Terapia Expresiva para Mujeres y Adolescentes

Mi consultorio en Querétaro, México

Querida lectora, hoy quisiera ofrecerte mis servicios como Terapeuta Expresiva para Mujeres y Adolescentes. Si eres lector, continúa leyendo! Esta información puede serle útil a alguien que conozcas.

En mis sesiones utilizo la escritura terapéutica para mejorar la resiliencia emocional de mis clientes. La escritura terapéutica es parte de las terapias expresivas (como la terapia del arte) y es un método alternativo para lidiar con nuestras emociones.

En la hora de terapia semanal hablaremos y escribiremos sobre tu experiencia personal, enfocándonos en tu historia de vida: pasado, presente y futuro. En mis sesiones serás la protagonista principal y yo escucharé tus necesidades y motivaciones, para así diseñar una estrategia especialmente para ti.

Mi experiencia como expatriada por más de 17 años, así como escritora por más de 16 años, relatando mis experiencias viviendo en 6 países, te dará una perspectiva diferente para mejorar tu adaptación emocional a los grandes cambios de tu vida.

Soy Lic. En Estudios Internacionales de la U.C.V. y Dip. en Creación Literaria de la S.O.G.E.M. , autora de dos libros autobiográficos y actualmente estoy cursando el Diplomado de Terapia Narrativa del Grupo Terapia Narrativa Coyoacán.

Haz tu cita hoy mismo comunicándote directamente conmigo por Whatsapp al 4428133977 . Las sesiones pueden ser presenciales o en línea, según tu preferencia. En el caso de adolescentes, la primera cita será con uno o ambos padres presentes. Mi consultorio se encuentra al lado de Jardines de la Hacienda, en Mansiones del Valle, Querétaro, cerca del Hospital San José.

We can also have our sessions in English, either because you feel more comfortable that way, or simply because you want to practice it with me.

Haz tu cita hoy mismo! Estaré encantada de atenderte.

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ESCRIBIR UN DIARIO PARA SANAR

Según la Prof. Dale Darley en su curso Writing to Heal: Using Journaling to Transform your Life, en el contexto de escribir para sanar, es importante tener:

Honestidad: aceptar lo que tu mente inconsciente quiere que sepas. Enfrentar la realidad y actuar.

Integridad: mantener quién eres respecto a tu personalidad, el mundo y tu manera de actuar.

Permiso: está bien ser tú, puedes escribir de la manera que te plazca. No debe existir nada entre tú y tu verdad.

Ella propone dos ejercicios:

-Responder la pregunta: Qué significa ser tú?
-Hacer una lista de tus debilidades y fortalezas.

Al realizar la primera actividad, me di cuenta que ser yo hoy, en noviembre de 2020, significa algo muy diferente a lo que significaba ser yo en noviembre de 2019:
aunque siempre he hecho un esfuerzo en mantener un balance en mi vida, hoy día me cuesta mucho más que antes.

Reflexionar sobre eso me recuerda que las circunstancias siempre pasan. Así como jamás hubiera podido imaginarme en 2019 cómo sería el 2020, tampoco lo sé respecto al 2021, por lo tanto, esperar que seas magnífico es tan válido como cualquier otro escenario. Cada quien escoge.

Con el ejercicio de las debilidades y fortalezas, me di cuenta de que por cada debilidad, tengo una fortaleza que la contrarresta.

Es como si me hubieran equipado tanto con la enfermedad, como con la vacuna.

Sospecho que no soy la única, y que es probable que te hayan equipado así también. No lo quieres averiguar?

Confío en mí porque…

Hace un poco más de mes, hice el experimento de escribir por lo menos por veinte minutos, por cuatro días seguidos, sobre experiencias traumáticas. Justo después de esos días, me sentí muy mal emocionalmente, incluso peor que antes, pero hoy, ya casi un mes después, mi estado de ánimo ha mejorado muchísimo, sintiéndome optimista y entusiasmada.

