Terapia Expresiva para Mujeres y Adolescentes

Mi consultorio en Querétaro, México

Querida lectora, hoy quisiera ofrecerte mis servicios como Terapeuta Expresiva para Mujeres y Adolescentes. Si eres lector, continúa leyendo! Esta información puede serle útil a alguien que conozcas.

En mis sesiones utilizo la escritura terapéutica para mejorar la resiliencia emocional de mis clientes. La escritura terapéutica es parte de las terapias expresivas (como la terapia del arte) y es un método alternativo para lidiar con nuestras emociones.

En la hora de terapia semanal hablaremos y escribiremos sobre tu experiencia personal, enfocándonos en tu historia de vida: pasado, presente y futuro. En mis sesiones serás la protagonista principal y yo escucharé tus necesidades y motivaciones, para así diseñar una estrategia especialmente para ti.

Mi experiencia como expatriada por más de 17 años, así como escritora por más de 16 años, relatando mis experiencias viviendo en 6 países, te dará una perspectiva diferente para mejorar tu adaptación emocional a los grandes cambios de tu vida.

Soy Lic. En Estudios Internacionales de la U.C.V. y Dip. en Creación Literaria de la S.O.G.E.M. , autora de dos libros autobiográficos y actualmente estoy cursando el Diplomado de Terapia Narrativa del Grupo Terapia Narrativa Coyoacán.

Haz tu cita hoy mismo comunicándote directamente conmigo por Whatsapp al 4428133977 . Las sesiones pueden ser presenciales o en línea, según tu preferencia. En el caso de adolescentes, la primera cita será con uno o ambos padres presentes. Mi consultorio se encuentra al lado de Jardines de la Hacienda, en Mansiones del Valle, Querétaro, cerca del Hospital San José.

We can also have our sessions in English, either because you feel more comfortable that way, or simply because you want to practice it with me.

Haz tu cita hoy mismo! Estaré encantada de atenderte.

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Escríbele a tus hijos la carta que siempre soñaste recibir

Escríbele a tu hija o hijo esa carta que siempre soñaste con recibir de tus padres y nunca llegó, o, si por el contrario, sí la recibiste ¡Aún mejor! Ya sabes qué escribir. A lo mejor todavía la guardas en algún sitio y la lees de vez en cuando.

Estaba revisando mis papeles, cuando encontré varias tarjetas y cartas sencillas que me dieron mis hijos hace varios años, en que decían que me amaban y que era muy buena mamá, incluso la mejor mamá del mundo. Esas palabras, a veces casi garabatos, son para mí un gran tesoro. Sin embargo, de repente me di cuenta de que nunca les contesté por escrito, y me sorprendí ¿Cómo era posible? Eso había que remediarlo. Así que le escribí una carta a R en su cumpleaños número dieciséis (que fue hace unas semanas), y ayer otra a S, quien tiene diez años.

Si no tienes idea de qué escribirles, ponte en sus zapatos. Imagina que tienes 5, 10, 15 o 20 años, la edad de tu hijo (adapta el lenguaje a su edad, por supuesto). Imagina que llevas todo este año viviendo en un mundo al que no te prepararon, un mundo de pandemia, con cuarentena, a veces incluso con toques de queda; que has dejado de ver a tus amigos y familiares, o que hace meses que no vas al colegio. Las festividades de fin de año no serán como siempre han sido ¿Qué quisieras que te dijeran?

Puedes decirle que estás orgulloso de ella o él por haber enfrentado tantas dificultades, y decirle por qué piensas que es una buena persona. Lo que no debes hacer es hablar sobre sus errores o debilidades, ni sobre las cosas en las que no están de acuerdo, ni mucho menos traer a colación desavenencias pasadas. El objetivo de esta carta es que tu hijo se sienta amado y aceptado, que sepa que es importante para ti, nada más.

La epidemia de COVID ha subido un poco ese porcentaje de probabilidad de que la vida de uno termine más rápido. ¿Y si te contagias y hasta ahí llegaste? Yo sí lo he pensado, y no me da miedo hacerlo, porque en realidad, siempre he estado consciente de que el cuerpo que estoy usando es prestado, y que Dios puede pedírmelo de vuelta en cualquier momento. Que no te dé miedo pensarlo a ti tampoco, más bien, aprovecha la oportunidad para decirles por escrito a tus hijos que los amas.

Escribe lo que vayas a escribir a mano, y si tus hijos no viven contigo, tómale una foto y mándaselas. O si prefieres hacer o comprar una tarjeta, también sirve, o si quieres usar el correo tradicional, también. Pero que no sea un mensaje de Whatsapp más, o un email más. Hazlo a mano para darle la importancia que merece.

