Aquí seguimos

«Si estuviera viviendo en Milán, me hubiera ido a tomar un cafecito a cualquier sitio», pensé, justo después de dejar a mis hijos en el colegio. Tengo cita en una hora con el dentista, e ir a casa hubiera sido una pérdida de tiempo y gasolina.

De repente me acordé que sí hay un cafecito cerca, así que vine, y aquí estoy escribiendo.

En realidad, en este 28 de febrero de 2020, si estuviera viviendo en Milán, lo más probable es que estuviera metida en mi casa con mis hijos, debido a la emergencia de coronavirus que se está viviendo allá. Así que a disfrutar de este cafecito, porque el fulano virus va a llegar aquí también, y sospecho que volveremos a tener suspensión de clases, cierre temporal de restaurantes y cines, etc.

Digo volveremos porque cuando vivíamos en Guadalajara en 2009, estuvimos con la emergencia de virus H1N1, y eso fue lo que pasó. Ya se lo conté a mis hijos, para que puedan tener un contrapeso a las noticias que leen en internet (y así no se preocupen de más). Ya pasamos por algo parecido…

y aquí seguimos.

Anoche también les recordé a mis hijos que ayer, hace exactamente diez años, pasamos por el terremoto de 2010 en Chile. “Y cómo sobrevivimos?”, me preguntó S, mi hijo menor, quien, como el terremoto, ya tiene diez años también. “Porque los chilenos construyen muy bien los edificios. Los hacen de manera que tengan que soportar terremotos de intensidad 9”. Yo sigo dando gracias a todos los ingenieros, arquitectos, etc, que han construido Santiago. Es por ellos que estamos vivos.

Es por ellos que aquí seguimos.

El coronavirus alarma, pero nada como estar en Venezuela en el 2016, en plena emergencia de zika, chikunguya y dengue, sabiendo que había escasez de medicinas en los hospitales.

Pero aquí seguimos.

Estas epidemias son terribles. Sin embargo, nos recuerdan que la vida es solo un tiempo que tenemos prestado para estar un rato en este planeta.

Nos recuerdan que cualquier día nos va a tocar devolverla.

Pero por lo pronto…

aquí seguimos.

Mini catrinas y videojuegos

Un calorón aquí en Querétaro y el aire acondicionado de mi carro de repente deja de funcionar. Voy al mecánico y me dicen que es un problema del termostato. El aire acondicionado se había apagado porque se estaba recalentando el carro. Uuff, menos mal que lo llevé.

Al día siguiente tenía que hacer una diligencia en el centro histórico y me llevé a S conmigo (mi hijo menor). Nos subimos a un autobús, caminamos, tomamos fotos (ya están empezando a decorar para el Día de los Muertos), pedimos un deseo en una fuente y llegamos a una feria artesanal de muñequitas Lele (típicas del Pueblo Mágico de Amealco, en Querétaro). Las que estaban maquilladas y vestidas de Catrinas estaban geniales.

Como cada quien ve el mundo según los lentes que tenga puestos, S agarra la más chiquitica de las muñecas (como de unos tres centímetros de alto) y me dice “ves esta muñequita? Así es nuestro planeta. Ves esa grandota?” y señala una muñeca de unos 50 cms de alto. “Así es nuestra galaxia”.

La diligencia era entregar un videojuego, el cual mis hijos están vendiendo para comprarse otros videojuegos. Esta mamá consentidora les alcahueta el vicio, jaja, pero por lo menos lo pagan ellos, y así tengo la excusa de tener un sábado un diferente. A ver a donde nos lleva la entrega del próximo videojuego.

¡Habemus portada para OTRA MALETA!

¡OTRA MALETA ya tiene portada! Lo que quiere decir que muy pronto va a estar disponible en Kindle (octubre 2019).

En el libro menciono que donde vivo en las afueras de Querétaro, México, hay una pirámide pre hispánica, caballos pastando por doquier y muy cerca, un pueblito que se llama El Pueblito. Así es mi vecindario.