Leyendo mi diario de la semana posterior al experimento, me di cuenta de que mis emociones subían y bajaban, aunque subían más que bajaban. Sin embargo, lo que sí me costó un poco más de tiempo, fue que mi inconsciente mejorara. Aunque la mayor parte de lo que escribía en el diario era positivo, seguía teniendo pesadillas frecuentes y me costaba dormir la noche completa (tanto las pesadillas como el mal sueño venían desde antes del experimento).

Me di cuenta de que mi ánimo mejoraba porque escribía frases que empezaban así:

Estoy fascinada porque …

Confío en mí porque…

Comprendo que…

Sé que…

Estoy orgullosa de mí porque…

Así mismo, se notaba que aún mis emociones tenían grandes oscilaciones porque escribí :

Me permito sentir, tanto felicidad sin sentido, como tristeza sin límites.

Espero no hacer nada, estoy agotada emocionalmente. Quiero desaparecer por un rato. Tengo que llegar hasta navidad en una sola pieza.

Al finalizar la semana siguiente al experimento, ya las emociones comenzaban a ser menos extremas. Por otro lado, escuché a mi cuerpo y le hice caso: descansé y me distraje. Fue muy conveniente el hecho de que estuviera visitando a mi hermana en Ciudad de México, porque fue también una vacación combinada con retiro espiritual.

Caminar por las calles de Polanco se me hizo costumbre durante las dos semanas que estuve allí, y pude disfrutar de una de mis colonias favoritas de México. Ver la arquitectura de los edificios, los restaurantes y cafés con gente, los perros cosmopolitas, al ocasional extranjero, los árboles cincuentones, las plazas misteriosas y las caminerías llenas de florerías, me tocó el alma. En especial recuerdo un domingo en que caminaba cerca de Plaza Uruguay, cuando oí a una soprano y a un tenor cantando ópera. No recuerdo qué cantaban, solo que no me lo podía creer, y que me senté cerca, a escuchar. Me sentí metida en una película, con soundtrack de fondo, maravillada. No pude dejar de pensar que, sin pandemia, estarían cantando en el Auditorio Nacional, y que cuando uno tiene arte en el corazón, se expresa donde sea y como sea.

Después de las caminatas, de descansar y de ver Netflix bastante, me dio por escribir sobre mi etapa de madurez.

Tomando el Don de la Madurez

Yo solo sabía dar,

ahora ya sé recibir,

y hasta tomar.

Hay tantas cosas que no he tomado aún.

Ahora extiendo ambas manos, buscando el Universo,

y tomo de él todo lo que está disponible para mí.

Tomo el don de la madurez,

el cual ,por cierto, no me fue regalado.

Lo estoy tomando… ¡No!

Más bien se lo arranco al Universo.

Es mío, y no lo voy a regalar.

Con el don de la madurez,

ahora doy, aunque no siempre.

Hoy recibo y tomo todo lo que la vida ofrece.

¿Podrías completar las frases con puntos suspensivos que escribí arriba? ¿Cómo te sientes después de hacerlo? ¿Qué quieres recibir de la vida? ¿Qué quieres tomar de la vida?

Escribe tus respuestas, y te invito a compartirlas en los comentarios. Llevar un record de lo que escribes en un diario electrónico o físico, te puede mostrar patrones que te ayudan a decodificar tu inconsciente, para que así puedas tener mayor control de tus acciones, tus pensamientos y tus emociones. Así mismo, recuerda incluir un agradecimiento y una afirmación junto con lo que hayas escrito.


¡Empieza a escribir hoy!

Tendría yo unos trece años cuando cayó en mis manos Pregúntale a Alicia: El diario íntimo de una joven drogadicta. No sé si mis papás se enteraron de que lo leí, o si tenían la más remota idea de lo que hablaba ese libro, pero todavía tengo ese sentimiento, mezcla de culpabilidad con emoción, por estar leyendo un libro tan… liberal (por encontrar algún eufemismo que poner aquí). Sé que alguien más lo estaba leyendo en mi salón también, y yo sentía que éramos parte de un gran secreto. Fue en ese libro que supe por primera vez que una persona podía sentirse atraída por otra del mismo sexo, pues Alicia contaba que en sus momentos high, se daba cuenta de que le gustaban otras mujeres. Si le digo eso a mi hija de dieciséis años hoy, en pleno 2020, se despatilla de la risa. Si éramos zanahorias, vale.

