Adolescente por siempre… en el teléfono

Estoy llamando a pedir cita con una doctora, y oigo a la asistente que me responde: “Sí, señorita, este es el consultorio de la Dra. X. Muy bien preciosa, ahorita no tengo la agenda de la doctora porque estoy comiendo. Me haces el favor y llamas de nuevo a las 4:00 pm? Sale?”

Uno pensaría que a los cuarenta y cinco añotes que tengo, sería un orgullo que a uno la confundan con una adolescente… pero no! Justo antes había llamado al teléfono personal de la doctora en cuestión (pues era el único que me había dado la amiga que me la recomendó) y lo mismo: “Sí preciosa, soy la doctora X”. Cuando oigo el tono de hay que hablarle a esta criatura lento para que entienda, pongo mi voz más seria posible y le pregunto que si tiene otra especialización aparte de ginecología, porque quisiera saber si es la indicada para mí, ya que creo que tengo síntomas de perimenopausia y que tengo cuarenta y cinco años.

Pobre, le cayó la venezolana antipática encima. Bueno, como ya me han confundido varias veces por una argentina, a lo mejor lo volvieron a hacer…

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Lo que hace reír a unos, hace llorar a otros

“Algunos mirarán tu agenda y pensarán: ¿Cómo lo hace? ¡Ese ritmo acabaría conmigo!. Pero tú obtienes energía con eso, te carga las pilas. Otros se pasarán el día meditando, y tal vez los observes y pienses: «¿Cómo lo hacen? ¡Yo me moriría de aburrimiento!», pero de ahí es de donde sacan ellos su energía.” Ken Robinson *.

¡Cómo me sentí identificada cuando leí ésto! Es lo mismo que pienso yo de algunas de mis amigas, tanto las que tienen un ritmo acelerado en sus vidas, como las que pueden pasar horas meditando . Así mismo, mientras asimilaba estas palabras, me vinieron unas imágenes muy cómicas.

Una, de mi mamá, pidiendo clemencia, rogando que por piedad la sacaran de allí, o haciendo planes para escaparse por la puerta de atrás, sin ofender a nadie,  de un fin de semana budista. ¡¿Mi mamá un fin de semana entero meditando?!  ¿¡Sin “hacer nada”?! Noooo, primero muerta.

La otra imagen, yo, amarrada a una silla, siendo bombardeada por mis captores con comentarios sin fin sobre las imágenes que estábamos viendo: partido de golf + partido de béisbol  + partido de futbol americano+ partido de …. ¡¡¡¡mátenme ya por favooorrr!!!!

Definitivamente, lo que hace reír a unos, puede hacer llorar a otros, lo que es el cielo de una persona, puede ser el infierno de otra. E irónicamente,  nos cuesta ser más tolerantes con el que tenemos más cerca, con el, o la, que más queremos. Pero también creo que no es por maldad… es, sencillamente, que a veces nos falta un poquito de imaginación.

*http://www.rtve.es/television/20110327/todos-tenemos-capacidad-ser-creativos/420223.shtml

Foto: libro “¿Qué le pasa a mi cabello?” de Satoshi Kitamura

Por Michelle Lorena Hardy – Chicadelpanda.com