Metas cumplidas y miedos desechados

Escalando en Sector V, Querétaro

Llevo dos años separada, después de 18 años de relación con el papá de mis hijos, y el camino ha sido bien largo para recuperar mi autoestima, (la cual no se dañó solo con el divorcio, sino que estuvo en proceso de deterioro por mucho tiempo antes de eso).

Durante estos dos años me he dado cuenta de que el deterioro de la confianza en mi misma tenía varias causas, y que algunas de ellas estaban fuera de mi control, pues estaban a nivel inconsciente, escondidas.

Este proceso de edición de mi vida (que comenzó como algo material, haciéndome minimalista hace ya varios años) se ha transformado en una edición de mi vida emocional también.

Ahora que ya sé qué maletas son las que han estado llenas de miedos y falsas ideas de mí misma, las he estado tirando por la ventana.

Llegando a la cima de la Peña de Bernal, Querétaro

Por ejemplo, hace apenas unos cuatro años, yo escribía que me encantaba seguir las aventuras de los escaladores, pero que nunca me hubiera atrevido a escalar. Sin embargo, el año pasado escalé la Peña de Bernal, en Querétaro.

En Sierra Nevada, California

También hace unos cinco años, escribía que yo era demasiado preocupada por la seguridad, como para montarme en una cuatrimoto. Sin embargo, el año pasado, manejé y monté una por la Sierra Nevada, en California.

En el viñedo La Redonda, Querétaro
Foto tomada desde mi globo en Tequisquiapan, Querétaro

Nunca había manejado en carretera sola hasta que me separé, y ahora lo he hecho tantas veces, que perdí la cuenta. Una vez incluso me subí a un globo. También descubrí que me encanta manejar para salir de la ciudad.

Jajaja, jamás había pensado que iba a dejarme el pelo largo, y ahora lo tengo más largo que nunca.

También he tenido tres casos fuertes de colonitis, y tres episodios de alergias bien fuertes, que me han manchado la cara. Como la colonitis no se me pasaba, en una ocasión hice tres días de ayuno (algo que nunca hubiera creído que iba a ser capaz de hacer). Se me curó y posteriormente, cuando me ha vuelto a dar, disminuyo mi ingesta de carbohidratos por varios días y ya. Incluso ya casi no como gluten (pan y pastas), algo que jamás pensé que iba a ser capaz de hacer. También dejé los lácteos porque descubrí que soy intolerante a la lactosa. Como tampoco como carne roja desde hace muchos años, se me hace difícil conseguir qué comer en los restaurantes, pero no pasa de ahí, y no me importa, porque mi salud lo vale. El punto es que en este aspecto, también he hecho cosas que jamás pensé que iba a poder hacer.

Hacer cosas difíciles que son importantes para mí, solo por el placer de llegar a una meta, ha sido la manera más eficiente de mejorar la confianza en mi misma. Lo bueno es que uno le agarra el gusto y entonces uno quiere hacer más y más.

Mi divorcio fue una experiencia muy fuerte, y he tenido unos niveles de depresión y ansiedad que no se los deseo a nadie (incluso me han dado ataques de pánico).

Por cierto, a ver quién sale a decir, como le dijeron a Greta Thunberg, que no tengo derecho a tener sentimientos negativos, porque mira cómo he paseado, hasta en globo, porque los bloqueo, jaja. Si no me quieren creer, pasen a otro blog y ya, no tengo por qué estar convenciendo a nadie.

Como decía, mi divorcio ha sido la peor experiencia de mi vida, pero he decidido transformarla en algo bonito. Sé que aún me falta muchísimo camino por recorrer, y eso me encanta… para allá voy.

Aquí tienes tu casa

Querétaro, 2019

“Necesito que me ayuden a tomarme una foto para el libro,” les digo a mis hijos. Nos fuimos al “bosque” del condominio (así le dicen los vecinitos al jardín con árboles que hay al fondo del estacionamiento) pues quería aprovechar la luz natural. Intentamos en varios sitios y finalmente salió una buena foto.