La resiliencia en tiempos difíciles depende mucho de la gente que nos rodea, que nos apoya, pero con el distanciamiento social, se hace difícil acompañar como uno quisiera. Una carta escrita desde el corazón puede ser tan sanadora como un abrazo apretado. No te lamentes de lo que no puedes hacer y aprovecha los recursos que tienes para lo que sí puedes hacer. Imagina a tu hija o hijo leyendo la carta, mientras sonríe… ¡A que acabas de sonreír tu también! Ya sabes qué hacer: toma un bolígrafo y ponte a escribir.

¿De qué metal estás hecha?

Poco antes de realizar el ayuno de tres días que hice hace algunos meses, tuve un sueño en el que a una persona se le abría el hombro, como si fuera una tapa, y que comenzaba a llenarse de metal líquido por dentro. Su cuerpo parecía transparente, vacío, y se iba llenando como si fuera una estatua.

A partir de allí comencé a meditar todos los días, imaginándome que me iba llenando de metal líquido, el cual se solidificaba instantáneamente. Comencé a sentirme cada vez más fuerte, preparándome así, mental y espiritualmente, para realizar el ayuno prolongado que mencioné.

Han pasado ya varios meses de meditación diaria, y la misma ha evolucionado. Todos los días me relleno de cuatro metales líquidos que luego se solidifican dentro mí, cada uno con un significado diferente, los cuales simbolizan mi fortaleza.

  • Primero recibo el acero inoxidable, que significa mis bases fuertes. Es toda la historia que me precedió, mis antepasados, mi familia de origen, mis paisanos, mis amigos de infancia y adolescencia, el país donde nací, mi ciudad natal, la geografía de dónde vengo.
  • Luego recibo el oro de 18 kilates, que es todo el valor espiritual que tengo, mi humanidad, mi amor por mis hijos y por mí, mi empatía hacia los demás, honestidad, amabilidad, capacidad de escuchar al otro, o de ser testigo de su vida. Mi resiliencia y perseverancia, pero también mi capacidad de crecer y evolucionar, de ampliar mis límites. Es todo lo que me hace bella por dentro y que me une con los demás.
  • Sigue la plata, elegante, pero sencilla, que simboliza el mundo físico, así como la energía que se intercambia para que yo pueda vivir en este mundo, para que mi espíritu pueda realizar este viaje que llamamos vida. Son los recursos materiales, así como mi capacidad para producirlos, mantenerlos, expandirlos y sacarles provecho.
  • Por último, recibo el titanio, que me hace un alma inmortal. Es toda la alegría de saberme unida al Universo, de saberme protegida por Dios o la Diosa. Es prosperidad, amplitud y expectativa por un futuro desconocido que me sonríe.

Te invito a que diseñes tu propia meditación de fortaleza. Piensa en ese metal, o metales, que te atraen, e imagina que eres una estatua que durará por cientos de años. Es el año 2700 y alguien te ha encontrado. ¿De qué metal estás hecha?

Zona de meditación y escritura

Vamos a hacer un ejercicio de escritura terapéutica muy liberador y entretenido. Después de meditar el tiempo que consideres necesario, vas a escribirte una carta para los días en que todo se vea negativo y te falten energías. En la carta que redacté yo, imaginé que me la escribía mi ángel de la guarda, pero puede ser quién tú quieras, incluso tú misma. Puedes encontrar más detalles en el post Oír a la intuición y tomar nota. https://mlhardy.wordpress.com/2020/11/13/oir-a-la-intuicion-y-tomar-nota/?preview=true

Querida Michelle,

Me he fijado que últimamente estás cabizbaja, sin energías, sin ganas de vivir. Sé que todo parece oscuro, como si una gran tormenta se acercara y no acabara de llegar. Sé que piensas que tus esfuerzos son en vano, y que alguien como tú, un simple ser humano, pequeño, no puede contra situaciones tan grandes.

Quiero recordarte que no eres solo un ser humano, eres Dios, o Diosa, porque es a través de ti que Dios ama, siente, sueña o llora. Es imposible que seas pequeña. Eso tan grande que ves allá afuera, esa oscuridad, también es parte de ti. A veces hay que dejar que la oscuridad te envuelva, te atraviese, porque luchar contra ella para siempre, es inútil.

Eres Diosa y también oscuridad. No estás separada del Universo, eres parte de él. Si el Universo es infinito, también lo eres tú. Si Dios puede contra la oscuridad, también lo puedes tú.

Los tiempos malos vienen, pero también se van. No te desesperes buscando soluciones. Búscalas con calma, confía en ti, y cree firmemente que el amor de Dios por ti es incondicional.

Vas muy bien, ten fe en ti y en la Diosa: ¡Dale que tú puedes con esto y mucho más! Eres maravillosa, confío en ti y estoy muy orgullosa de ti.

Tu Ángel de la Guarda.

Ahora es tu turno. ¿Qué quisieras que te dijeran en tus días malos? ¿Cómo sería ese apoyo moral que siempre has deseado oír? Escríbelo y conviértete en tu propia roca de apoyo para los momentos en que más lo necesitas.