Está el diario más famoso de todos, de otra adolescente también, el Diario de Ana Frank, tan famoso que todos sabemos qué libro es. ¿Será por eso que relacionamos los diarios con muchachas adolescentes? Es posible, pero desde Tolstoi, pasando por Virginia Woolf y Kafka han escrito diarios. En mi opinión, mientras más compleja es la mente de alguien, mayor es la necesidad de escribir un diario, de la misma forma en que una casa más grande necesita más limpieza que una pequeña.  A lo mejor la casa grande es más bella y cómoda, pero también se ensucia más. Un diario es una manera de limpiar la casa que tenemos en la cabeza.

Escoger por la mañana las palabras que describen mis reflexiones y experiencias, se ha convertido para mí en un ritual, de la misma manera en que mucha gente escoge la ropa que se va a poner durante el día. Así le pongo tono, una especie de música de fondo, o incluso un escenario, al día que está por comenzar.

Cuando me regalaron mi primer diario, cuando tenía siete años, pensaba que tenía que escribir todo lo que hacía, incluyendo quién había dicho qué, a qué hora había ido al baño, qué había comido, etc. Obviamente ese “estilo” no duró mucho, porque me aburrí rápido.  Luego escribí algunas otras cosas y lo dejé.

Durante mi adolescencia tuve otro, que no escribía a diario, sino de vez en cuando, y lo tuve conmigo durante mucho tiempo. A veces lo releía por placer y un día mientras vivía en Milán en 2006, después de tres años fuera del país (y de haberme mudado ya tres veces de ciudad), decidí botarlo ceremoniosamente. Le di las gracias y le dije adiós. Ya llevaba dos años escribiendo, y tenía mis palabras frescas en la laptop. Deshacerme de ese diario fue como decirle adiós a una etapa y comenzar otra.

Mi diario de después de que me botaran por embarazada, evolucionó en blog y mi blog se convirtió en varios libros. Ahora mis libros están evolucionando en terapia de escritura.

Escribir en momentos de crisis se ha convertido en alimento para mi alma, en el que puedo manejar las palabras que describen lo que vivo según más me convenga. Para mí, escribir es ejercer mi libertad y es vivir plenamente. Es inventarme razones para sonreír, razones para soñar, o, por el contrario, darles paso a las emociones negativas que se me atoran en la garganta, para así poder respirar mejor.

Escribo para sentirme viva, para inspirarme a mí misma, y porque quisiera repetir en mis lectores, aunque sea una vez, esa felicidad inmensa que he sentido al leer una frase que me cautiva, o un libro que me hace abrir los ojos. Escribo para hacerme resiliente y para sanar.

O sencillamente escribo porque me hace feliz, y ser feliz, sana.

Veamos qué dice la profesora Dale Darley sobre escribir un diario, o hacer journaling: “He encontrado que cuando paso por tiempos muy difíciles, escribir en un diario realmente ayuda a encontrar soluciones a través de la reflexión. Un diario es un registro de nuestros pensamientos, sentimientos, experiencias y observaciones. Así,

– reconoces patrones inconscientes de conducta y

– transformas tus entradas en historias reales o de ficción, las cuales te ponen de nuevo en control”.

Es importante, en la práctica de escribir un diario, dejar atrás los juicios personales y las censuras. Se debe escribir de manera automática, dejando que el inconsciente se manifieste. No hace falta que se lo enseñes a nadie, si no quieres hacerlo, ni siquiera a tu terapeuta, pero si así lo deseas, excelente, seguramente el mundo va a ser un poco mejor por leer las palabras que has escrito. Lo que se busca con la escritura diaria es que tú te descubras, te conozcas, te sorprendas, pero también que te espantes y te enamores de ti.