Ya han pasado dos años desde que me separé, tres años desde que llegamos a Querétaro, y un año desde que nos mudamos al condominio Orquídea (anillo al dedo el nombre, no? La Orquídea es la flor nacional de Venezuela). Ya ha pasado un año desde que adoptamos a la gatita Safi y un par de meses desde que obtuve la ciudadanía mexicana.

Ya me falta poco para publicar mi segundo libro, OTRA MALETA, Empezando de Nuevo, en el que los temas centrales son nuestro regreso temporal a Caracas, después de haber vivido doce años en el exterior, y mi separación en Querétaro, después de quince años de matrimonio.

Debido a eso, he estado actualizando mi información en las redes sociales, así como la imagen de mi blog. La que ven ahora es un cuadro que compré en la glorieta de Chapalita en Guadalajara, cuando viví allí hace más de diez años. El artista estaba vendiendo sus obras, y quedé fascinada con Manos en Acción.

Manos en Acción de Adrián Rosas Torres

En casa tengo otra obra de él, Habitantes de la Gran Ciudad. Ambos cuadros representan mi hogar, porque me considero oficialmente en casa en el sitio en donde los pueda colgar. Me he mudado ya varias veces solo con maletas, pero siempre he transportado de una manera u otra, mis dos cuadros.

Habitantes de la Gran Ciudad de Adrián Rosas Torres

He mantenido conmigo estas obras de arte también por otra razón. En las fotos que tengo de cuando vivíamos en Guadalajara, por ejemplo, R estaba muy pequeña y S ni había nacido; en Chile y Panamá, S estaba bebé. Es decir, a menos que vieran algo familiar, no sabrían identificar su casa en una foto de aquellos años. La idea es que cada vez que vean esos cuadros en una foto, sepan que ésa fue alguna vez su casa.

Poner Manos en Acción a recibirte cada vez que abras este blog, es para darte la bienvenida a tu casa, como dicen los mexicanos. Esta es tu casa y estás bienvenido! Espero verte mucho por aquí, y que me des tus opiniones y comentarios, para así enriquecernos mutuamente en palabras.

Bienvenido!

SIETE MALETAS, Nuestras Anécdotas en el Exterior, a 0.99 US$

Ya pronto voy a publicar mi segundo libro en Amazon Kindle, OTRA MALETA, Empezando de Nuevo! (A mediados de este octubre 2019)😊

Para ir preparando el camino, le bajé el precio al primer libro, SIETE MALETAS, Nuestras Anécdotas en el Exterior, a 0.99 US$ o 19.46 $ pesos mexicanos.

Puedes comprarlo para ti, enviarlo de regalo, o incluso leerlo gratis si tienes Kindle Unlimited, y luego… me cuentas que te pareció!

Haz click aquí: Amazon Kindle

En el Acuario de Ciudad de México

La semana pasada fuimos a Ciudad de México por un par de días para hacer unas diligencias consulares, así que aprovechamos a ir a conocer el Acuario Inbursa y el Laboratorio Acuático Blau (los dos, incluidos en un solo precio). Tomamos un autobús de lujo en la terminal de Querétaro y llegamos a la de México Norte en CDMX.

La terminal de Querétaro casi parece un aeropuerto y los autobuses de ETN Turistar casi parecen aviones (hasta con pantallas interactivas con películas, música y videojuegos; aunque yo solo oí música porque me mareo muy fácilmente).

S, mi hijo de ocho años ha sido fanático de los tiburones desde los tres años y ésta iba a ser la primera vez que iba a verlos en la vida real. No sé quien estaba más emocionada, si él o yo.

Él asumió su papel de guía inmediatamente, y me señaló los tiburones de punta negra. Luego seguimos encontrándonos con gran variedad de animales marinos, desde tortugas, pasando por serpientes, langostas y demás. Hasta R, mi hija de trece años estaba de lo más entretenida.

