Voy a ver a mis hijos pasado mañana!

Acabo de hablar con mis hijos, y quedamos en que los voy a buscar pasado mañana para cenar!

Quería compartir mi alegría con ustedes, así como darles las gracias por todas las palabras de apoyo y oraciones que surgieron como respuesta al post 100 Días sin mis hijos.

Hoy, como todos los días, nos pongo en las manos de Dios/Diosa y le agradezco infinitamente este cambio de circunstancias.

En las fotos se ven mi hijo S, haciendo una asignación de educación física para el colegio, y en la otra se ve a mi hija R, modelando para unas fotos que le tomé en sustitución de las que hubiera tenido si hubiera tenido su fiesta de graduación de secundaria.

La primera Reina Pepiada de mi vida

Estoy leyendo el libro de la venezolana Michelle Poler, Hello Fears, el cual habla del tema de enfrentar los miedos.

Ella menciona que entre los miedos más universales, están los que se refieren a probar cosas que te causan repugnancia. Ella se atrevió a probar ostras, lo cual me pareció curioso, porque la primera vez que yo las comí fue como a los doce años en playa El Agua en Margarita y me encantaron, no solo por el sabor, sino por todo el proceso de sentarse en la arena con un tobo lleno de ostras recién sacadas del mar. Nada de eso me causó repugnancia, sino todo lo contrario

Sin embargo, desde pequeña le he tenido rechazo a la mayonesa. Como a los 25 años decidí probarla de nuevo, a ver si es que mis gustos habían cambiado, y fue horrible. La ensalada de zanahoria de Arturo’s (como un KFC venezolano) con la que la probé, me dio náuseas y lo dejé hasta allí. Han pasado más de veinte años desde aquella vez, y más nunca volví a probar la mayonesa.

Pero el viernes pasado decidí intentar otra vez, y unté un pan con mayonesa hasta la mitad, y la otra mitad con salsa rosada (mezcla de ketchup con mayonesa). ‘Mira!’ pensé, ‘no está mal, no me disgusta’.

Al día siguiente me envalentoné un poco más: ‘voy a probar una Reina Pepiada por primera vez en mi vida’ (es una manera de preparar la arepa con relleno de pollo, aguacate, mayonesa y otros ingredientes).

Así que hoy llamé a Los Pattycones e hice mi pedido. Mientras esperaba, les mandé un Whatsapp diciéndoles que iba a comer la primera Reina Pepiada de mi vida, y me respondieron, “y luego tienes que probar los patacones Reina Pepiada, que ahí es cuando los maracuchos y los venezolanos se hacen las paces”. Jaja, me dio una risa un poco nerviosa.

Llegó el pedido, pero antes me comí unos tequeños con salsa de MAYONESA con cilantro y ajo. Obviamente, era la primera vez que la probaba también, y me encantó.

Luego pasé a la Reina Pepiada, le pegué tremendo mordisco, y quedé fascinada! Definitivamente tengo que probar los patacones también (es el mismo relleno, pero entre dos platanos machos verdes machacados)

Ahora que ya superé el asunto de la mayonesa, ya puedo pedir comida en restaurantes sin tener que dar tantas instrucciones (“sin mayonesa y también sin lácteos y sin gluten porque soy intolerante, por favor”).

Estoy muy agradecida, tanto a la tocaya Poler por inspirarme, como a Los Pattycones por preparar esta maravilla. Es muy cierto que las cosas que más valen la pena están fuera de nuestra zona de comfort!

Aquí tienes tu casa

Querétaro, 2019

“Necesito que me ayuden a tomarme una foto para el libro,” les digo a mis hijos. Nos fuimos al “bosque” del condominio (así le dicen los vecinitos al jardín con árboles que hay al fondo del estacionamiento) pues quería aprovechar la luz natural. Intentamos en varios sitios y finalmente salió una buena foto.

Ya han pasado dos años desde que me separé, tres años desde que llegamos a Querétaro, y un año desde que nos mudamos al condominio Orquídea (anillo al dedo el nombre, no? La Orquídea es la flor nacional de Venezuela). Ya ha pasado un año desde que adoptamos a la gatita Safi y un par de meses desde que obtuve la ciudadanía mexicana.

Ya me falta poco para publicar mi segundo libro, OTRA MALETA, Empezando de Nuevo, en el que los temas centrales son nuestro regreso temporal a Caracas, después de haber vivido doce años en el exterior, y mi separación en Querétaro, después de quince años de matrimonio.

Debido a eso, he estado actualizando mi información en las redes sociales, así como la imagen de mi blog. La que ven ahora es un cuadro que compré en la glorieta de Chapalita en Guadalajara, cuando viví allí hace más de diez años. El artista estaba vendiendo sus obras, y quedé fascinada con Manos en Acción.