Yo he descubierto que puedo ponerme en ese estado que llaman flow al escribir, ése que hace que el tiempo vaya más lento, y que te encuentres totalmente absorto en lo que estás haciendo, después de desayunar, con música de fondo, y a veces, después de meditar. En otras ocasiones lo logro mientras camino, o después. Sin embargo, cada quien es diferente, y puede que nada de eso te funcione. Escribe en varios lugares y momentos del día, para ver qué te sirve.

Escribir es un hábito como cualquier otro. ¿En qué momento del día te encantaría sentarte a escribir? ¿En dónde? ¿Con qué pluma, con qué cuaderno, o con qué dispositivo electrónico? Yo he tenido etapas de laptop, de smartphone, de cuadernos y hasta de hojas sueltas en carpetas. Todas han funcionado de una u otra manera.

¿Ya tienes dónde y cómo escribir? Muy bien.

Vamos a comenzar por escribir:

– Un agradecimiento y por qué (algo por lo que estás agradecido a la vida).

– Una afirmación sobre ti (algo que quieres tener presente siempre).

– ¿Qué es lo más importante en tu vida?

– ¿Qué es lo mejor que te ha pasado desde que comenzó la pandemia?

– ¿Qué te gustaría recordar de este día?

Dale Darley recomienda escribir todos los días un agradecimiento diferente, así como una afirmación, la cual puede repetirse.  

Listo, ya tienes la primera entrada de tu diario. Si así lo deseas, me encantaría leer lo que escribiste. Déjalo en los comentarios y ten seguro que lo leeré.

El Pegaso mal etiquetado

‘Me voy a poner en la frente esta calcomanía, es genial’ pienso. Así que le pregunto a la vendedora cuánto cuesta. Está bien, me parece razonable.

La etiqueta dice: “ESTA ES UNA PERSONA CREATIVA Y TE VA A PINTAR DE COLORES”. La señora mayor que atiende me dice que usualmente quienes compran esa etiqueta, también se llevan otras, no porque las quieren, sino porque se las exigen en trabajos, colegios, hospitales y otros sitios. Esas otras etiquetas dicen:

“PERSONA CON HIPERACTIVIDAD, NO PUEDE ESTAR QUIETA EN UNA SILLA”,

“PERSONA CON FALTA DE ATENCIÓN, NO SE PUEDE CONCENTRAR POR MUCHO TIEMPO”,

“PERSONA CON TENDENCIAS OBSESIVAS, HABLARÁ DE UN SOLO TEMA POR HORAS Y LE GUSTA LA PERFECCIÓN”.

Me cuenta la vendedora que uno de sus clientes favoritos es un Pegaso de alas gigantescas, quien le compra cada semana la etiqueta de “persona creativa”, para que los caballos en su trabajo de agricultor le den un poco de espacio, ya que siempre terminan manchados por los colores de sus alas. El Pegaso le cuenta que pasa gran parte del tiempo en que debería estar recogiendo arándanos, amarrándose las alas para que no se abran, y así no se molesten los caballos de al lado. Como el Pegaso no puede concentrarse a recoger los arándanos 100%, porque se pasa gran parte del tiempo amarrándose sus alas, los caballos piensan que tiene problemas de atención.

Por otro lado, cuando no logra amarrar las alas bien, por lo menos un par de veces al día sale volando sin querer, o a veces, incluso queriendo. Como sale a volar y a dar piruetas en el cielo, los demás caballos decidieron que era hiperactivo, y le compraron las otras etiquetas, como para que el Pegaso se enterara de quién era, e hiciera algo al respecto.

Y para colmo, cada vez que el unicornio regresa de sus vuelos, está tan emocionado, que quiere compartir todo lo que vio y se la pasa hablando de lo maravilloso que es volar todo el tiempo. Entonces los caballos decidieron que era una persona obsesiva porque no podía dejar de hablar del asunto por horas. Eso solo corroboraba lo que ya sabían, que el Pegaso era un obsesivo, porque ¿quién anda con esa manía de amarrarse las alas todo el tiempo? Con que las ignorara era suficiente, no tenían que estar perfectamente amarradas.

