tierra en realidad era plana.

Me quedé en shock por unos segundos (porque no podía creer tanta estupidez, honestamente), y de repente recordé que tenía que responderle, así que le dije:

“Es decir, que estamos condenadas por siempre. Estamos sentenciadas a no confiar las unas de las otras, mientras que el hombre se queda sentado en su trono, viendo cómo el famoso ‘divide y vencerás’ realmente funciona”.

Jeje, no le respondí exactamente eso, pero me hubiera gustado. Aún no puedo creer que el individuo ni siquiera hubiera sido original con la frase, sino que la estuviera repitiendo como un loro.

¿Realmente necesito explicar que ese cliché es una herencia cultural de esas que hay que desechar, como si te hubieran dado en herencia un mueble de madera lleno de termitas? Creo que no, pero por si acaso: lo que tienes que hacer es desecharlo, sin preguntarte mucho si tu tío abuelo que está en el cielo se va a sentir ofendido. El pobre probablemente ni sabía que el mueble estaba lleno de termitas.

El peor enemigo de una mujer es cualquiera que le haga creer que es menos de lo que es, o que le haga creer que no puede juntar fuerzas con otras mujeres para hacerse más poderosa. Eso es todo lo que hay que saber. Todo la otra “sabiduría” popular machista es solo un montón de muebles con termitas que hay que botar.

El cuento de mi anillo

Varias personas me han preguntado si el anillo que uso siempre, tiene algún significado. Usualmente respondo que, como estaba acostumbrada a usar un anillo de bodas, luego, cuando me divorcié, me compré ése porque no me acostumbrada a andar sin uno.

Eso era una verdad a medias. La verdad completa era un poco extraña como para estar hablando de eso casualmente. Pero hoy decidí que voy a contarlo.

La realidad es que ese anillo me lo compré porque me casé conmigo misma. Me prometí quererme siempre, en salud y enfermedad, hasta que la muerte me separe de este mundo.

Es una promesa que uno tiene que hacerse tarde o temprano en la vida. De otra forma, la vida nos tritura en los momentos difíciles.

Recuerdo el día que compré mi anillo, en un sitio que no es donde se compra uno un anillo usualmente. Sin embargo, fue en un tipo de tienda que siempre me hace feliz: una papelería tradicional, chiquita, de esas que hay en cada rincón de México. De esas que hacen que me sienta de cinco años, emocionada porque iba a comprar una cartuchera bonita, unos colores o un sacapuntas de Hello Kitty. De esas con papeles de colores, cartulinas y cuadernos de todos tamaños.

Pues en esa papelería en cuestión, la dueña había decidido diversificarse y estaba vendiendo joyería en consignación. Mientras yo esperaba que la señora buscara algo que le había pedido, me puse a ojear el mostrador.

Allí estaba un anillo serio, pero moderno, que parecía de acero inoxidable. Le pedí a la señora que me lo mostrara, me lo probé, y le pregunté de qué material era.

“Acero inoxidable”, me dijo mientras me probaba el anillo en el dedo medio. Estiré la mano, y vi que me quedaba perfecto. “Acero inoxidable”, pensé; “éste es el material perfecto para casarme conmigo misma”.

Lo compré, y apenas me monté en el carro, me prometí usarlo como símbolo de mi compromiso conmigo. Ese iba a ser mi nuevo anillo de bodas.

Qué hermoso era mi anillo: era el símbolo de mi amor por mí.

Después de un tiempo, volví a la papelería, y le pregunté a la vendedora que qué había pasado con las pulseras y anillos que tenían antes, pues no los veía. Me contó que ya no los tenían, porque la persona que se los daba para vender, no le había traído más.

Como yo soy dada a creer que a veces las cosas no son casualidad, sino que hay magia escondida aquí y allá, no pude dejar de pensar que mi anillo había estado en esa papelería, porque estaba destinado para mí.

Quién sabe, a lo mejor otro anillo de esos esté buscando a otra mujer con ganas de casarse consigo misma. Me pregunto quién será.

