Metas cumplidas y miedos desechados

Escalando en Sector V, Querétaro

Llevo dos años separada, después de 18 años de relación con el papá de mis hijos, y el camino ha sido bien largo para recuperar mi autoestima, (la cual no se dañó solo con el divorcio, sino que estuvo en proceso de deterioro por mucho tiempo antes de eso).

Durante estos dos años me he dado cuenta de que el deterioro de la confianza en mi misma tenía varias causas, y que algunas de ellas estaban fuera de mi control, pues estaban a nivel inconsciente, escondidas.

Este proceso de edición de mi vida (que comenzó como algo material, haciéndome minimalista hace ya varios años) se ha transformado en una edición de mi vida emocional también.

Ahora que ya sé qué maletas son las que han estado llenas de miedos y falsas ideas de mí misma, las he estado tirando por la ventana.

Llegando a la cima de la Peña de Bernal, Querétaro

Por ejemplo, hace apenas unos cuatro años, yo escribía que me encantaba seguir las aventuras de los escaladores, pero que nunca me hubiera atrevido a escalar. Sin embargo, el año pasado escalé la Peña de Bernal, en Querétaro.

En Sierra Nevada, California

También hace unos cinco años, escribía que yo era demasiado preocupada por la seguridad, como para montarme en una cuatrimoto. Sin embargo, el año pasado, manejé y monté una por la Sierra Nevada, en California.

En el viñedo La Redonda, Querétaro
Foto tomada desde mi globo en Tequisquiapan, Querétaro

Nunca había manejado en carretera sola hasta que me separé, y ahora lo he hecho tantas veces, que perdí la cuenta. Una vez incluso me subí a un globo. También descubrí que me encanta manejar para salir de la ciudad.

Jajaja, jamás había pensado que iba a dejarme el pelo largo, y ahora lo tengo más largo que nunca.

También he tenido tres casos fuertes de colonitis, y tres episodios de alergias bien fuertes, que me han manchado la cara. Como la colonitis no se me pasaba, en una ocasión hice tres días de ayuno (algo que nunca hubiera creído que iba a ser capaz de hacer). Se me curó y posteriormente, cuando me ha vuelto a dar, disminuyo mi ingesta de carbohidratos por varios días y ya. Incluso ya casi no como gluten (pan y pastas), algo que jamás pensé que iba a ser capaz de hacer. También dejé los lácteos porque descubrí que soy intolerante a la lactosa. Como tampoco como carne roja desde hace muchos años, se me hace difícil conseguir qué comer en los restaurantes, pero no pasa de ahí, y no me importa, porque mi salud lo vale. El punto es que en este aspecto, también he hecho cosas que jamás pensé que iba a poder hacer.

Hacer cosas difíciles que son importantes para mí, solo por el placer de llegar a una meta, ha sido la manera más eficiente de mejorar la confianza en mi misma. Lo bueno es que uno le agarra el gusto y entonces uno quiere hacer más y más.

Mi divorcio fue una experiencia muy fuerte, y he tenido unos niveles de depresión y ansiedad que no se los deseo a nadie (incluso me han dado ataques de pánico).

Por cierto, a ver quién sale a decir, como le dijeron a Greta Thunberg, que no tengo derecho a tener sentimientos negativos, porque mira cómo he paseado, hasta en globo, porque los bloqueo, jaja. Si no me quieren creer, pasen a otro blog y ya, no tengo por qué estar convenciendo a nadie.

Como decía, mi divorcio ha sido la peor experiencia de mi vida, pero he decidido transformarla en algo bonito. Sé que aún me falta muchísimo camino por recorrer, y eso me encanta… para allá voy.

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La escaladora

Entre las cosas nuevas que he hecho este año ha sido ir a escalar.

En una de esas ocasiones había cuatro grupos de escaladores: el mío, y tres más. Dos de ellos eran de papás con sus niñas.

Uno de los padres estaba con sus tres hijas de 9, 11 y 13 años. Todas escalaban (por turnos) y tenían camaradería, aunque también peleaban un poco. Había una que ya se había fastidiado y estaba con cara de aburrida, sentada en el suelo.

En la pared justo del lado izquierdo de donde escalaba una de ellas, escalé yo. Era la primera vez que lo hacía de verdad-verdad, pues antes había escalado en otro sitio, pero me entró miedo a los pocos metros, y descendí inmediatamente.

El muro que subí esta vez tenía otra pared a la derecha, medio perpendicular, por lo que me sentí más segura. Cuando iba como por la mitad, de repente tuve un recuerdo de cuando tenía 16 años, e iba con mis amigos a la Quebrada Quintero en el cerro Ávila en Caracas (en donde hay un hueco en la roca para seguir subiendo). ‘Pero si yo sé hacer esto!’ pensé (luego me enteré que cuando hay una roca al lado de la que estás subiendo, eso hace que sea considerado un nivel muy fácil, jaja). Seguí subiendo, pero ya casi al final no supe por donde seguir.

