100 días sin mis hijos

Hace tres meses, por razones de fuerza mayor, al enterarme que el papá de mis hijos estaba solicitando la custodia de mis hijos, decidí estar de acuerdo. Jamás me imaginé, sin embargo, que no me los iba a permitir ver. Mañana cumplo cien días sin verlos.

Por qué lo hace? Solo puedo imaginarme que dado que en marzo no lo dejé ver a sus hijos por un par de semanas (para presionarlo a que pagara la pensión alimenticia, lo cual no surtió efecto), ahora supone que es justo que yo no los vea tampoco.

Después de ese episodio, mis hijos quisieron verlo un par de veces, y yo accedí, con la única condición de que se quedara con ellos hasta el final de la cuarentena. Sin embargo, él solo quería estar con ellos unos pocos días, lo cual yo no acepté, ya que en ese momento estábamos, igual que ahora, en época de pandemia, y los niños debían quedarse en casa, como todo el mundo, en vez de estar yendo y viendo los fines de semana, como si no estuviera pasando nada.

Así que decidí dejárselos, así como ceder su custodia (por esa y otras razones), pero jamás pensé que no iba a permitir que los niños ni siquiera me abrieran la puerta para entregarles ropa y otras cosas.

Cuando intenté hacerlo, mi hija de quince años (quien estaba junto con su hermano menor de diez años en el apartamento), le dijo al guardia del condominio que yo no podía pasar, pues si lo hacía, se iba a meter en problemas con su papá.

Eso fue hace ya aproximadamente tres meses, poco después de que se mudaron a casa de su papá.

Estos cien días sin ellos han sido emocionalmente muy duros para mí. Durante el primer mes lloré tanto, que tuve un ataque de pánico. Mi estado emocional ahora es estable, pero se está tambaleando otra vez.

Sin embargo… sigo de pie. No he caído en la tentación de ponerme a comer como loca, ni de tomar, ni de no salir de la cama. He meditado, he hecho ejercicio, he bajado de peso, he estudiado alemán, he hecho Sudoku, he caminado muchísimo, he leído, he escrito, he organizado un club de lectura virtual.

Justo hoy, por fin, di con el título de mi próximo libro, el tercero de la serie Maletas. Se llamará Maletas de Colores, Anécdotas y Poesía para un Año Nocturno.

También he estado buscando trabajo de tiempo completo, pero las opciones que han surgido no han reunido las condiciones mínimas, ni de sueldo, ni de prevención de Covid 19. Así que voy a comenzar un Diplomado de Terapia Narrativa la próxima semana, para que dentro de poco pueda ejercer profesionalmente, ayudando a otras personas que quieran, como yo, sanar sus emociones mediante la escritura. Por eso el nuevo título de este blog es ESCRIBIR PARA SANAR.

Jamás pensé que iba a pasar cien días sin mis hijos, y ahora que ya los he pasado, me sorprendo a mí misma al no haber sucumbido al dolor de su ausencia, ni a la ansiedad de no saber exactamente cómo están. Solo puedo imaginar que me extrañan también.

Hoy, como todos los días, nos pongo en manos de Dios, quien nos ama de manera infinita. Mientras tanto, sigo en contacto con ellos por teléfono, y no me canso de decirles que los amo y que los extraño. Espero que pronto nos volvamos a ver.

El cuento de la mariposa

Hace unos días me levanté de buen humor, preparé el desayuno, y fui a buscar unas flores al jardín para decorar la mesa. Era la primera vez que lo hacía en mucho tiempo.

Apenas coloco las pequeñas bugambilias rosadas en su florero, leo el siguiente mensaje en Whatsapp, de C, una de mis grandes amigas de la universidad (ella vive en República Dominicana, y yo en México):

“Te imagino sentada tomando el café de la mañana contemplando una montaña, un jardín o simplemente una flor que está a tu alrededor”.