Manos en Acción de Adrián Rosas Torres

En casa tengo otra obra de él, Habitantes de la Gran Ciudad. Ambos cuadros representan mi hogar, porque me considero oficialmente en casa en el sitio en donde los pueda colgar. Me he mudado ya varias veces solo con maletas, pero siempre he transportado de una manera u otra, mis dos cuadros.

Habitantes de la Gran Ciudad de Adrián Rosas Torres

He mantenido conmigo estas obras de arte también por otra razón. En las fotos que tengo de cuando vivíamos en Guadalajara, por ejemplo, R estaba muy pequeña y S ni había nacido; en Chile y Panamá, S estaba bebé. Es decir, a menos que vieran algo familiar, no sabrían identificar su casa en una foto de aquellos años. La idea es que cada vez que vean esos cuadros en una foto, sepan que ésa fue alguna vez su casa.

Poner Manos en Acción a recibirte cada vez que abras este blog, es para darte la bienvenida a tu casa, como dicen los mexicanos. Esta es tu casa y estás bienvenido! Espero verte mucho por aquí, y que me des tus opiniones y comentarios, para así enriquecernos mutuamente en palabras.

Bienvenido!

Arriesgar o no arriesgar?

Anoche vi un acto vandálico. Estaba camino a casa, en carro, por una vía oscura, cuando me percaté de dos figuras humanas que estaban haciendo algo sospechoso. Tenían linternas y se agachaban…

What the…?!

Cuando entendí qué era lo que hacían, no supe cómo reaccionar. Qué habrías hecho en mi lugar? Porque te advierto, es altamente probable que ese acto haya sido ilegal.

Esa gente… no sé cómo decirlo. A ver… esa gente estaba… estaba…

plantando un árbol!!

Hoy, mientras andaba en bicicleta, me entró un ataque de risa ante lo absurdo de la escena de anoche: personas escondiéndose para hacer un acto de bondad.

Sin embargo, varias imágenes se cruzaron frente a mí en un pestañear. No me gustaron nada, y de repente ya no me pareció la escena tan absurda.

Recordé a la señora que rescató a los náufragos africanos y la mandaron a la cárcel;

y a las monjas que apresaron por protestar contra los campos de concentración de inmigrantes;

y a los jóvenes que hacían protesta pacífica por el calentamiento global, y les echaron spray pimienta;

y al muchacho al que le sacaron los ojos con perdigones, por protestar por la falta de gas natural.

A lo mejor tenían razón de plantar ese arbolito de noche.

O a lo mejor no.

Arriesgar o no arriesgar por lo que crees?

Y qué pasaría si nadie arriesgara nada?

En el Acuario de Ciudad de México

La semana pasada fuimos a Ciudad de México por un par de días para hacer unas diligencias consulares, así que aprovechamos a ir a conocer el Acuario Inbursa y el Laboratorio Acuático Blau. Tomamos un autobús de lujo en la terminal de Querétaro y llegamos a la de México Norte en CDMX.

La terminal de Querétaro casi parece un aeropuerto y los autobuses de ETN Turistar casi parecen aviones (hasta con pantallas interactivas con películas, música y videojuegos; aunque yo solo oí música porque me mareo muy fácilmente).

S, mi hijo de ocho años ha sido fanático de los tiburones desde los tres años y ésta iba a ser la primera vez que iba a verlos en la vida real. No sé quien estaba más emocionada, si él o yo.

Él asumió su papel de guía inmediatamente, y me señaló los tiburones de punta negra. Luego seguimos encontrándonos con gran variedad de animales marinos, desde tortugas, pasando por serpientes, langostas y demás. Hasta R, mi hija de trece años, estaba de lo más entretenida.

Sin embargo, lo que más nos gustó a los tres fue la exhibición de los pingüinos (a S también le gustan mucho, aunque no tanto como los tiburones). Parecían sacados de la película Happy Feet, todos caminando en grupo como si fueran personitas.

Cuando íbamos a salir, cayó un diluvio y tuvimos que esperar como una hora en la tiendita de souvenirs. Cuando por fin amainó, fuimos al Laboratorio Acuático Blau, el cual tenía más especies marinas vivas, así como un enfoque más educativo.

En un infográfico hacían mención de la contaminación por plástico en el mar, aunque se les olvidó decir que todo lo que botamos a la basura, que creemos que va 100% al vertedero, puede llegar muy fácilmente al océano. En otras palabras, se les olvidó aclarar que esa basura no solo viene de gente que lanza basura al mar, ni de gente inconsciente que deja basura en la playa, sino que también viene de nuestras casas (y que por eso hay reducir el consumo de plástico, en general, en todos los ámbitos de nuestra vida, especialmente los desechables).

La pasamos muy bien y los recomiendo. ¡Cinco estrellas Trip Advisor!