Descubre cuáles son tus valores

La profesora Dale Darley en su curso Writing to Heal: Using Journaling to Transform your Life, habla sobre cómo nos hacemos una percepción de nuestra realidad. Mientras crecemos, reconocemos patrones en la manera de actuar de los adultos, y categorizamos el mundo a través de nuestros sentidos. Los patrones aprendidos se convierten en hábitos, y vamos elaborando nuestras propias creencias sobre la vida. Es a través de estas creencias que percibimos el mundo.

Para cambiar la percepción que tenemos de nuestra realidad, es buena idea mantener un récord, o un diario, de las cosas que agradecemos. Antes de comenzar, es útil preguntarse: ¿Qué te viene a la mente cuando oyes la palabra “gratitud”? ¿Qué significa la gratitud para ti? ¿Qué pasa en la manera que vez tu realidad, cuando expresas gratitud por lo que tienes?

La profesora Darley recomienda escribir de tres a nueve agradecimientos al día, para que la percepción de nuestra realidad cambie. Yo he estado escribiendo tres cada día, desde hace aproximadamente un mes. No solo ha cambiado mi percepción de la realidad del mundo externo a mí, sino que también ha cambiado la percepción de mi propio mundo interior, sobre todo, de mis valores.

Me he percatado de que hay varios agradecimientos que repito constantemente, lo cual me dice cuáles son las cosas, personas o situaciones, más importantes para mí en este momento, las que más valoro. Si te has preguntado alguna vez sobre tus valores personales y no sabes bien qué responder, te puedes dar cuenta fácilmente si realizas este ejercicio de escritura, al categorizar y contar los agradecimientos que haces con frecuencia.

Las categorías más importantes de mis agradecimientos, comenzando por las que más repetí (es decir, las que más valoro) y luego en orden hasta las que repetí menos, son:

-Familia y pareja. Ésta no me sorprendió.

-Posesiones materiales. Ésta sí me tomó por sorpresa, ya que me considero minimalista.

– Libertad. Ésta sí me sorprendió. Sabía que valoraba mi libertad mucho, pero no imaginaba que era un valor tan alto para mí.

 – Escritura e inspiración. También me sorprendió. Sabía que era importante para mí, pero tampoco imaginé que lo valoraba tanto.

Seguidamente estaban los agradecimientos relacionados con:

-Mi actitud ante la vida. Pensaba que iba a tener más puntos, pero está bien así.

– Amistad. Sobre todo, ciertas amistades especiales.

– Salud física y mental. No me sorprendió, valoro mucho mi salud.

– Belleza. Es “bonito” (pun intended, hehe) saber que la belleza es un valor para mí. Para todos los artistas es, y yo me considero artista de palabras.

– Comida (sabores). Esto sí me sorprendió verlo en la lista, no me había dado cuenta de que lo valoraba tanto. La comida que me gusta la agradezco, la disfruto y me hace feliz.

También hice agradecimientos (aunque con menos frecuencia) relacionados con Dios/Diosa, el mundo y la sociedad en general, el conocimiento adquirido, las actividades que realizo, mi mascota y el clima.

Uno valora y ama más lo que uno conoce. Por eso, si te gusta algo, quieres conocer más de eso. ¿Cómo amarse a uno mismo? Conociéndose.

Agarra ese bolígrafo o smartphone, y empieza a agradecer diariamente. Probablemente te sorprendas, al igual que yo, de aquello que valoras, y de lo que verdaderamente es importante para ti. Te conocerás mucho más y, por tanto, te amarás mucho más también.

Confío en mí porque…

Hace un poco más de mes, hice el experimento de escribir por lo menos por veinte minutos, por cuatro días seguidos, sobre experiencias traumáticas. Justo después de esos días, me sentí muy mal emocionalmente, incluso peor que antes, pero hoy, ya casi un mes después, mi estado de ánimo ha mejorado muchísimo, sintiéndome optimista y entusiasmada.

Leyendo mi diario de la semana posterior al experimento, me di cuenta de que mis emociones subían y bajaban, aunque subían más que bajaban. Sin embargo, lo que sí me costó un poco más de tiempo, fue que mi inconsciente mejorara. Aunque la mayor parte de lo que escribía en el diario era positivo, seguía teniendo pesadillas frecuentes y me costaba dormir la noche completa (tanto las pesadillas como el mal sueño venían desde antes del experimento).

Me di cuenta de que mi ánimo mejoraba porque escribía frases que empezaban así:

Estoy fascinada porque …

Confío en mí porque…

Comprendo que…

Sé que…

Estoy orgullosa de mí porque…

Así mismo, se notaba que aún mis emociones tenían grandes oscilaciones porque escribí :

Me permito sentir, tanto felicidad sin sentido, como tristeza sin límites.

Espero no hacer nada, estoy agotada emocionalmente. Quiero desaparecer por un rato. Tengo que llegar hasta navidad en una sola pieza.