‘Qué coincidencia’, pensé, y le conté que acababa de ir a buscar unas flores al jardín. Las dos nos quedamos gratamente sorprendidas. Estábamos conectadas.

Un poco más tarde salgo a hacer una caminata y consigo una mariposa monarca, sola, sobre una roca. Ellas son criaturas migrantes, como yo, por lo que me animé a tomarle una foto. Me llamó la atención que estuviera sola, pues usualmente están acompañadas por muchas otras.

La foto de la mariposa quedó guardada hasta que una semana después, decidí publicarla en Instagram.

Inmediatamente después de hacerlo, veo en Facebook, que mi amiga C le había dejado un mensaje a nuestra amiga Mónica, que está en el Cielo. Era el día de su cumpleaños, y C quería conmemorarlo. Junto con el cariñoso mensaje, había adjuntado una imagen de muchas mariposas.

Inmediatamente le escribo a C para contarle de las coincidencias. Yo había publicado la foto de la mariposa, justo el día del cumpleaños de Mónica, (aun cuando yo había olvidado que era ese día), así como el hecho de que había tomado la foto a la mariposa el mismo día en que nos sentimos conectadas, una semana antes (cuando ella me había enviado el mensaje de la flor).

“Mónica usaba las mariposas para todo, en todo. Para mi, las mariposas la representan”, me escribió C. A mí también se me había olvidado eso.

Las dos pensamos que esas “coincidencias” venían de la mano de Mónica, quien seguía presente en nuestras vidas. A las dos se nos salieron las lágrimas de la emoción. Eran lágrimas mezcladas con sonrisas de complicidad.

Mini catrinas y videojuegos

Un calorón aquí en Querétaro y el aire acondicionado de mi carro de repente deja de funcionar. Voy al mecánico y me dicen que es un problema del termostato. El aire acondicionado se había apagado porque se estaba recalentando el carro. Uuff, menos mal que lo llevé.

Al día siguiente tenía que hacer una diligencia en el centro histórico y me llevé a S conmigo (mi hijo menor). Nos subimos a un autobús, caminamos, tomamos fotos (ya están empezando a decorar para el Día de los Muertos), pedimos un deseo en una fuente y llegamos a una feria artesanal de muñequitas Lele (típicas del Pueblo Mágico de Amealco, en Querétaro). Las que estaban maquilladas y vestidas de Catrinas estaban geniales.

Como cada quien ve el mundo según los lentes que tenga puestos, S agarra la más chiquitica de las muñecas (como de unos tres centímetros de alto) y me dice “ves esta muñequita? Así es nuestro planeta. Ves esa grandota?” y señala una muñeca de unos 50 cms de alto. “Así es nuestra galaxia”.

La diligencia era entregar un videojuego, el cual mis hijos están vendiendo para comprarse otros videojuegos. Esta mamá consentidora les alcahueta el vicio, jaja, pero por lo menos lo pagan ellos, y así tengo la excusa de tener un sábado un diferente. A ver a donde nos lleva la entrega del próximo videojuego.

R crece

“Ella también pasó por un divorcio arrec…” es decir, muy duro, fue lo que pensé cuando una de mis amigas me escribió, diciendo que había amado el post de ayer. Aprecio mucho cada “me gusta” y cada comentario, aunque debo admitir que los de mis amigas y conocidas divorciadas me pegaron en el corazón, de muy buena manera. Fue como recibir un “yo te entiendo” colectivo, y recordar las experiencias y trayectorias de cada una.

Por razones de privacidad, cuando publiqué mi primer libro, SIETE MALETAS, no publiqué ninguna foto de mis hijos. Pero como ya están más grandes, quisiera compartir algunas. En SIETE MALETAS menciono mucho a R, mi hija mayor, debido a su edad en aquel momento.

En orden de izquierda a derecha, cada foto fue tomada en cada uno de las ciudades en que vivimos: Miami, Milán, Guadalajara, Santiago, Ciudad de Panamá, Caracas y Querétaro. La última fue tomada hace un par de meses, R va a cumplir 15 años pronto.