Sin embargo, lo que más nos gustó a los tres fue la exhibición de los pingüinos (a S también le gustan mucho, aunque no tanto como los tiburones). Parecían sacados de la película Happy Feet, todos caminando en grupo como si fueran personitas.

Cuando íbamos a salir, cayó un diluvio y tuvimos que esperar como una hora en la tiendita de souvenirs. Cuando por fin amainó, fuimos al Laboratorio Acuático Blau, el cual tenía más especies marinas vivas, pero sobretodo, tenía una función más educativa.

En un infográfico hacían mención de la contaminación por plástico en el mar, aunque se les olvidó decir que todo lo que botamos a la basura, que creemos que va 100% al vertedero, en realidad puede llegar muy fácilmente al océano. En otras palabras, se les olvidó aclarar que esa basura no solo viene de gente que lanza basura al mar, ni de gente inconsciente que deja basura en la playa, sino que también viene de nuestras casas (y que por eso hay reducir el consumo de plástico, en general, en todos los ámbitos de nuestra vida, especialmente los desechables).

La pasamos muy bien y los recomiendo. Cinco estrellas Trip Advisor!

Danzas Guadalupanas

Recientemente fui a un pueblo cerca de Querétaro llamado Mineral del Pozo, y me topé con un desfile vibrante y lleno de energía.

Eran las Danzas Guadalupanas de muchos pueblos de los estados de Querétaro y Guanajuato. Bajo el retumbar de los tambores, personas de todas las edades realizaban danzas de origen indígena, honrando a la Virgen.

Me conmovió en especial una mamá que iba bailando con su bebé en brazos, así como varios niñitos de tres o cuatro años, que iban imitando a los grandes.

Los tobillos de muchos danzantes estaban rodeados de una especie de cascabeles que hacían un sonido de percusión, haciendo que sus cuerpos fueran también instrumentos musicales.

La intensidad y la fuerza, tanto del baile, como de los tambores, me dio la sensación de fuerza y orgullo. Fue un espectáculo inolvidable.

Últimamente

Últimamente, el escandaloso sol me da los buenos días todas las mañanas.

La Virgen me cuida, desde no muy lejos.

He conseguido palabras raras,

y comidas más raras aún.

He probado la paciencia de mi hijo,

He volado en un globo multicolor.

He encontrado criaturas asombrosas.

He paseado de noche,

Y de día

He viajado a la época de la colonia

He disfrutado de un espectáculo celestial

Me he conmovido con obras de arte

He llegado a las alturas Y hasta conocí gente famosa

Lo que quiero decir es que …

últimamente,

he tenido el privilegio de vivir

en este rincón de la Tierra

llamado México.

Estoy afuera

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Del otro lado de la muerte,

sabré si he sido una palabra o alguien.

Jorge Luis Borges

“Del otro lado de la muerte, ya no sabremos nada! No será necesario,” me responde rápidamente la persona a quien le leí esos versos. Yo le repliqué:

-No sabes, ¿O es que ya estuviste ahí?

-Me he asomado tantito.

-¿Cómo es eso?

-En los momentos malos.

-?

-Sí, cuando te sientes mal, cuando te sientes en crisis, cuando sientes que te mueres, es un poco como si te asomaras a un más allá en el que no hay vida física. ¿No?

-No se, creo que nunca me he sentido “como si me muero”.

-Nunca la has pasado tan mal, que podrías usar la expresión “como que me muero”.

-Como que me quiero morir, o como que me muero, no.

Esa conversación me hizo sentir extraña. Por un lado, me sentí culpable por no haber pasado nunca por un momento tan extremo. Pero por otro lado, me sentí muy afortunada. A lo mejor soy de las pocas personas que nunca se ha sentido así. No lo sé.

Sin  embargo, sí he pasado muchas veces por momentos en que he estado convencida de que me iba a morir. El primero fue en 1986, cuando tenía doce años (aclaratoria: no teníamos computadoras, ni internet, ni celulares… pero sí teníamos electricidad, no crean. Es que el otro día se fue la luz, y mi hijo de ocho años dijo, pensando en voz alta, mirando hacia la ventana, con cara de seriedad: “así es que tenía que vivir la gente en los ochentas …).