Le comento a la vendedora que entendía a su cliente, pues, aunque yo no soy un Pegaso, sí tengo mis alas que desprenden colores. Mis alas son la creatividad y la imaginación, y mi cielo en donde hago piruetas son las caminatas que hago para inspirarme, el papel que recoge mi mundo interior, y la computadora en donde tecleo lo que observo.

También paso gran parte del tiempo amarrando mis alas, también salgo a volar queriendo o sin querer, también me cuesta concentrarme en las tareas rutinarias, y también me obsesiono en hablar de lo que veo en mis vuelos. Le dije que me encantaría conocer a su cliente Pegaso y conversar con él. Le agradecí por la etiqueta, se la pagué, y me fui.

Realmente es un mundo maravilloso

Mi bebé cumple hoy dieciséis años, los mismos que tenía yo cuando me enviaron mariachis a mi fiesta, cuando vivía en Caracas, hace ya treinta años. 

No era común que a una adolescente le gustaran los mariachis, pero la influencia musical de mi papá hizo que me cautivaran. En aquella época México era para mí solo música, el chavo y las pirámides aztecas. Nunca imaginé que iba  a vivir aquí, mucho menos en Guadalajara, Jalisco (2006-2009) la cuna del mariachi , ni mucho menos en Querétaro, donde vivo desde el 2016, ya que ni sabía de su existencia.

Tampoco me hubiera imaginado que iba a tener una hija que iba a cumplir sus dieciséis años en México, en un mundo tan extraño, como es este 2020. 

R es catira (o güera), más alta que yo desde hace varios años. Antes heredaba su ropa, ya no, porque me queda grande. Aun así, yo la veo en todas las etapas de su vida desde que nació, en todos los países en que hemos vivido. Frecuentemente la recuerdo de cinco o seis años, todavía con un pie firme en su mundo imaginario, llena de energía, con una cascada de preguntas siempre, y lista para conquistar el mundo. 

R de dieciséis años es también así, llena de energía, con una cascada de preguntas (pero que ya no me hace, porque ya no soy su pricipal fuente de información), lista para conquistar el mundo. 

Tengo tres corazones, puesto que en dos oportunidades mi cuerpo convivió con otro que vivía dentro de mí. En ambas ocasiones comí por dos, me cansé por dos, me entristecí por dos, me alegré por dos. Ese corazón que me acompañaba, ese otro cerebro y ese otro cuerpo que habitaba dentro de mí, era más mío que mi cuerpo original, ya que tenía más responsabilidad sobre él, así como me inspiraba más amor que a mí misma. Su vida y su alma eran más importantes que la mía.

Hace dieciséis años R salió de mi cuerpo, pero ese amor incondicional, esa certeza de que su corazón es mío, y de que lo amo más que al mío propio, sigue allí. El día del nacimiento de R significó que sacaran de mí lo mejor de mí, lo más importante, y lo mismo sucedió cuando nació S. Ese sentimiento de saber que lo que más amo, de lo que soy más responsable, está fuera de mí, no me ha abandonado ni por un segundo de mi vida.

Dar a luz fue como si me arrancaran un brazo, y que a ese brazo milagrosamente le crecieran un cuerpo, una cabeza, unas piernas y se desarrollara. El brazo dejaría de ser brazo para convertirse en una persona completa, pero yo no podría olvidar que es mi brazo.

Hay una parte de la canción What a Wonderful World de Louis Armstrong que siempre me hace llorar. Dice así: “I hear babies cry, I watch them grow. They’ll learn much more than I’ll never know, and I think to myself, what a wonderful world” (Oigo bebés llorar, los veo crecer. Van a aprender mucho más de lo que yo nunca sabré, y pienso, qué mundo tan maravilloso).