En la pared de la derecha (la que sí era difícil), un poquito más arriba que yo, estaba la niña de 13 años del grupo que les comenté antes. Como ella estaba subiendo una ruta de un nivel relativamente fuerte, llevaba en el mismo sitio como media hora, pensando cómo seguir. Sin embargo, al ver que yo estaba medio confundida, se volteó y me dio recomendaciones: “te puedes agarrar de allí, fíjate”, y yo sorprendida, le di las gracias. Funcionó.

Llegué arriba, descendí, y ella todavía seguía allí, suspendida en las alturas. Sus hermanas, otros escaladores, así como su papá, le gritaban de vez en cuando “muy bien! Tú puedes!” Yo no podía creer lo que veía. La niña llevaba allá arriba muchísimo tiempo, con la misma paciencia y la concentración de Yoda.

Luego me enteré que recientemente había llegado a uno de los primeros lugares de competencia nacional en su rango de edad. Decidí que tenía una nueva heroína. Pure girl power! “Literal”, como diría mi hija.

Hasta el próximo post!

En la parte de abajo de la foto pueden ver un sombrero, que es el papá que estaba haciendo de soporte de seguridad a la niña escaladora.

Día de las Madres

Mi hijo de ocho años me dio una carta de Feliz Día de las Madres ayer (en México es el 10 de Mayo) que dice:

Te quiero porque:

Eres la mejor.

Me ayudas con cosas.

Me cuidas.

Eres la mejor mamá.

Me enseñas cosas.

También me regaló una taza en la que imprimieron un dibujo suyo, y mi hija mayor, quien ya está en secundaria, me regaló un llavero hecho por ella. En el colegio no hubo celebración, pues hacen una sola en junio, familiar.

Así que ayer no hice nada más que estar en pijama todo el día, viendo Netflix (y preparando comida, etc, el “no hacer nada de las mamás” nunca es literal). Me relajé y compartí con mis hijos.

Hoy, todavía estoy con la sonrisa que apareció en mi cara ayer, después de leer que soy la mejor mamá. Sí soy la mejor mamá! (En que parte del curriculum se pone eso?)

Que tengas un lindo día!

Un puntito con un rayo láser rojo

Imagínate que somos personajes de ficción  tú y yo, y que nos elevamos  como quien está viendo Google Earth, y que llegamos a estar tan alto que vemos a los carros como hormigas y a la gente como puntitos. “Vistos desde aquí, las personas  no somos más que puntitos”, me dices y te guiño el ojo. Nos elevamos más. Entonces, como si estuviéramos viendo un mapa decidiendo a dónde queremos viajar, nos damos cuenta que nuestra ciudad no es sino otro punto. “Nosotros, entonces, somos un minúsculo puntito que hay que imaginarse  dentro del puntito que sí se puede ver, que es la ciudad”, me dices y yo sonrío. Seguimos subiendo y salimos al espacio. Ahora el punto que se puede ver es la Tierra.

Seguimos subiendo y subiendo, y pasan a ser puntitos, primero el sistema solar, luego incluso la Vía Láctea. Ya a estas alturas hay que usar muchísimo la imaginación para recordar a aquellos puntitos  microscópicos que vimos al principio, es decir, a los humanos: 7 mil millones de puntos que existen dentro de otro punto minúsculo que ni se ve desde donde estamos.

Entonces llegamos al confín del universo y nos encontramos con un montón de escritores enormes, que tienen la capacidad sobrehumana de vernos y oírnos. Uno de nosotros les dice: “¡Los descubrimos! ¡Sabemos que existen! ¡De ahora en adelante hacemos lo que nos dé la gana!” y les sacamos la lengua. Algunos de los escritores, los más viejos, se ven mutuamente y se sonríen entre sí. “Ponles un rayo láser rojo a cada uno de estos dos” le dice un escritor a otro, y los dos minúsculos puntitos imaginados que somos tú y yo adquirimos cada uno un rayo láser rojo.

“¿Para qué les ponen un rayo láser?” pregunta uno de los escritores más jóvenes.  “Para saber por dónde van, qué hacen y que piensan. Como ya se dieron cuenta de lo que son, y que pueden hacer lo que quieran,  tenemos que ir reescribiendo todo alrededor de ellos.  Cada cierto tiempo alguno se da cuenta, y cada vez hacemos lo mismo”.

Y así es como un personaje de ficción toma control de su vida.

The end

Mantener la calma y enfocarse en períodos de cambio

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En períodos de cambio es fácil perder la concentración. Entran nuevas variables a la vida  y de repente está uno más enrollado que el cajón de cables de la casa.

Varias personas me han dicho que ya debería estar acostumbrada a los cambios, sobretodo a las mudanzas, ya que he tenido tantas. La respuesta es sí y no. Sí, porque tomo medidas de precaución, la más importante de todas, me simplifico todo lo que puedo. Pero la respuesta es también no, porque por más organizada y simplificada que esté, por más experiencia que tenga,  siempre salen situaciones inesperadas.