Nuestra segunda cita

Hoy cumplo 15 meses con mi pareja! Aunque deberían contarse como dos o tres meses normales cada mes del año 2020…

El segundo día de habernos conocido, en mayo del 2019, lo invité al Festival de Comunidades Extranjeras de Querétaro, en donde muchísimos países se dieron cita para compartir lo mejor de su gastronomía y cultura. Yo ya había ido el año anterior, y me había gustado mucho, pero no me esperaba la maravilla de espectáculo que encontré cuando le tocó a Venezuela.

Un grupo de gaitas se puso a tocar y a cantar, y todos los venezolanos que estábamos allí (trescientos, a lo mejor?) nos paramos a cantar y bailar las canciones tradicionales que tanto amamos. La energía era única, pura, una felicidad total.

Pues así me conoció Alberto, y yo sentí que no era coincidencia que esa fuera nuestra segunda cita. Él quería conocerme, así que qué mejor que un chapuzón de alegría venezolana para empezar?

Todavía siento que tengo tanto que mostrarle de Venezuela… es como si quisiera compensar el hecho de que yo conozco tanto de México, enseñándole más sobre Venezuela. Como si para conocerme bien, tuviera que conocer más de toda nuestra locura tropical.

Quién sabe cuándo podamos ir a Caracas y pueda contarle sobre los sitios, las costumbres, las anécdotas y la gente. Pero por ahora, traigo a la casa Harina PAN, yuca, plátano (macho) y hasta queso venezolano. Un poquito de sabor de hogar siempre compensa un poco la nostalgia.

Cuando uno se da una mano a uno mismo

Es interesante lo que pasa cuando uno literalmente se da una mano a uno mismo. Una mano encuentra a la otra, se entrelazan, y quedan listas para… rezar.

Nos pongo en las manos de Dios/Diosa

El Dios que nos ama infinita e incondicionalmente

El Dios que está loco por nosotros y solo quiere lo mejor para nosotros.

Eso lo hago así:

Viviendo la vida lentamente

Siguiendo mi intuición

Manteniendo mi identidad

Siendo firme en mis límites

Y tomando en cuenta las fuentes de dinero

para permanecer seguros.

Me amo a mí

Nos amo

y mantengo mi poder conmigo.

Gracias por este minuto,

gracias por el día de hoy.

Entonces las manos se separan, maravilladas de su potencial.

El que se muere pierde

“Me morí!” Oigo a mis hijos gritar a cada rato, cada vez que pierden en sus videojuegos. No pasa nada. Usualmente tienen varias vidas, así que siguen, y ya.

Sin embargo, escuchar el verbo “morir” así, tan a la ligera, me fastidia. Mi mente es literal y además, forma imágenes involuntariamente de muchas palabras, así que cada vez que los oigo con la fulana frase, tengo que hacer un esfuerzo en borrar lo que mi mente dibujó.

Es como si estuviera viendo un canal de Youtube (que sería mi vida real), y de repente, al oír la frase “me morí”, se cambiara el canal sin permiso. A veces “el canal” que apareció involuntariamente se atora, y me tardo un poco en quitarlo.

Digamos que esta vez los canales de Youtube siguen brincando involuntariamente de aquí para allá y termino pensando que en la vida real, también, el que se muere pierde. Interesante, no? Estaríamos jugando un juego en el que, no importa lo que hagamos, siempre vamos a perder.

Pero… en contraste, si estamos vivos, no importa lo que hagamos, siempre vamos a ganar.

También están los otros significados de las palabras “perder” y “ganar”. Si el que se muere pierde… entonces, qué pierde? Su cuerpo? Su familia? Sus amigos? Sus posesiones materiales? Su experiencia? Su mente? Su tiempo? Su vida?

Pierde todo, o casi todo, del mismo modo en que una oruga pierde su identidad de oruga, porque va a obtener su identidad de mariposa.