En el próximo post voy a poner algunas fotos de S, mi hijo menor, pues en OTRA MALETA (que será publicado este mes de octubre en Amazon Kindle) lo menciono mucho (también, debido a su edad).

¡Que te tengas un excelente día!

Aquí tienes tu casa

Querétaro, 2019

“Necesito que me ayuden a tomarme una foto para el libro,” les digo a mis hijos. Nos fuimos al “bosque” del condominio (así le dicen los vecinitos al jardín con árboles que hay al fondo del estacionamiento) pues quería aprovechar la luz natural. Intentamos en varios sitios y finalmente salió una buena foto.

Ya han pasado dos años desde que me separé, tres años desde que llegamos a Querétaro, y un año desde que nos mudamos al condominio Orquídea (anillo al dedo el nombre, no? La Orquídea es la flor nacional de Venezuela). Ya ha pasado un año desde que adoptamos a la gatita Safi y un par de meses desde que obtuve la ciudadanía mexicana.

Ya me falta poco para publicar mi segundo libro, OTRA MALETA, Empezando de Nuevo, en el que los temas centrales son nuestro regreso temporal a Caracas, después de haber vivido doce años en el exterior, y mi separación en Querétaro, después de quince años de matrimonio.

Debido a eso, he estado actualizando mi información en las redes sociales, así como la imagen de mi blog. La que ven ahora es un cuadro que compré en la glorieta de Chapalita en Guadalajara, cuando viví allí hace más de diez años. El artista estaba vendiendo sus obras, y quedé fascinada con Manos en Acción.

Manos en Acción de Adrián Rosas Torres

En casa tengo otra obra de él, Habitantes de la Gran Ciudad. Ambos cuadros representan mi hogar, porque me considero oficialmente en casa en el sitio en donde los pueda colgar. Me he mudado ya varias veces solo con maletas, pero siempre he transportado de una manera u otra, mis dos cuadros.

Habitantes de la Gran Ciudad de Adrián Rosas Torres

He mantenido conmigo estas obras de arte también por otra razón. En las fotos que tengo de cuando vivíamos en Guadalajara, por ejemplo, R estaba muy pequeña y S ni había nacido; en Chile y Panamá, S estaba bebé. Es decir, a menos que vieran algo familiar, no sabrían identificar su casa en una foto de aquellos años. La idea es que cada vez que vean esos cuadros en una foto, sepan que ésa fue alguna vez su casa.

Poner Manos en Acción a recibirte cada vez que abras este blog, es para darte la bienvenida a tu casa, como dicen los mexicanos. Esta es tu casa y estás bienvenido! Espero verte mucho por aquí, y que me des tus opiniones y comentarios, para así enriquecernos mutuamente en palabras.

Bienvenido!

Arriesgar o no arriesgar?

Anoche vi un acto vandálico. Estaba camino a casa, en carro, por una vía oscura, cuando me percaté de dos figuras humanas que estaban haciendo algo sospechoso. Tenían linternas y se agachaban…

What the…?!

Cuando entendí qué era lo que hacían, no supe cómo reaccionar. Qué habrías hecho en mi lugar? Porque te advierto, es altamente probable que ese acto haya sido ilegal.

Esa gente… no sé cómo decirlo. A ver… esa gente estaba… estaba…

plantando un árbol!!

Hoy, mientras andaba en bicicleta, me entró un ataque de risa ante lo absurdo de la escena de anoche: personas escondiéndose para hacer un acto de bondad.

Sin embargo, varias imágenes se cruzaron frente a mí en un pestañear. No me gustaron nada, y de repente ya no me pareció la escena tan absurda.