Sigamos con el cuento. Yo estaba en un grupo scout, y nos fuimos como treinta chamos con sus guías a una cueva llamada Alfredo Jahn. La idea era explorarla en dos horas y quedarnos a pasar la noche afuera, en carpas.

Entramos a la cueva al mediodía, como si estuviéramos en una de esas cavernas de cuentos y epopeyas. Era una entrada de varios metros de alto, grande. Poco después nos adentramos a un túnel que tenía un río en el medio, también de varios metros de alto y ancho. Nosotros íbamos bordeándolo, siguiendo los  pasos de los que teníamos en frente.

Llegamos a una zona de pequeñas cascadas con vegetación, en donde había un gran hueco por donde pasaba luz. Todos nos metimos al agua, vestidos por supuesto, a pasar por detrás de ellas, disfrutando del pequeño paraíso. Más adelante llegamos a una estancia llena de murciélagos dormidos, que se despertaron volando por todas parte cuando nos vieron llegar. Un poco después llegamos al arrastradero.

El arrastradero era un túnel bajísimo de varios metros de largo, por el que teníamos que pasar arrastrándonos, ya que ni gateando pasábamos. Por allí nos metimos y llegamos a un laberinto de túneles en donde podíamos estar parados, pero que no eran más anchos que un metro y medio. Por allí llegamos a salas de estalactitas y estalagmitas que parecían sacadas de una película de Indiana Jones, y luego tuvimos que adentrarnos a una parte en donde el túnel se ensanchaba, y por donde pasaba un río tan profundo que a mí me llegaba por el hombro (en esa época mediría 1.50 m). Así llegamos a lo que supuestamente iba a ser la salida, para encontrarnos con la sorpresa de que había tanta agua que ésta estaba bloqueada.

Así que nos dispusimos a devolvernos, para salir por donde habíamos entrado.

Pues nos perdimos regresando. Primero en los laberintos de túneles estrechos y cuando por fin encontramos el arrastradero, seguimos perdidos en los túneles grandes. Recuerdo un agotamiento gigante, que probablemente tenía fiebre y que tenía mucha hambre. Después de mucho tiempo, por fin llegamos a un claro, en la cueva, desde donde podíamos ver el cielo (pero no podíamos salir). Allí nos sentamos a descansar y algunos designados fueron a buscar una salida.

Recuerdo ese momento como una pintura. La luz de la luna entrando por el gran hueco de varios metros, todos agotados, callados. Yo pensando en la ironía de ver el cielo, pero no poder salir. ¿Sería que no íbamos a salir jamás? Ya llevábamos muchas horas caminando. Más adelante supe que estuvimos doce horas perdidos dentro de la cueva.

Al rato llegaron los que estaban explorando diciendo que habían encontrado una salida, diferente a por donde habíamos entrado. Así que nos dirigimos hacia allá: era un pequeño hueco de no más de medio metro de alto.

Por allí me metí, y cuando salí de ese hueco, sentí lo que era la libertad por primera vez en mi vida. Era medianoche y lo primero que hice fue alzar los ojos para ver el cielo infinito y estrellado, que se apreciaba a través del denso foliage tropical.

Estábamos vivos y afuera. Qué felicidad.

A veces, cuando comienzo a angustiarme en un día cualquiera, cierro los ojos, y me imagino saliendo por aquel hueco de nuevo, y vuelvo a sentir esa felicidad infinita de saber que estoy viva. Vuelvo a ver el cielo estrellado entre los árboles. Sonrío y me acuerdo que estoy afuera … y viva.

Foto de: https://www.tripadvisor.com.ve/LocationPhotoDirectLink-g1050304-d6731709-i100972741-Alfredo_Jahn_Cave-Higuerote_Capital_Region.html