Al finalizar la semana siguiente al experimento, ya las emociones comenzaban a ser menos extremas. Por otro lado, escuché a mi cuerpo y le hice caso: descansé y me distraje. Fue muy conveniente el hecho de que estuviera visitando a mi hermana en Ciudad de México, porque fue también una vacación combinada con retiro espiritual.

Caminar por las calles de Polanco se me hizo costumbre durante las dos semanas que estuve allí, y pude disfrutar de una de mis colonias favoritas de México. Ver la arquitectura de los edificios, los restaurantes y cafés con gente, los perros cosmopolitas, al ocasional extranjero, los árboles cincuentones, las plazas misteriosas y las caminerías llenas de florerías, me tocó el alma. En especial recuerdo un domingo en que caminaba cerca de Plaza Uruguay, cuando oí a una soprano y a un tenor cantando ópera. No recuerdo qué cantaban, solo que no me lo podía creer, y que me senté cerca, a escuchar. Me sentí metida en una película, con soundtrack de fondo, maravillada. No pude dejar de pensar que, sin pandemia, estarían cantando en el Auditorio Nacional, y que cuando uno tiene arte en el corazón, se expresa donde sea y como sea.

Después de las caminatas, de descansar y de ver Netflix bastante, me dio por escribir sobre mi etapa de madurez.

Tomando el Don de la Madurez

Yo solo sabía dar,

ahora ya sé recibir,

y hasta tomar.

Hay tantas cosas que no he tomado aún.

Ahora extiendo ambas manos, buscando el Universo,

y tomo de él todo lo que está disponible para mí.

Tomo el don de la madurez,

el cual ,por cierto, no me fue regalado.

Lo estoy tomando… ¡No!

Más bien se lo arranco al Universo.

Es mío, y no lo voy a regalar.

Con el don de la madurez,

ahora doy, aunque no siempre.

Hoy recibo y tomo todo lo que la vida ofrece.

¿Podrías completar las frases con puntos suspensivos que escribí arriba? ¿Cómo te sientes después de hacerlo? ¿Qué quieres recibir de la vida? ¿Qué quieres tomar de la vida?

Escribe tus respuestas, y te invito a compartirlas en los comentarios. Llevar un record de lo que escribes en un diario electrónico o físico, te puede mostrar patrones que te ayudan a decodificar tu inconsciente, para que así puedas tener mayor control de tus acciones, tus pensamientos y tus emociones. Así mismo, recuerda incluir un agradecimiento y una afirmación junto con lo que hayas escrito.


Escríbele a tu cuerpo

La terapia de artes expresivas, o terapia expresiva, “incluye muchas modalidades de arte como la danza/movimiento, la producción de imágenes/pinturas/esculturas, música, drama, poesía, escritura y narrativa” (@TAEPeru).

“A diferencia de las expresiones tradicionales de arte, se hace énfasis en el proceso de creación, y no en el producto. Las terapias expresivas se basan en la suposición de que la gente puede sanar a través de las diferentes formas de expresión creativa. Los terapistas expresivos comparten la creencia de que, a través de la expresión creativa, y tanteando la imaginación, la gente puede examinar su cuerpo, sentimientos, emociones y procesos de pensamiento” (Wikipedia, en inglés).

La escritura terapéutica, o terapia de escritura, es entonces, un tipo de terapia expresiva.

La profesora Helena Echeverría, en su curso de escritura terapéutica, dio un ejemplo sobre cómo la escritura podía ponernos en contacto con nuestro cuerpo y ayudarnos a sanar. Era el caso de una persona que tenía problemas dermatológicos en sus manos. El terapeuta de escritura le pidió que les escribiera una carta a sus manos, como si sus manos fueran un ente separado de ella, con sentimientos y emociones. Al hacerlo, se dio cuenta de que había estado emocionalmente desconectada de ellas, y al prestarles atención, se percató de que sus manos se irritaban cuando usaba detergente y cuando hacía frío. Entonces tomó las medidas necesarias, comenzó a tener consciencia de su cuerpo, a cuidar mejor de sí misma, y su problema dermatológico remitió.

Al ir rápido por la vida, nos desconectamos de nuestro cuerpo sin querer. Una meditación consciente, larga o corta, según se necesite, hace que nos conectemos de nuevo. Al hacerlo, podemos prestarles atención a las partes que menos nos gustan, o a las que nos duelen, para así entablar un diálogo con ellas, o escribirles una carta. Al hacerlo, nos vemos a nosotros mismos desde otro punto de vista y descubrimos situaciones de las que no nos habíamos percatado.

Yo escogí entablar un diálogo con mis rodillas:

-Hola rodillas, ¿Cómo están? Sé que las he usado mucho últimamente, y pienso que las he estado cuidando bien. Sin embargo, me he dado cuenta de que a veces duelen durante la noche, como si se estuvieran quejando por algo que hice mal. ¿Es cierto? ¿Están molestas conmigo por algo?