Por otro lado, qué ganamos los que estamos vivos? Nuestro cuerpo? Nuestra familia? Nuestros amigos? Nuestras posesiones materiales? Nuestra experiencia? Nuestra mente? Nuestro tiempo? Nuestra vida?

A lo mejor el juego de ganar y perder vidas se prolonga hasta el infinito, y la mariposa pierde su vida de mariposa, para convertirse en hada, y el ciclo vuelve a repetirse, o nos devolvemos para ser orugas otra vez. Sería genial saberlo. Por eso tenemos tantas creencias y religiones.

Hace poco una persona muy cercana a mi pareja perdió el juego de esta vida humana y comenzó a ganar el juego de su siguiente vida. Curiosamente, la última vez que nos vimos, hace pocas semanas, pasamos bastante tiempo hablando de la vida después de esta vida, y cómo él creía en la reencarnación. Recuerdo puntualmente que le dijo a mi pareja: “pero recuerda que en realidad, somos almas”.

Así es. En realidad somos almas, y estamos perdiendo o ganando por cuestiones circunstanciales, nada más.

La pérdida que sufren los que se quedan en esta vida, después de que alguien muy querido muere, puede ser tan fuerte, que se siente como si a esa persona le hubieran quitado un brazo, una pierna, la cabeza o el corazón, y por un tiempo pueden sentirse como muertos también. Cómo sentirse vivo, si sientes que te falta algo que era parte de ti? Cómo se puede ir por la vida, sin un brazo, sin una pierna… descorazonados, descabezados?

Algunas personas pasan el duelo y aprenden a vivir de nuevo. Otras no. Creo que ello depende en gran parte, tanto del apoyo y el amor que esas personas reciban durante el duelo, como de las creencias y la fe que tengan respecto a la vida y la muerte.

El que muere pierde, pero también gana. El que está vivo gana, pero también pierde.

Lo que importa, como bien dijo Javier, es que en realidad somos almas, ya sea que estemos de este lado, o del lado del más allá. Perder o ganar es una cuestión de circunstancias.

Reporteros de 10 años

“Pero esta gente está loca, cómo van a destruir su propia ciudad?” me dice S, mi hijo de diez años, respecto a los disturbios en Minneapolis.

Es extraño, porque no es que él esté preocupado, más bien le parece divertida la situación. “Quemaron un Mc Donalds, qué les han hecho ellos? Solo querían vender sus hamburguesas”, insiste.

Entonces me enseña un video en Tik Tok, en donde un niño como de la edad de él, afroamericano, está hablando de lo que sucede en Minneápolis, y en el fondo está un edificio ardiendo en llamas. Me pareció interesante que las noticias le llegaran por medio de alguien de su edad.

Ayer, cuando R, mi hija de quince años me enseñó los twits en donde había leído lo que pasaba en Estados Unidos, el nombre de la cuenta en cuestión parecía de una adolescente. Coincidencia o patrón?

“S, es que la gente no piensa cuando hace esas cosas. Lo único que tienen en la cabeza es rabia”, le respondo.

Ayer comenté sobre el Caracazo de hace más de treinta años, y cómo lo que está pasando ahora me recuerda lo que pasó aquella vez. Sin embargo, hay una gran diferencia, pues en el Caracazo no hubo los incendios que vemos en Minneapolis.

Tampoco existía la variedad de fuentes de información con las que contamos hoy día por medio de las redes sociales. La narrativa cambia, cuando el interlocutor cambia.

Quién se iba a imaginar, hace treinta años, que los niños y adolescentes iban a estar involucrados en las noticias, no solo leyéndolas, sino produciéndolas también.

Me pregunto si también tendrán voz cuando se escriba la Historia, con mayúsculas, sobre lo que está pasando ahora. Algo me dice que sí.