Yo sé que mis hijos van a aprender y ver cosas de las cuales jamás podré imaginarme. Sé que van a tener una vida fantástica, y que algún día recordarán este año como una experiencia inigualable. Me siento muy agradecida por la vida, y sobre todo por la oportunidad de ser mamá. This is, indeed … a wonderful world.

https://youtu.be/Q_GommH5rJ8

La primera Reina Pepiada de mi vida

Estoy leyendo el libro de la venezolana Michelle Poler, Hello Fears, el cual habla del tema de enfrentar los miedos.

Ella menciona que entre los miedos más universales, están los que se refieren a probar cosas que te causan repugnancia. Ella se atrevió a probar ostras, lo cual me pareció curioso, porque la primera vez que yo las comí fue como a los doce años en playa El Agua en Margarita y me encantaron, no solo por el sabor, sino por todo el proceso de sentarse en la arena con un tobo lleno de ostras recién sacadas del mar. Nada de eso me causó repugnancia, sino todo lo contrario

Sin embargo, desde pequeña le he tenido rechazo a la mayonesa. Como a los 25 años decidí probarla de nuevo, a ver si es que mis gustos habían cambiado, y fue horrible. La ensalada de zanahoria de Arturo’s (como un KFC venezolano) con la que la probé, me dio náuseas y lo dejé hasta allí. Han pasado más de veinte años desde aquella vez, y más nunca volví a probar la mayonesa.

Pero el viernes pasado decidí intentar otra vez, y unté un pan con mayonesa hasta la mitad, y la otra mitad con salsa rosada (mezcla de ketchup con mayonesa). ‘Mira!’ pensé, ‘no está mal, no me disgusta’.

Al día siguiente me envalentoné un poco más: ‘voy a probar una Reina Pepiada por primera vez en mi vida’ (es una manera de preparar la arepa con relleno de pollo, aguacate, mayonesa y otros ingredientes).

Así que hoy llamé a Los Pattycones e hice mi pedido. Mientras esperaba, les mandé un Whatsapp diciéndoles que iba a comer la primera Reina Pepiada de mi vida, y me respondieron, “y luego tienes que probar los patacones Reina Pepiada, que ahí es cuando los maracuchos y los venezolanos se hacen las paces”. Jaja, me dio una risa un poco nerviosa.

Llegó el pedido, pero antes me comí unos tequeños con salsa de MAYONESA con cilantro y ajo. Obviamente, era la primera vez que la probaba también, y me encantó.

Luego pasé a la Reina Pepiada, le pegué tremendo mordisco, y quedé fascinada! Definitivamente tengo que probar los patacones también (es el mismo relleno, pero entre dos platanos machos verdes machacados)

Ahora que ya superé el asunto de la mayonesa, ya puedo pedir comida en restaurantes sin tener que dar tantas instrucciones (“sin mayonesa y también sin lácteos y sin gluten porque soy intolerante, por favor”).

Estoy muy agradecida, tanto a la tocaya Poler por inspirarme, como a Los Pattycones por preparar esta maravilla. Es muy cierto que las cosas que más valen la pena están fuera de nuestra zona de comfort!

Devolviéndole el gesto al Universo

Hace unos días conseguí unos libros en el banco de un parque. Cogí los que me gustaron (una serie de literatura Queretana) y dejé los demás.

Así que hoy estoy en el mismo parque, en el mismo banco, devolviéndole el gesto al Universo, con un regalo muy especial.

La Historia Sin Fin fue mi novela favorita cuando era niña. Cuando llegamos a Querétaro, se lo compré a mi hija (quien tenía once años en ese momento), pensando que le iba a gustar. Lo empezó a leer, pero no la enganchó, a pesar de ser una ávida lectora.

Los tiempos cambian, y los estilos al escribir también. La Historia Sin Fin tiene un ritmo más lento que Harry Potter, o Percy Jackson, por ejemplo. Lo entendí y lo acepté, aunque admito que todavía tengo esa espinita clavada en alguna parte por ahí.