-Hola Michelle, pues sí, la verdad es que no estamos muy contentas. No nos has cuidado tan bien como crees, o como te quieres hacer creer. Tú caminas muchísimo, a veces hasta cuatro horas seguidas, y a nosotras también nos encanta, lo sabes bien. De hecho, podemos eso y mucho más, ¡Siempre y cuando hagas los ejercicios de fortalecimiento de rodillas que te enseñaron en la fisioterapia! Está bien que los domingos no los hagas, pero tú sabes que debes hacerlos, por lo menos cinco días a la semana, y no los estás haciendo.

– ¡Mil disculpas! Sí, tienen toda la razón. No crean que no las quiero por eso, es que se me ha pasado por estarle prestando atención a otras cosas.

– Está bien, quedas perdonada, pero promete que vas a hacer los ejercicios.

-Prometido.

– Por cierto, no por chismear, sabes que no nos gusta el chisme, pero aquí va. Los brazos y el abdomen están diciendo por ahí que tampoco les haces caso, que cómo es posible, después de todo lo que han hecho por ti, y tú no les estás dedicando tiempo. Esto te lo contamos en confidencia, porque luego si se enteran que te contamos, nos dejan de hablar, sabes que son bien delicados.

– Ok, no hay problema. La verdad es que también quiero mucho a mis brazos y abdomen, y no quiero herir sus sentimientos. Gracias por contarme, las quiero mucho. Ya van a ver que se van a sentir mejor.

¿Te sientes conectado con tu cuerpo? ¿Sí? ¿De verdad? ¿Por qué no le preguntas cómo está? Haz la prueba, y escríbele a alguna parte de tu cuerpo que no te encante. Escucha a ver qué te dice, y si así lo deseas, comparte tu experiencia de escritura aquí, en los comentarios. Ten por seguro de que te leeré. También puedes escribirlo en un diario, físico o electrónico. Al hacerlo, recuerda incluir un agradecimiento y una afirmación.

Agradezco la oportunidad de escribir y publicar mi blog.

Hoy recibo y tomo todo lo que el mundo ofrece.

Escribir es de valientes

La escritura terapéutica es un recurso que te permite

identificar patrones inconscientes para así

manejar emociones, pensamientos y sentimientos.

Al tener esta claridad, tu vida mejora.

Es una herramienta de transformación

 que te pone en contacto con tu parte profunda.

Helena Echeverría, curso Escritura Terapéutica: Escribir como Terapia

El psicólogo James W. Pennebaker, pionero de la escritura terapéutica, profesor de la Universidad de Texas y autor de numerosos artículos de investigación, así como de varios libros académicos, realizó un estudio para probar que poner por escrito una situación traumática difícil mejoraba la salud física y emocional. Quería corroborar su propia experiencia con la depresión, la cual remitió luego de escribir a diario por un tiempo. Se dispusieron dos grupos, uno experimental y otro control, con instrucciones diferentes.

El grupo experimental debía escribir, veinte minutos al día, por cuatro días seguidos, sobre la experiencia más perturbadora o traumática de su vida, exponiendo sus sentimientos y pensamientos más profundos sobre esa experiencia, idealmente, algo de lo que no hubiera hablado en detalle con nadie. Podrían ser un trauma, o traumas diferentes.

El grupo control debía escribir también veinte minutos al día, por cuatro días seguidos, sobre temas superficiales o neutros.

Los investigadores encontraron que, al principio, inmediatamente después de escribir sobre experiencias dolorosas, los estudiantes del grupo experimental se sentían más tristes y su estado de ánimo empeoraba. Sin embargo, seis semanas después, los mismos estudiantes reportaron estados de ánimo más positivos y menos visitas al centro de salud universitario, que los del grupo control.

En el curso de la profesora Echeverría me enteré sobre la investigación que les acabo de mencionar, y repetí el experimento. Por cuatro días seguidos, mientras pasaba unos días en la casa de mi hermana en Ciudad de México, escribí sobre experiencias traumáticas, por más de veinte minutos. Tuve pesadillas, y dormí muy mal. Mientras escribía en el cuarto día, me puse a llorar, y me entró un agotamiento infinito.

Esto es parte de lo que escribí ese día:

Perdono a todas las personas que me han herido, con o sin intención.

Me perdono a mí misma.

Extraño a S tanto (mi hijo de diez años no está viviendo conmigo desde hace varios meses). Espero que algún día me perdone por no estar a su lado. Lo siento tanto, mi niño. Siento tanto no poder ser tu mamá estos días.

Hoy es uno de esos días en los que siento que quiero tirar a la basura al mundo entero.