Toque de queda

Foto de: https://www.google.com.pa/amp/s/www.businessinsider.com/target-temporarily-closes-24-minnesota-stores-amid-looting-2020-5%3famp

R, mi hija de 15 años está preocupada por los disturbios en Minneapolis, lo cual es curioso porque no me había mostrado preocupación por la pandemia. Imagino que las imágenes que ha visto tienen que ver con eso, y con que en twitter alguien usó la palabra “apocalíptico” al describir la situación.

– Sabes que en el 2016, cuando estábamos en Venezuela, también hubo saqueos, aunque localizados, no generalizados, – le respondo.

-Sí, como que Venezuela se adelantó a lo que está pasando ahora. El año pasado en Chile también hubo disturbios.

-… y cuando yo tenía tu edad sí hubo saqueos generalizados, como en Minneapolis. Fue el 26 y 27 de febrero de 1989. Hubo toque de queda a las 6:00 pm por varias semanas, y suspensión de garantías constitucionales. A eso se le llamó el Caracazo.

Al rato, me grita desde el otro lado de la casa (Venezuelan style) :

– Hey mom! You were right! Guess what? They’ve imposed a curfew in Minneapolis! (Epa mami, tenías razón, pusieron toque de queda en Minneapolis!), a lo que yo le grito de vuelta:

– Ves?! Tu mamá es muy sabia!!! Soy como una tortuga de 100 años!

Somos muchos los sabios regados por el mundo, sí, señor…

Transición a un mundo nuevo

Hace un mes salimos por última vez (hasta quién sabe cuándo) a un restaurante. Fui con mi pareja, junto con su familia y la mía, a celebrar mi cumpleaños.

Ese día tuve el presentimiento de que iba a ser la última vez en mucho tiempo que íbamos a salir de casa, pues ya la pandemia se estaba poniendo muy seria en Italia. Sin embargo, yo todavía pensaba que sería cuestión de un mes sin colegio y ya.

Hoy mi hijo de diez años reanuda clases, después de vacaciones de Semana Santa, pero esta vez serán virtuales. Yo estoy casi tan ansiosa como si fuera un día normal: Será que va a funcionar el Zoom bien? Le hará caso a la maestra? Estaremos puntuales frente a la computadora? Jeje.

Estos días no dejo de recordar el libro de ciencia ficción Ready Player One, en el que la gente, sobretodo los más jóvenes, tiene una vida virtual, tan verdadera como la “real”, y en la que es totalmente normal que los niños vayan a colegios virtuales. Estaremos yendo en esa dirección?

Hace unos días mi hijo me comentó sobre un juego nuevo que se llama Animal Crossing (de Nintendo Switch), en el que los jugadores simulan que viven en la vida “real” (mis hijos no lo tienen). Me pareció simpático, aunque no muy innovador.

Ah! Pero todo depende del contexto. Acabo de ver en BCC News, que China acaba de prohibir la venta del juego Animal Crossing, porque la gente de su ciudad virtual estaba protestando en contra del gobierno, específicamente, contra la gobernadora de Hong Kong. WOW! Como que la transición hacia el nuevo mundo va más rápido de lo que me esperaba.

Animal Crossing removed from sale in China amid Hong Kong protests https://www.bbc.co.uk/news/technology-52269671

Tu primera memoria y la persona que eres

La primera memoria que tengo es de cuando tenía seis años. Mi mamá estaba jugando tenis, mientras mi hermana, quien tenía cinco años, y yo, la estábamos viendo desde el borde de la cancha. Sin embargo, mi hermana se fastidió rápido, por lo que se trepó a la silla alta del árbitro. Poco después se cayó de allí porque se quedó dormida, y mi mamá se fue a llevarla a la clínica, mientras me dejaba a mí, al cuidado de la amiga con la que había estado jugando.

Mi hermana se fracturó el brazo y no pasó nada grave. Sin embargo, aunque me quedé tranquila en la casa de la amiga de mi mamá, sí me dio miedo. Yo no la conocía casi, y nunca había ido a su apartamento. Todo me parecía oscuro y recuerdo mirar a través del vidrio de la ventana que estaba a mi altura, esperando durante lo que parecía una eternidad, a que me fueran a buscar.