En las últimas semanas ha habido unos cuantos cambios a nivel laboral y de rutina en esta casa. Todos cambios buenos, la vida es cambio, si no cambiamos, empezamos a morir lentamente. Los cambios traen emoción y sabor a la vida; pero los cambios también  pueden producir mareo … ¿en dónde es que estoy parada?

Cuando eso me pasa, me pongo a meditar…. jajaja, mentira, me encantaría decirles que me pongo a meditar, pero no es verdad. A lo mejor en un futuro eso se convierta en una realidad, pero por ahora, sólo me detengo, descanso, antes de que sea el cuerpo el que se termine de enfermar para obligarme a parar.

Después de descansar un poco – a veces bastante más que un poco – encuentro el centro de nuevo. ¿Cómo? Asimilando la famosa cita de Leo Babauta del blog Zenhabits : Identifica lo que es más importante para ti y elimina todo lo demás.

Evidentemente, es mucho más fácil decirlo que hacerlo: ¿elimino lavar los platos, por ejemplo? Mmmm … lo importante no es lavar los platos, es tenerlos limpios para que mis hijos coman, y es importante que ellos coman, porque ellos – y mi esposo y demás seres queridos – son lo más importante para mí. Entonces queda si ese “lavar los platos” se puede delegar, o si hay alguna otra manera de darles de comer. En un programa de Anthony Bourdain vi que en ciertos países comen en hojas de plátano, con la mano … mmmm…

Un poco de humor y amor ayuda también.  Reconocer que la vida tiene altos y bajos y que estar abajo es tan normal como estar arriba. Sobre todo para los que somos padres (ver punto 4 del post Los tabúes sobre criar hijos )

Ya recordé qué es lo más importante para mí, mejor dicho, quiénes. De repente el planeta vuelve a su órbita y todo tiene sentido otra vez. Ahora a seguir con todos estos cambios tan emocionantes que hacen que uno se sienta vivo.

Por Michelle Lorena Hardy – Chicadelpanda.com

Deseo que te vaya aun mejor

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Cómo ser un optimista

A continuación voy a dar los tips de David Mezzapelle en Huffington Post  (original en inglés) junto a  unas palabras añadidas por mí.

1- Sé agradecido

Gracias A. F.  por enviarme este link … y por todos los otros motivos de agradecimiento  número 2, 3, 4 , 5 , 6 …1.000.000.000 …

2- Comparte tus historias

Ayer me encontré dos chocolatitos de una marca que no me fascina en mi carro. Se los regalé al vigilante de una tienda. Como respuesta, me dio las gracias, e inmediatamente llamó al otro vigilante, para darle uno de los chocolates.

3- Perdona

Esas personas causantes de xxxxx… los perdono.

4- Sé un mejor oyente

Entendido. Seré mejor oyente.

5- Convierte la envidia y los celos en energía

Una vez un amigo de la universidad – quien tenía problemas graves de drogadicción -me dijo: así estés tirado en el piso, cuando un amigo tuyo pase por al lado de ti con un Ferrari o un Porsche, tienes que desearle que le vaya aun mejor. Siempre he sospechado que no fue sólo una reflexión, sino que le sucedió en la vida real.

6- Sonríe más, arruga la cara menos

… incluso si los que te rodean no te sonríen.

7- Ejercita, toma una dieta sana y toma vitamina D

Me ha servido considerar el auto como segunda opción cuando me transporto sola. Así camino más.

8- Piensa en positivo

 ¿Dónde está el pony que hizo toda esta caca? Es el final de un cuentito que leí hace mucho. Dos niñas entran en una habitación llena de caca: una de ellas se espanta y sale asqueada; la otra dice esa frase.

9- Deja de culpar a los demás

Ok.

10- Entiende que el pasado no determina el futuro

Mejor enfocarse en ahora.

¿Puse una sonrisa en tu cara? Entonces sirvió este post. Si es así, déjamelo saber.

Por Michelle Lorena Hardy – Chicadelpanda.com

Estar de buen humor es algo que hay que buscar

Para escribir debo estar en uno de estos dos estados mentales (digamos en un 90% de las veces, porque hay excepciones):

– Relajada, de manera que pueda concentrarme.

– De buen humor.

No es que sea siempre positiva. Estar relajada y de buen humor cuando se es mamá, es algo que definitivamente no se tiene por sentado, es algo que hay que buscar (así como no damos por sentado que estaremos en buena forma física si no hacemos lo mínimo necesario).

Así que ya me relajé y estoy disfrutando un tecito verde. Mi hijo se siente mejor,pooh-tomando-te y literalmente dejó de llover. Después de haberme echado una siestecita que aproveché a hacer mientras mi hijo dormía, todo se ve mejor. Disfrutar viendo cómo él seguía durmiendo después de haberme despertado (priceless…)  , una taza de agua caliente con un sobrecito de té, y ya estaba como Winnie The Pooh en esta imagen. Ahora a disfrutar el resto del día.

Por Michelle Lorena Hardy – Chicadelpanda.com