Eso lo escribí hace casi un mes y hoy mi estado de ánimo no tiene nada que ver a como me sentí ese día. Hoy me siento optimista, incluso feliz, porque estoy inspirada escribiendo, porque tengo una visión clara de mí y una dirección hacia la que tengo que ir. Acepto mi situación presente, pero tengo una gran fe en que va a cambiar para bien muy pronto. De hecho, ya ha empezado a cambiar para bien. Últimamente han sucedido muchas coincidencias que han llevado a que poco a poco vaya logrando las cosas que me he estado proponiendo. Estoy segura de que estoy en manos de Dios, o la Diosa, y que nos está cuidando a mí y a mis hijos. Hoy escribo estas líneas con una sonrisa en la cara y con un corazón agrandado de ilusión por un futuro mejor.

Es de valientes escribir sobres nuestras oscuridades, sobre nuestras cuevas, nuestros monstruos, nuestras debilidades, nuestras decepciones, nuestras desilusiones. Escribir así no es para todo el mundo. Pero si crees que tienes la fuerza suficiente para hacerlo, yo te digo, hazlo. Saldrás del túnel tenebroso a otra dimensión emocional llena de luz, que probablemente no conocías. 

¿Te atreves? Busca en el calendario cuándo quieres descender a la cueva de tus traumas, y planea tu viaje de escritura. Posteriormente, cuando lo consideres adecuado, puedes compartir aquí tus experiencias.

El falso paradigma de tener que darlo todo

Hoy recibo y tomo todo lo que la vida ofrece.

Esa frase que acabo de escribir contrasta con mi actitud ante la vida hasta hace poco tiempo, cuando mi prioridad era dar a la vida todo lo que yo tenía. Ahora mi enfoque es recibir y estar alerta a todo lo que la vida ofrece ¿Cómo puedo hacer que el día de hoy sea beneficioso para mí? ¿Cómo puedo sacar provecho de una situación que tengo en frente?

Mi instinto, o programación inicial, es la de servir, dar y ayudar a los demás. Esta actitud está muy bien cuando además va acompañada por el deseo de servir, dar y ayudarme a mí. Si no tenemos esta segunda parte de la ecuación, nos vamos quedando vacíos, porque la vida no retribuye todo lo que uno le ha dado.

Muchas personas crecemos pensamos que, si damos todo de nosotros mismos, la vida nos va a dar todo también. Como nosotros siempre estamos pendientes de devolver a la vida todo lo que nos da, pensamos ingenuamente que la vida nos va a devolver todo lo que le damos también.

Cuando digo “vida”, me refiero a gente: hijos, pareja, padres, hermanos, amigos, jefes, gente conocida o desconocida que necesita ayuda, pero también me refiero al mundo en general, a las causas sociales, políticas o ecológicas, incluso a ese concepto tan elusivo que es la patria, o la comunidad en donde uno vive. Está muy bien dar sin pedir nada a cambio, pero no siempre. Hay que ser selectivo respecto a cómo damos: a quién, a qué, cuándo, cómo, y definitivamente, de primero en la lista de a quién o a qué dar, tiene que estar uno mismo.

Mi instinto de poner a los demás primero es muy fuerte, y tengo que estar muy consciente de mis acciones diarias para que no se me olvide ponerme a mí de primera en la lista. Para hacérmelo más fácil, encontré una manera de hacerlo, con un poco de trampa. Lo que hago es un ejercicio de imaginación: cuando tengo que tomar una decisión, por pequeña que sea, me imagino que soy uno de mis hijos. Es decir, no estoy decidiendo por mí, sino por alguno de ellos dos, y así se me hace más fácil escoger una decisión que me beneficia a mí, sin sentirme falsamente culpable.

Cuando la decisión involucra a mis hijos en la vida real, la cosa se complica, y tengo que pensar a largo plazo. Es más difícil tomar decisiones en esos casos, pero lo hago pensando en que ellos necesitan a una mamá viva y fuerte, que pueda crearles “la burbuja familiar” que necesitan para enfrentar la vida con resiliencia (ese término de “burbuja familiar” lo nombra Boris Cyrulnik en su libro sobre resiliencia Los Patitos Feos”).

El amor propio se manifiesta cuando estamos dispuestos a recibir y tomar de la vida todo lo que nos ofrece. El recibimiento es pasivo, y se refiere a aceptar lo que ya está allí: recibir una ayuda ofrecida, o sencillamente recibir con alegría los rayos del sol de las 11:00 am, después de una mañana fría. Es voltear las palmas hacia arriba cuando medito sentada, dispuesta a recibir todo lo bueno del universo.

Tomar de la vida, sin embargo, es diferente, es activo, y es allí cuando la programación inicial (católica, cultural, familiar, social, machista o de cualquier otro tipo) puede obstaculizar al amor propio. Si tengo la opción entre beneficiar a otro, o beneficiarme yo, sin que exista punto medio de ganar/ganar ¿Qué escojo?  