De acuerdo al gran psicólogo australiano Alfred Alder, tu primera memoria es una ventana al resto de tu vida y es la piedra sobre la que construyes todas tus memorias personales. De esa manera, revela mucho sobre la persona en que te conviertes.

Jean Paul Zogby, El Poder de la Percepción del Tiempo (The Power of Time Perception)

Apenas leí ese texto, pensé, “pues con razón”.

Con razón me he convertido en la mamá que soy, alguien que siempre pone la seguridad de sus hijos primero, y que cuando ellos eran pequeños, le aterraba la idea de distraerse con algo y que como consecuencia de la falta de vigilancia, tuvieran un accidente grave. La preocupación era lógica, considerando que además, mis papás han repetido mil veces que mi hermana se ha podido morir ese día, porque si no se hubiera caído sobre el bote de basura que estaba al lado, hubiera caído sobre cemento, y hasta ahí hubiera llegado.

Es decir, mi yo de seis años procesó que, si eres mamá y te distraes, tu bebé o niño se puede morir. No es una afirmación ligera para alguien como yo, que tiene fama de distraída.

También explica por qué le tengo rechazo al tenis desde siempre. Mi mamá me metió en clases por un tiempo, y para mí eran una tortura. Incluso hoy día, solo ver canchas de tenis me incomoda, y jamás de los jamases he compartido el interés en el tenis profesional que tiene mi familia. Mi yo de seis años habrá procesado que el tenis era algo malo (mira lo que pasa cuando alguien juega tenis) , y así quedó.

Mi segunda memoria en general, (pero mi primera memoria feliz), fue cuando tenía siete años. Nos acabábamos de mudar a nuestro apartamento en Caracas, y estaba en el jardín del edificio, con mi hermana y unas niñas vecinas. Me parecía que el edificio, y sobre todo el jardín, era lo máximo de lo máximo. Todo era nuevo para mí, cuántas cosas por explorar! Recuerdo que estaba feliz, muy feliz.

En otras palabras, esa segunda memoria, o primera memoria feliz, fue de cuando me acababa de mudar. WOW. Eso explica por qué relaciono las mudanzas con felicidad y con emociones positivas, y por qué me he mudado tantas veces de casa (ya ni sé, incontables), ciudad (ocho veces) y país (seis veces). Eso explica también por qué estoy tan feliz en el jardín de nuestro hogar.

Qué te parece esa teoría? Tu primera o segunda memoria también revela mucho sobre la persona en quién te convertiste?

Si la vida te quita caballos, por ahí vienen las ovejas

En la zona en donde vivía antes, en la periferia de la ciudad de Querétaro, a cada rato veía caballos, con o sin jinetes, con o sin carretas atrás. A veces paseaban por las calles, como si no se hubieran enterado de que estamos en el siglo XXI, o a veces los veía pastando en un campo que tiene un lienzo charro al lado (por lo que asumo que para eso eran).

Mientras me preparaba para la mudanza, cada vez que veía un caballo, pensaba que me iban a hacer falta. Pero poco después de mudarme (dentro del mismo municipio), mientras manejaba cerca de mi nuevo hogar, me encontré con un rebaño de ovejas y cabras! No lo podía creer, me paré, tomé unas fotos, y me entró un ataque de risa.

Primero, por la aparición casi mágica del rebaño, el cual me sonaba a metáfora: “si la vida te quita caballos, te pone ovejas”, jaja.

Segundo: Porque me recordaba que mi ciudad, no era tan 100% ciudad, y que saber eso era como compartir un secreto que la mayoría de los turistas no saben.

Tercero: porque, por cuestiones del destino, esto de estar “in the middle of nowhere” (como dice mi hija, exagerando un poco), nos cae como anillo al dedo en estos días de epidemia.

Keep calm and stay at home! (A menos que estés como yo, y que puedas salir a caminar sin temor a encontrar gente).

Hasta el próximo post…