Será que dejar este libro de regalo al Universo, es una manera de sacármela? Ojalá la novela encuentre a una ávida lectora (o lector) que la aproveche. Quién sabe, a lo mejor será más de mi edad, una persona acostumbrada a tramas un poco más lentas.

Esta tarde estoy aquí, en este parque, bajo un cielo azul turquesa, con una brisa ligera y una temperatura perfecta. Parece increíble que mis hijos no puedan ir al colegio, porque no es seguro.

Sin embargo, el mundo sigue aquí, esperando por nosotros. No se ha ido a ninguna parte.

El cuento de la mariposa

Hace unos días me levanté de buen humor, preparé el desayuno, y fui a buscar unas flores al jardín para decorar la mesa. Era la primera vez que lo hacía en mucho tiempo.

Apenas coloco las pequeñas bugambilias rosadas en su florero, leo el siguiente mensaje en Whatsapp, de C, una de mis grandes amigas de la universidad (ella vive en República Dominicana, y yo en México):

“Te imagino sentada tomando el café de la mañana contemplando una montaña, un jardín o simplemente una flor que está a tu alrededor”.

‘Qué coincidencia’, pensé, y le conté que acababa de ir a buscar unas flores al jardín. Las dos nos quedamos gratamente sorprendidas. Estábamos conectadas.

Un poco más tarde salgo a hacer una caminata y consigo una mariposa monarca, sola, sobre una roca. Ellas son criaturas migrantes, como yo, por lo que me animé a tomarle una foto. Me llamó la atención que estuviera sola, pues usualmente están acompañadas por muchas otras.

La foto de la mariposa quedó guardada hasta que una semana después, decidí publicarla en Instagram.

Inmediatamente después de hacerlo, veo en Facebook, que mi amiga C le había dejado un mensaje a nuestra amiga Mónica, que está en el Cielo. Era el día de su cumpleaños, y C quería conmemorarlo. Junto con el cariñoso mensaje, había adjuntado una imagen de muchas mariposas.

Inmediatamente le escribo a C para contarle de las coincidencias. Yo había publicado la foto de la mariposa, justo el día del cumpleaños de Mónica, (aun cuando yo había olvidado que era ese día), así como el hecho de que había tomado la foto a la mariposa el mismo día en que nos sentimos conectadas, una semana antes (cuando ella me había enviado el mensaje de la flor).

“Mónica usaba las mariposas para todo, en todo. Para mi, las mariposas la representan”, me escribió C. A mí también se me había olvidado eso.

Las dos pensamos que esas “coincidencias” venían de la mano de Mónica, quien seguía presente en nuestras vidas. A las dos se nos salieron las lágrimas de la emoción. Eran lágrimas mezcladas con sonrisas de complicidad.

R crece

“Ella también pasó por un divorcio arrec…” es decir, muy duro, fue lo que pensé cuando una de mis amigas me escribió, diciendo que había amado el post de ayer. Aprecio mucho cada “me gusta” y cada comentario, aunque debo admitir que los de mis amigas y conocidas divorciadas me pegaron en el corazón, de muy buena manera. Fue como recibir un “yo te entiendo” colectivo, y recordar las experiencias y trayectorias de cada una.

Por razones de privacidad, cuando publiqué mi primer libro, SIETE MALETAS, no publiqué ninguna foto de mis hijos. Pero como ya están más grandes, quisiera compartir algunas. En SIETE MALETAS menciono mucho a R, mi hija mayor, debido a su edad en aquel momento.

En orden de izquierda a derecha, cada foto fue tomada en cada uno de las ciudades en que vivimos: Miami, Milán, Guadalajara, Santiago, Ciudad de Panamá, Caracas y Querétaro. La última fue tomada hace un par de meses, R va a cumplir 15 años pronto.

En el próximo post voy a poner algunas fotos de S, mi hijo menor, pues en OTRA MALETA (que será publicado este mes de octubre en Amazon Kindle) lo menciono mucho (también, debido a su edad).

¡Que te tengas un excelente día!