Cuando estaba en la universidad cursando la carrera de Relaciones Internacionales y me tocaba estudiar Historia, no entendía, emocionalmente hablando, por qué existían las guerras, aunque me parecía fascinante analizarlas cerebralmente. En aquel momento yo me sentía incapaz de matar a nadie. Me hubiera dejado matar antes de matar a otro, sin importar quién fuese. Por ende, no entendía a nivel emocional cómo es que existían las guerras. No entendía cómo alguien pudiera ser capaz de matar a alguien, mucho menos, a miles de personas. Para mí el valor de otro ser humano era exactamente igual al mío, sin importar que fuera el presidente de un país, o un loco de la calle. Matar a otro era lo mismo que matarme a mí, porque teníamos el mismo valor.

Eso cambió cuando me convertí en mamá. Es una sensación un poco espeluznante saber que puedes ser capaz de matar a alguien, y eso exactamente fue lo que sentí una vez, poco después del nacimiento de mi hija. Un día me di cuenta de que, para defender a mi hija, yo sería capaz de matar a cualquiera, sin pensarlo dos veces.

Sin embargo, aún no sé si sería capaz de matar a alguien para salvar mi propia vida.

Es por eso que cuando me enfrento a ese tipo de decisiones ganar/perder, me imagino que la que va a ganar o perder es cualquiera de mis dos hijos, no yo, y así se me hace mucho más fácil escoger algo para mi propio beneficio. En la vida real eso es cierto, pues las consecuencias de que yo gane o pierda (dinero, o lo que sea) las van a disfrutar o sufrir ellos.

Muchas mujeres crecemos con el paradigma de que debemos darlo todo, creyendo que, al hacerlo, la vida nos lo va a devolver todo también. Ese paradigma es falso, y lo he sustituido por el paradigma de que debo tomar todo lo que me da la vida, para no esperar que la vida tenga que devolverme nada. No hemos sido educadas para aprovechar oportunidades, sino para darlo todo de nosotras mismas en cada oportunidad. Ya no. Ahora aprovecho cada oportunidad, y solo doy cuando lo juzgo oportuno.

¿Qué oportunidad tienes hoy para tomar o recibir algo que la vida te ofrece? ¿Vas a decir que sí?

Lidia Yuknavitch, autora de The Misfit Manifesto y The Chronology of Water, cuenta en su charla de Ted, que cuando una editorial prestigiosa le pidió que les enviara un texto sobre su vida como competidora de natación, ella no pudo contestar nada.

“Me tomó casi una década poner algo en un sobre y ponerle una estampilla”, recuerda. Incluso una agente literaria se le acercó ofreciéndole representación, a lo que ella solo pudo responder, “no lo sé, tengo que pensarlo”, y más nunca la volvió a ver. “No siempre sabemos cómo tener esperanza, o decir que sí, o escoger la cosa grande, aun teniéndola justo en frente de uno. Es una vergüenza que llevamos, es la vergüenza de querer algo bueno, es la vergüenza de sentir algo bueno. Es la vergüenza de no creer realmente que merecemos estar en la sala con gente que admiramos. Si pudiera, me devolvería en el tiempo y me animaría a mí misma a ser exactamente como esas mujeres de más de cincuenta años que me ayudaron. Me enseñaría a mí misma cómo querer cosas, cómo defenderme, cómo pedir esas cosas. Diría: tú, sí, tú, tú perteneces en la sala también”.

Sin embargo, ella aún escuchaba las voces que le decían: “no escuches a nadie que te diga que te calles. Dale voz a la historia que solo tú sabes cómo contar. A veces, contar tu historia, ES lo que salva tu vida”.

Hoy escojo la cosa grande cuando la tengo en frente, y me siento orgullosa de querer algo bueno para mí. Hoy sé que merezco estar en la sala con la gente que admiro. Hoy recibo y tomo lo que la vida me ofrece. Hoy digo que sí. Hoy me salvo yo, hoy cuento mi historia yo.

¡Empieza a escribir hoy!

Tendría yo unos trece años cuando cayó en mis manos Pregúntale a Alicia: El diario íntimo de una joven drogadicta. No sé si mis papás se enteraron de que lo leí, o si tenían la más remota idea de lo que hablaba ese libro, pero todavía tengo ese sentimiento, mezcla de culpabilidad con emoción, por estar leyendo un libro tan… liberal (por encontrar algún eufemismo que poner aquí). Sé que alguien más lo estaba leyendo en mi salón también, y yo sentía que éramos parte de un gran secreto. Fue en ese libro que supe por primera vez que una persona podía sentirse atraída por otra del mismo sexo, pues Alicia contaba que en sus momentos high, se daba cuenta de que le gustaban otras mujeres. Si le digo eso a mi hija de dieciséis años hoy, en pleno 2020, se despatilla de la risa. Si éramos zanahorias, vale.

Está el diario más famoso de todos, de otra adolescente también, el Diario de Ana Frank, tan famoso que todos sabemos qué libro es. ¿Será por eso que relacionamos los diarios con muchachas adolescentes? Es posible, pero desde Tolstoi, pasando por Virginia Woolf y Kafka han escrito diarios. En mi opinión, mientras más compleja es la mente de alguien, mayor es la necesidad de escribir un diario, de la misma forma en que una casa más grande necesita más limpieza que una pequeña.  A lo mejor la casa grande es más bella y cómoda, pero también se ensucia más. Un diario es una manera de limpiar la casa que tenemos en la cabeza.