Recordé a la señora que rescató a los náufragos africanos y la mandaron a la cárcel;

y a las monjas que apresaron por protestar contra los campos de concentración de inmigrantes;

y a los jóvenes que hacían protesta pacífica por el calentamiento global, y les echaron spray pimienta;

y al muchacho al que le sacaron los ojos con perdigones, por protestar por la falta de gas natural.

A lo mejor tenían razón de plantar ese arbolito de noche.

O a lo mejor no.

Arriesgar o no arriesgar por lo que crees?

Y qué pasaría si nadie arriesgara nada?

The invisible job

My job as a mom of a nine-year-old boy and a fourteen-year-old teenager in a small city if Mexico, involves the following, daily:

– 1 1/2 hrs after waking up, preparing breakfast and a snack for school.

– 20 minutes in each meal washing dishes, pots, etc, equal to 1 hr.

– 1/2 hr doing laundry (washing, hanging to dry, folding and putting away clothes and other items).

– 1 1/2 hrs driving my kids to and from school.

– 1 hr of miscellaneous activities, such as taking the kids to the doctor, dentist, orthodontist, barber, parties, invitations, school activities, buying groceries, supplies for school, etc.

– 1/2 hr preparing lunch, and another half hour preparing dinner, equal to 1 hr.

– 1/2 hr “taking them to bed” (making them take a shower, brush their teeth, turn off electronics, etc).

Total of hours of daily invisible work: 7 hrs

As you can see, I still haven’t added anything related to cleaning up the house, or the car, but it usually takes me 3 hrs cleaning up our apartment, and an hour to wash my car, weekly.

Weekly hours of invisible job: 39 hrs.

Well, I just wanted to put this in the open. Being a stay-at-home mom is a job, an unpaid and invisible one, but a job, nonetheless (most of all when you don’t have absolutely any help, paid or unpaid).

Oh! I almost forget. I also work on weekends, taking care of the kids and making meals, except, sometimes, when I have two whole free weekend-days every two weeks. Which makes another 4 1/2 hours on each Saturday and Sunday, but since I have a weekend off every two weeks, the total amount of weekly invisible job as a mom is actually 43 1/2 hrs.

Why the need to clarify this issue all of a sudden? Because yesterday, the insurance agent told me that since I did not have any income, they might turn down my request to get insured (even if I intend to pay a whole year at once; she says I might need somebody else, who has an income, to explain where that money came from, and I explained my situation, that the alimony is still not oficial because the court is taking longer than expected, that I can’t “work” because of my immigrant status doesn’t allow me to, etc) and she said that it didn’t matter, and that insurance companies could be that strict. That it was not her fault.

“How do all stay-at-home moms who are divorced get insured, then?” I asked. “Oh”, she said, like if I was asking an obvious question. “They don’t get insured. It’s too expensive” (she is divorced, and is not insured, for example; she’s a working – grandmother, that has been working in the field for forty years).

Interesting.

Safi la gatita

Antes de mudarnos de apartamento, les dije a mis hijos que íbamos a adoptar una gatita. Quería que vieran el cambio como algo bueno, y hasta yo misma quería tener algo con qué ilusionarme. He leído muchos blogs de personas que se han divorciado, y en uno de ellos la autora hablaba de cómo le había ayudado su perro. Nosotros ya habíamos tenido a una gata por nueve años, así que optamos por buscar una gatita.

Me metí en un grupo de adopción de perros y gatos en Facebook, y poco después conseguí la gatita que buscábamos. El muchacho que la estaba poniendo en adopción tenía en su imagen de fondo a un personaje de unas caricaturas que R adora, así que pensé, ‘¡Es una señal!’.

Los tres nos hemos encariñado con ella. Le pusimos de nombre Sapphire (Zafiro), que es el personaje de Steven Universe que tenía el muchacho que la dio en adopción, en su muro de Facebook. Le escribí para contarle cómo la habíamos llamado, y resulta que la mamá gata se llamaba igual (ellos la habían rescatado, embarazada, de la calle).