Escoger por la mañana las palabras que describen mis reflexiones y experiencias, se ha convertido para mí en un ritual, de la misma manera en que mucha gente escoge la ropa que se va a poner durante el día. Así le pongo tono, una especie de música de fondo, o incluso un escenario, al día que está por comenzar.

Cuando me regalaron mi primer diario, cuando tenía siete años, pensaba que tenía que escribir todo lo que hacía, incluyendo quién había dicho qué, a qué hora había ido al baño, qué había comido, etc. Obviamente ese “estilo” no duró mucho, porque me aburrí rápido.  Luego escribí algunas otras cosas y lo dejé.

Durante mi adolescencia tuve otro, que no escribía a diario, sino de vez en cuando, y lo tuve conmigo durante mucho tiempo. A veces lo releía por placer y un día mientras vivía en Milán en 2006, después de tres años fuera del país (y de haberme mudado ya tres veces de ciudad), decidí botarlo ceremoniosamente. Le di las gracias y le dije adiós. Ya llevaba dos años escribiendo, y tenía mis palabras frescas en la laptop. Deshacerme de ese diario fue como decirle adiós a una etapa y comenzar otra.

Mi diario de después de que me botaran por embarazada, evolucionó en blog y mi blog se convirtió en varios libros. Ahora mis libros están evolucionando en terapia de escritura.

Escribir en momentos de crisis se ha convertido en alimento para mi alma, en el que puedo manejar las palabras que describen lo que vivo según más me convenga. Para mí, escribir es ejercer mi libertad y es vivir plenamente. Es inventarme razones para sonreír, razones para soñar, o, por el contrario, darles paso a las emociones negativas que se me atoran en la garganta, para así poder respirar mejor.

Escribo para sentirme viva, para inspirarme a mí misma, y porque quisiera repetir en mis lectores, aunque sea una vez, esa felicidad inmensa que he sentido al leer una frase que me cautiva, o un libro que me hace abrir los ojos. Escribo para hacerme resiliente y para sanar.

O sencillamente escribo porque me hace feliz, y ser feliz, sana.

Veamos qué dice la profesora Dale Darley sobre escribir un diario, o hacer journaling: “He encontrado que cuando paso por tiempos muy difíciles, escribir en un diario realmente ayuda a encontrar soluciones a través de la reflexión. Un diario es un registro de nuestros pensamientos, sentimientos, experiencias y observaciones. Así,

– reconoces patrones inconscientes de conducta y

– transformas tus entradas en historias reales o de ficción, las cuales te ponen de nuevo en control”.

Es importante, en la práctica de escribir un diario, dejar atrás los juicios personales y las censuras. Se debe escribir de manera automática, dejando que el inconsciente se manifieste. No hace falta que se lo enseñes a nadie, si no quieres hacerlo, ni siquiera a tu terapeuta, pero si así lo deseas, excelente, seguramente el mundo va a ser un poco mejor por leer las palabras que has escrito. Lo que se busca con la escritura diaria es que tú te descubras, te conozcas, te sorprendas, pero también que te espantes y te enamores de ti.

Yo he descubierto que puedo ponerme en ese estado que llaman flow al escribir, ése que hace que el tiempo vaya más lento, y que te encuentres totalmente absorto en lo que estás haciendo, después de desayunar, con música de fondo, y a veces, después de meditar. En otras ocasiones lo logro mientras camino, o después. Sin embargo, cada quien es diferente, y puede que nada de eso te funcione. Escribe en varios lugares y momentos del día, para ver qué te sirve.

Escribir es un hábito como cualquier otro. ¿En qué momento del día te encantaría sentarte a escribir? ¿En dónde? ¿Con qué pluma, con qué cuaderno, o con qué dispositivo electrónico? Yo he tenido etapas de laptop, de smartphone, de cuadernos y hasta de hojas sueltas en carpetas. Todas han funcionado de una u otra manera.

¿Ya tienes dónde y cómo escribir? Muy bien.

Vamos a comenzar por escribir:

– Un agradecimiento y por qué (algo por lo que estás agradecido a la vida).

– Una afirmación sobre ti (algo que quieres tener presente siempre).

– ¿Qué es lo más importante en tu vida?

– ¿Qué es lo mejor que te ha pasado desde que comenzó la pandemia?

– ¿Qué te gustaría recordar de este día?

Dale Darley recomienda escribir todos los días un agradecimiento diferente, así como una afirmación, la cual puede repetirse.  

Listo, ya tienes la primera entrada de tu diario. Si así lo deseas, me encantaría leer lo que escribiste. Déjalo en los comentarios y ten seguro que lo leeré.