Sapphire se convirtió en Safi rapidito, porque era muy largo de pronunciar, y ya ha contribuido mucho en nuestras vidas en las pocas semanas que ha estado aquí. Ha cambiado la rutina de S, pues a cada rato juega con ella, la carga y la acaricia. Para mí ha sido fuente de distracción y hasta de calma. Qué lindo es tener una mascota otra vez.

Si The Beatles no hubiera existido…

Si The Beatles no hubiera existido, mis hijos no serían bilingües hoy;

tampoco tendría yo mi nombre;

y pues… el mundo entero no sería el mismo.

El video de Paul Mc Cartney en The Late Show se ha hecho muy popular, pero apenas lo vi hoy.

Lloré. No sé si porque estoy muy sensible últimamente, pero la historia de dónde salió la canción de Let it be, me conmovió mucho.

Cuando tenía unos catorce años, teniendo a disposición todos los discos LPs de mi papá, comencé a aprenderme las canciones de Los Beatles, con las letras que venían anexas, impresas en papel. Así, cantando sus canciones, fue como poco a poco empecé a enseñarme a hablar inglés. O mejor dicho, así fue como The Beatles me empezaron a enseñar a hablar inglés. Más tarde seguí aprendiendo por mi cuenta, y cuando me convertí en mamá, les hablé en inglés a mis hijos desde bebés, por lo que ahora son bilingües.

También lloré al final del video, cuando Paul McCartney canta a un público reducido, en donde la acogida fue muy emocionante. Me sentí parte de ese público. Seguramente ellos cantaban de emoción, no solo por oír y ver a Paul, sino también por haber revivido repentinamente tantos recuerdos que marcaron sus vidas.

Aquí les dejo el video.

En el Acuario de Ciudad de México

La semana pasada fuimos a Ciudad de México por un par de días para hacer unas diligencias consulares, así que aprovechamos a ir a conocer el Acuario Inbursa y el Laboratorio Acuático Blau. Tomamos un autobús de lujo en la terminal de Querétaro y llegamos a la de México Norte en CDMX.

La terminal de Querétaro casi parece un aeropuerto y los autobuses de ETN Turistar casi parecen aviones (hasta con pantallas interactivas con películas, música y videojuegos; aunque yo solo oí música porque me mareo muy fácilmente).

S, mi hijo de ocho años ha sido fanático de los tiburones desde los tres años y ésta iba a ser la primera vez que iba a verlos en la vida real. No sé quien estaba más emocionada, si él o yo.

Él asumió su papel de guía inmediatamente, y me señaló los tiburones de punta negra. Luego seguimos encontrándonos con gran variedad de animales marinos, desde tortugas, pasando por serpientes, langostas y demás. Hasta R, mi hija de trece años, estaba de lo más entretenida.

Sin embargo, lo que más nos gustó a los tres fue la exhibición de los pingüinos (a S también le gustan mucho, aunque no tanto como los tiburones). Parecían sacados de la película Happy Feet, todos caminando en grupo como si fueran personitas.

Cuando íbamos a salir, cayó un diluvio y tuvimos que esperar como una hora en la tiendita de souvenirs. Cuando por fin amainó, fuimos al Laboratorio Acuático Blau, el cual tenía más especies marinas vivas, así como un enfoque más educativo.

En un infográfico hacían mención de la contaminación por plástico en el mar, aunque se les olvidó decir que todo lo que botamos a la basura, que creemos que va 100% al vertedero, puede llegar muy fácilmente al océano. En otras palabras, se les olvidó aclarar que esa basura no solo viene de gente que lanza basura al mar, ni de gente inconsciente que deja basura en la playa, sino que también viene de nuestras casas (y que por eso hay reducir el consumo de plástico, en general, en todos los ámbitos de nuestra vida, especialmente los desechables).

La pasamos muy bien y los recomiendo. ¡Cinco estrellas Trip Advisor!